Sobre la destrucción de la personalidad

He leído recientemente El hombre de los dados (The Dice Man, Luke Rhinehart 1971), que no es ni un gran ensayo ni una excelente novela y es las dos cosas al tiempo (siempre que uno abandone la lectura en el preciso momento). Siempre que ese momento no le invite a llegar al final, a planificar el resto de la lectura, a no perderse nada para perdérselo todo. La tesis central del libro es el hombre aleatorio, el ser humano cuya personalidad es programada por los dados. Ignoro si el escritor era consciente del daño para el Estado que dicha idea suscita, pero me propongo mostrar una parte.
Luke elige si violar a su vecina y amiga o si abandonar a su mujer por una simple tirada de dados. A Luke no le importa qué dirán de él, si se está comportando de un modo raro, o si le van a expulsar del Colegio de Médicos. Su personalidad mimetiza la de un esquizofrénico, cuya manía es gobernada por uno o varios dados, nunca hay pauta repetible aunque a veces él quiera pensar que sí. Luke es monógamo y polígamo, según, Luke es religioso y no lo es, republicano y demócrata, alcohólico y abstemio, transgresor al orden y moralista ferviente. Su único rumbo lo dicta el azar.
La personalidad humana es compleja, la herramienta de domesticación que es la psicología quiere tratar de comprenderla en beneficio del Único, mas cuando no es capaz de encorsetarla llama a su colega la psiquiatría que armada de fármacos cura toda enajenación, y cuando no cura al menos tapa. Si la psicología o la moral sirven para no vivir, entonces no sirven. Si la personalidad puede encuadrarse en unos arquetipos, entonces puede predecirse. Una vez predicha se modifica convenientemente, se encorseta y se niega sin el conocimiento del Único o con su sufrimiento. Todos estamos tarados por una u otra razón, luego todos vamos al
psicólogo, al policía.
Qué hace el analista de Luke, ¿Por qué ha venido ud. aquí?, Salió un tres, y así ad náuseam. Dónde está el patrón. El único resultado posible del análisis será que el tipo tiene una patología de algún tipo, pero mientras Luke siga tirando el dado no se le va a curar nunca. Será un adicto al dado y su curación pasará por volver a ser predecible, controlable. La aleatoriedad, presente en las teorías fundamentales de la naturaleza, sólo permite conocer un comportamiento mediante promedios. Si tiras 60 veces el dado esperamos que 10 veces salga seis. Pero si lo tiras una vez, el resultado será impredecible.
Si los sistemas que nos atacan se basan en oír, ver y mentir, ya que la vieja política de evitar flujos salientes de información (no information outflow) resultó ineficaz, ya que quien habla se cansa de no oír otra voz humana y acaba por marginar a la oreja muda (Echelon). Si nos vigilan y nos castigan siempre que pueden, no queda más remedio que diseñar estrategias que puedan pelear en esta batalla asimétrica que es la teoría del poder. Todo sistema de seguridad tiene sus agujeros, los suyos y los nuestros, mas si los agujeros varían en el tiempo no se convierten en fosas.
El hecho que los políticos, para evitar las bombas y las pistolas, varíen sus hábitos cotidianos nos debería dar una pista, una pauta. Si el otro puede saber lo que vamos a hacer, entonces se puede anticipar. La interacción nos ha mostrado que estamos en guerra y ante ello para mí caben dos estrategias extremas (duales): soy pautado y trasparente o soy aleatorio y opaco.
Los polos duales se pueden mezclar, desorientando más a quien nos quiere amortajar. La aleatoriedad (o destrucción de la personalidad) no es simplemente una recomendación de protección, es una forma de quitar hierro (como hace Luke) a los asuntos de la existencia. A desmitificar los lugares comunes de la dominación, a asumir que las decisiones humanas ni son tan importantes ni tan trascendentes, que mientras sigamos vivos habrá caminos que caminar, con o sin un dado de seis. Una teoría de autodefensa no puede desmarcarse del contexto general de pensamiento y acción de un Único, si nos defendemos así no es sólo porque es eficiente, sino porque encaja con lo que somos o con lo que queremos ser. “Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones” y de ello dan cuenta nuestras actividades.
La planificación acaba por rebelarse como una cadena contra el Único, esgrimida por los amos para adiestrarlo en una secuencia de eventos prefijados: escuela, trabajo, coche, pareja, casa, hijos, etc. Hipotecas para una vida futura que es lastrada con el peso de sucesivos contratos expectantes de una vida mejor, que nunca acaba por llegar y que acaba por hundir la singularidad. Si la planificación dicta el futuro, la impredecibilidad dicta el presenta de modo ingobernable. La destrucción de la personalidad no permite planificar, por tanto libera al Único de muchos de los sucesivos grilletes con que la sociedad lo agasaja.
Es importante, y harto difícil, en toda guerra identificar a nuestros enemigos. Si fuéramos capaces de hacerlo, una solución pasaría por trasparencia y afinidad con los nuestros y opacidad total para con ellos. Esta dualidad bien marcada exige no mezclar mundos, mas se antoja como un ideal deseable: para nosotros todo, para vosotros nada.
La excepción es la norma en el mundo aleatorio, las piezas encajan solas cuando se las deja libres y los comportamientos y los modos se rigen por la libre asociación. En momentos duros, cabeza templada, decisiones difíciles exigen reacciones rápidas. Aprendamos a pensar pronto y pensemos de modos diferentes, aleatorios, impredecibles. ¿Quién tendrá la sartén por el mango entonces? Nuestro rastro será difícilmente seguido por los rastreadores de la personalidad. Los rastreros del Estado.
Mucho se ha escrito sobre teoría de la información, mucho interesa a los amos. En ausencia de información cómo se toma una decisión. De modo aleatorio, impredecible. La guerra por el poder no se va a acabar, si contraelpoder es una máxima irrealizable, entonces no debemos perder de vista la autodefensa, y la destrucción de la personalidad puede ser una clave para la misma.
A modo de resumen, “Una conclusión hecha a modo de advertencia:” Para nosotros apoyo
mutuo, para con ellos autodefensa.







