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22/12/2005 :: Mundo

Reseña de película: La pesadilla de Darwin

x Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar
Las escenas del documental Darwin"s Nightmare (La pesadilla de Darwin) destapan casi todas las contradicciones de Mwanza: una fábrica de pescado, la oficina del gerente, un aeropuerto aislado, las pequeñas chozas de los aldeanos. La película retrata vívidamente los horrores de la miseria absoluta: el empobrecimiento (la mitad de la población del país vive de menos de un dólar al día) y la explotación del país y la población bajo la dominación de las grandes potencias.

Hoy la una vez cautivante belleza natural del paisaje de las orillas del lago Victoria de Tanzania contrasta marcadamente con la miseria de los habitantes y el horrendo ambiente en que pululan las moscas. Es parte de la región de los grandes lagos de África, que se dice alberga los orígenes de la humanidad. Hoy la gente vive principalmente de la pesca y de la industria de procesamiento de pescado a las orillas de los lagos. Las escenas del documental Darwin"s Nightmare (La pesadilla de Darwin) destapan casi todas las contradicciones de Mwanza: una fábrica de pescado, la oficina del gerente, un aeropuerto aislado, las pequeñas chozas de los aldeanos. Una conferencia internacional sobre la ecología, un salón de conferencias de burócratas y los dignatarios de la Comisión de la Unión Europea, el complejo del Instituto Nacional de Pesca, los enormes aviones de cargo Ilyushin (fabricados en la ex Unión Soviética), las habitaciones de hotel de los pilotos y tripulación europeos. La película retrata vívidamente los horrores de la miseria absoluta: el empobrecimiento (la mitad de la población del país vive de menos de un dólar al día) y la explotación del país y la población bajo la dominación de las grandes potencias. Todo eso hace que el que ve la película arda de indignación.
La película retrata muchas contradicciones de la sociedad tanzana que se han juntado en un haz. . . y una y otra vez nuestro corazón pide a gritos que el pueblo vea la gran necesidad y que se alce, que se levante en revolución.
Hay muchos niños harapientos, de cuatro o cinco a diez o doce años de edad. Los juguetones, los callados, los tímidos y los miedosos, los insolentes y los osados, los agresivos y los intimidados. Esperan con impaciencia, platos y tazones en la mano, para el arroz y cabezas de pescado fritas, mientras los mayores preparan la comida al aire libre de la noche. Preparada ya la comida, los niños regatean cada bocado. Algunos chemean (inhalan pegamento) para poder dormir y quitarse de la mente que no tienen dónde vivir. Tantos niños y jóvenes de una sola pierna andan en muletillas. Los niños se ríen, discuten, luchan, intimidan y pelean como en todo el mundo. Las muchachitas buscan la seguridad relativa con los niños menores por temor a que los mayores las ataquen o abusen de ellas.
Se extienden los tentáculos del vil "mercado libre" en esta región desolada mas rica: los trabajadores empujan y tiran hacia las fábricas las carretillas llenas de enormes peces del lago destinados a los supermercados europeos y japoneses. Para apenas sobrevivir, los barqueros se ocupan componiendo redes y barcos. Los jóvenes y adultos harapientos andan en el lodo y montones de restos de pescado podrido que se secan al sol. Los niños y adultos por igual pepenan y pelean por los trozos. Los gusanos y lombrices cubren fila tras fila de cabezas y esqueletos de pez, lo que queda a la venta para las masas después de que se han procesado los trozos suculentos para el mercado exterior. Los trabajadores de las fábricas se dedican a la frenética faena. Los barqueros cortan y serruchan; los pescadores recogen las redes.
Por tan perturbador y repugnante que sea para quien se interese en los desastres ambientales y la ruina de la vida humana, hay que ir a ver la película premiada de Hubert Sauper [mejor documental europeo, gran premio del jurado y premio del jurado Europa Label). Es como si un gran desastre hubiera golpeado a la tierra y al pueblo, pero no hay ningún tsunami, huracán, terremoto, inundación ni derrumbe. Vemos a gente de carne y hueso, de muy cerca, padeciendo a diario injusticias y tormento indecibles. La vil explotación de la gente trabajadora, la muerte de los desafortunados de las aldeas, las mujeres obligadas a prostituirse y azotadas por el SIDA y los pulmones invadidos de gases venenosos son consecuencias de las relaciones internacionales que las grandes potencias del mundo con mucha frecuencia alaban a nombre del "libre comercio", "economía de mercado libre" y "globalización". Los hechos revelan dura y crudamente el significado de estas palabras.
En los años 1960 se llevó a cabo un "experimento científico" en el lago Victoria: se introdujo una nueva especie de pez, la perca del Nilo. Anteriormente, este lago, el mayor de las zonas tropicales del mundo, contaba con 400 variedades de peces. Muchas especies se comían las algas muertas y así prevenían su excesivo crecimiento, lo que consumiría el oxígeno de lago y asfixiaría los peces. La gran variedad de peces aseguró constantemente la producción constante de oxígeno en el lago. Pero la perca del Nilo es un depredador voraz y hasta se come sus propias crías. Alcanza el doble del peso de un ser humano, de hasta 200 k (es común pescar ejemplares de 40 k). En una sola década se ha devorado el 95% de las especies originarias y se reproduce rapidísimamente. La brusca caída del nivel de oxígeno debido a la desaparición de los pequeños peces que se comen las algas pone en peligro todo lo que vive en el lago. A la larga la perca del Nilo también se extinguirá. Trágicamente, esta debacle ambiental viene poniendo fin a los 14 mil años de evolución del lago.
En apariencia, el villano de la película es la perca del Nilo. Pero pronto sale a la vista un depredador aún mayor, con un apetito aún más voraz e insaciable de ganancias y poder, un jugador mucho mayor a escala mundial, es decir, el sistema social, económico y político del imperialismo y sus relaciones internacionales.

