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14/10/2018 :: Venezuela, Venezuela

Vivir en Venezuela (XVII)

x Guillermo Cieza
Entrevistas con mujeres :: Valentina: Creo que la propuesta de comunas, como lo planteó Chávez, es tan revolucionaria que asusta a muchos burócratas de corazón

Aura Valentina Perozo Castellano tiene 30 años, dos hijos. Nació en Zulia y es arquitecta y cantora.

¿Por qué elegiste estudiar arquitectura?

Será que yo veía los barcos con su geometría verde, roja, negra, azul, parados en el lago... y entre esa geometría y las pinturas que había en las paredes de la casa, se me armó algo adentro, que fue a parar en la arquitectura, en la música, en la poesía, en la fotografía... y en las otras angustias que siguen por ahí buscando algo. Seguramente los viajes a la península de Paraguana y a los Andes, a la misma Maracaibo de antes, a las casas de los amigos que era como ir a otro país, los viajes interiores desde la infancia, acompañados siempre de la música, la poesía, la fotografía que nos iban enseñando padre y madre, tuvieron mucho que ver, el relato permanente de los dos y la descripción de los eventos y de los Paisajes en la voz de mi papá y también de mi mamá... La poesía tuvo culpa también, seguro.

En tu respuesta trajiste recuerdos de tu infancia y me quedé con ganas de enterarme un poco más...

Vivíamos en un piso 13, se veía el lago y los barcos, también el mechurrio del tablazo. Más abajo los mangos, los techos y la cañada que besaba con su cloaca el estacionamiento y a veces se desbordaba o se llevaba al papá de una vecinita. Entre esa ventana y la de mi tía, la de los vecinos de enfrente, la de la abuela paterna... entre esos lugares y la carretera Falcón Zulia, fue la infancia con mis papás y mi hermanita, y mis primas y mis hermanos mayores. Mi papá era poeta y profesor universitario, mi mamá era empleada de la misma universidad y nos cantaba tonadas antes de dormir.

¿Cómo te empezaste a interesar por la política?

El 11 de abril [de 2002, golpe de Estado contra Chávez] fue para mí como caerse de la cama, todo nos amaneció de golpe... Comenzó un proceso de constante des-aprendizaje, de búsqueda y cuestionamiento profundo de muchas cosas. Ahí en plena adolescencia, agarro la guitarra y empiezo a cantar y a leer a Violeta Parra, Víctor Jara y Alí Primera, Paco Ibañez, Amparo Ochoa, Mercedes Sosa, Chabuco Grande, Silvio Rodríguez, y tantxs otrxs que le dieron y le siguen dando sentido a esa búsqueda que es la revolución. A partir de ahí me hice consciente de cosas que ya no puedo ignorar.

¿Por qué decidieron viajar a la Argentina? ¿Cuándo ocurrió ese viaje y que expectativas tenías?

Yo y mi compañero queríamos hacer estudios de post-grado desde hacía unos años. Teníamos unas áreas de interés que coincidieron con la oferta de becas de Fundayacucho de ese momento. Nos postulamos y salí yo seleccionada para la carrera de Desarrollo Sustentable en la Universidad Nacional de Lanús. Después de muchos trámites burocráticos viajamos el 23 de octubre de 2015, a los dos días de fueron las elecciones, ya nos habían advertido de la posibilidad que ganara Macri.

Yo quería intercambiar experiencias con otras gentes y organizaciones vinculadas al diseño participativo, la bioconstrucción y la permacultura, y conocer también otros paisajes, otras canciones y hacerme de otros saberes. La idea era también traer un bagaje para contribuir en la labor de las comunas.

¿Cómo calificarías la información que había en la Argentina sobre lo que ocurría en tu país?

Lo que hay es un cerco mediático. Hay matrices de opinión confeccionadas en laboratorio, que la gente, sobre todo la clase media, consume cual comida chatarra, y de eso se (des)nutren, casi indefensos. Está muy instalado el mecanismo antipensante en los medios, y eso permea incluso algunas instancias aliadas, porque se crea una profunda desinformación y confusión en cuanto a la realidad de Venezuela.

Has vivido en dos países latinoamericanos con algunos puntos de contacto, pero también con fuertes diferencias culturales. ¿Qué es lo que más extrañaste de Venezuela y qué fue lo que más te agradó de la Argentina?

