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Colombia :: 06/01/2006

Acerca del Plan de Ordenamiento Territorial: Los sonidos del silencio

Cristóbal
Plan de Ordenamiento Territorial, de la minoría para la minoría, que pretende hacer de Bogotá su fortaleza. Y los de abajo preparándose silenciosamente, en forma clandestina, para asumir el sagrado derecho a la defensa y el sagrado deber de construir esperanza

Cuando funcionarios estatales se pronuncian sobre la necesidad de "blindar a Bogotá" y ejecutar la "operación candado", se refieren a un anillo militar para la capital. Y eso es cierto. Pero anillo militar, acompañado de medidas en otros campos, contempladas también en el denominado Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

El POT, rige con base en la ley 388 de 1.997 y lo adopta el Distrito mediante el decreto 619 del 28 de junio de 2.000. Objetivos: Planear ordenamiento territorial distrital en un horizonte de largo plazo, con el fin de aumentar competitividad y productividad general y sectorial con responsabilidad fiscal. El mayor impacto, según los documentos, se sustenta en la priorización de proyectos y en planes de desarrollo socio-económico de los próximos tres periodos de la Administración Distrital. Es decir, administraciones amarradas al POT, por lo que quienes hacen promesas en campaña, como aquella de rebajar tarifas de acueducto, por ejemplo, simplemente le mienten a los electores, pues crean falsas expectativas a fin de recoger votos. Y si al hacerlo obran por desconocimiento, peor. Porque además de mentirosos hablan de lo que no saben y entonces juegan con el deseo de cambio que palpita en la mayoría de la gente. ¡Canallas!

Las normas mencionadas conciben al Distrito Capital como NODO PRINCIPAL de una red de ciudades con las que tiene relación física y virtual a nivel nacional e internacional. Más parecen expresiones robadas del "Show de las Estrellas". Pero los elaboradores del plan aseguran pasar a un modelo abierto de ordenamiento territorial, con el fin de mejorar seguridad alimentaria, seguridad ciudadana y sostenibilidad económica y ambiental de largo plazo. De ahí se desprende la decisión de vincular la Planeación Distrital al Sistema de Planeación Regional (Hacia la Construcción Compartida de la Región Bogotá-Cundinamarca ), para controlar expansión urbana en Bogotá y su periferia, adelantar desconcentración urbana, detener procesos de conurbación y expansión sobre estructura ecológica, especialmente sistema hídrico y orográfico, así como sobre zonas rurales. Para cumplir con estos objetivos, establecen controlar uso y mercado del suelo - lo cual explica la preocupación de Sarmiento Angulo por la ciudad -, distribuir la presión migratoria mediante la promoción de otros centros urbanos (municipios vecinos) y fortalecer seguridad ciudadana. Palabrerío confuso para cubrir o envolver aquello que realmente los mueve: Sacar la gente pobre de la ciudad. ¡Canallas!

¡Claro, no a todos! Hay que aprovechar la aglomeración -dicen-, sin superar los límites de las economías de escala. Quieren decir, mantener reserva de desempleados que sostenga bajos salarios y eleve el margen de la ganancia. El ser humano pobre cosificado y en función de los intereses económicos de los pocos que tienen. A eso llaman aumentar competitividad y productividad. No conocen el humanismo. Son utilitaristas. ¡Canallas!

En ese modelo de ciudad, se inscribe el PLAN CENTRO. Bogotá, la ciudad abierta y competitiva. Centro especializado de oferta de bienes y servicios, con ventajas competitivas y comparativas derivadas de su localización estratégica, para posicionarla en el mercado internacional. Bogotá, con desarrollo financiero, tecnológico y científico, capital humano calificado y disponibilidad de información acerca del mercado. Bogotá, centro de negocios. ¿Bogotá para quiénes? ¡Bogotá para quienes lo tienen todo y quieren más! Bogotá para la miseria espiritual que nace de criterios rentísticos. Nada sobre mejoramiento de condiciones de vida de los humildes. ¡Canallas!

Y posan de ecologistas. Detener la expansión sobre la estructura ecológica, significa expulsar más de 500.000 campesinos de la localidad 20 del Distrito Capital - Sumapaz -, sin ofrecerles alternativa digna. Despojar a humildes parceleros (propietarios de 1-2 fanegadas), so pretexto de defender el sistema hídrico. ¿Expulsar población y establecer batallones de alta montaña es proyecto ecológico? Alguna vez, en un programa radial de opinión, un especialista invitado expuso sobre qué hacer para cuidar las aguas. Varios oyentes llamaron: uno, dio a conocer que en casa reciclaban el agua de la lavadora; otro, que controlaban el tiempo en la ducha; otros, cosas similares. El especialista saludó las medidas caseras, pero aseguró que a lo sumo contribuyen a controlar el costo del servicio de acueducto y no precisamente a proteger las aguas. Que un enemigo del agua es el hambre, pues obliga a muchos colombianos a producir comida en alturas superiores a 3.000 metros sobre el nivel del mar. ¡Una proeza! Que otro gran enemigo de las aguas es la estructura de tenencia de la tierra, porque la tierra cultivable está en manos de quienes no la trabajan. ¡La irracionalidad capitalista! Eso sucede, por ejemplo, con las tierras de la sabana, en las que se observan únicamente cultivos de flores, de los que resultan contaminación de suelos y aguas, sobreexplotación de trabajadores, enfermedades y miseria. ¿Y quién come flores? Pero de eso no hace mención alguna el POT ¡Canallas!

Plan de Ordenamiento Territorial con responsabilidad fiscal. ¡Desde luego! Quien quiera obras que las pague. Vía valorización, aumento del impuesto predial y otros gravámenes. Al fin y al cabo el Estado sólo tiene recursos para la guerra. ¿Por qué distraer, entonces, presupuestos en pequeñeces de orden social? ¡Canallas!

Plan de Ordenamiento Territorial, de la minoría para la minoría, que pretende hacer de Bogotá su fortaleza. De quienes desde arriba siempre deciden, para seguir enriqueciéndose desde el Estado, sin que los de abajo estorben. Y están abajo las grandes mayorías, los desposeídos, quienes jamás han sido escuchados, los excluidos de siempre. Preparándose silenciosamente, en forma clandestina, para asumir el sagrado derecho a la defensa y el sagrado deber de construir esperanza. Los de abajo, preparando sonar de trompetas y clarines para cambiarle el rumbo a la ciudad y al país.

 

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