La generación que cambió la política keniana

En una entrevista exclusiva para Negrx, una de las jóvenes protagonistas nos explica por qué el movimiento sigue vigente dos años después y advierte sobre los riesgos de cara a las próximas elecciones.
Lo que comenzó como una protesta contra un aumento de impuestos terminó convirtiéndose en uno de los movimientos juveniles más importantes de la historia de Kenia. La llamada Generación Z irrumpió en la escena política con una movilización que cuestionó no solo una reforma fiscal, sino también la corrupción, la violencia estatal y el funcionamiento mismo de la democracia. Catherine Natasha Koskei, Directora de Comunicación de Kenya Ni Mimi (Kenia soy yo), una organización de la sociedad civil que trabaja en la formación de jóvenes y que forma parte del ecosistema de activismo del que emergieron muchos de los protagonistas de estas movilizaciones, analizó el presente y el futuro de un movimiento que sigue desafiando al poder.
Las protestas estallaron en junio de 2024, cuando el gobierno del presidente William Ruto impulsó la Ley de Finanzas, un proyecto que aumentaba impuestos en un contexto de fuerte deterioro económico. Miles de jóvenes comenzaron a organizarse a través de redes sociales, sin una conducción única y al margen de los partidos tradicionales. En pocos días, las manifestaciones dejaron de concentrarse únicamente en el rechazo a la reforma tributaria para transformarse en un reclamo mucho más amplio contra la corrupción, el desempleo, la desigualdad y la impunidad.
El punto de inflexión llegó el 25 de junio de 2024. Ese día, miles de manifestantes ingresaron al Parlamento mientras los legisladores aprobaban la ley. La respuesta estatal fue una de las represiones más graves registradas en el país en las últimas décadas. Las fuerzas de seguridad utilizaron munición real contra los manifestantes y durante la ola de protestas de junio y julio la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia (KNCHR) documentó alrededor de 60 personas fallecidas, más de 400 heridas, cientos de detenciones y decenas de desapariciones forzadas. La presión social fue tan intensa que el gobierno terminó retirando el proyecto de ley, una victoria inédita para una generación que hasta entonces había sido considerada políticamente apática.
Aunque en muchos medios internacionales el fenómeno fue presentado como un movimiento sin líderes, esa definición resulta insuficiente para comprender su verdadera dimensión. No existió una conducción centralizada, pero sí una extensa red de activistas, organizaciones de derechos humanos, abogados, periodistas, colectivos juveniles y plataformas de participación ciudadana que hicieron posible la movilización. En esta constelación que se construye desde abajo se encuentra la joven Natasha Koskei de la organización Kenya Ni Mimi.
Catherine Natasha Koskei exponiendo sobre la situacion de Kenia en el Palacio de las Naciones Unidas en Ginebra el 18 Junio del 2026.
¿Por qué el movimiento de la Generación Z no solo ha sobrevivido a los estallidos del 2024, sino que sigue igual de fuerte?
Una de las cosas que hizo tan poderoso a nuestro movimiento de la Generación Z fue que no se construyó alrededor de un solo líder. Se construyó alrededor de valores compartidos y de una frustración compartida. Nos organizamos en internet y en las calles sin esperar que los políticos hablaran por nosotros. Desde entonces, algunos jóvenes han intentado incorporarse a la política formal, pero el sistema político de Kenia sigue siendo muy difícil de atravesar para los jóvenes. La política es costosa, los partidos políticos están dominados por élites de mayor edad y, cuando los jóvenes líderes se incorporan a partidos establecidos, con frecuencia son acusados de haber sido cooptados. Así que no diría que tenemos un solo líder que represente a la Generación Z. Lo que tenemos es una generación que ha encontrado su voz. No necesitamos que una sola persona hable por nosotros porque millones de jóvenes kenianos ya están hablando por sí mismos. Sin tribus, sin líderes, sin partidos políticos y sin miedo.
En 2024, las fuerzas de seguridad respondieron a las protestas con una brutalidad extrema. ¿Dirías que ese mismo clima continúa hoy?
Desafortunadamente, sí. La violencia hoy tiene un aspecto diferente, pero la represión no ha desaparecido. En lugar de responder únicamente con munición real, como vimos en 2024, también hemos visto detenciones masivas, un fuerte despliegue policial, desapariciones forzadas, secuestros, torturas y el uso de acusaciones de terrorismo o traición contra activistas. Lo que preocupa aún más a muchos de nosotros es que ha habido muy poca rendición de cuentas. Las familias siguen esperando justicia por las muertes de 2024, y muchas de las personas responsables de los abusos no han rendido cuentas por ellos. Como joven keniana, eso me genera miedo. Una comienza a preguntarse si ejercer sus derechos constitucionales vale el riesgo de perder la vida o la libertad. Así no debería funcionar una democracia.
