50 años del 24 de marzo de 1976
A 50 años del golpe genocida que segó la vida de miles de hombres y mujeres, se impone un balance colectivo de lo sucedido y de las luchas de este medio siglo
El golpe que cambió nuestras vidas
Yo vengo del setenta, de esa raza
que se atrevió a vivir en rebeldía
y que quemó sus días como brasas
en el pagano altar de la utopía.
Juan Gelman: “Los setentistas”
¿Qué escribir de aquel fatídico 24 de marzo del 76, de lo que se dio en llamar en clave periodística “la noche más larga de nuestra historia”, cuando ya está casi todo escrito? ¿Cómo recordar a nuestros 30.000 desaparecidos cuando Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y los organismos de DDHH mantienen viva su Memoria, y elevan periódicamente las demandas de Verdad y Justicia? ¿Qué aportar a su caracterización cuando hay consenso en que fue un golpe cívico, militar, eclesiástico?
Aquel 24 de marzo confluyeron tres tendencias. La crisis mundial de los años 70, una elevación de la lucha de clases en el país como nunca antes habíamos conocido y la posibilidad cierta de que los trabajadores y el conjunto de las clases subalternas avanzaran hacia su autonomía social y su independencia política. La contrapartida fue que las clases dominantes se vieron en la necesidad de cortar ese ciclo de la lucha de clases que amenazaba su dominio y poner fin a las organizaciones revolucionarias. Los militares fueron el vehículo y la iglesia el barniz que pretendió legitimar todo, en busca del orden que exigían las clases altas y medias de la sociedad.
El cierre de la institucionalidad burguesa fue funcional al cambio que se verificaba en la situación mundial. Fue la condición necesaria para iniciar un proceso de larga duración que, emparentado con lo que sucedía en otras geografías sentó las bases para la brutal modificación de la estructura económico-social. Modificación que iniciada con la dictadura continuó bajo el menemismo y el macrismo. Ahora, bajo el gobierno Milei, asistimos a una nueva etapa, tal vez la definitiva.
Los gobiernos alfonsinista y kirchneristas fueron interregnos entre cada uno de esos episodios del modelo de valorización financiera. Consolidó la democracia y juzgó a los genocidas el primero, pero no avanzó sobre el poder económico que impulsó el golpe. Creó empleo y mejoró la distribución del ingreso el segundo, pero continuó con la subordinación del país al mercado mundial y no redujo demasiado las desigualdades. El gobierno Fernández/Fernández enfrentó positivamente la pandemia, pero terminó agravando todas las condiciones económico-sociales.
El golpe de hace medio siglo atrás dejó huellas profundas en nuestra sociedad y una herida que no cierra a pesar del paso de los años. Bajo el régimen de la democracia liberal, reinstalado luego de la derrota en la aventura de la guerra de Malvinas, y cuando los militares fueron obligados a retirarse sin honor alguno y bajo el repudio de la amplia mayoría de la sociedad, toda idea de transformación profunda de nuestra sociedad fue desterrada y reemplazada por la administración de la crisis.
Los grandes relatos, los que vinculaban el pasado con el presente e intentaban proyectar un futuro, superando el campo de lo posible para instalar un utopismo concreto, transformador, fue reemplazado por el “pensamiento débil”, que solo vive el presente sin expectativas ni esperanzas.
Es que esas huellas que persisten nos muestran, no solo transformaciones en las bases materiales de la sociedad y en su estructura de clases, sino también en lo ideológico. El tejido de solidaridades fue destruido y no se ha podido reconstruir plenamente hasta el presente. La fragmentación y la heterogeneidad, que se instalara desde aquellos tiempos, está siendo ahora profundizada, los sujetos sociales dejaron de serlo para ser “actores” que “interactúan” en un “escenario acotado” sin transgredir límites claros y precisos.
La sociedad de clases fue reemplazada por una sociedad de ciudadanos y ahora, bajo el gobierno Milei, simplemente por una sociedad de consumidores. La representación política está totalmente desvalorizada, los partidos tradicionales fracturados y hay un creciente desapego de la sociedad con el régimen de la democracia liberal.
