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Mundo, Mundo :: 01/08/2026

Nicaragua: Varias cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo

Resumen Latinoamericano / La Haine
Lo que ha ocurrido con la democracia nicaragüense es lo propio de una democracia que nace bajo la sombra del asedio imperialista

Algunas de las personas que leen este artículo deben estar pensando en las noticias sobre la represión en Nicaragua en el 2018. Recientemente también circuló ese fragmento groseramente recortado y sacado de contexto del largo discurso de Daniel Ortega donde dice que en Nicaragua no volverán a haber elecciones (en realidad dijo que no va a haber elecciones financiadas por potencias y ONGs extranjeras).

Se trata de mostrar que el análisis de la situación en Nicaragua es más complejo que simplemente decir que hay una dictadura. También implica saber hacer la diferencia entre un gobernante, como Daniel Ortega, y la base de la revolución: la gente organizada en los barrios, la gente que vive mejor que antes, que no se exilia, que no se mete en pandillas, la gente que en más de trescientos puntos del país participó en las vigilias con música revolucionaria.

También lo es el discurso y los conceptos presentes en ese discurso. Aparecen figuras realmente existentes como la del pueblo presidente, reivindicando que la soberanía reside en el pueblo. O elementos interesantes, como lo fue el llamado al relevo generacional: una invitación a que la juventud vaya asumiendo el liderazgo de la Revolución.

Y está el elemento religioso: «Por una Nicaragua cristiana, socialista y solidaria», dijo Rosario Murillo, en ese orden.

Hay que recordar que el triunfo de la Revolución Sandinista se dio, en buena medida, gracias a la adhesión de diversos sectores religiosos, de la parte tercermundista de la iglesia católica y de los comités eclesiales de base. Tener ese dato presente permite entender también parte de la enorme base popular de apoyo que conserva el Frente Sandinista.

Pero después podemos encontrar casos de encarcelamiento de candidaturas de oposición. Y también podemos señalar que esos candidatos habían violado las regulaciones que restringen que agentes extranjeros intervengan en la política interna y financien partidos políticos, movimientos o actividades políticas.

Con esa información regresamos a la historia de Nicaragua y de su revolución, que tuvo un carácter anticolonial. Así, la intervención de los EEUU en la política interna nicaragüense, desde antes de la revolución hasta hoy, adquiere otras características.

En este caso esa intervención se expresa, entre otros mecanismos, por medio del National Endowment for Democracy (NED) y de la USAID, cuyos recursos financiaron a Cristiana Chamorro, Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro y Carlos Fernando Chamorro, a través de distintas ONGs, por mencionar sólo algunos casos.

Y entonces aquí surge una pregunta incómoda. Quienes hoy piden democracia para Nicaragua, ¿qué democracia es exactamente la que piden?

¿Una democracia como la de Honduras, intervenida por los EEUU? ¿O una democracia como la de Ecuador, intervenida por los EEUU? ¿Una democracia como la de Colombia, intervenida por los EEUU? ¿O como la de Perú, la de Chile, la de Argentina, la de El Salvador o la de Costa Rica, democracias también intervenidas por los EEUU?

Quienes piden democracia para Nicaragua, específicamente, ¿a cuál modelo exitoso de democracia en América Latina se están refiriendo?

Y más aún, si su compromiso es realmente con la democracia institucional, ¿por qué no son igual de ruidosos para denunciar los fraudes electorales en Colombia, en Perú o en Ecuador? ¿O para denunciar el secuestro del presidente Maduro y de la diputada Cilia Flores en Venezuela? ¿O para denunciar los archivos desclasificados de la CIA que muestran que nunca pudieron comprobar un fraude electoral en Venezuela?

Volviendo al punto de que varias cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, también podemos señalar que lo que ha ocurrido con la democracia nicaragüense es, en buena medida, lo propio de una democracia que nace bajo la sombra del asedio imperialista.

En otras palabras, no podemos esperar una normalidad democrática en un país que, después del triunfo de su revolución, vivió diez años de guerra contra las bandas extremistas de La Contra, financiadas y armadas por EEUU. Que esa circunstancia haya resultado, entre otras cosas, en una política estatal más represiva puede ser cierto. Como también es cierto que la revolución surgió de un enorme impulso antiimperialista.

Y así no se explica cómo hay quienes, en nombre de la democracia, pretenden retroceder del momento político actual a un momento de democracia liberal subordinada a los intereses de los EEUU. Ahí radica, a mi juicio, el error.

El error de los sectores de la 'izquierda' liberal y proimperialista consiste precisamente en señalar los excesos de los aparatos represivos nicaragüenses ofreciendo como horizonte un modelo de democracia liberal que, en la práctica, solo ha servido para ser intervenido por los EEUU.

En cambio, una alternativa revolucionaria debe ser capaz de reconocer todo lo bueno que hoy existe y que merece ser conservado, al mismo tiempo que criticar todo aquello que deba ser criticado, entendiendo que el ejercicio de la crítica solo puede ser verdaderamente democrático si no se desarrolla dentro de un sistema intervenido, como pretenden hacer con Cuba.

Así, una de las máximas prioridades de quienes creemos en la necesidad de fortalecer la democracia en Nicaragua debe ser la oposición beligerante a la intervención y participación de los EEUU en los asuntos internos de cualquier país de América Latina, incluida Nicaragua. Y más aún, la denuncia beligerante de los intereses estadounidenses por generar una intervención militar en Nicaragua.

Yo no puedo decir que en Nicaragua todo el mundo sea sandinista. Eso no fue lo que vi.

Así como había decenas de miles de personas en las calles celebrando el 19 de julio, también había miles de personas (de clase media, eso sí) en los centros comerciales que visitamos simplemente disfrutando simplemente del feriado. También recuerdo a un conductor de InDriver que se quejaba de que los sandinistas cerraban las calles porque se creían dueños de todo.

Pero, como varias cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo, también hay que señalar que cualquier alternativa u horizonte para Nicaragua tendrá que reconocer al Frente Sandinista como la mayor fuerza política real y tendrá que priorizar, entre otras cosas, la soberanía que el pueblo nicaragüense ya logró conquistar mediante su propia lucha.

 

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