AV- Lo que más extrañé de Venezuela: la luz, la confianzudez, la esperanza con que se viven las dificultades, la simpleza de la mayoría de la gente, el humor, el ají misterioso, la lechosa, el mango, el plátano, lo agridulce, los amigos. Lo que más me gustó de la Argentina: la fuerza de los redoblantes en las marchas, la mora silvestre, las aceras arboladas, los amigos solidarios, la primavera...

En la Argentina nació tu hijo menor. Cuéntanos como viviste esa experiencia.

La viví con muy poco descanso, por lo inestable de nuestra situación económica allá, pero también con la ilusión y la ternura de la víspera que florece adentro. Buscando parir tranquila, me fui a una maternidad “Nonplusultra” de parto respetado que tiene muy buena fama. Y lo que conseguí fue que me hicieran una cesárea de emergencia. El bebé nació sano, aunque seguramente un poco estresado... Yo y mi compañero hicimos todo para parir tranquilos, pero el sistema público, aún en su faceta más “humanizada”, no es lo suficiente humano, prefiere los protocolos a la incertidumbre del buen nacer. Pero eso ahora es solo parte del relato de mi cicatriz. Él es un sol.

Provenías de un país con mujeres empoderadas y llegaste un país con un fuerte movimiento de mujeres. ¿Cuales son las mayores diferencias que encontraste en la situación de las mujeres y su participación en la vida comunitaria y política entre los dos países?

En Venezuela mayor participación de mujeres en el Estado y en la vida política en general, pero en la vida privada tenemos más naturalizadas algunas formas de violencia, y eso se expresa también en la vida política.

En la Argentina percibí mayor fuerza y arraigo en el movimiento de mujeres, y también eran mayores (o así lo percibí yo) algunas contradicciones: me sorprendió que en el Encuentro de Mujeres hubiera compañeras molestas por la presencia de hombres en la plaza pública... También entiendo que los niveles de violencia y terrorismo de Estado allá han sido muy grandes y eso deja cicatrices muy hondas. La desaparición sistemática de mujeres de la trata, por ejemplo, es algo que tiene mayor impronta allá, y eso crea una coraza de protección más grande. Ni hablar de todo lo que se vivió en tiempos de la dictadura…

Creo que las diferencias tienen mucho que ver con las idiosincrasias y las economías impuestas en cada lugar. Aquí en Venezuela, por ejemplo, el trabajo doméstico está más naturalizado como forma “amorosa”, la violencia gineco-obstétrica, la violencia simbólica, la patrimonial, “los piropos”... son todas cosas que están muy naturalizadas aquí y muy concienciadas allá. Pero ya vamos compartiendo, intercambiando y aprendiendo mutuamente. Esta es una amenaza “inusual y extraordinaria”.

Como familia decidieron que tú regresarías a Venezuela y que tu esposo se quedaría un tiempo más. ¿Cómo has vivido esa separación?

Con tranquilidad, porque tenemos confianza en los proyectos comunes y estamos trabajando para eso.

A tu regreso a Venezuela muchas cosas habían cambiado en la situación política y económica. ¿Cuáles fueron los cambios más significativos que advertiste?

Regresé el 8 de marzo de 2018, el día de la Mujer. Ese día en el Aeropuerto de Maiquetía una señora, a la que me vio moviendo yo sola las ocho maletas con los dos muchachos me dijo “eres un varón”. Esa fue la bienvenida. Encontré a la gente resistiendo como podía los embates de la agresión ya sabida. En lo material, mayor precariedad, todo lo cotidiano hecho cuadritos. En lo subjetivo, aguanta y resuelve, preocupación creciente, confusión, cansancio, dispersión.

Desde el comienzo de 2018 se vivieron meses muy duros en lo económico. Sin embargo el presidente Maduro volvió a ser reelegido por un nuevo periodo de seis años. ¿Cuáles te parece fueron los motivos de esa decisión? ¿Pesó la confianza en que el gobierno podía sacar al país del atolladero económico, o un rechazo muy fuerte a que la derecha puede retornar al gobierno?

Yo creo que, por un lado, hay una lealtad profunda del pueblo con Chávez, es decir consigo mismo. Pero además nosotros somos esperanzados, tiernos, pacíficos, caóticos, y hasta ingenuos... Esas cualidades, más la torpeza de la derecha criolla, hacen que actualmente la única opción electoral del pueblo sea el presidente Maduro y su gabinete, con sus aciertos y desaciertos.

