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Venezuela, Cuba :: 06/01/2026

32 cubanos caídos por la solidaridad: Una agresión también contra Cuba

Raquel Mamani
Cuba paga con sangre la defensa de Venezuela frente al imperio.

La agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela, perpetrada hace pocos días, no se limitó a destruir infraestructuras ni a sembrar terror entre la población bolivariana. También se cobró la vida de 32 cubanos internacionalistas que se encontraban en Venezuela cumpliendo tareas de protección y defensa institucional, como parte de la histórica cooperación entre ambos pueblos. Son 32 vidas segadas por el imperialismo, 32 nombres que hoy interpelan a Nuestra América y al mundo.

El Gobierno revolucionario de Cuba confirmó que los fallecidos murieron en acciones combativas o como consecuencia directa de los bombardeos estadounidenses durante la operación destinada a capturar al presidente Nicolás Maduro. Entre ellos había efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, incluidos miembros de los servicios de inteligencia. No eran mercenarios ni invasores: eran solidarios, hijos de una revolución que ha hecho del internacionalismo un principio ético y político irrenunciable.

Desde Caracas, el Gobierno venezolano rindió homenaje a los caídos y subrayó que cumplían funciones acordadas soberanamente entre dos Estados agredidos durante décadas por el mismo enemigo. Treinta y dos muertes cubanas son muchísimas: no solo por el número, sino por lo que representan. Son la prueba del compromiso real de Cuba con los pueblos que han decidido vivir fuera de los designios de Washington.

La respuesta de la Casa Blanca ha sido tan cínica como amenazante. Donald Trump declaró que Cuba está “a punto de caer”, insinuando que, tras la captura de Maduro, La Habana quedaría aislada y vulnerable. A su lado, el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos y figura central del anticastrismo más rancio, empuja una agenda de venganza política contra la Revolución Cubana, disfrazada de cruzada ideológica.

Vivimos un momento de peligro extremo para los países que han apostado por mejorar la vida de sus pueblos sin someterse al imperialismo. El ataque contra Venezuela fue un ejercicio atroz de impunidad, pero también una agresión directa contra Cuba, que hoy llora a 32 de sus hijos y enfrenta nuevas amenazas. Defender su memoria es defender el derecho de los pueblos a la soberanía, a la solidaridad y a existir sin pedir permiso. Cuba no está sola. Venezuela no está sola. Y la sangre de estos internacionalistas no será olvidada.


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