Se presentó el libro "Hugo Chávez y la revolución bolivariana. Ensayos"
En Buenos Aires, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento

En la noche de ayer en una sala colmada del Hotel Bauen, recuperado por sus trabajadores, la recientemente fundada Editorial Metrópolis inició sus actividades homenajeando al Comandante Hugo Chávez Frías, con la presencia de Ricardo Napurí, Ricardo Almeyra, Modesto Emilio Guerrero, Hugo Calello y la coordinación de Mario Hernández. Compartimos los saludos al acto de Olmedo Beluche (Panamá), Renán Vega Cantor (Colombia) e István Mészáros (Hungría).
SALUDOS A LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO: "HUGO CHÁVEZ Y LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA"
Olmedo Beluche:
Desde Panamá envío un abrazo fraternal al compañero y amigo Mario Hernández, quien tuvo la feliz iniciativa de compilar este libro, a los compañeros que han aportado sus reflexiones, al igual que a quienes asisten a esta presentación, sin duda, una de las mejores maneras de conmemorar el primer año del fallecimiento del gran dirigente latinoamericano Hugo Chávez.
Hugo Chávez encarnó mejor que nadie el momento político de América Latina de los últimos 25 años. Es decir, las rebeliones populares contra el capitalismo neoliberal que se había impuesto a sangre y fuego durante la década del 80 e inicios de los 90.
No es casual que ese liderazgo naciera en Venezuela, país que fue la vanguardia en esas rebeliones antineoliberales, con el Caracazo de 1989. Ese proceso fermentó en la mente de militares formados bajo el ideal de independencia y unidad hispanoamericana de Simón Bolívar. El golpe fallido del 92, puso al comandante Chávez en el primer plano de la escena política y su confluencia con el resto de la izquierda venezolana maduraría hasta alcanzar la victoria electoral del 98, que abrió los 15 años de grandes transformaciones democráticas y sociales que le granjearon enorme apoyo popular.
Chávez, no sólo permitió el acceso de los más pobres y excluidos de su país a una parte sustancial de la renta petrolera, sino que fue una personalidad de talla histórica internacional, haciendo importantes aportes a la integración continental, dándole continuidad al sueño bolivariano, a través de organismos como: ALBA, CELAC, Petrocaribe, UNASUR, incluso la OEA que quitó las sanciones a Cuba.
Cuando muchos descreían y a lo sumo esbozaban un tímido "otro mundo es posible", en el Foro Social Mundial en Porto Alegre (2005), Hugo Chávez retomó como palabra de orden: el socialismo. Y, aunque se ha discutido y se seguirá discutiendo sobre los alcances y limitaciones del concepto "Socialismo del Siglo XXI", la verdad es que se ha vuelto a debatir la salida socialista con plena legitimidad y para grandes sectores de la humanidad gracias a Hugo Chávez.
Un año después de su muerte, el imperialismo norteamericano, junto a la ultraderecha latinoamericana y venezolana, creen llegado el momento de asestar una derrota definitiva a la Revolución Bolivariana y sus conquistas democráticas y sociales. Estamos en una hora decisiva en que el dilema se define claramente: o la Revolución Bolivariana se profundiza (es decir, moviliza a la clase trabajadora y toma contundentes medidas socialistas en lo económico) o se estanca y retrocede, como ya ha pasado a otros movimientos de liberación nacional en este continente.
Que el libro Hugo Chávez y la revolución bolivariana, sirva para orientar la acción revolucionaria hacia la preservación de su legado y la continuidad de la revolución por él encabezada en todo el continente.
