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Mundo :: 18/08/2006

Stroessner: otro dictador que muere en su cama

APM

El ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner murió ayer en Brasilia a los 93 años, donde se encontraba exiliado luego de que fuera derrocado por su consuegro Andrés Rodríguez en 1989, tras su feroz régimen de 35 años.

Caído en desgracia luego de su régimen, aunque con fuertes influencias en la vida política de el país y específicamente en el Partido Colorado, Strossner vivió exiliado desde hace 17 años en Brasil

Sus restos serán velados en la capital brasileña, a pesar de que algunos seguidores quieren repatriarlos. Ayer, en Asunción se agudizaron las controversias en los diferentes sectores de la sociedad, respecto a que si el recién difunto general debe recibir honores especiales por parte del Gobierno paraguayo.

La canciller paraguaya Leila Rachid, había expresado días atrás que el cuerpo de Stroessner puede ingresar al país si así lo quieren sus familiares, pero que no se le rendirán ningún tipo de honores militares.

Hijo de un emigrante alemán y de una campesina paraguaya, Stroessner nació el 3 de diciembre de 1912 en la ciudad de Encarnación, a orillas del río Paraná, fronterizo con Argentina, se hizo con el poder con 41 años, en 1954, aunque ya llevaba algún tiempo dominando la escena paraguaya.

El general paraguayo instauró la dictadura más larga (1954-1989) y una de las más férreas de Sudamérica e impuso un culto religioso a su persona.

Ex combatiente de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, en sus primeros años acabó con la oposición, incluidos quienes podían amenazar su liderazgo desde el Partido Colorado, la base civil de su régimen; segó cualquier rebeldía hasta en los sueños de los paraguayos e inculcó al pueblo un temor ancestral, misterioso y reverencial.

Llegado al poder en plena Guerra Fría, partícipe del Plan Cóndor -una coordinación represiva de los regímenes militares sudamericanos en los años "70-, Stroessner tenía captura recomendada en Paraguay por delitos de lesa humanidad, en particular de muerte y desaparición de opositores. Se estima que hubo entre mil y tres mil desaparecidos en los 35 años de su dictadura, de la que huyeron más de 2 millones de personas.

Con una habilidad innata, moldeó un país pobre, atrasado y supersticioso; acopló la Constitución y las leyes a sus intereses e hizo que lo reeligieran con religiosa puntualidad cada cinco años, siempre con votaciones abrumadoras, en comicios amañados, y frente a rivales dóciles y colaboracionistas.

El dictador también ofreció asilo a otros dictadores, como el nicaragüense Anastasio Somoza, quien fue ajusticiado por un comando de guerrilleros argentinos en 1980, en plena Asunción. La búsqueda de los autores de ese atentado es recordada como uno de los momentos más duros del régimen.

Stroessner fue bautizado como el "Unico Líder" "el Primer Magistrado", "el Primer Deportista" o "el Primer Trabajador", "El Rubio" o "el Primer Falo".

Hizo del culto a la personalidad casi una religión, a tal punto que se le atribuye igualmente haber creado una secta político-religiosa, conocida como Pueblo de Dios -aún existente- que se proclamaba católica, apostólica y "paraguaya" (no romana). En sus ceremonias, según testigos, se transformaban los salmos para comparar al dictador con un enviado de Dios.

Su régimen se basó en el clientelismo, el contrabando, el atraso, la malversación, la complicidad, la obediencia ciega a "El Jefe", la adulación y lo que se dio en llamar "unidad granítica" del Partido Colorado, las Fuerzas Armadas y el Pueblo. Su fortuna se calcula en unos 300 millones de dólares.

Su omnímodo poder llegó hasta la noche del 3 de febrero de 1989, cuando Alfredo Rodríguez, su consuegro, un militar que él había encumbrado hasta convertirlo en el segundo hombre más poderoso de Paraguay y un "pichón" de dictador, lo derrocó y asumió el mando.

Stroessner sabía de la agitación militar, pero nunca pensó que su pariente diera la asonada, por lo que el golpe lo sorprendió en la casa de su más conocida y querida amante, "Ñata", -con la que tuvo dos hijos-. De allí se refugió en un cuartel militar, desde donde partió hacia su exilio en Brasilia.

Murió, en palabras del escritor guaraní Augusto Roa Bastos, el "tiranosaurio".

 

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