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15/01/2007 :: Uruguay

Uruguay: Transparencia cero

x Samuel Blixen
El gobierno "progresista" de Tabaré Vázquez reprivatizó la línea aéra uruguaya al ceder el 75% del paquete accionario a un conglomerado de capitales estadounidenses, alemanes y argentinos. En el Frente Amplio el anunció "causó sorpresa", pero "se respalda la negociación"

Los aspirantes a la compra de PLUNA son los mismos capitales que compraron el Nuevo Banco Comercial, vinculados al fondo de inversiones estadounidense Advent International. Por razones inexplicables, su identidad se mantiene oficialmente en reserva. El secreto incluye la ingeniería financiera y el costo para el Estado de una reprivatización que obligó al Frente Amplio a extender un cheque en blanco a los negociadores, los ministros Rossi y Astori.

Los amagos de rechazo y cuestionamientos que surgieron en filas del Frente Amplio después de que el jueves 4 los ministros de Economía, Danilo Astori, y de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, anunciaron la posible venta del paquete accionario de PLUNA a un consorcio internacional, quedaron ahogados por un compromiso de silencio, para no asustar a los inversores y no dificultar el proceso del negocio, según se explicó. En una total ignorancia sobre los detalles de la operación, el partido en el gobierno optó por delegar confianza en los negociadores.

Los reparos surgieron cuando los ministros adelantaron que el Estado mantendría, en la futura empresa aeronáutica nacional, apenas el 25 por ciento del capital accionario y delegaría en los nuevos dueños, definidos vagamente como un conglomerado de capitales estadounidenses, alemanes y argentinos, la gestión empresarial.

El secreto y la cautela son por ahora los componentes fundamentales de la negociación. Los ministros y los directivos de PLUNA se han aferrado a un compromiso de discreción que extiende un manto de misterio sobre los aspectos fundamentales: la identidad de los compradores; los porcentajes en el capital accionario; el verdadero aporte del Estado, por la vía de capitalización o de pasivos; el plan de gestión; el estado patrimonial de PLUNA tras el rescate de las acciones que estaban en manos de VARIG; y las razones que impulsaron al gobierno a la contratación del broker Ficus Capital

Todos los intentos por esclarecer los detalles de la operación chocaron ante un gesto de irritación. El argumento principal, expresado off the record, fue: "PLUNA no tiene patrimonio, está fundida, así que el Estado no pierde nada". Si PLUNA no vale nada, entonces, ¿por qué el interés de inversores extranjeros? A menos que, como ocurrió con los salvatajes de bancos, el Comercial, el Pan de Azúcar y últimamente con la venta del Nuevo Banco Comercial, haya un "saneamiento" previo que ponga en carrera a la empresa en subasta.

Ante el carácter confidencial y hermético de las negociaciones -que la oposición, pero también algunas voces oficlalistas, califican como "escasa transparencia" -, la historia de esta reprivatización a punto de culminar se reconstruye en base a informaciones parciales y muchas veces imposibles de confirmar oficialmente.

La historia comienza en marzo de 2006, cuando el ministro Astori fue tajante con los flamantes directores de PLUNA Ente Autónomo: no hay más plata para PLUNA, anunció, y sugirió que se pusieran en contacto con Ficus Capital para resolver el problema de fondo. La sugerencia del ministro coincidió con las gestiones que el gobierno venezolano encaminaba para asociar a su empresa Conviasa con PLUNA. Hasta ahora no ha habido una explicación suficiente sobre el fracaso de dichas negociaciones; el presidente de PLUNA, Carlos Bouzas, sugirió, cuando BRECHA indagó: "Pregúntenle a Hugo Chávez".

Las orientaciones del ministro Astori respecto de PLUNA parecen guardar una coherencia estratégica desde aquel episodio inicial cuando, en plena crisis de 2002, se opuso decididamente a que la bancada del Frente Amplio -entonces en la oposición- incluyera en el texto de la ley referida a la creación del Nuevo Banco Comercial una cláusula que condicionara la privatización futura de la institución a una anuencia parlamentaria. Esa misma coherencia orientó la negociación con Advent International (que compró el NBC) y la oposición del Ministerio de Economía al acuerdo entre Cofac y Bandes.

