50 años del Golpe: ¿Por qué y de dónde salió el número 30.000?
El número de 30.000 desparecidos en la dictadura de 1976 es muy serio y está basado en fuentes, testimonios, investigaciones y datos que entregaron los mismos militares por esos años
Lo primero que hay que saber relacionado a este tema es que si no hay un número exacto sobre la cantidad de desaparecidos en Argentina, es porque todo lo que hizo la dictadura fue clandestino. Nunca abrieron los archivos, siempre trabaron cualquier intento de avanzar e hicieron un "pacto de silencio".
El número 30.000 es muy serio y está basado en fuentes, testimonios, investigaciones y datos. Surgió por primera vez entre los organismos de DDHH y se hizo público en septiembre de 1983, durante la Tercera Marcha de la Resistencia. Un grupo de artistas organizaron en la movilización un Siletuazo en el que organizaron la puesta en escena de 30.000 afiches con siluetas representando a los desaparecidos. En momentos en que la dictadura estaba en retirada, el impacto fue enorme.
¿Cómo se llegó a la cifra?
Un informe de inteligencia hecho para EEUU, quién claramente tenía buena información, contabilizaba entre 1975 y 1978 el número de 22.000 personas, entre asesinadas y desaparecidas. El dato sale del ejército, del Batallón de Inteligencia 601 (no confundir con el Grupo de Artillería de Defensa Aérea (GADA) 601, con sede en Mar del Plata). Hay que tener en cuenta que recién habían pasado dos años de dictadura (todavía faltaban cinco) y ya se hablaba de ese número.
Otro informe es el de Rodolfo Walsh. En su Carta Abierta decía que había 15.000 víctimas. Lo fueron a buscar y lo desaparecieron. Sus fuentes eran los informes de inteligencia de Montoneros, denuncias que llegaban a través de ANCLA (la agencia de noticias clandestina que dirigía) e investigaciones de Horacio Verbitsky.
También están los datos de la Conadep (la Comisión Nacional de Desaparición de Personas). Muchas veces se usan para decir que no hubo 30.000 porque el listado solo cuenta con 8.961, víctimas pero esto es falso.
El propio organismo dice que es una lista abierta, armada sobre denuncias que llegaron pero hay muchísimos casos que no fueron denunciados por miedo, o porque no tenían familiares, por amenazas o por reservas. Muchos veces en provincias del interior no tenían idea de dónde ir denunciar. De hecho en los juicios de Lesa Humanidad surgieron más nombres.
El número 30.000 es un número abierto en el sentido que incluso podrían ser muchos más. Pero el argumento supuestamente "humanista" de: "no importa el número si eran 4 mil o 30 mil" es falso. No se puede rebajar la cifra, pierde seriedad. Cada desaparecido tiene una historia detrás.
El número 30.000 también es de exigencia al Estado argentino, que es quién tiene que dar explicaciones y decir cuántas víctimas causó el régimen. Hay sobradas muestras de su responsabilidad en el armado y diseño del plan represivo que se extendió en todo el país con la dictadura, a pedido de los grandes empresarios que querían terminar con toda una generación de luchadores y militantes.
Se instalaron Centros de Detención Clandestina (CCD, o campos de concentración) en todas las provincias. Eran centros ilegales por donde pasaron miles y miles de personas detenidas, donde fueron torturadas y muchas otras desaparecidas.
En 1984 ya se hablaba de 365 centros clandestinos. Hoy se sabe que funcionaron en el país más de 800. En escuelas, fábricas, dependencias policiales y militares. Incluso hoy en día se siguen identificando cuerpos.
Con sumar solo 40 personas que hayan pasado por cada centro clandestino, dato ridículo por lo que ahora se sabe, da más de 30.000.
Solo por la ESMA pasaron 5.000 personas de las que sobrevivieron alrededor de 100. En Campo de Mayo otras 5.000 y sobrevivieron solo 43.
Si seguimos hablando de números hay investigadores, como el sociológo Emilio Crezel, que sostienen que al número de desaparecidos tenemos que sumar a muchas otras personas que también fueron víctimas en algún momento de desaparición forzada: los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención y los presos políticos que pasaron inicialmente por algún centro clandestino. Con nuevos argumentos para determinar, el número podría ser mucho más alto.
Esto sin contar a todos los que tuvieron que exiliarse; y a los familiares y amigos de las víctimas, que también padecieron el horror.
La cifra no es simbólica, indica verdades: la condición de desaparecido, la clandestinidad de todo el plan y también es una exigencia al estado: que diga dónde están. Si hoy los negacionistas quieren discutir la cifra es porque como dice Myriam Bregman: "están dispuestos a hacerlo de nuevo".
Los que niegan el numero también niegan que fue un genocidio, pero las pruebas hablan por si solas.
laizquierdadiario.com / lahaine.org







