A dos años de la primer ocupación de tierras ¿Qué ha pasado con el país productivo?

¿Qué ha pasado en este tiempo con las ocupaciones? ¿Qué ha pasado para que haya aumentado tanto la concentración y extranjerización de la tierra? ¿Qué ha pasado con el país productivo con justicia social?
Dos años después de aquella ocupación en el predio de Colonia España se asienta una Cooperativa Social integrada por trabajadores miembros de los sindicatos ocupantes. La ocupación realizada en Colonia Eduardo Acevedo por el Grupo Mandiyú, sobrevive -pese a las amenazas de desalojo que no cesan- respaldada y apoyada localmente por los gremios y sindicatos de Bella Unión. Y como allá nadie se rinde, el mismo día que el Grupo Mandiyú, cumplía el primer aniversario de su ocupación, comenzaron a remitir leche a Salto para ser industrializada. Hoy más que nunca es necesario respaldar estas experiencias de lucha de los trabajadores y sus familias.
Los trabajadores han logrado, además, que se les otorgaran tierras para cultivar caña de azúcar en convenio con ALUR y aspiran, mediante la Comisión de Tierras que han formado, obtener para los asalariados y pequeños productores, un porcentaje de las nuevas superficies que deben ser cultivadas para llevar adelante el proyecto sucro-alcoholero.
Todo esto ha sido posible mediante la lucha y la solidaridad, nacional e internacional, así como por el esfuerzo y sacrificio de muchas y muchos. Esto, con ser mucho, no alcanza.
En estos mismos años se ha profundizado el proceso de concentración y extranjerización de la tierra y de las empresas productoras de commodities, materias primas con mínimos procesos de industrialización.
Lejos estamos del "país productivo", slogan de la campaña electoral que le permitió al Frente Amplio llegar al gobierno. Los cambios que se observan se basan en la inversión extranjera directa (IED). Contra lo que eran los discursos de otrora en la izquierda, hoy las ventajas otorgadas por el gobierno al capital foráneo han permitido un fuerte proceso de extranjerización de los principales recursos del país. En contrapartida, se pierde el control nacional del proceso productivo y se cuestionan aquellas decisiones estratégicas que podrían repensar el desarrollo nacional sobre bases más autónomas.
Más allá de los programas de gobierno, más allá de la acción de factores endógenos y/o exógenos, más allá de la buena o mala voluntad de los decidores, más allá de todo esto están los hechos y los hechos son tozudos.
Se observa en Uruguay, así como en la región y en resto del tercer Mundo, una suerte de “neocolonización” que atenta contra la soberanía y modifica radicalmente nuestro entorno.
En nuestro país el proceso de concentración y extranjerización de los recursos naturales, así como el traspaso de las industrias -que subsisten- a capitales extranjeros no es cosa nueva. Lo que preocupa sobremanera es el volumen de los traspasos y la aceleración de los procesos, con cifras sin precedentes.
Las Empresas Transnacionales han desembarcado en nuestro país en forma indiscriminada y se apoderan de tierras e industrias sin que nadie les ponga límite y alentadas por el equipo económico y los dirigentes empresariales. Mientras se conservan las disposiciones que benefician el saqueo del nuestro patrimonio, se legisla criminalizando la ocupación de tierras a familias en estado de necesidad. Todo, bajo el supuesto que no existe alternativas a la inversión extranjera.
La inversión extranjera no es ni un "dios" ni un "mesías", tampoco un "demonio" por sí misma, ni es la culpable del "no desarrollo" nacional. La inversión extranjera es un recurso importante, siempre y cuando su participación no implique relegar soberanía, ni desaloje a los productores nacionales. Es imprescindible, además, que, contribuya con los objetivos nacionales preestablecidos y socialice sus procesos de investigación y desarrollo.
Es posible entonces, que la inversión extranjera tenga un lugar en una estrategia de desarrollo nacional, como también que participe del financiamiento estatal y de los costos sociales y ambientales del proceso productivo, y, que aporte a un reparto adecuado de sus beneficios asumiendo su cuota parte de responsabilidad a la hora de redistribuir las cargas en la sociedad. No obstante, la institucionalidad actual que cobija los flujos de inversión, los tratados de protección reciproca de tales inversiones, las zonas francas y las definiciones de los gobiernos actuales no parecen ser instrumentos adecuados para esos fines.