El proceso bolivariano ha desarrollado un camino zigzagueante, donde desde el punto de vista de la priorización de esfuerzos se asumen posiciones que parecen fuertemente contradictorias. Chávez se despidió en su "Golpe de Timón" con la advertencia "Comuna o Nada". Dos años después del fallecimiento de Chávez, el Ministros Marcos Torres, que manejaban la economía del país, imponía una línea de acción y financiamiento que podría sintetizarse en: "Con las Comunas, nada”. Quienes hoy en el gabinete nacional toman decisiones económicas, parecen ratificar esta línea adversas no solo hacia las Comunas sino hacia los pequeños productores agropecuarios y la pequeña empresa industrial, promoviendo además procesos de reprivatización. Sin embargo en el Congreso del PSUV se sigue insistiendo en reivindicar objetivos del Plan de la Patria como el "Estado Comunal". ¿Hay una disputa de ideas, o sucede que cuando se habla de Comunas, según quién opine, se hace referencia a conceptos diferentes?

Yo creo que como el chavismo es una alianza policlasista y diversa en formas y actores, no es de extrañar ese zigzagueo. Pareciera que eso es producto de las constantes tensiones que se viven hacia lo interno y externo del proceso desde siempre, pero quizás en los momentos más crítico se agudizan más. Creo también que la propuesta de comunas, como lo planteó Chávez, es tan revolucionaria que asusta a muchos burócratas de corazón.

Como joven arquitecta, seguramente tienes buenos proyectos... Cuéntanos los más inmediatos.

Por ahí anda la idea de armar una cooperativa de arte y arquitectura parta el buen vivir. Una especie de taller itinerante de investigación, diseño participativo y construcción de espacios y mobiliarios con tecnologías y materiales del lugar. Hay muchas otras idea bonitas para articular con ideas organizadas… ¡Hay tanto por hacer! A Maracaibo por ejemplo hay que sembrarla toda con frutales y sombra. Pero primero hay que sembrar la cabeza y el corazón de la gente. Además voy a seguir cantando, ando siempre detrás de una canción.

Vivir en un Estado fronterizo con Colombia, gobernada por un presidente cuyo negocio ha sido siempre la guerra, no debe ser muy tranquilizador. ¿Cómo viven esa situación como familia y como comunidad?

Esta región siempre ha sido difícil. El mismo clima te agrede, porque además han violentado mucho el ecosistema y las ciudades fueron re-hechas para asfaltarlas, y no para gozarlas. Entonces fíjate que el clima y específicamente la temperatura son una expresión muy fidedigna de lo que ocurre en el resto de este socio-ecosistema. La intranquilidad, el agobio, la predisposición permanente a la agresión y a la violencia, el desespero, el agotamiento…son expresión humana, corporal, de lo que ocurre aquí políticamente. La tensión permanente de un territorio (y sus recursos) en constante disputa. Eso nos agobia, pero también da urgencia a los proyectos y a las ideas por otro mundo posible, y en esa andamos.

Siempre demostraste una preocupación particular por la formación política. Quienes descalifican al pueblo venezolano aluden a su falta de conciencia política, sin embargo en situaciones límites, ese mismo pueblo ha demostrado una madurez admirable. ¿Si te recibiera el Presidente qué le aconsejarías, en relación a la formación política?

Que empecemos a formar maestrxs de verdad: Robinsones y Robinsonas, pues... gente que de ejemplo con sus vidas, como Chávez. Esa es la única formación política verdadera. Gente con el alma liberada, sin dogmas ideológicos (por aquello de que son falsas conciencias). Gente con amor genuino, ni por la tierra, por el arte y la ciencia. Por la infancia libre, con conciencia ecológica, de género, de clase. Que todo espacio de vida sea un espacio de (de)formación y de liberación, es decir de desnaturalización de la opresión.

Las pantallas no pueden suplir la infinita búsqueda que es la lectura, la observación libre, el juego manual, el ocio... Todo ello con la instrucción adecuada constituye el apresto necesario para la creación de seres espiritualmente libres y sanos. Indudablemente los medios tecnológicos son una herramienta, pero sin instrucción y sin proyecto comunitario, no son más que peroles al servicio de la hegemonía antipensante.

La educación en la casa y en las aulas tiene que transformarse profundamente para transformar la Patria. No basta con sumar muchos centros educativos, hay que cambiar la esencia de lo que ocurre dentro de esos espacios. Y adentro de la casa. Claro, hay que seguir transformando el nacer, las crianzas, la escolarización que tenemos, la educación universitaria y sus limitaciones. Yo creo que todo empieza por ahí, por lo privado. Hay que formar seres humanos de amplio sentí-pensamiento, dados al buen vivir, al amor, a la libertad y la belleza.

Maracaibo, Zulia, 28 de setiembre de 2018

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