De cara a las elecciones del 2027, ¿cuáles son las mayores esperanzas y los mayores desafíos del movimiento de la Generación Z?
Creo que nuestra mayor esperanza es que 2027 sea la elección en la que los jóvenes finalmente comprendan el poder de su voto. Las protestas despertaron a toda una generación. Muchos jóvenes que antes nunca habían prestado atención a la política ahora están leyendo la Constitución, participando en foros cívicos, cuestionando el gasto público y comprendiendo cómo las decisiones del gobierno afectan nuestra vida cotidiana. Pero también tenemos miedos muy reales. Nos preocupa que todos los jóvenes que quieran votar realmente puedan registrarse. Nos preocupa que se confirme este anuncio de que, si tomás una foto de tu voto, podés ser arrestado y enfrentar hasta tres años de prisión. Nos preocupan la desinformación, la intimidación, la violencia policial y que las protestas pacíficas durante el período electoral sean respetadas.
¿Podrías explicar qué ocurrió con el padrón electoral, particularmente en relación con los votantes de la Generación Z? ¿Por qué creés que tantos jóvenes registrados fueron eliminados del padrón electoral?
Oficialmente, no existe evidencia públicamente verificada de que el gobierno haya eliminado deliberadamente del padrón electoral a jóvenes que ya estaban registrados; simplemente dijeron que están realizando tareas de mantenimiento del sistema. Pero lo que hemos visto es suficiente para que muchos jóvenes sospechen profundamente. Hubo problemas con el portal de verificación de votantes, algunos votantes, como me ocurrió recientemente a mí, no pudieron encontrar sus datos, la IEBC (La Comisión Electoral Independiente de Kenia) anunció que algunas personas tendrían que volver a registrarse y miles de jóvenes kenianos han tenido dificultades durante meses para obtener los documentos nacionales de identidad, que son necesarios incluso para poder registrarse para votar.
Protestas en Kenia 2024.
Muchos de nosotros creemos que estas barreras no están ocurriendo de manera aislada. La Generación Z estuvo en el centro de las protestas de 2024 y nos hemos convertido en una generación mucho más consciente políticamente y decidida a votar en 2027. Por eso existe una percepción generalizada de que estos obstáculos administrativos están dificultando la participación de los jóvenes porque se espera que votemos por un cambio. Que esa intención pueda demostrarse legalmente es otra cuestión, pero el miedo y la desconfianza son muy reales. La democracia de Kenia depende de que la gente confíe en el proceso electoral y, en este momento, esa confianza es frágil. Por eso tantas organizaciones de la sociedad civil están pidiendo transparencia y una auditoría independiente del padrón electoral.
¿Cómo describirías el clima político y social de cara a las elecciones de 2027?
Kenia tiene instituciones democráticas sólidas sobre el papel, pero las instituciones solo funcionan cuando la gente confía en ellas. Reconstruir esa confianza antes de 2027 es tan importante como prepararse para el propio día de la elección, para que no se repita la violencia postelectoral de 2007 y 2008. Sin embargo, ya hay señales preocupantes. Jóvenes ya han sido armados con machetes y palos para generar violencia si las cosas no salen como el régimen quiere, lo cual da mucho miedo. Además, la cultura de las bandas violentas ha crecido y se ha vuelto incontrolable. Están robando a plena luz del día con armas y, en ocasiones, acompañados codo a codo por la policía, lo que nuevamente resulta muy aterrador y triste de ver.
Me gustaría que las personas de América Latina supieran que nuestra lucha no es única. Está profundamente conectada con las luchas que están ocurriendo en todo el Sur Global. Al igual que los jóvenes de Colombia y Chile hace algunos años, estamos exigiendo gobiernos que escuchen, instituciones que funcionen y líderes que rindan cuentas ante la población. Este movimiento nunca se trató únicamente de rechazar un proyecto de Ley de Finanzas. Se trató de decir que nuestras vidas importan, que nuestro futuro importa y que nuestras voces importan.
No le estamos pidiendo al mundo que nos salve. Los jóvenes kenianos hemos demostrado un coraje y una resiliencia increíbles. Lo que estamos pidiendo es solidaridad. Queremos que la gente preste atención, que acompañe a quienes defienden los derechos humanos y la democracia y que reconozca que proteger el espacio cívico en cualquier lugar fortalece la democracia en todas partes. A mis 23 años, crecí creyendo que la democracia era algo que se suponía que íbamos a heredar. Lo que mi generación ha aprendido es que la democracia tiene que defenderse de manera continua. Eso es lo que los jóvenes kenianos estamos haciendo hoy.
Negrx