Filetes suculentos y gruesos para Europa y Japón, una miseria para los habitantes

La cámara nos lleva a la fábrica, un hervidero de actividad. Los trabajadores se afanan cortando filetes de los habitantes del lago y echando las cabezas y esqueletos en grandes recipientes de desechos, les quitan las escamas y aletas, afilan los cuchillos, cargan y descargan cajones de pescado y recipientes de desechos. Suben los filetes a correas transportadoras que los llevan a las máquinas de otra etapa del procesamiento y luego al departamento de empaque. Un trabajador de control de calidad nos cuenta que la mayoría de los habitantes del país no tiene para comprar los filetes, pues están destinados estrictamente a la exportación. Cuando se le pregunta si sabe que una hambruna acecha a Tanzania, se muestra desconcertado. . . y se queda callado.
Es tan doloroso ver las escenas del Sr. Diamond, cuya fábrica emplea a mil trabajadores, y sus gerentes y socios, los explotadores locales arrogantes y avaros. "Por acá somos los pioneros", se jacta con orgullo. "La industria del pescado ha dado empleo a toda la gente, de las orillas del lago, de la región, de Mwanza y Musoma, y hasta de la región central. Tienen trabajo y dependen completamente de la industria del pescado". Da la impresión de que todos disfrutan de prosperidad y bienestar debido a la exportación de perca. A diario, dos aviones despegan con el pescado y "el aeropuerto está ocupado", dice. Agrega que muchos empresarios han recibido préstamos y ayuda económica del Banco Mundial y hoy les van muy bien en la industria.
De ahí Sauper nos lleva a las afueras de Mwanza. En medio de la miseria, uno de los muchos espectaculares que adornan el paisaje, el de la Coca-Cola, dice: "La vida sabe rico". Los enormes modelos de concreto de las botellas de Coca-Cola, con su tristemente célebre marca, pululan de en medio de las casas, hechas de palos y ramas con hules y lonas. Los camiones descargan los desechos en un relleno. La gente, principalmente las mujeres que viven alrededor del relleno, ha levantado muchísimos tendederos de madera y palos en que cuelgan o colocan al sol los esqueletos salados con la cabeza entera. Los chicos ahuyentan a los cuervos y grullas blancas, y las nubes de moscas y otros insectos, que sobrevuelan y luego descienden en busca de pescado. Si bien en la fábrica trabajaban principalmente varones jóvenes, en el relleno las mujeres luchan por sus familias. Casi podemos oler el hedor del pescado putrefacto.
En el relleno, una señora de un ojo se queja de que el veneno en el aire provoca ceguera y problemas respiratorios. Un subtítulo advierte que hay un nivel peligroso de amoniaco en el aire. Una señora de edad mediana que cuelga peces cuenta que la vida le augura cosas mejores. En el campo donde solía vivir como campesina, dice, no hay trabajo, ninguna manera de ganar el sustento, ni dinero, alimento ni ropa. Es mejor ganar un poco de dinero aquí que en la aldea, dice. Agrega que al menos aquí se puede sobrevivir en medio del hedor y suciedad. . . Echa una mirada a su alrededor y en susurros dice que ya no puedo decir más. Su patrón le advierte que no diga más y que siga trabajando.
Sauper no saca conclusiones, pero las escenas sí. El mercado mundial, es decir, el capitalismo mundial, es el mayor depredador que el mundo jamás haya presenciado y su muy cacareada "magia" convierte a seres humanos en pepenadores que pelean por lo que puedan para sobrevivir.
