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Estado español :: 13/07/2006

Relato de un activista detenido por acciones por la Liberación Animal

Acción Vegana

Relato de un activista por la Liberación Animal que fue detenido mientras intentaba incendiar unos camiones relacionados con la industria de la explotación animal.

Hemos tenido noticias de ello hace unas pocas semanas, una vez celebrado

ver documentos adjuntos [atestado de la detención]

disponibles para descargar aqui >>

Hemos tenido noticias de ello hace unas pocas semanas, una vez celebrado el juicio. Desde aqui expresar nuestra solidaridad para contigo.

La noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2.004, fui andando al número 232-234 de la calle Bolivia de Barcelona. Fui a esa dirección, la del centro administrativo de "El corte inglés" en Barcelona, con la intención de prender fuego a los dos camiones de la empresa que, según había observado, aparcaban allí delante. Los ataqué con sendos artefactos incendiarios, que no causaron mucho daño, todo sea dicho, y me fui de allí.

Minutos más tarde, un grupo de más de 5 jóvenes de estética bakala me increparon y, a continuación, me persiguieron, mientras me golpeaban, hasta que encontré a un par de desconocidos que "mediaron" y llamaron a la policía para aclarar la situación. Los agentes de policía, desde el principio dieron por buena la versión de los bakalas y me consideraron el culpable (posiblemente por mi estética).

Se me llevaron detenido y, una vez en comisaría y delante de otros agentes, me amenazaron con torturas, con quemarme y con matarme. Lo de quemarme debía interesar especialmente a uno de los que me había detenido, de acento andaluz, ya que llegó a encender una de mis cerillas y pasarla por delante de mi cuerpo, acercándomela a la cara hasta que pude sentir el calor de la llama. La apagué de un soplido y me la aplicó contra la nariz, estando aún caliente. La otra policía que me detuvo, pasó de amenazarme de muerte a echarme piropos.

En cualquier caso, había cometido hasta cuatro errores técnicos:

1) un error de información, ya que los camiones de "El corte inglés" no pertenecen a esa empresa, sino que son de autónomos contratados por una empresa, subcontratada a su vez por "El corte inglés"

2) un error de preparación, ya que utilicé artefactos de alcohol, en lugar de usar napalm, que provoca un fuego mucho más resistente

3) un error de prevención, ya que fui a hacer una acción de sabotaje sin ir armado ni llevar nada que me permitiera hacerme respetar en caso de enfrentamiento con alguna fuerza policial o parapolicial, como es el caso de los bakalas

4) un error de ejecución, ya que vii que había o podía haber personas cerca de mi objetivo y, a pesar de ello, no aborté la acción.

Pasé detenido unas 60 horas, dos días y medio, en los que conocí a bastantes inmigrantes ilegales. Mi familia contrató a una abogada y el juez de la instrucción me dejó en libertad sin fianza hasta el juicio, que se ha producido 20 meses después, a pesar de que el delito era de daños con incendio, por lo que la pena podía ir del año a los 3 años de cárcel, además de pagar una indemnización.

El fiscal de la instrucción no quiso ser duro y pidió 15 meses de prisión. El segundo fiscal, el del juicio, tampoco se cerró en banda y aceptó negociar con mi abogada, lo cual permitió llegar a un pacto satisfactorio para las dos partes: yo he reconocido mi culpa y voy a pagar la indemnización (de 520 €) y, a cambio, la pena queda en un año de cárcel, que no tendré que cumplir.

Durante todo el proceso, los bakalas no sólo no han sido acusados de agredirme, sino que 3 de ell@s se permitieron el lujo de dar sus datos a la policía para poder ser llamados a declarar durante el proceso. Efectivamente, comparecieron para confirmar que me acusaban del delito y comparecieron también sin ningún pudor el día del juicio.

Ahora que el proceso judicial ya ha pasado, me toca a mí (y a todo el que quiera reflexionar) replantearme todo lo ocurrido.