En el tramo que va de marzo a la conferencia de prensa del jueves 4, Paul Elberse, principal directivo de Ficus, activó sus contactos financieros y reclutó seis inversionistas interesados en la línea aérea uruguaya, cuya identidad no quisieron proporcionar ni el ministro Rossi ni el presidente de PLUNA. En un primer descarte, quedaron por el camino dos de los aspirantes y otros tres fueron descalificados tras un análisis que realizaron Ficus y los representantes del gobierno. Dicho proceso fue calificado por el ministro Astori como de "una gran profesionalidad’.

Finalmente, el gobierno apresuró las negociaciones con el aspirante que quedaba en carrera, un ignoto consorcio llamado Leadgate Investment, formado, según los ministros Rossi y Astori, por capitales estadounidenses, alemanes y argentinos. Al conocerse la preferencia oficial tras el descarte de Ficus, la única cabeza visible del promitente comprador fue el financista argentino Matías Campiani (véase recuadro).

Los compradores

La aparición en escena de Campiani dio pistas para establecer la identidad de los capitales que se mueven detrás de Leadgate. La prensa recordó la vinculación de Campiani con Parmalat, pero nadie en el gobierno manifestó interés en señalar su carácter de director del Nuevo Banco Comercial, lo que hubiera aportado nuevos elementos de consideración.

En sus páginas en Internet, Leadgate es avaro en información. Afirma que fue creada en 1999 y que se dedica a "inversiones directas". Tiene su sede en Miami, y oficinas en Beverly Hills, Munich y Montevideo. La dirección de Miami corresponde a las oficinas que dirige allí Ernest Bachrach como ejecutivo de Advent International; Bachrach es vicepresidente del Nuevo Banco Comercial. El teléfono de Leadgate en Montevideo corresponde a las oficinas de Ecolat, la sucesora de Parmalat-Uruguay que dirige Campiani. Advent es el principal dueño del NBC, junto con Morgan Stanley, un consorcio de inversiones emparentado con el banco J P Morgan.

Todo hace suponer -hasta que se brinde la información detallada- que el verdadero aspirante de PLUNA es Advent International y que Campiani y Bachrach son sus cabezas dirigentes, es decir, el Nuevo Banco Comercial; ambos, además, integran el directorio de la empresa argentina oca, que fue comprada por Advent. El andamiaje de consorcios y empresas se ajustaría a un molde vastamente repetido en el Río de la Plata; recuerda la misma estructura utilizada por los hermanos Rohm cuando adquirieron el Banco Comercial con la creación de San Luis Investment, integrado por el Banco General de Negocios, el J P Morgan, el Crédit Suisse y el Deutsche Bank, que permanecieron en un discreto segundo plano mientras la gestión quedaba en manos de los Rohm.

Otras pistas pueden aportar más elementos sobre la identidad de los promitentes compradores y el papel que juega Ficus Capital. En principio Ficus opera como broker, es decir, el agente que anuda contactos entre compradores y vendedores, pero resulta significativo que uno de sus ejecutivos fundadores, Francisco Ravecca, "experto en negocios internacionales, finanzas de empresas y capital de riesgo", trabajó antes para Advent International. De la mano de Paul Elberse, antiguo gerente general del Nuevo Banco Comercial, Matías Campiani, actual director del NBC, extiende la influencia de Advent en Uruguay. Resulta imprescindible establecer cuál es la estrategia de Advent y de Campiani, y si ella se ajusta o no a los criterios de los capitales de riesgo, que en América Latina se inclinan a comprar empresas en dificultades (dificultades que favorecen los términos de la negociación) y después venderlas.

El nuevo paquete accionario

Además de Campiani hay una segunda "cabeza visible": el uruguayo Luis Rodríguez, que se define como asesor de empresas españolas. El papel de este hijo de un antiguo funcionario de PLUNA está determinado por la necesidad de sustentar el requisito legal de una mayoría accionaria de origen "nacional" en el capital de una empresa estatal. Rodríguez se encargó de difundir las expectativas más optimistas para PLUNA: se pretende convertirla en la línea top de la aeronáutica comercial regional, y en un factor de crecimiento exponencial de la corriente turística a Punta del Este; en materia de declaraciones, el techo es ilimitado.

Según los escasos elementos aportados, Leadgate depositó 2 millones de dólares como requisito previo para las negociaciones, y está dispuesto a una capitalización inicial de 15 millones de dólares más otros 10 millones a través de líneas de crédito para capital de trabajo. En una etapa posterior destinará 152 millones de dólares para la operativa de la empresa, fundamentalmente para la compra de 20 aeronaves que le permitirían aumentar la frecuencia de vuelos a España e iniciar frecuencias a Estados Unidos; en estos planes, se mantendría no sólo el personal actual de PLUNA, sino que se incrementaría hasta llegar a 1.200 funcionarios. No se sabe si Leadgate asume el pasivo, total o parcialmente, que dejó VARIG.