También aparecen artistas inesperados. El autodidacto artista y cronista, el joven Jonathan, muestra sus pinturas de la vida cotidiana hechas a todo color con crayolas: el aterrizaje del enorme Iluyshin en el aeropuerto de Mwanza, niños que fuman droga en callejones oscuros. Nos cuenta que antes andaba en eso. . . para olvidarse de los dolores del hambre y penuria. También pinta a niños que inhalan pegamento, jóvenes que pelean con botellas rotas, un cuerpo sangrante explayado en el suelo, una joven que pide dinero al conductor de un carro estacionado, "para ganarse algo con que sobrevivir", comenta. Relata las historias de los huérfanos, los hijos de los pescadores abandonados por padres alcohólicos o enfermos del SIDA.
Jonathan nos cuenta que una vez las autoridades inspeccionaron un avión y encontraron una gran remesa de armas modernas. Las armas estaban en camino a otros países africanos. Cuando se le pregunta cómo lo sabe, dice: "Salió en la prensa, la radio, la tele".

"Vendemos nuestro país"

Volvamos a Mwanza. La escena: un salón de conferencias. Una delegación de la Comisión de la Unión Europea está sentada de un lado de la mesa. Un entusiasta delegado felicita a los representantes políticos del capitalismo de Tanzania, sentados del otro lado, por la alta calidad del pescado y las condiciones higiénicas y sanitarias de "clase mundial" en que se procesa y empaca para el mercado europeo. El pescado de la región lagunera genera el 25% de las divisas por concepto de exportación del país, lo que explica a la precisión el término marxista "capitalista comprador": los capitalistas de un país oprimidos cuyo negocio depende de la economía imperialista mundial y cuyos políticos por tanto están subordinados a ella.
Luego, hay una escena de una conferencia internacional sobre la ecología, de altos burócratas e importantes empresarios y políticos de Tanzania y del exterior, tales como un ministro gubernamental y su séquito. En la conferencia pasan un documental. Una película dentro de una película: la perca del Nilo elimina las demás especies de pez del lago Victoria y asfixia toda la vida del lago.
Al "respetable" ministro no le agrada en absoluto el tema de la película. "Nuestra presencia tiene un solo objetivo", dice con energía. "¿Cómo podemos vender nuestro país, vender nuestro lago y nuestro pescado?". "Crear una película es un proceso", en que un cineasta toma lo que considera lo importante para su historia y se deshace de lo que no considera de importancia. "En ésta, el productor de repente salta de una parte a otra. . . Como es sabido, no todo el lago está contaminado, lleno de algas y sin oxígeno". El lago y la perca generan ingresos importantes para el país, sostiene el panzón ministro. "Es importante ver el aspecto positivo de la industria del pescado. No podemos ver solamente lo negativo". Tenemos que vender el país. Veamos lo positivo y "vendamos el país". El presidente de la reunión, al parecer un alto funcionario gubernamental, asiente: "Es importante evitar la unilateralidad, de sólo ver lo negativo. Contrapongamos lo positivo a lo negativo y vendamos el país". En los hechos, las autoridades corean con descaro ante las cámaras que hay que vender los bienes naturales y humanos de Tanzania al mejor postor.

