Trump, autoentrampado

En menos de 48 horas, en otra retirada humillante, el 5 de mayo Trump anunció una "pausa" en el llamado Proyecto Libertad para forzar la apertura del estrecho de Ormuz, tras enfrentar la disuasión asimétrica iraní. Una vez más, la realidad sobre el terreno refutó los bulos y las bravuconerías del jefe de la Casa Blanca. Aunque el poder militar de EEUU conserva su formidable capacidad para infligir daño, los repetidos fracasos de sus estrategias coercitivas exhiben la suficiencia e inteligencia de Irán para adaptarse ante cada escalada del enemigo, absorber la presión, desarrollar soluciones alternativas y movilizar diferentes formas de legitimidad.
Desde el 28 de febrero, la ilegal guerra de agresión a gran escala de EEUU e Israel contra Irán se transformó en una guerra de desgaste asimétrica defensiva, largamente planificada por los estrategas político-militares de la nación persa. Y la "excursión" militar a Irán de Trump y sus planificadores sionistas se convirtió en un lastre. El autoproclamado providencialismo estadounidense hace aguas en el golfo Pérsico Y ahora, el tiempo corre en contra del republicano.
Cada semana que el estrecho de Ormuz permanece bajo control iraní, sin una victoria contundente de EEUU, su posición política se ve mermada. La campaña para las elecciones de medio mandato comenzó, y su base política MAGA se ha fracturado debido a que Trump ha incumplido su promesa de sacar a EEUU de "guerras eternas". Un bloqueo naval prolongado sin un final claro a la vista será una derrota política.
Igual que el agujereado bloqueo trumpista de Ormuz, diseñado para hacer capitular a Irán, el Proyecto Libertad, considerado una bala de plata táctica, resultó ser otra escalada delirante más. El objetivo era claro: imponer un bloqueo naval, estrangular la economía iraní y esperar a que Irán capitulara; que renunciara tanto al control de la vía marítima como a su capacidad de negociación. Sin embargo, el bloqueo contrajo la oferta global, elevó los precios del petróleo por encima de los niveles en tiempos de guerra y desencadenó advertencias de inminentes crisis de seguridad alimentaria a medida que la escasez de fertilizantes se propaga por los mercados globales (mientras poseedores de información privilegiada acumulan ganancias millonarias a cada anuncio de Trump, mediante compras masivas especulativas -short buying- con base en base el precio del petróleo).
Pero Irán no capituló. Entonces Washington cambió abruptamente de rumbo. Trump anunció una nueva aventura militar encubierta, el Proyecto Libertad, bajo la pantalla de un esfuerzo "humanitario" para liberar a los buques mercantes varados. La estratagema no fue una señal de fortaleza. Fue un reconocimiento de que el bloqueo había fracasado. Lo que revela un error de cálculo fundamental: EEUU sobreestimó su propia capacidad de resistencia estratégica y subestimó la de Irán. Ahora, la desesperada liberación de presión que Trump había asegurado mediante el alto el fuego del 8 de abril, quedó completamente deshecha y la lógica escalatoria muestra sus límites: el estrecho de Ormuz permanece bajo control operativo iraní.
Irán domina la estrategia de desgaste a largo plazo, utilizando la paciencia estratégica como arma. Con rutas comerciales alternativas, acuerdos de trueque con China y Rusia y una economía de guerra fortalecida por décadas de sanciones extraterritoriales ilegales, Irán demostró su capacidad para resistir un bloqueo que, en esencia, consistía en bandidaje marítimo y "piratería" (Trump dixit). Irán calculó correctamente que EEUU opera bajo severas limitaciones de tiempo, que no apremian a Teherán. Y cada día que mantiene el control del estrecho, su dominio se fortalece.
Se trata de una consolidación dinámica. Las capacidades ofensivas y defensivas de Irán en esta vía marítima se están volviendo más sofisticadas. Nuevas tácticas navales, sistemas de defensa costera mejorados y herramientas asimétricas -que incluyen vehículos no tripulados de superficie (drones) y lanchas de ataque rápido, la célebre "flota mosquito", muy eficaz para estrangular una de las vías marítimas más estratégicas del mundo sin necesidad de cerrarla de forma permanente- se están integrando en una doctrina de defensa del país, adaptativa y por capas.
Irán advirtió que responderá con dureza a cualquier acto de aventurerismo trumpista: un intento de abrir el estrecho mediante bombazos se enfrentará a minas, misiles, enjambres de drones. Además, China y Rusia no tienen ningún interés en que EEUU dicte el paso por una vía marítima crucial para su seguridad energética e influencia estratégica y están construyendo nuevas relaciones con Irán que inclinan decisivamente la balanza estratégica a su favor.
Constituido en la coyuntura en el principal Estado canalla (rogue state) que amenaza la paz mundial, a pesar de su poderío militar, EEUU ha descubierto que la fuerza bruta no puede desalojar fácilmente a un adversario decidido, adaptable y paciente; especialmente a uno que cuenta con ventajas geográficas y temporales.
Como ha dicho Alastair Crooke, Trump necesita desesperadamente una vía de salida y las negociaciones parecerían ser el mecanismo habitual para ello. Pero las negociaciones en el sentido tradicional conducirían, en la práctica, a lo que se percibiría como una capitulación de Washington y, de prolongarse, a un desastre económico catastrófico derivado de las consecuencias del control iraní del estrecho de Ormuz.
El problema fundamental para Trump a la hora de poner fin a la guerra (aparte de que su ego le impide parecer "un perdedor") es que no le es posible -dado que está en deuda y es rehén de Israel y de los grandes donantes prosionistas- asumir compromisos creíbles, salvo un estatus de tratado pleno, en lo que respecta a la no agresión contra Irán o al alivio de las sanciones (ni hablar de la capacidad nuclear de Irán).
Mate Amargo