Saludos bolivarianos,
Olmedo Beluche
Panamá, 5 de marzo de 2014
Renán Vega Cantor: Bogotá, marzo 4 de 2014 Apreciado Mario, un fraternal saludo a usted y a todos los compañeros y compañeras que asisten al evento de presentación del libro Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana. Este libro aparece casi un año después de la desaparición física del personaje más importante de la historia de nuestra América en las últimas décadas. Esta obra representa un merecido homenaje a su obra y legado, en la que participa un selecto grupo de autores, quienes trazan sus apreciaciones críticas e independientes en torno a la figura del líder venezolano y del proceso de transformación social que se intenta llevar a cabo en la patria de Bolívar. La obra que hoy se presenta además adquiere una importancia adicional por el momento que se vive en Venezuela, en donde las fuerzas oligárquicas internas coaligadas con el imperialismo estadounidense, pretenden realizar un golpe de estado “suave”, al estilo de Honduras o de Ucrania. Para ello cuentan con el apoyo irrestricto e incondicional de los criminales medios de desinformación a nivel internacional, los cuales libran una batalla de calumnias contra lo que sucede en Venezuela, con el fin de crear las condiciones propagandísticas que justifiquen de antemano todos los intentos de desestabilización que apuntan, finalmente, a la destrucción de las conquistas sociales que se han alcanzado, contra viento y marea, y que son un resultado directo del proyecto dirigido por Hugo Chávez. En ese sentido, creo que es un deber en este momento emprender una solidaridad irrestricta con el pueblo venezolano para enfrentar la agresión imperialista-oligárquica en marcha, así como el cerco mediático que soporta el país hermano. Esa solidaridad supone señalar en forma crítica las limitaciones de ese proceso, para ayudar modestamente a enderezar el camino y superar los errores y limitaciones, algo apenas normal en cualquier proyecto social. Lo que sucede en Venezuela no es un asunto doméstico de ese país, puesto que nos concierne a todos, ya que allí se está definiendo en gran medida el presente y futuro inmediato de nuestra América, en medio de la prolongada crisis capitalista y la búsqueda insaciable de petróleo por parte del decadente imperialismo estadounidense, que no cesa en su empeño de volver a controlar en forma incondicional uno de los territorios con las reservas más importantes de crudo del mundo. El objetivo también es destruir un proyecto original de transformación social, que le ha dado por primera vez en la historia venezolana voz y presencia a los oprimidos y explotados de siempre, a los pobres, a los mestizos, a los afros, a los mulatos como Chávez. Por eso, hoy se destila contra la Revolución Bolivariana el odio de clase y de raza, como se percibe en los comentarios de quienes solo ven a los plebeyos como fuerza de trabajo barata y pasiva o como simples consumidores de baratijas importadas. En este contexto, libros como el que aquí se presenta constituyen un esfuerzo importante que proporciona elementos de juicio que permitan construir un punto de vista diferente sobre lo que acontece en Venezuela, a partir del análisis del papel histórico de Hugo Chávez.
István Mészáros: Queridos amigos y camaradas, Me gustaría poder estar con ustedes, en esta solemne ocasión. Desafortunadamente, no puedo. Pero déjenme unirme con el aporte de estas páginas que escribí sobre el Presidente Chávez, hace 21 años atrás, en 1993, más de 6 años antes de que fuera electo presidente, cuando estaba en la prisión de Yara. Estas fueron mis palabras: “En un reciente reencuentro con la crítica de Rousseau a la representación parlamentaria, Hugo Chávez Frías, el líder de un movimiento radical en Venezuela -el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200)- escribe en respuesta a la crisis crónica del sistema socioeconómico de su país: Con el surgimiento de los partidos populistas, el sufragio fue convertido en un instrumento más para adormecer y esclavizar al pueblo de Venezuela a nombre de la democracia. Durante décadas los partidos populistas basaron su discurso en innumerables promesas paternalistas, tras las cuales fue esfumándose la conciencia popular. El mensaje politiquero y alienante dibujaba la tierra prometida a la cual se llegaría atravesando un jardín de rosas. Lo único que los venezolanos deberían hacer sería ir a las urnas electorales. Y luego, a esperar que todo se solucionara sin el menor esfuerzo popular. Estos cantos de sirena condujeron a la pasividad a un pueblo que fue olvidándose que las grandes gestas se hacen por la senda del sacrificio, sustancia ésta indispensable a la hora de abonar las sementeras de la historia. El acto del sufragio se transformó así en el principio y el fin de la democracia”.278 El autor de estas líneas se