Tiempos tristes para el lago Victoria

Volvamos a la oficina de Diamond. "Son tiempos difíciles", dice. Hoy el negocio está deprimido. En el mercado europeo hay sobreoferta y superabundancia. Hace poco, dice, solía despachar 500 toneladas de perca al día. ¿A cuántas personas alimentan 500 toneladas? No tiene ni idea. . . "Dos millones", dice el subtítulo.
Un periódico de África oriental, en la mesa de la oficina de Diamond, advierte de hambruna. Éste cuestiona la precisión de la noticia, pero acepta que hay sequía y que el cultivo de arroz requiere muchísima lluvia. Habrá una escasez de arroz en el país y al año siguiente disparará el precio, admite. Cuando se le pregunta qué resultará, se encoge los hombros y dice que el gobierno importaría alimentos y otros productos.
Cuando las sequías y otros desastres naturales provoquen crisis alimentarias, la importación de cereales baratos y alimentos procesados (sobre todo de los países imperialistas) destruye el sector de producción agrícola autosuficiente de subsistencia. Eso ha obligado a muchas comunidades campesinas a abandonar el cultivo de alimentos. Bajo el pretexto del libre comercio, liberalismo económico y reformas estructurales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han obligado a los países del tercer mundo a aceptar tales medidas. Estas medidas han provocado la ruina generalizada y destierro de comunidades campesinas y han causado una escasez alimentaria crónica en el campo. Ésta es la causa fundamental del aumento de la miseria y escasez de alimentos en muchos países africanos. Para colmo, a órdenes del FMI se suspenden los subsidios alimentarios, pero el aumento de los precios de los alimentos de importación los coloca fuera del alcance de los pobres.
Como muchos países subsaharianos, Tanzania solía cultivar suficiente comida para su población. Hoy tiene la economía de rehén la economía de mercado mundial que impulsa implacablemente el sistema y funcionamiento cotidiano del imperialismo, con su estructura mundial en constante expansión que aprieta a diario el dogal al cuello del pueblo, y el gobierno. Ya depende de la importación de alimentos porque las comunidades campesinas han abandonado sus tierras en busca de ingresos, o sea, en la industria del pescado y en las plantaciones que cultivan para el mercado mundial. Cuando fallan los cultivos, tal como ocurre hoy en Níger y Malaui, causa muerte. En la producción de riqueza para el capital imperialista, el pueblo es presa de un sistema cuyo otro producto es el hambre.
Cada día, los enormes y vetustos aviones de carga soviéticos aterrizan en el aeropuerto de Mwanza para recoger los filetes de perca para Europa. Aquí, las tripulaciones rusas (piloto, copiloto, navegador e ingeniero) dan un mantenimiento improvisado a los aviones, descansan y se reponen. . . y pasan un rato esclavizando a las mujeres del rumbo.