Desde distintos sindicatos (frigoríficos, curtidores, vestimenta, etcétera), los trabajadores ya perciben que el ingreso masivo de capitales extranjeros deteriora las relaciones laborales, que se reduce el trabajo (menos cueros para procesar por exportación de materia prima). A su vez, los trabajadores del campo, ven como día tras día, se despuebla la campaña, se deterioran suelos y acuíferos, con costos de recuperación elevadísimos, afectando el patrimonio de las futuras generaciones.
Este fenómeno no es ignorado por nuestra gente. En una reunión realizada en la localidad del Carmen, en el corazón del país, aspirantes a colonos discutían el empuje de la concentración y extranjerización de la tierra, cuestión que todos percibían, cuando una humilde paisana exclamó: “Hay que topear, porque si no topeamos… nos quedamos sin patria”.
Las decisiones económicas se ubican cada vez más fuera del país, se trasladan ahora a los escritorios de los directivos de las transnacionales; sin embargo, el gobierno se alegra porque ingresan inversiones extranjeras.
Tales inversiones, tienen poco de estratégicas y en su mayoría nada tienen de "nuevas", pues en los casos dominantes se trata de un simple cambio de propietario de empresas existentes, generando un proceso de concentración de la propiedad que no contribuye tampoco al desarrollo de un Uruguay productivo, con justicia social y profundización democrática. La ganancia de unos pocos predomina por sobre el interés nacional y las necesidades de la mayoría, mientras que el Estado es prescindente ante lo que denomina "negocios entre privados". Esta "prescindencia" estatal es la esencia del neoliberalismo.
Esta nueva situación se ubica en el proceso de la expansión capitalista que comienza en los primeros años de la década de los setenta y que redefine la división internacional del trabajo asignando un papel muy específico a América Latina como proveedora de recursos naturales. Es la "reconquista" de América.
La situación es descripta por Eduardo Galeano con meridiana claridad: "Según la voz de mando, nuestros países deben creer en la libertad de comercio (aunque no exista), honrar la deuda (aunque sea deshonrosa), atraer inversiones (aunque sean indignas) y entrar al mundo (aunque sea por la puerta de servicio)".
Esta estrategia que no surge, ni forma parte del programa del FA contradice décadas de lucha del movimiento popular y las finalidades del Uruguay productivo. No es posible construir una nueva sociedad manteniendo fundamentos del modelo neoliberal y profundizando la extranjerización económica. No se puede ir hacia el Sur y hacia el Norte al mismo tiempo.
Gustavo Melazzi y William Yohai se preguntaban "¿Seguirán siendo sólo los extranjeros los que decidan nuestras líneas de desarrollo? ¿No habrá llegado el momento de evaluar a fondo las zonas francas, esa “extraterritorialidad” o “agujeros de soberanía”? ¿Qué beneficios les seguiremos ofreciendo, y a cambio de qué?"
Hay una correspondencia esencial entre la economía orientada a la ganancia de unos pocos, a la inhibición de la participación social y al mantenimiento de la institucionalidad que ha permitido la pervivencia centenaria del bloque de poder. Sólo una ruptura democrática de este triángulo perverso podrá articular desarrollo orientado a: satisfacer las necesidades de la sociedad; ampliar la participación social; y crear una nueva institucionalidad que los promueva y garantice.
Hoy, a dos años de la primera ocupación de tierras y a más de cuarenta años de aquel Primer Congreso del pueblo uruguayo que constituyó un programa popular para enfrentar la expansión capitalista, ahora en su fase "neocolonial", es imprescindible reeditar tales estratégicas o -como señalaba la señora del Carmen- "… nos quedamos sin patria”.
§ Este artículo fue realizado con materiales del trabajo "Uruguay país productivo: La penas son de nosotros, los recursos ya no...", elaborado por Ruben Elías y Oscar Mañán, con la colaboración de Antonio Elías. El trabajo fue publicado en el libro "Derechos Humanos en el Uruguay - Informe 2007" del Servicio Paz y Justicia - Uruguay
Agenda Radical