levanta como el segundo (y detrás únicamente de Rafael Caldera) en la estimación popular entre todas las figuras públicas, tomando en consideración todos los campos de actividad, muy por encima de todos los políticos partidistas con aspiraciones. Así que si quisiera podría conquistar un elevado cargo público, lo que refuta el acostumbrado argumento de que la gente que critica al sistema político existente lo hace tan sólo porque es incapaz de llenar los arduos requisitos de las elecciones democráticas. De hecho Hugo Chávez para el momento de escribir lo anterior (en 1993) se rehúsa a escuchar el “canto de sirenas” de los formadores de opinión política -que tratan de pacificar al pueblo diciendo que no hay necesidad de preocuparse por la crisis porque falta “nada más un poquito” para las nuevas elecciones- por razones muy diferentes. Señala que mientras el consejo político de siempre pide “un poco más de paciencia” hasta la elección pautada para unos pocos meses después, “cada minuto nacen centenares de niños desnutridos, mueren venezolanos por falta de medicinas y alimentos, se roban millones del Tesoro nacional; en fin, se desangra lo que nos queda de patria. No hay ninguna razón para creer en esta clase política que demostró hasta la saciedad, no tener la más mínima voluntad de cambio. No hay ninguna razón para bajar la guardia y enfriar las luchas populares hasta nuevo aviso. En cambio, tenemos muchas razones para seguir presionando el acelerador de la máquina que motoriza la historia”.279 Por esa razón Chávez contrapone al sistema de representación parlamentario existente la idea de que “El pueblo soberano debe convertirse en el objeto y sujeto del poder. Hemos llegado a una línea de no retorno y no nos está permitido retroceder”.280 En cuanto al marco institucional en que se debería realizar este principio, proyecta que en el transcurso del cambio radical: “El poder electoral del estado federal será el componente político-jurídico que permita a los ciudadanos ser depositarios de la soberanía, cuyo ejercicio estará realmente entonces en manos del pueblo. El poder electoral se extenderá por todo el sistema socio-político de la nación, estableciendo los cauces para una verdadera distribución policéntrica del poder, desplazando fuerzas hacia la periferia e incrementando la capacidad de decisión y la autonomía en las comunidades y en los municipios. Las Asambleas Electorales de cada municipio y estado elegirán los Consejos electorales, los cuales tendrán carácter permanente y funcionarán con absoluta independencia de los partidos políticos, pudiendo convocar y conducir los más diversos mecanismos de Democracia Directa: asambleas populares, referéndum, plebiscitos, iniciativas, vetos, revocación, etc. ... Así el concepto de democracia deja de ser participativa para pasar a constituirse en protagónica. Y es, precisamente, en tales confines, donde debemos trazar los límites de avance de la democracia bolivariana. Estaremos allí, muy cerca del territorio de la utopía”.281 No es dentro de los confines de la esfera política donde habrá de decidirse si esas ideas pueden ser convertidas en realidad o permanecerán como ideales utópicos. Porque ella misma está en necesidad del tipo de transformación radical que presagia desde un comienzo la perspectiva de un “debilitamiento gradual del estado” (“the withering away of the state”). En Venezuela, donde en muchas partes del país nada menos que el 90% de la población expresa su “rebeldía en contra de lo absurdo del voto mediante su abstención electoral”,282 las prácticas políticas tradicionales y el uso legitimador apologético que se le da al “sistema electoral democrático”, con la falsa pretensión de que el sistema está incuestionablemente justificado como un “mandato conferido por la mayoría”, ninguna condena del vacuo paternalismo parlamentario puede ser considerada demasiado fuerte. Ni tampoco se puede argüir seriamente que una alta participación electoral constituya por sí misma la prueba de un consenso popular democrático realmente existente. Después de todo, en algunas democracias occidentales el acto de votar es obligatorio y su valor legitimador no contrarresta las formas más extremas del abstencionismo abiertamente crítico o pesimistamente resignado. Sin embargo, la medición de la validez del sometimiento del sistema representativo parlamentario a la necesaria crítica radical la constituye la empresa estratégica de ejercer la “soberanía del trabajo” no sólo en las asambleas políticas, independientemente de lo directas que puedan ser respecto a su organización y modo de tomar decisiones políticas, sino en la actividad de vida productiva y distributiva autodeterminada de los individuos sociales en cada esfera por separado y en todos los niveles del proceso metabólico social. Es eso lo que traza la línea de demarcación entre