Obsequios de navidad: fusiles para los hijos de África, uvas para los hijos de Europa

Un piloto ruso dice que anteriormente llevaba equipo militar a Afganistán. Al principio, rehuye a la pregunta sobre la entrega de armamento a los países africanos; lo niega. Cuando se le plantea la pregunta desde otro ángulo, cambia de tema. "Éste es mi copiloto", bromea, sonriendo a la foto de un gatito. Por fin admite que una vez entregó armas modernas a África: unos tanques para Angola durante la guerra civil. Tras la entrega, fue a Sudáfrica para cargar uvas y volvió a Europa. "Los hijos de África reciben fusiles de navidad y los de Europa uvas. Les obsequio esta pequeña historia". Tras reflexionar un rato, dice, serio, que quiere que tengan felicidad todos los niños del mundo.
En un cerro que domina el pueblo, con nubes oscuras en el cielo, Richard Mgamba, un periodista investigativo, explica que los Ilyushin no llegan vacíos a Mwanza. Traen armas modernas y equipo militar para la República Democrática del Congo (donde cuatro millones de personas han muerto en cinco años de guerra civil) y otros conflictos de Liberia, el Sudán y otros países. El aeropuerto de Mwanza es el conducto para el suministro de armas de Europa, dice Mgamba, con que las empresas de transporte propietarias de los aviones perciben ganancias adicionales. Todos los países europeos tienen aparatos de seguridad y servicios de espionaje, pero ¿no pueden detener el contrabando de armamento?, dice indignado. Mucha gente concluirá que no quieren hacerlo, pues los imperialistas suministran armas con la finalidad de provocar y azuzar conflictos locales en pos de sus propios intereses.

Condones, pecados y evangelismos

En una escena desgarradora, vemos a las mujeres enfermas de SIDA; una de ellas no puede ponerse de pie. Demacrada, hosca, con enorme tristeza y culpa grabada en el rostro, los vecinos y familiares la ayudan a ponerse de pie ante la cámara. Otras mujeres miran fijamente la cámara, desanimadas, desamparadas y tristes.
El entierro de un muerto de SIDA de la aldea. Un acercamiento de los rostros. Facciones jóvenes y mejillas definidas con la muerte al acecho. Sin emoción, los aldeanos cantan un cántico fúnebre, que no obstante encierra mucha belleza. Belleza con profundo dolor. Entierran a sus muertos cubriendo de tierra el ataúd.
La emigración de las aldeas a las regiones o ciudades que prometen empleo ha vaciado el campo. Quienes emigran a Mwanza y los lagos y no hallan trabajo en la pesca o fábricas acaban pepenando comida y necesidades mínimas.
En la región lagunera se han generalizado la prostitución, el VIH y la muerte por SIDA. En la aldea de Ito, M"Kono, un ex maestro y líder de la aldea, cuenta: "Se dice que las mujeres de este rumbo son rameras, pero no es su culpa, no se les puede echar la culpa. La situación las obliga a prostituirse". Muchas mujeres, que han perdido esposos y padres (a causa del SIDA y los cocodrilos de los lagos), van a Mwanza y otros pueblos de la región para prostituirse por una miseria. La pobreza azota al país y para muchas viudas y huérfanas la única opción es la prostitución. Acerca de la pobreza, prostitución, enfermedades y muerte, dice: "Es un círculo vicioso".
Agrega: "Antes las grandes potencias europeas peleaban por las tierras de África. . . Hoy, pelean por los recursos naturales de África". Se trata de la "supervivencia del más fuerte". En esta conexión, antes como hoy son los europeos los más fuertes y por ende salen ganando. Observa: "Los europeos tienen el dinero, son dueños del FMI, del Banco Mundial, del comercio mundial". Ellos traen los productos, les sacan provecho y hasta se benefician de la ayuda humanitaria. "Es la ley de la selva", termina.
El fundamentalismo cristiano y las penurias se alimentan mutuamente en las aldeas remotas. En una vecina aldea, un joven muy acelerado, bien comido y bien vestido, arenga micrófono en una mano y con gesticulaciones de energía ilimitada en la otra. Chilla alabanzas a su dios y a Jesús Cristo, denuncia al "diablo" y exhorta al rebaño a abstenerse de la tentación de Satanás. Con rostro amenazante y feroz termina con una gran ¡Aleluya! En medio de extrema penuria y miseria se ve que solamente la iglesia tiene equipo eléctrico sofisticado. Pasan una película de Jesús a bordo de un barco pesquero recogiendo harto pescado.
El reverendo Cleopa Kaijaga, de la aldea, dice que cada mes mueren de SIDA de 45 a 50 y hasta 60 personas en la región. En su aldea de 10 a 12 personas han muerto del mal cada mes. Dice con pesar que recomienda que los pescadores se alejen de las prostitutas y que las mujeres se alejen "del negocio de la prostitución". Las prostitutas acuden en busca de los pescadores al final del día. El reverendo reflexiona, con desánimo, sobre una situación verdaderamente desgarradora y a la vez desconcertante. Cuando se le pregunta si recomendaría el condón, dice que no, porque los condones (el único método de prevención del SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual) son peligrosos y un "pecado contra la ley de Dios" y que las mujeres deberían abstenerse de las relaciones sexuales extramaritales. Este cristianismo protestante evangélico es una importante exportación de la clase dominante estadounidense a estas regiones.

