Provocación a la afición vasca
La directiva del Athletic club de Bilbao no es una organización internacionalista, revolucionaria y abertzale, eso está claro. Tampoco un ente directivo de un equipo deportivo de alta competición tendría porque serlo, ya que entraría en contradicción con el mismo negocio que gestiona. Al fin y al cabo, lo que gestionan son las habilidades competitivas de un pequeño grupo de futbolistas de élite con sueldos bastante alejados del común de los mortales, en un entramado económico de fuertes bases capitalistas y españolas. Pedir por tanto que se mantengan ciertos principios en esas directivas puede parecer en cierta manera ridículo. Pretender que se desobedezcan posibles o supuestas imposiciones con sanción aunque sean injustas, si cuesta a los en teoría revolucionarios poner en efectivo a día de hoy en otros ámbitos, pues un grupo de encorbatados ya se pueden imaginar.
El caso es que durante estos días ha trascendido que desde instancias del Athletic, ya sea en reuniones oficiales o contactos informales con la afición rojiblanca, se la ha interpelado a la no utilización de simbología palestina en el encuentro contra el Hapoel Kyriat de Israel, en el partido de la primera jornada de la Fase de Grupos de la Liga Europa. Al parecer, porque la directiva del Athletic interpreta que la bandera nacional palestina es un “símbolo político provocativo” para Israel y para la UEFA. Y les ha entrado el cangelo. Aunque tampoco se puede descartar que simple y llanamente tengan una posición de defensa de Israel y de la ocupación de la nación palestina.
Lo que no se si se percatan es que se están dirigiendo a una afición que sabe mucho de “símbolos políticos provocativos”. No se va a hacer aquí un recorrido histórico de la persecución pasada y presente de simbología vasca o de la ikurriña pero simplemente si recordar a Iribar y Kortabarria con ella en Atotxa. “La ikurriña estaba ilegalizada y no sabíamos cómo hacerlo, porque a la salida del foso de Atotxa solía haber policías nacionales. Le di la ikurriña a Salva Iriarte. La metió en una bolsa con esponjas y agua y, cuando los jugadores salieron, yo salí por detrás (no estaba convocado), cogí la ikurriña y se la pasé a Kortabarria e Iribar”. Palabras de Josean de la Hoz Uranga, ex-jugador de la Real Sociedad que tuvo la brillante idea de proponer esa acción simbólica en diciembre de 1976.
No soy especialmente forofo del fútbol pero he sentido vergüenza ajena por el hecho de que una directiva de un club vasco haya tenido el atrevimiento insultante y provocador de plantear una cosa así a la afición. Una muestra brutal de insolidaridad con un pueblo que al igual que al vasco, no se le respetan los derechos nacionales y que en su caso están pasando por una situación en la que los adjetivos se quedan cortos para poder definirla.
La única manera de saldar cuentas con el pueblo palestino ante la falta de escrúpulos mostrada por responsables, en este caso deportivos, ha sido llenando San Mamés de banderas palestinas y participando en la manifestación que convocada media hora antes del inicio del partido en la calle Felipe Serrate a las 20.30, con el lema ‘Israel? Ez, eskerrik asko. Boikot’.









