Declaración del Partido Vía Democrática Obrera de Marruecos sobre la crisis de Ceuta

La alternativa es la lucha por construir una correlación de fuerzas populares capaz de imponer un cambio democrático radical, que rompa con la tiranía, el rentismo(1), la corrupción y la dependencia, y que siente las bases para un Marruecos de dignidad, libertad, justicia social e igualdad.
El Buró Político del Partido de la Vía Democrática Obrera sigue con gran preocupación y profunda indignación las escenas de éxodo masivo que ha vivido y sigue viviendo la ciudad de Fnideq (Castillejos) hacia la ciudad ocupada de Ceuta, donde miles de jóvenes, entre ellos menores de edad, arriesgan sus vidas en un intento por escapar de una realidad social, política y económica que ha alcanzado un grado sin precedentes de crisis y estancamiento. Estas dolorosas escenas no son un hecho fortuito, ni una mera crisis migratoria circunstancial, sino una expresión concentrada de la crisis estructural que vive la sociedad marroquí bajo el dominio continuado de un sistema político basado en el autoritarismo, la corrupción, la especulación y la dependencia, e incapaz de garantizar las condiciones más básicas para una vida digna a la mayoría de la población.
El Buró Político considera que este éxodo masivo constituye una condena política y moral de las políticas clasistas imperantes, que han acumulado la riqueza y el poder en manos de una minoría privilegiada, a cambio de generalizar el desempleo, la pobreza, la precariedad y la marginación entre los trabajadores, los jornaleros, los pequeños agricultores y los jóvenes. Al mismo tiempo, constituye una declaración explícita del fracaso del modelo de desarrollo oficial y de las políticas públicas que se promovieron como vía para alcanzar el desarrollo y la justicia social, pero que no han hecho más que ampliar el círculo de la pobreza y las desigualdades de clase, agravar la especulación y el monopolio, exacerbar el endeudamiento, erosionar el poder adquisitivo y el retroceso de los servicios públicos.
Para miles de jóvenes, la patria se ha convertido en un espacio cerrado a sus sueños, tras haber sido privados del derecho al trabajo, a la educación, a la salud, a la vivienda y a la dignidad.
Y cuando una persona decide arriesgar su vida en el mar o entre alambradas, no lo hace en busca de bienestar, sino para huir de una realidad en la que ha perdido la esperanza. Por eso, la verdadera pregunta no debe dirigirse a las víctimas, sino a las políticas que han generado esta desesperación colectiva. Este éxodo se produce en un momento político delicado, con profundas implicaciones, ya que pone al descubierto la falsedad del discurso oficial sobre el «Estado social» y el «modelo de desarrollo», y revela la abismal brecha que existe entre las instituciones oficiales y las masas populares. Asimismo, subraya que las instituciones elegidas, así como los partidos gubernamentales y administrativos, han fracasado a la hora de representar los intereses del pueblo y se han convertido en instrumentos para gestionar la crisis y reproducirla, en lugar de ser herramientas para el cambio democrático.
Los partidos que se han turnado en la gestión de los asuntos públicos y han aceptado participar en la aplicación de políticas neoliberales asumen la responsabilidad política de haber agravado la crisis social, tras haber servido de tapadera para el ataque a los derechos y los logros; bendijeron la privatización de los sectores públicos, legitimaron la expansión del gran capital y dejaron que millones de marroquíes se enfrentaran al desempleo, al encarecimiento de la vida y a la marginación sin una protección social real.
Asimismo, el Partido de la Vía Democrática Obrera afirma que abordar esta tragedia con una lógica de seguridad solo conducirá a su reproducción. La represión no genera desarrollo, ni fomenta la confianza, ni devuelve la esperanza. La militarización de las fronteras, el endurecimiento de la vigilancia y la coordinación en materia de seguridad con la Unión Europea no detendrán la migración mientras persistan sus causas estructurales. La migración no es un delito, sino una consecuencia directa de las políticas económicas y sociales que han generado exclusión y desesperanza.
Al mismo tiempo, el partido rechaza que se convierta a la juventud marroquí en una moneda de cambio en los cálculos geopolíticos entre el Estado marroquí, el Estado español y la Unión Europea. La dignidad del pueblo marroquí no es objeto de negociación, y no se puede permitir que el sufrimiento de los jóvenes se convierta en un medio al servicio de agendas de seguridad o diplomáticas, mientras las causas reales del desplazamiento siguen sin abordarse.
El Buró Político considera que esta tragedia exige un cuestionamiento exhaustivo de la clase dominante que ha acumulado riquezas y privilegios, ha afianzado la economía de especulación y monopolios, ha sometido la economía nacional a la lógica de la dependencia y ha vinculado el futuro del país a los dictados del capital financiero monopolístico mundial y sus instituciones. Esta opción ha llevado al desmantelamiento de la economía productiva, al debilitamiento de la soberanía económica y a la transformación de Marruecos en un mercado abierto y un ámbito de acumulación de capital en beneficio de una minoría influyente, mientras que la mayoría popular soporta el coste de la crisis. La patria no se construye con propaganda oficial ni con indicadores abstractos, sino cuando el ciudadano siente que las riquezas de su país le reportan dignidad, libertad y justicia social. En cambio, cuando la riqueza se monopoliza, el poder se concentra y se vuelve opresivo, y la decisión política se aleja de la voluntad popular, la patria se convierte en un espacio que ahuyenta a sus hijos.
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1. El rentismo es un modelo económico e ideológico en el que los ingresos se obtienen principalmente de la explotación, el alquiler o la especulación de bienes ya existentes (como la vivienda o los recursos naturales), en lugar de provenir de la producción de nuevos bienes o del trabajo activo