Realicé aquella acción como parte de la actividad del Frente de Liberación Animal, del que me consideré parte durante aquellos días, para infligir un daño económico a "El corte inglés" (empresa que vende pieles, cosméticos testados en animales, carne, huevos, productos lácteos) y así intentar forzarles a que dejaran de vender todos aquellos productos fruto de la opresión de las demás especies animales por algun@s human@s. Asímismo, pretendía reivindicar la acción con un manifiesto en la prensa (reivindicando la acción como "Célula Barry Horne") que, esperaba, haría que algunas personas se replantearan las relaciones de nuestra sociedad con las demás especies animales.

No fue mi única acción, una semana antes había atacado la peletería Eden Lun de Barcelona (en el Passatge dels Camps Elisis), sin embargo, aquel primer ataque había resultado aún más penoso, ya que ni siquiera logré agrietar los cristales de la peletería con mis pedradas. De aquella primera acción de sabotaje, era lo único que había sacado como lección: que hay cristales que resisten las mayores pedradas.

Que mis dos acciones contuvieran errores no significa que no podamos aprender de ellas, ni que toda la actividad del F.L.A. esté salpicada de errores. La historia del Frente está llena de aciertos, de acciones que han conseguido revelar al público el sufrimiento provocado a diferentes animales, infligir daño económico a sus opresores y liberar a otros animales de la esclavitud, el cautiverio y el maltrato. Esos y no otros son los objetivos del Frente de Liberación Animal y, por lo general, las acciones de sus activistas nos acercan, pasito a pasito, al objetivo final. Pero, para eso, tenemos que luchar tod@s. No es un problema que la lucha del F.L.A. sea minoritaria, ni que el Frente sea minoritario entre los propios militantes de la liberación animal. Es lógico que una opción ilegal sea minoritaria dentro de un movimiento legal. El problema es cuando es tan minoritaria que su actividad no logra vencer al enemigo. Por eso, hace falta que,
cuando un/a combatiente del Frente deja el combate (porque va a la cárcel, porque muere, porque va al exilio o, simplemente, porque decide retirarse de forma indefinida), otr@s le sustituyan. Y repito, otr@s. No "otro" u "otra", sino "otr@s", en plural. Si a un@ le sustituye otr@, el cómputo global se mantiene y de lo que se trata es de que el número crezca. O el conjunto de las Fuerzas Armadas de Liberación Animal crecen (y con esto me refiero al conjunto de F.L.A., más The Frogs, más otras iniciativas similares), o no conseguiremos que se respeten los derechos de los animales. Aquí de lo que se trata es de hacer inviables las industrias especistas y eso sólo se consigue a través del boicot y/o del sabotaje. Por lo tanto, mientras el boicot sea minoritario, el sabotaje será necesario.

En conclusión, el accionar del Frente de Liberación Animal es necesario, coherente y proporcional.
Sin embargo, no es tan sencillo como esto. Debo reconocer que me he quemado. Mi breve paso por el Frente ha traído mucho sufrimiento a mi familia, que me ha visto detenido y ha temido por mi libertad, mi integridad física e, incluso, mi vida. Y es que, como alguien dijo, el camino de las armas sólo tiene tres posibles finales: la cárcel, el exilio y la muerte; yo no he tenido que padecer ninguna de las tres, pero he estado cerca de visitar la primera. Además, en ningún momento tuve la sensación de estar haciendo algo natural en mí, todo lo contrario, me daba la sensación de que aquello no era para mí.

Ahora tengo una segunda oportunidad para replantearme las cosas y quiero aprovecharla. La mayoría de los que pasamos por el F.L.A. somos jóvenes, en el momento de hacerlo y eso, quizá sea un error. ¿Por qué llevé a cabo aquellas dos acciones, por qué me uní al F.L.A.? No es tan sencillo como decir que era necesario, coherente y proporcional; que lo era. Me sentí absolutamente empujado a ello. Era algo patológico, en el sentido de que me hacía sufrir. En los tres días anteriores a mi segunda acción, perdí 3 kilos debido a la ansiedad. Estaba aterrorizado antes el hecho de saber que iba a volver a violar la ley y que no podía evitarlo. Me devané los sesos buscando alternativas, algo que pudiera hacer para calmar mi conciencia sin jugarme el cuello. Pero no encontré nada. No veía otra alternativa que el sabotaje.