la revolución socialista que es socialista en su intención -como la Revolución de Octubre de 1917- y la “revolución permanente” de la transformación socialista efectiva. Porque sin la progresiva y en definitiva completa transferencia de la toma de decisiones reproductivas y distributivas materiales a los productores asociados no puede haber ninguna esperanza para los miembros de la comunidad posrevolucionaria de transformarse en el sujeto del poder. Hoy conmemoramos el Primer Aniversario de la trágica muerte del Presidente Chávez, una gran figura histórica de nuestro tiempo. Él logró mucho en su país, no solo para toda América Latina sino para el mundo entero en contra de la fuerte oposición y las repetidas sublevaciones lideradas por las fuerzas del imperialismo hegemónico global. Todavía queda mucho por hacer cuando los esfuerzos conspirativos organizados para destruir cualquier avance progresista se intensifican, tal como podemos ver en Venezuela. Los enemigos de la necesaria transformación socialista del mundo están haciendo todo lo posible para revertir el curso del desarrollo histórico. Sólo la firme convicción de todos quienes nos comprometemos con la causa del cambio radical puede y va a derrotarlos. Esto es lo que se requiere de quienes deseamos continuar en acciones el espíritu del gran Presidente Chávez, dedicados a su memoria y al fortalecimiento de su legado. Pueden estar seguros de que estaré siempre con ustedes en esta empresa. Fraternamente suyo, István Mészáros Notas 278 Hugo Chávez Frías, Pueblo, sufragio y democracia, Ediciones MBR-200, Yare, 1993, pp.5-6. 279 Ibid, p.9. 280 Ibid., p.11. 281 Ibid., p.8-11. 282 Ibid., p.9.
Renán Vega Cantor: Bogotá, marzo 4 de 2014 Apreciado Mario, un fraternal saludo a usted y a todos los compañeros y compañeras que asisten al evento de presentación del libro Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana. Este libro aparece casi un año después de la desaparición física del personaje más importante de la historia de nuestra América en las últimas décadas. Esta obra representa un merecido homenaje a su obra y legado, en la que participa un selecto grupo de autores, quienes trazan sus apreciaciones críticas e independientes en torno a la figura del líder venezolano y del proceso de transformación social que se intenta llevar a cabo en la patria de Bolívar. La obra que hoy se presenta además adquiere una importancia adicional por el momento que se vive en Venezuela, en donde las fuerzas oligárquicas internas coaligadas con el imperialismo estadounidense, pretenden realizar un golpe de estado “suave”, al estilo de Honduras o de Ucrania. Para ello cuentan con el apoyo irrestricto e incondicional de los criminales medios de desinformación a nivel internacional, los cuales libran una batalla de calumnias contra lo que sucede en Venezuela, con el fin de crear las condiciones propagandísticas que justifiquen de antemano todos los intentos de desestabilización que apuntan, finalmente, a la destrucción de las conquistas sociales que se han alcanzado, contra viento y marea, y que son un resultado directo del proyecto dirigido por Hugo Chávez. En ese sentido, creo que es un deber en este momento emprender una solidaridad irrestricta con el pueblo venezolano para enfrentar la agresión imperialista-oligárquica en marcha, así como el cerco mediático que soporta el país hermano. Esa solidaridad supone señalar en forma crítica las limitaciones de ese proceso, para ayudar modestamente a enderezar el camino y superar los errores y limitaciones, algo apenas normal en cualquier proyecto social. Lo que sucede en Venezuela no es un asunto doméstico de ese país, puesto que nos concierne a todos, ya que allí se está definiendo en gran medida el presente y futuro inmediato de nuestra América, en medio de la prolongada crisis capitalista y la búsqueda insaciable de petróleo por parte del decadente imperialismo estadounidense, que no cesa en su empeño de volver a controlar en forma incondicional uno de los territorios con las reservas más importantes de crudo del mundo. El objetivo también es destruir un proyecto original de transformación social, que le ha dado por primera vez en la historia venezolana voz y presencia a los oprimidos y explotados de siempre, a los pobres, a los mestizos, a los afros, a los mulatos como Chávez. Por eso, hoy se destila contra la Revolución Bolivariana el odio de clase y de raza, como se percibe en los comentarios de quienes solo ven a los plebeyos como fuerza de trabajo barata y pasiva o como simples consumidores de baratijas importadas. En este contexto, libros como el que aquí se presenta constituyen un esfuerzo importante que proporciona elementos de juicio que permitan construir un punto de vista diferente sobre lo que acontece en Venezuela, a partir del análisis del papel histórico de Hugo Chávez.
