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29/12/2017 :: Venezuela

2018: La oposición venezolana en su laberinto

x Gokai Moreno
Tres derrotas político-electorales consecutivas (ANC, Regionales y Municipales) en el 2017 y una derrota estratégica con la violencia y el “plebiscito” ciudadano

El año 2018 coloca a las oposiciones venezolanas en un verdadero laberinto. Y decimos “oposiciones” pues el primer rasgo que aparece en escena, es su tendencia organizativa a la dispersión, a la fragmentación y a la heterogeneidad. Estos tres rasgos están gravitando sobre el año 2018, año donde se prevé la convocatoria a elecciones presidenciales.

Tres derrotas político-electorales consecutivas (ANC, Regionales y Municipales) en el mismo año 2017, una derrota estratégica al intento de convocar por la vía fáctica un “plebiscito” ciudadano (16-J) para apalancar a la oposición mayoritaria en el parlamento en combinación con “La calle” (la salida, la resistencia): un movimiento de escalada de protestas violentas en el primer semestre del año 2017, con el objetivo de desconocer al Gobierno electo de Nicolas Maduro y crear un “doble poder” o “poder paralelo”, una derrota estratégica de las iniciativas de Almagro en la OEA para sancionar a Venezuela, todo esto fue configurando el cuadro de los llamados “golpes blandos”.

De manera que el año 2017 tuvo dos rostros para cada semestre:

La iniciativa en favor de la desestabilización política en el primer semestre (Golpe blando) por parte de una oposición unificada en el paraguas de la MUD, con apoyo de EE.UU, España, países de la CE y lo que a la postre fue en América Latina el “Grupo de Lima”.La contraofensiva exitosa del Gobierno para restablecer un clima de estabilidad y tranquilidad política en las calles, a pesar de la agudización de la crisis económica con sus esperables efectos sociales, en una clara apuesta por debilitar y derrotar a la oposición por vías electorales, oposición que aparece ahora dispersa, fracturada, sin liderazgos significativos y moralmente debilitada.

¿Qué se vislumbra para el 2018? ¿Podrá reagruparse la oposición? ¿Quedará dividida y lanzará varios candidatos? ¿Surgirá finalmente una candidatura “anti-política”? ¿Volverá la MUD? ¿No tiene otra opción sino negociar con el gobierno?

El gobierno ha logrado consolidar un bloque duro de participación electoral (más de 45 % del padrón electoral) para legitimar el régimen político-constitucional y la propia presencia definitoria de la ANC, lo cual dice mucho de las reservas de apoyo difuso con las que aún cuenta para distanciarse de las manidas tesis del “Estado fallido”.

Pero además, lo menos esperable para la oposición, es la recuperación del apoyo a Nicolas Maduro por parte de sus bases sociales de apoyo, en medio de la profundización de la crisis económica. Aun no puede decirse que se ha consolidado o que sea sostenible, pero la recuperación política es una línea de tendencia que aparece en el horizonte.

Si en el primer semestre las encuestas registraban entre un 20 y 30 % de rechazo a Maduro en las propias filas de sus simpatizantes y partidarios, actualmente la cifra ronda cerca de 10-12%. Es decir, Maduro ha venido consolidándose hacia adentro del PSUV y del Gobierno, a la vez que desarticulando los empalmes y puentes de una coalición opositora divida al menos en la actualidad en 4 segmentos.

Tampoco el “chavismo disidente” o los “no alineados” aparecen con una potencia de liderazgo unificado y recursos de organización o de movilización. La situación es fluida, con recomposiciones permanentes, pero el equilibrio del poder favorece al Gobierno de Maduro.

Con una participación de 47,5%, lo que representa un total de 9 millones 139 mil 564 votantes, los comicios municipales del 10 de diciembre, demostraron que el partido de gobierno ganó 23 de las 24  alcaldías en las principales capitales del país. Este dato de entrada ya muestra la extra-ordinaría fortaleza de la maquinaria del PSUV, frente a sus rivales en la derecha o en el espacio de la izquierda en disputa.

Aunque no todo es color de rosa para el Gobierno, pues con más de 19 millones de electores inscritos en el sistema electoral –el cual no ha actualizado aún su padrón desde el año 2016 (lo cual afecta fundamentalmente a los nuevos votantes)–, la abstención sigue siendo determinante. La abstención superó el 50 % de acuerdo a los datos ofrecidos por el Consejo Nacional Electoral (CNE).