"La gente de acá espera una guerra"

La inmensa tristeza de las escenas de los niños y jóvenes de la calle que pierden a tan temprana edad la niñez y la inocencia, la profundiza el cinismo de Rafael, un soldado licenciado, hoy pescador de día y vigilante de noche en el Instituto Nacional de Pesca. Cuenta que al anterior vigilante lo rebanaron a hachazos unos ladrones. Sonrietudo, recibe un dólar la noche para vigilar el Instituto y dice con tranquilidad que estaría dispuesto a disparar a matar (con arco y flechas envenenadas) a cualquier potencial ladrón que se atrevea a entrar al complejo que vigila. Reflexiona en voz alta sobre su falta de educación y por eso bajos ingresos, pero que sin poder volver al ejército por la edad, pues las cosas serían mucho mejor si estallara de nuevo una guerra.
Rafael cuenta que no hay hospitales ni clínicas cerca de su lugar de trabajo y barrio. Quien necesita servicios médicos tiene que viajar largas distancias (a las grandes ciudades). Las medidas dictadas por los imperialistas han destruido los servicios sociales del país. Para exprimir los pagos de la deuda, de los años 1980 hasta hoy el FMI dictó que Tanzania recortara el presupuesto para los servicios sociales y de salud. Por eso, la población es más vulnerable a males crónicos. El informe de 2005 del FMI alaba el crecimiento económico del país como un "éxito". . . a costa del mayor empobrecimiento de los pobres, una mayor brecha de ingresos y analfabetismo, enfermedades y la muerte de muchos jóvenes.
Rafael cuenta que la guerra es buena para la gente del rumbo, que el ejército paga buen salario y cuida de los soldados. Agrega: "Mucha gente de acá espera una guerra". Sauper le pregunta: "¿Le teme a la guerra?". "No le tengo miedo", responde Rafael con confianza.
No es posible describir con suficiente profundidad esta película. Termina con una escena triste y cruda: dos chicos muy jóvenes se turnan inhalando pegamento y fumando un cigarrillo antes de acostarse en un callejón oscuro al paso de un carro. La escena, tales como las demás, jamás se olvidará. Mediante una cinematografía cañona, Sauper da vistazos a la manera en que la Unión Europea, el FMI, el Banco Mundial y el propio funcionamiento del capital financiero imperialista han provocado consecuencias tan nefastas para un país del tercer mundo

19 de diciembre de 2005. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar.

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