István Mészáros: Queridos amigos y camaradas, Me gustaría poder estar con ustedes, en esta solemne ocasión. Desafortunadamente, no puedo. Pero déjenme unirme con el aporte de estas páginas que escribí sobre el Presidente Chávez, hace 21 años atrás, en 1993, más de 6 años antes de que fuera electo presidente, cuando estaba en la prisión de Yara. Estas fueron mis palabras: “En un reciente reencuentro con la crítica de Rousseau a la representación parlamentaria, Hugo Chávez Frías, el líder de un movimiento radical en Venezuela -el Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200)- escribe en respuesta a la crisis crónica del sistema socioeconómico de su país: Con el surgimiento de los partidos populistas, el sufragio fue convertido en un instrumento más para adormecer y esclavizar al pueblo de Venezuela a nombre de la democracia. Durante décadas los partidos populistas basaron su discurso en innumerables promesas paternalistas, tras las cuales fue esfumándose la conciencia popular. El mensaje politiquero y alienante dibujaba la tierra prometida a la cual se llegaría atravesando un jardín de rosas. Lo único que los venezolanos deberían hacer sería ir a las urnas electorales. Y luego, a esperar que todo se solucionara sin el menor esfuerzo popular. Estos cantos de sirena condujeron a la pasividad a un pueblo que fue olvidándose que las grandes gestas se hacen por la senda del sacrificio, sustancia ésta indispensable a la hora de abonar las sementeras de la historia. El acto del sufragio se transformó así en el principio y el fin de la democracia”.278 El autor de estas líneas se levanta como el segundo (y detrás únicamente de Rafael Caldera) en la estimación popular entre todas las figuras públicas, tomando en consideración todos los campos de actividad, muy por encima de todos los políticos partidistas con aspiraciones. Así que si quisiera podría conquistar un elevado cargo público, lo que refuta el acostumbrado argumento de que la gente que critica al sistema político existente lo hace tan sólo porque es incapaz de llenar los arduos requisitos de las elecciones democráticas. De hecho Hugo Chávez para el momento de escribir lo anterior (en 1993) se rehúsa a escuchar el “canto de sirenas” de los formadores de opinión política -que tratan de pacificar al pueblo diciendo que no hay necesidad de preocuparse por la crisis porque falta “nada más un poquito” para las nuevas elecciones- por razones muy diferentes. Señala que mientras el consejo político de siempre pide “un poco más de paciencia” hasta la elección pautada para unos pocos meses después, “cada minuto nacen centenares de niños desnutridos, mueren venezolanos por falta de medicinas y alimentos, se roban millones del Tesoro nacional; en fin, se desangra lo que nos queda de patria. No hay ninguna razón para creer en esta clase política que demostró hasta la saciedad, no tener la más mínima voluntad de cambio. No hay ninguna razón para bajar la guardia y enfriar las luchas populares hasta nuevo aviso. En cambio, tenemos muchas razones para seguir presionando el acelerador de la máquina que motoriza la historia”.279 Por esa razón Chávez contrapone al sistema de representación parlamentario existente la idea de que “El pueblo soberano debe convertirse en el objeto y sujeto del poder. Hemos llegado a una línea de no retorno y no nos está permitido retroceder”.280 En cuanto al marco institucional en que se debería realizar este principio, proyecta que en el transcurso del cambio radical: “El poder electoral del estado federal será el componente político-jurídico que permita a los ciudadanos ser depositarios de la soberanía, cuyo ejercicio estará realmente entonces en manos del pueblo. El poder electoral se extenderá por todo el sistema socio-político de la nación, estableciendo los cauces para una verdadera distribución policéntrica del poder, desplazando fuerzas hacia la periferia e incrementando la capacidad de decisión y la autonomía en las comunidades y en los municipios. Las Asambleas Electorales de cada municipio y estado elegirán los Consejos