En el seno del campo de la oposición, el ex secretario de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús “Chuo” Torrealba (quien ha adquirido notoriedad “crítica”, sigue insistiendo que el símbolo MUD encarna la táctica política exitosa del año 2015) expresando que “la MUD debió ir unida a las elecciones municipales”. Así mismo afirmó que: “Maduro logró movilizar a sus electores, por un estómago hambriento”, evaluando las más recientes medidas de protección del pueblo vía CLAP y carnet de la patria.

Esta doble crítica de Torrealba da cuenta de las grandes incoherencias de las decisiones y mensajes del liderazgo opositor, quien ha llamado en un mismo semestre a “participar en elecciones” (regionales) y a “no participar en elecciones” (municipales), planteando en el primer caso que “lo hacen a pesar del CNE”, y en el segundo caso, que “lo hacen debido al CNE”.

Para el politólogo, Luis Salamanca, en el mismo tenor, tal situación desanimó de los potenciales votantes de los liderazgos y candidaturas de la oposición que sí participaron determinando en los resultados todavía más negativos de las municipales frente a las elecciones regionales.

Lo que no ha quedado claro es la coherencia del mensaje y del llamado a la movilización política en pro de la violencia política, de la abstención electoral, la desobediencia pacífica o la participación electoral. El problema de la combinación de las formas de lucha para los sectores de oposición es que no puede interpretarse como la confusión de todas las formas de lucha, pues los resultados son precisamente los alcanzados: desmoralización, ineficacia y división.

Cuando decimos que el gobierno va configurando condiciones de ventaja electoral también debemos matizar señalando que los votos de la maquinaria no son el techo suficiente para ganar unas elecciones presidenciales. Son sólo un piso, un piso fuerte hasta ahora, pero insuficiente como meta para resultados comparables a las presidenciales del año 2012 o 2013, o para los exigentes escenarios del año 2018.

Altos niveles de abstención podrían gravitar sobre el caudal de votos del gobierno y de cualquiera de las candidaturas de oposición (sea en escenarios de unidad perfecta, unidad parcial, o más de dos candidaturas) ante el actual cuadro económico-social para el año 2018. Sería muy difícil bajar la abstención de 25-30% si las tendencias presentes de agudización de la crisis económica se mantienen. Y entraríamos quizás a un escenario donde ganaría la primera minoría electoral más organizada y consistente.

Para que la oposición se recomponga y consiga el resultado similar a las elecciones de la AN en 2015 tiene que lograr reunificar su liderazgo, recomponer una estructura de coordinación política y electoral, unificar sus tácticas y estrategias, coordinar sus mensajes y prepararse para un escenario de elecciones presidenciales adelantadas o incluso de megaelecciones.

Por otra parte, los cuatro segmentos en los cuales aparece distribuida la oposición: a) la oposición electoral: Un Nuevo Tiempo, Avanzada Progresista y un sector de AD; b) la oposición bisagra entre lo electoral y el acción de confrontación de calle (otro sector de AD, PJ y VP); c) los sectores políticos radicales (Vente Venezuela, ABP, la Causa R junto con otros factores menores) y d) la oposición social (tanto radicales y moderados, factores organizados como no).

Para las oposiciones, la escogencia de posibles candidaturas ahora incorpora la variable de una candidatura outsider no partidista (¿Lorenzo Mendoza? u otro “Independiente”) que convoque a simpatizantes partidistas y no partidistas, incluyendo a fracciones del autodenominado “chavismo democrático” para articular a chavistas ahora anti-maduro que se abstuvieron o votaron contra el Gobierno en 2013 y 2015.

De no ser así, se impondrá la abstención opositora y ganará el gobierno con una base de sustentación que requerirá de suficientes apoyos para sortear la crisis.

Lo cierto es que sólo una opción político electoral que proyectó como fortaleza la unidad de una coalición lo más amplia e incluyente posible, si divisiones ni fisuras, podría ganar los próximos comicios electorales en el país.

Otro elemento clave para la oposición es la capacidad de movilizar tras de sí tanto el caudal de personas que ya no están en el país como a los nuevos votantes. Se calcula que alrededor de 2 millones de venezolanos han emigrado de Venezuela.