Esa es otra incógnita: según ciertas fuentes (véase nota aparte) para el rescate de las acciones de VARIG (49 por ciento) PLUNA habría destinado 20 millones de dólares, presumiblemente haciéndose cargo de los pasivos. Al ampliarse el paquete accionario, Leadgate controlaría el 75 por ciento, invirtiendo 15 millones de dólares. De ese 75 por ciento, un 25 correspondería a Luis Rodríguez, quien oficiaría de testaferro para que el 51 por ciento del total estuviera detentado por accionistas uruguayos, un requisito exigido para que PLUNA continúe siendo línea de bandera.

El 25 por ciento que retendría PLUNA Ente Autónomo tampoco es tal, porque en esa cifra están incluidos los porcentajes pequeños de los empleados de PLUNA y de los hermanos Mesa. Ninguno de los actores oficiales de la negociación accedieron a despejar la incógnita, pero parece ser que la representación del Estado se reduciría a un 23 por ciento y fracción.

Mientras se acumulan las preguntas, que los dirigentes del Frente Amplio prefieren no formularse por el momento, la sensación en medios políticos y sindicales es de estupor: quizás, razonan, este esquema de reprivatización de PLUNA es el único posible, lo que no justifica que se maneje con total hermetismo. Como ha pasado anteriormente, los aspirantes, que se disponen a realizar una pormenorizada auditoría, tendrán las respuestas antes que la gente. La razón es un compromiso de reserva, que se extiende a la identidad de los compradores y, más aun, a la realidad de la empresa. Esos criterios, en el pasado, fueron duramente cuestionados por la hasta ayer oposición.

Quién es quién

Matías Campiani. Su nombre se hizo popular en nuestro país, particularmente en Colonia, cuando desembarcó en 2004 como el salvador de Parmalat Uruguay. Ciertamente este joven ejecutivo argentino no era desconocido en ambientes financieros pero, como después se volvió costumbre, su presencia en Uruguay mezcló un protagonismo sazonado con dinamismo y una dosis de "bajo perfil". Cuando asumió el control de Parmalat Uruguay -tras la debacle del emporio lácteo italiano- y creó Ecolat, Campiani fue en extremo ambiguo al definir el origen de los capitales interesados en la planta de Colonia.

Campiani tenía, para entonces, una interesante foja de servicios. Ejecutivo del controvertido grupo Exxel (que en Uruguay describió un fugaz vuelo rasante al adquirir los supermercados Devoto para después venderlos al grupo Géant-Casino), asumió como presidente de oca -operador postal y el primer correo privado de Argentina creado por Alfredo Yabrán- cuando, después de un azaroso proceso, la empresa fue vendida al grupo Advent International, un fondo de inversión radicado en Boston, Estados Unidos. oca tenía un pasivo de 240 millones de dólares y sus principales acreedores eran el J P Morgan, el Crédit Suisse, el Deutsche Bank y el Bank Boston. Advent compró oca en 32 millones de dólares.

Para cuando oca fue controlada por Advent, Campiani ya no integraba Exxel: había pasado a ser ejecutivo senior del grupo estadounidense de "inversiones directas". Es de presumir que Campiani compró Parmalat Uruguay con el dinero de Advent.

Un "perfil bajo" más profundo exhibió Campiani en su segunda y más importante incursión en la plaza uruguaya: la compra del Nuevo Banco Comercial (NBC). Cuando se concretó la reprivatización, el año pasado, el ministro de Economía, Danilo Astori, explicó que "al país llega un grupo de mucho prestigio integrado por Advent, Morgan Stanley e instituciones de Holanda y Alemania, generando una tranquilidad muy grande". En medios financieros locales se sostiene que en la intermediación por el NBC participó Ficus Capital, la empresa de Paul Elberse.

Campiani asumió como director del NBC en representación de Advent; su vicepresidente es Ernest Bachrach, un argentino-estadounidense que en 1995 se mudó a Buenos Aires para pilotar las operaciones regionales de Advent y que integra, también, el directorio de oca. Por esa razón, cuando se concretó la reprivatización, el diario Clarín de Buenos Aires pudo titular: "oca compró un banco uruguayo".