electorales, los cuales tendrán carácter permanente y funcionarán con absoluta independencia de los partidos políticos, pudiendo convocar y conducir los más diversos mecanismos de Democracia Directa: asambleas populares, referéndum, plebiscitos, iniciativas, vetos, revocación, etc. ... Así el concepto de democracia deja de ser participativa para pasar a constituirse en protagónica. Y es, precisamente, en tales confines, donde debemos trazar los límites de avance de la democracia bolivariana. Estaremos allí, muy cerca del territorio de la utopía”.281 No es dentro de los confines de la esfera política donde habrá de decidirse si esas ideas pueden ser convertidas en realidad o permanecerán como ideales utópicos. Porque ella misma está en necesidad del tipo de transformación radical que presagia desde un comienzo la perspectiva de un “debilitamiento gradual del estado” (“the withering away of the state”). En Venezuela, donde en muchas partes del país nada menos que el 90% de la población expresa su “rebeldía en contra de lo absurdo del voto mediante su abstención electoral”,282 las prácticas políticas tradicionales y el uso legitimador apologético que se le da al “sistema electoral democrático”, con la falsa pretensión de que el sistema está incuestionablemente justificado como un “mandato conferido por la mayoría”, ninguna condena del vacuo paternalismo parlamentario puede ser considerada demasiado fuerte. Ni tampoco se puede argüir seriamente que una alta participación electoral constituya por sí misma la prueba de un consenso popular democrático realmente existente. Después de todo, en algunas democracias occidentales el acto de votar es obligatorio y su valor legitimador no contrarresta las formas más extremas del abstencionismo abiertamente crítico o pesimistamente resignado. Sin embargo, la medición de la validez del sometimiento del sistema representativo parlamentario a la necesaria crítica radical la constituye la empresa estratégica de ejercer la “soberanía del trabajo” no sólo en las asambleas políticas, independientemente de lo directas que puedan ser respecto a su organización y modo de tomar decisiones políticas, sino en la actividad de vida productiva y distributiva autodeterminada de los individuos sociales en cada esfera por separado y en todos los niveles del proceso metabólico social. Es eso lo que traza la línea de demarcación entre la revolución socialista que es socialista en su intención -como la Revolución de Octubre de 1917- y la “revolución permanente” de la transformación socialista efectiva. Porque sin la progresiva y en definitiva completa transferencia de la toma de decisiones reproductivas y distributivas materiales a los productores asociados no puede haber ninguna esperanza para los miembros de la comunidad posrevolucionaria de transformarse en el sujeto del poder. Hoy conmemoramos el Primer Aniversario de la trágica muerte del Presidente Chávez, una gran figura histórica de nuestro tiempo. Él logró mucho en su país, no solo para toda América Latina sino para el mundo entero en contra de la fuerte oposición y las repetidas sublevaciones lideradas por las fuerzas del imperialismo hegemónico global. Todavía queda mucho por hacer cuando los esfuerzos conspirativos organizados para destruir cualquier avance progresista se intensifican, tal como podemos ver en Venezuela. Los enemigos de la necesaria transformación socialista del mundo están haciendo todo lo posible para revertir el curso del desarrollo histórico. Sólo la firme convicción de todos quienes nos comprometemos con la causa del cambio radical puede y va a derrotarlos. Esto es lo que se requiere de quienes deseamos continuar en acciones el espíritu del gran Presidente Chávez, dedicados a su memoria y al fortalecimiento de su legado. Pueden estar seguros de que estaré siempre con ustedes en esta empresa. Fraternamente suyo, István Mészáros Notas 278 Hugo Chávez Frías, Pueblo, sufragio y democracia, Ediciones MBR-200, Yare, 1993, pp.5-6. 279 Ibid, p.9. 280 Ibid., p.11. 281 Ibid., p.8-11. 282 Ibid., p.9.







