Colombia: ¿Acuerdo humanitario o liberación unilateral?
Hace varios años atrás el comandante Manuel Marulanda Vélez, tras las negociaciones adelantadas en San Vicente del Caguan, propuso ante la opinión pública una ley que permitiera un intercambio constante de prisioneros de guerra, para evitar el cautiverio prolongado de los miembros de la guerrilla de las FARC-EP y las fuerzas militares y policiales del estado. Debido a la baja intensidad de la conflagración, a la deroga que presento el ex presidente Andrés Pastrana Arango al cancelar los acuerdos y el dialogo, la ley no fue discutida por los representantes de la oligarquía.
Tras la militarización de la zona de despeje y la dilatación de la confrontación armada, la guerra sucia adelantada contra las comunidades aledañas a los círculos de influencia guerrillera y a la población citadina organizada empeoró, al igual que la soterrada persecución y desaparición de Hombres y Mujeres que lucharon por una nueva Colombia, destituyendo los derechos humanos fundamentales y los acuerdos humanitarios internacionales por el oprobio y la ignominia.
La detención de integrantes de las fuerzas represivas del estado, de políticos auspiciadores del paramilitarismo o civiles que tomaron asiento para beneficiarse de la guerra, como estrategia política para el reconocimiento del conflicto armado y la declaración de las FARC-EP como fuerza beligerante, ha sido la excusa en la cual la oligarquía se parapeta para afianzar su discurso guerrerista y emitir por los mass media las diatribas que robustecen el distanciamiento de los marginados y explotados de la posibilidad de liberación, al no interesarles la verdad, la libertad ni la justicia.
Con la consolidación de un proyecto de nación auxiliado por el gobierno de Estados Unidos y defendido por los sectores oligarcas, terratenientes y paramilitares la guerra contrainsurgente se endureció bajo la intitulada “seguridad democrática”, que militarmente copo el territorio nacional y aplico estrategias castrenses no convencionales. Asimismo políticamente busco la manera adecuada para alejar del escenario político a los grupos guerrilleros, tildándolos con un sinfín de peyorativos e inventando cuanto pudiera anunciarse por los medios de comunicación masiva para el debilitamiento moral de la guerrilla.
Pero, que es más desalentador: los argumentos pírricos a los cuales aboga el gobierno y todos sus secuaces para perpetuar la conflagración y retirar del panorama político del país una agenda de paz con justicia social, o el que las FARC-EP pudieran hacer algo para que no volviesen a suceder casos como el de los once diputados del Valle (los cuales fueron dados de baja en enfrentamientos entre las FARC-EP y el ejército), o la detención por tiempo indefinido en condiciones que no son favorables para alguien que no tenga el compromiso revolucionario con los explotados; como es el caso de los políticos liberados unilateralmente, o los que fueron redimidos en operaciones militares.
Los años siguen pasando y mientras las FARC-EP se mantiene en su invitación a conformar una mesa de paz y dialogo nacional donde se dé solución a los problemas que fatigan a todo Colombia, por parte del gobierno solo se intentan rescates militares o propuestas que no son coherentes con las circunstancias que perpetúan el conflicto armado en nuestro país, igualmente el gobierno da la negativa de acceder al acuerdo humanitario para liberar a los retenidos en las cárceles, en la selva y en el exterior, alegando que no negocia con terroristas o que no quiere espectáculos políticos en los cuales la guerrilla asiente sus demandas.
Y bueno ¿Quién en Colombia quiere el intercambio humanitario? ¿Cómo se va a alcanzar, si cada día que pasa deja su propio desasosiego? ¿Cómo darle valor a la vida si de las cosas más seguras, está se aprecia en duda? ¿Quién dentro del escenario político interesado en la paz antepondría los intereses personales y de clase, sin sucumbir ante la fatalidad y el oportunismo? preguntas, que se invisibilizan en los anaqueles de la indiferencia, preguntas peripuestas, anónimas y sin cuerpo.
El comandante Manuel Marulanda Vélez sollozó entre las llanuras del Yarí y los macizos caucanos que “la mejor forma de humanizar la guerra es acabar con ella”, palabras de verdad que guardan en sí mismas el ideal político Fariano, el querer que la historia Colombia no sea escrita con pluma de hueso y tinta de sangre como hasta el momento el gobierno empecinado en ganar una guerra que no podrá ganar, y la cual las FARC-EP, no abandonaran hasta construir una patria nueva.
Por eso recibimos con alegría el comunicado del secretariado del Estado Mayor Central que anuncia las liberaciones unilaterales y la no retención prolongada de civiles, que se espera habrá diálogos lacónicos con las comunidades, interesadas en la solución política del conflicto armado, que entienden que las enmiendes que necesita este país son de carácter administrativo, judicial y legislativo.
Así mismo las FARC-EP deben plantear alternativas político-militares que den ruptura a las retenciones prolongadas al igual que buscar iniciativas para la liberación de los presos políticos. Asimismo esclarecer a la comunidad nacional e internacional las faltas que se han cometido en cuanto al cuidado y protección de las personas que se encuentran bajo la responsabilidad de la organización, esto recordando que “un revolucionario no puede decir una mentira pero tampoco puede decir toda la verdad”.
Sin embargo aquellos que cacarean por algunos cuantos se olvidan que más de 7500 Hombres y Mujeres tienen la muerte en vida y que el acuerdo humanitario como agenda política es la única alternativa para abrigar en la noche un amanecer que devolviera a los que por su conciencia aguantan las infamias a las que constantemente son sometidos por los gendarmes y verdugos del imperio… Nosotros luchadores que combaten por la paz educamos con el ejemplo, porque el socialismo es la apropiación real de la esencia del hombre por y para el hombre y por tanto, es el retorno completo y consciente del hombre a sí mismo como ser social, es decir, como ser humano.
FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA-EJERCITO DEL PUEBLO