Yo, que jamás había militado en ningún colectivo animalista (ni de ningún otro tipo), iba a dar el salto al sabotaje. Esa es una de mis contradicciones: siendo ecologista, anticapitalista y antiespecista, no milito en ningún grupo. En el terreno de los derechos de los animales, era una decisión consciente: llevaba proyectando acciones de sabotaje desde los 15 años, antes de plantearme que los animales tuvieran derechos, mucho antes de hacerme vegano. No quería que ningún colectivo se viera salpicado por mi paso a la clandestinidad, por lo que, simplemente, me limité a ir a manifestaciones y demás, sin implicarme mucho.
Cuando más cerca vi mi paso a la ilegalidad, dejé, incluso, de ir a manifestaciones liberacionistas.

Una persona más madura habría hecho el camino contrario: habría empezado con la propaganda, los debates, las manifestaciones, las recogidas de firmas, etc. y, más adelante, con los años y teniendo ya compañeros de su absoluta confianza a quienes proponerles pasar a las armas, se lo habría propuesto y, junt@s, habrían combatido en el F.L.A. Yo no, yo me lo monté todo solito y así me ha ido. Me he visto sin apoyos políticos, al no tener a ningún/a camarada junto a mí.

Quizá deberíamos ser más cuidadosos a la hora de defender el F.L.A. No ser más suaves, pero sí dejar claro que no tenemos por qué ser los jóvenes los que lo demos todo. Que quizá ya ha llegado la hora de que los antiespecistas de 50 y 60 años (y más) empiecen a implicarse en esto, en lugar de quedarse aplaudiendo detrás. Por supuesto, existe el caso excepional de Barry Horne, que murió por los animales a los 50, pero es eso, una excepción. Por lo general, en este, como en los demás movimientos, somos los jóvenes los que empujamos el sabotaje y la lucha armada.

También deberíamos dejar claro que hacer lo correcto es algo complejo, que no se trata de una carrera, donde hay que correr más que nadie y llegar el primero. Aquí no hay prisa, se trata de valorar las cosas con cierta calma y plantearse qué es lo mejor para nosotr@s y nuestra causa.

Concluyo con una confesión: yo, por el momento, me apeo. Quiero dedicarme a mi vida (que, por el momento, es un desastre) y a intentar ser feliz. Lucharé por los derechos de los animales, pero lo haré desde algún colectivo antiespecista con el que me sienta identificado y a través de medios pacíficos: debates, manifestaciones, charlas, recogidas de firmas, propaganda, etc. También, cómo no, homenajearé a l@s valientes hombres y mujeres de las FF.AA.L.A. (Fuerzas Armadas de Liberación Animal) y lucharé por la amnistía de nuestr@s pres@s y perseguid@s, porque tengan una buena defensa en sus juicios y que puedan caminar en libertad, entre nosotr@s.

Si alguien quiere aprender de mis errores, hará bien en hacerlo. Quien quiera seguir mis pasos (como yo he seguido los de Barry Horne, Rod Coronado o Ronnie Lee), tendrá mi aplauso, mi amor, mi apoyo. Pero yo, de momento, lo dejo. Ahora mismo, y durante los próximos años, estaré demasiado ocupado intentando construir la vida que tengo por delante y probando la lucha por medios pacíficos, como para volver al sabotaje. La juventud es una edad para construir la propia vida, no para arruinarla. Si vuelvo al sabotaje, será dentro de bastantes años. Dependerá de cómo crezcan las FF.AA.L.A.

Ánimo a tod@s los que luchan.
Amor y rebeldía:

Bruno

 

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