Uno de los elementos claves de las más recientes encuestas, como Venebarómetro es que la oposición está distribuida en proporciones bastante similares entre varias candidaturas, así como el dato de aparecer empatados Maduro y la oposición tanto en su rechazo como en su aceptación, con la diferencia de que el Gobierno parece hasta ahora con una sola candidatura, mientras la oposición aparece al menos con cinco (5) figuras presidenciables.

Asimismo, la oposición ha venido descapitalizando el triunfo popular del año 2015.

Para Andrés Velasquez, dirigente de la Causa R: “El Gobierno lo que quiere es que la oposición claudique: Hay que hacer un supremo esfuerzo para desalojar a Maduro del poder”. Adicionalmente remarcó que es necesario “buscar una candidatura de unidad nacional que trascienda a los partidos, un candidato que represente a todos los ciudadanos”.

Desde finales de julio de este año hasta el 10 de diciembre, un lapso de 140 días, se han efectuado tres procesos electorales en Venezuela en el cual el Gobierno se ha alzado con claras victorias.

La oposición venezolana y particularmente Julio Borges y otros dirigentes del antichavismo han insistido, incluso hasta el mes de noviembre, que el rechazo al chavismo es igual o superior al 80% de la población.

Sin embargo, este dato contrasta con que el chavismo se alzó con 22 de las 24 capitales de estados del país, incluyendo el Distrito Capital, Caracas. Ganó municipios entre los más densamente poblados del país (Maracaibo, Barquisimeto, Puerto Ordaz, Valencia, Sucre-Miranda, entre otros) y se alza en ciudades emblemáticas de distintos estados, profundizando su alcance político en ejes territoriales que no conocían victorias chavistas en municipales desde hace años.

La oposición no ha logrado mellar significativamente el apoyo de la base chavista al PSUV y tampoco se ha consolidado como una alternativa el “chavismo disidente”. La falta de cohesión política de la oposición puede dimensionarse por la desarticulación táctica. En estas elecciones municipales fueron evidentes las divisiones del voto opositor entre varios candidatos antichavistas compitiendo por un mismo municipio. El fenómeno de fragmentación fue nacional y esto minimizó dramáticamente sus posibilidades electorales.

El factor abstencionista opositor puede incluso incrementarse si se persiste en mensajes a favor de escaladas de protesta violenta para el año 2018. Muchos opositores se han deslindado de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) por la violencia del primer semestre del año 2017, quitando apoyo a los dirigentes más radicales.

La posible convocatoria a elecciones presidenciales queda a manos de la Asamblea Nacional Constituyente y a los diálogos que el chavismo sostiene con la oposición en República Dominicana. Los retos del antichavismo siguen siendo consolidar un liderazgo sólido y unitario, alcanzar mayores niveles de cohesión táctica y estratégica y, por otro lado, erigirse como una fuerza alternativa real, con proyecto de país. Su única fortaleza real es una base social con gran descontento económico.

El análisis de las declaraciones cruzadas entre voceros de oposición da cuenta de los niveles de tensión interna entre sus propios dirigentes, lo cual suma más a la división y dispersión a la oposición.

Para Jesús Seguías (Presidente de Datincorp): “Desde el 7 de diciembre de 2015, un día después de la victoria parlamentaria, la oposición cometió el error de darle una lectura errada a esa victoria, no entendiendo que hubo un millón de chavistas que votaron por ellos para darle esa gran mayoría de 112 diputados. La equivocación estuvo en creer que con esa victoria parlamentaria ya existían las condiciones para desplazar al Presidente y al chavismo del poder y se le creó en la población la falsa expectativa de que salir de Maduro ya era un hecho; que saldría en seis meses. Esto es no saber a cuál enemigo estabas enfrentando y no conectarse con la agenda del país. La agenda de los venezolanos era parar de sufrir, el tema económico, el tema de la salud, el abastecimiento, el alto costo de la vida, la inflación”.

Mientras los políticos de oposición, cuatro o cinco factores, no entiendan que no pueden subestimar la capacidad de organización y movilización del actor gobierno, mientras sigan desvalorizando el chavismo como movimiento que llegó para quedarse en la arena política venezolana, mientras no superen su visión parcelada y particularista de la estrategia y la táctica política, las ventajas estarán del lado del actor gobierno, y tendrán que negociar en condiciones de desventaja.

De modo, que es sólo la oposición la que debe desentrañar la naturaleza del laberinto donde se encuentran, pues no será ni la OEA ni EEUU ni los factores internacionales los que podrán sacarla de sus propios errores y autoengaños.

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