En este contexto de democracia limitada y formal hay elementos de continuidad y de ruptura con aquel pasado tenebroso. Entre los primeros está que ninguno de los gobiernos que se sucedieron en estos años logró revertir la desigualdad social instalada y desterrar las bases materiales del proyecto económico de las clases dominantes. Más aún los grupos económicos que impulsaron la dictadura se consolidaron y hoy dominan el plano económico-financiero. Baste citar la vigencia de la Ley de Entidades Financieras del 77 y que ninguno de estos gobiernos se animó a suspender los pagos de la deuda, investigarla y actual en consecuencia. El gobierno Milei, como los anteriores, está sometido al FMI y busca resolver los vencimientos de la deuda con más deuda.
El Juicio a las Juntas y las Condenas por Crímenes de Lesa Humanidad están entre los segundos y tienen un carácter inédito en el mundo. Claro que esto no alcanzó a todos los militares participes del genocidio, que hay privilegios entre muchos de los juzgados y que los archivos siguen sin abrirse y quedan muchos nietos por recuperar. Sin embargo no dejan de ser triunfos populares de honda significación, aún con la Obediencia Debida y el Punto Final a cuestas.
Como también lo son los numerosos derechos adquiridos en estos años (Patria Potestad Compartida, Divorcio Vincular, Matrimonio Igualitario, Leyes de Igualdad y Violencia de Género, de Educación Sexual Integral, del Aborto Legal Seguro y Gratuito…) Todos derechos que no se consiguieron gratuitamente, que ahora están en peligro y que conviven con una fracción de la sociedad que no tiene derecho alguno producto precisamente de esa continuidad en lo económico. Las llamadas reformas estructurales aprobadas recientemente por el Congreso nacional, modifican regresivamente las relaciones capital trabajo, los resguardos ambientales, las penalidades a los menores…
A 50 años del golpe genocida que entenebreció nuestras vidas cotidianas, segando la de miles de hombres y mujeres, perpetrando crímenes horribles junto con el secuestro de bebés, se destaca la presencia sostenida y continuada de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y de los diversos y muy activos movimientos de DDHH, como las resistencias obreras y populares en defensa de las condiciones de vida, de los bienes comunes y de los derechos de las minorías.
Se impone un balance colectivo de lo sucedido y de las luchas de este medio siglo que hemos transitado. No un balance simplemente analítico sino para mirar el futuro y construir un proyecto político rupturista, emancipador, socialista e internacionalista, que contemple las dimensiones ecologista, feminista, antirracista y la paz en el mundo.
Una paz más necesaria que nunca cuando los acuerdos internacionales alcanzados a la salida de la II GM están siendo desmantelados por la misma potencia que los impuso y las guerras han regresado al centro de la escena internacional. Tanto por la confrontación ruso-ucraniana como porque EEUU e Israel han lanzado una nueva agresión militar no provocada en gran escala contra Irán y el Líbano, mientras continúa el genocidio en Gaza contra el pueblo palestino y la anexión de Cisjordania.
El mundo parece ir reorganizándose en un complejo armado donde cada potencia controlaría su zona de influencia, pero esto más que un nuevo orden podría ser un gran desorden en el que las tendencias a una nueva guerra mundial se adueñarían del tablero político mundial.
Este nuevo 24 de marzo la movilización volverá a ser masiva. Una vez más se ejercitará la Memoria colectiva y se reclamará Verdad y Justicia, “Que digan donde están” y por los nietos que falta recuperar.
Se denunciaran las injusticias del modelo económico actual, la subordinación al imperialismo y las tendencias a la guerra. Será también, como una obligación necesaria, el homenaje a nuestros caídos, a nuestros presos y torturados, a nuestros desaparecidos que hace 50 años, como dice el poeta “Quemaron sus días como brasas /en el pagano altar de la utopía”.
huelladelsur.ar. Extractado por lahaine.org.







