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15/10/2022 :: Estado español, Estado español

Saca tu semen de mi pantalla, señoro

x Irantzu Varela
#FueraMachistasDeLaTV

La representación de las mujeres y de los cuerpos disidentes está revolucionando el audiovisual (y el mundo), mientras los señoros que no encuentran la salida de los platós quedan en evidencia con su masculinidad putrefacta, que huele a rancio y nos da más repelús que rabia.

Un torturador de animales profesional -al que en la tele siguen llamando “maestro”- suelta en directo, en un programa presentado por una enemiga de lo público (y de la mayor parte de su público), la frase más repugnante que habrás escuchado en años (si tienes suerte, o no eres heterosexual, o las dos cosas): “Todavía, mi semen es de fuerza. Vamos a por la niña”.

Sé el cringe que te está dando, pero es que la cosa empeora: se lo dice a una mujer 24 años más joven que él, que ha manifestado en el mismo programa y en otros (son de esa gente que nos cuenta su vida en la tele para que no tengamos que asomar la nariz y la oreja por la ventana del patio, para saber las penas de otras) que no le quiere, que se va a separar y que no piensa volver con él. O sea, que la amenaza de enchufarle la lefa no es solo una vulgaridad repugnante, es un viaje en el tiempo a esa época en que las mujeres éramos (o les parecíamos) jarroncitos sin voluntad, a los que había que rellenar. De flores, de atenciones, de bombones, de trabajo doméstico no pagado, de joyas, de hijos. De semen. Cuatro años más que Madonna tiene, el “maestro”.

(Hablo de Ortega Cano, por cierto)

Pues como el portero. Con 41 tacos, una vida viajando, un patrimonio con el que nos retiraríamos 20, y un domingo de octubre necesita hacer un chiste sobre que es gay. Siendo uno de los ídolos de un deporte en que el único que se atrevió a salir del armario se acabó suicidando. Y, en vez de pedir disculpas, pone que le han hackeado. La cuenta, sí. Un domingo. Y los bobos homófobos que comparten olimpo con él siguiéndole la gracia. Maestros, cracks, jefes.

(Hablo de Iker Casillas, por cierto. Que es hetero, por cierto)

Dice la Mala Rodríguez que “el mundo es una pelea de pollas y edificios altos”. Pero yo creo que es una merienda de blancos, con sus masculinidades viejas y sus chistes malos. De los que solo se ríen los que están justo debajo. Y que siempre suponen violencia, sufrimiento, desigualdad y opresión para alguien. Que nunca es un crack, un jefe, un maestro. Nunca es uno de ellos.

Yo entiendo la industria del entretenimiento, os lo prometo. Entiendo que hay formatos que están hechos para ver con el encefalograma plano. Que hay productos audiovisuales, en la tele, en las plataformas y en las redes que están creados para que puedas permanecer en coma hasta la hora del descanso de esta vida de explotación y transporte público que nos ha tocado. Pero también hay responsabilidad en el entretenimiento. Y no vale todo para entretener al pueblo, mientras cena pan.

La Isla de las Tentaciones es fast food del malo, por ejemplo. Yo ya avisé en el primer capítulo. Puedes disfrutar, si eres mala persona y saboreas los productos que se revuelcan en todo lo contrario a lo que crees y defiendes (joder, por algo lo llaman guilty pleasure).

Pero hasta la mierda tiene un límite. La violencia machista, en mi caso. Y supongo que en el vuestro. Son todos un cuadro. Y ellas, un poco también. Horteras, celosos, patriarcales, incapaces de expresar emociones básicas e ideas mínimamente complejas. Y muy hipócritas. Subliman la monogamia y se la comen a la primera. Si en vez de la luz de la tentación, se encendiera la luz de la patriarcada, estaría la sirena todo el día sonando. Pero la patriarcada la aguantas, si quieres. En la tele. Lo que es intolerable es que sea la segunda edición -consecutiva- en la que se da foco y altavoz a individuos con claro perfil de maltratador, que reproducen en pantalla comportamientos que están definidos como violencia machista. Luz de gas, insultos, chantajes, desprecios, control y reacciones violentas que asustan, en un programa grabado y editado.

Manuel (de esta edición) y Alejandro (de la anterior) son hombres con perfil violento y patrones de comportamiento propios de maltratador, muchos de los cuales los han tenido delante de las cámaras. Imagínate lo que harán en casa. Y la tele que les microfona tiene la responsabilidad de evitar que se den comportamientos machistas en antena. Y si no puede evitarlo, de poner el comportamiento en contexto y señalarlo como lo que es. Y si no puede contextualizarlo, de ponerlo en cuestión. Y en vez de eso, sueltan los vídeos en foros de lerdulia sin criterio que tienen en sus narices violencia machista y lo llaman “relación tóxica”, “dos versiones”, “ella le provoca”, “cada pareja es un mundo”. Y todas esas mierdas que son la razón por la que no salimos a la calle a quemarlo todo, con las muertas que llevamos.

Estamos cambiando el mundo y estamos cambiando el relato. Y ¿qué fue antes? pues van de la mano. El mundo se cambia contando y compartiendo las posibilidades de que haya otros relatos. Los relatos construyen mundos posibles, que luego se hacen reales, y se relatan. Por eso es tan importante la representación. Por eso es tan importante la representatividad, en realidad. Que salgamos, que estemos, que hablemos. Que contemos lo que nos pasa y lo que no nos dejan contar, porque nos llaman locas, exageradas, pesadas. Por eso es tan importante que las mujeres, las bolleras, los cuerpos racializados, los marikas, las putas, las discas, les gordes, los cuerpos trans, les no binaries y toda esa chusma que solo salíamos en los chistes salgamos contándonos. Y haciendo la compra y enamorándonos y trabajando y protagonizando tramas y subtramas y dramas y comedias entretenidas.

Por eso es tan importante que borremos las representaciones que nos han condenado. Heteruzos payos blancos y rancios que siguen creyendo que el mundo es su banco de semen.

En la tele, y en las redes, tiene que haber de todo, pero sobran las masculinidades violentas y misóginas que tratan a las mujeres como si fueran niñas y a los marikas como si fueran chistes. Porque ellos son los que escriben la letra de lo que nos gritan cuando nos pegan, cuando nos insultan, cuando nos asustan por la calle.

Sobran esos Rafa Mora que esconden mal su pasado (¿pasado?) nazi, porque se les ve a la mínima el bully que llevan dentro: insulta a las que le dan envidia, interrumpe a las que son más listas, se burla de las que son mejores, intimida a los que no apestan a Axe. Muchos le admiran, porque quieren ser como él: mediocres, acomplejados, sin ningún talento, pero con complejo de putos amos.

Como su gurú, Kiko Matamoros. Que se cree un titán, un intelectual, un caballero. Y es la masculinidad pudriéndose en streaming, en tu pantalla. Violento y faltón, tiene el peor de los defectos: creerse más listo de lo que es.

Hay muchos más: machistas, condenados por violencias, abusadores, babosos, misóginos, cerdos.

Pikaramagazine

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