Ahora, si se concreta la privatización de PLUNA, Advent International ostentará en Uruguay tres emprendimientos disímiles: una procesadora de lácteos, un banco y una línea aérea.

Paul Elberse. Definido como "un ejecutivo casado con el éxito, con aires de modelo de Ralph Lauren", el broker que introdujo a los promitentes compradores de PLUNA aparece como un misterioso "relacionador" de las altas finanzas que cultiva contactos con poderosos grupos de inversión extranjeros dispuestos a impulsar empresas de riesgo. En Uruguay, sus éxitos personales a veces fueron a contramano del destino de las empresas en las que participó.

Como ejecutivo de ABN Amro desempeñó gestiones de manager en Moscú, Singapur y Nueva York y fue gerente de la filial en Montevideo. Su nombre fue sorpresivamente manejado por las autoridades económicas del gobierno de Jorge Batlle cuando a fines de febrero de 2002 estalló la crisis bancaria. Cuando el ministro de Economía, Alberto Bensión, decidió desplazar a las autoridades del Banco Comercial, afectado entonces por una "corrida" superior a los 70 millones de dólares y un vaciamiento que superaba los 100 millones de dólares, Paul Elberse fue nombrado gerente general en sustitución de los hermanos Carlos y José Rohm; estuvo, por tanto, íntimamente ligado al escándalo del préstamo secreto otorgado por el J P Morgan, el Crédit Suisse y el Deutsche Bank para capitalizar al Comercial, del cual eran dueños en un 75 por ciento.

Al frente del Comercial, Elberse fue impotente para impedir el desplome de la institución, pero secundó las ilegales operaciones de "asistencia financiera" del Banco Central, que consumieron más de 200 millones de dólares en unos seis meses, a pesar de saber que el Comercial tenía patrimonio negativo y estaba en bancarrota.

Cuando el Parlamento decidió el cierre del Banco Montevideo, del Banco de Crédito y de La Caja Obrera, pero resolvió "gestionar" el Comercial hasta su futura reprivatización, Elberse fue nombrado por el entonces ministro de Economía Alejandro Atchugarry como gerente general de lo que se llamó Nuevo Banco Comercial (NBC). Su nombre estuvo asociado a otro escándalo, denunciado por el entonces diputado frenteamplista Víctor Rossi cuando se conocieron los sueldos que cobraban los ejecutivos del NBC: Elberse percibía un salario que rondaba los 30 mil dólares mensuales para timonear una institución que había congelado los ahorros de sus depositantes. Para cuando Rossi y el senador Reinaldo Gargano pudieron confirmar las cifras de los salarios ejecutivos, que el ministro Alfie se había negado a brindar, Elberse ya había sido despedido, pero por entredichos con su jefe, el ministro de Economía.

La plana mayor del NBC había cobrado cerca de 700 mil dólares en seis meses. Elberse, por su parte, cobró 33 mil dólares en abril, 35 mil en mayo, 55 mil en junio, 35 mil en julio, y 22 mil en agosto, período en que la "corrida" se hizo imparable hasta desembocar en el "corralito". Por los términos de su contrato, Elberse inició un juicio civil que le reportó más de un millón de dólares de indemnización.

Tales cifras podrán ser de uso común en el mundo de las finanzas, pero resultaban incompatibles con la crisis que se vivía, y que fue el centro de la argumentación del diputado Rossi. Elberse, de todas formas, no es responsable de tales criterios salariales: alguien, en el gobierno colorado, autorizó los sueldos.

Elberse no se desvinculó de la plaza uruguaya. Creó dos empresas, Ficus Capital y Fidential Servicios Fiduciarios. La primera "ofrece servicios completos de banca de inversión y operaciones de bolsa, proporcionando asesoramiento, experiencia en estructuración y capacidades ejecutivas en los mercados de capitales para clientes con intereses comerciales en el Cono Sur de Latinoamérica"; la segunda "presta servicios de asesoramiento en materia fiduciaria". Algunos de sus ejecutivos comparten el staff de ambas firmas.

Ficus fue un elemento clave para el desembarco de los aspirantes a PLUNA; hay múltiples canales que conectan a Ficus con los promitentes compradores, razón por la cual en los últimos días se extendió la sospecha de que Paul Elberse podría ser designado como gerente general de la nueva compañía aérea que surja de la reprivatización.

Brecha. Correspondencia de Prensa. germain5@chasque.net

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