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Asia :: 11/07/2005

Afganistán: narco-colonia yanqui

Un Mundo que ganar
30 de mayo de 2005. Servicio Noticioso Un Mundo Que Ganar. A continuación un artículo abreviado del número 5 de marzo de 2005 de Sholeh, órgano del Partido Comunista de Afganistán (Maoísta).

Tras invadir e imponer el gobierno títere de Hamid Karzai, Estados Unidos y los aliados anunciaron la primera prioridad: eliminar el narcotráfico. En los últimos tres años, han jactado de su campaña para eliminar el opio. Supuestamente, gastaron cien millones de dólares para la campaña. No obstante, la producción y el tráfico de alcaloides han subido.

Según fuentes informadas en el país y la prensa internacional, Afganistán aún es el productor número uno del mundo de alcaloides. Por ejemplo, en 2005 la cantidad de hectáreas bajo cultivo de amapola aumentó en un 60% en comparación con 2004. Ahora se cultiva la amapola, de la cual se derivan el opio y la heroína, en lugares donde nunca se ha hecho antes. El valor global del opio producido en el país sumará 24 mil millones de dólares en 2005: tres mil millones para los afganistaníes y 21 mil millones para las organizaciones de crimen internacionales.

Los talibanes hicieron que la economía dependiera totalmente de las drogas aumentando el narcotráfico. El talibán Amir Mullah Mohamad describió el opio como la bomba atómica del país. Aunque en los últimos meses del Talibán en cierta medida la producción de opio bajó, tras el colapso del Talibán disparó. En el apogeo de la producción de opio durante el Talibán, alcanzó tres mil toneladas. Tras el ascenso de Karzai al Poder, saltó de 3,5 mil toneladas en el primer año a cuatro mil en el segundo y cinco mil en el tercero.

Unos días después de anunciar su elección a la presidencia, Karzai llamó a librar una "jihad’ contra los estupefacientes, pues el combate a la producción y el tráfico de drogas era más importante que la "guerra contra el terrorismo". El consejo de mullas del gobierno lanzó un decreto para boicotear la producción y el tráfico del opio y lo calificó como acto de "infieles".

Pese a la propaganda, el Washington Post, a partir de informaciones de diplomáticos occidentales, sobre todo europeos, reveló que algunos poderosos peces gordos del gobierno afgano tiene fuertes lazos con el cultivo de amapola y que mientras que esos hombres fuertes sigan el gobierno, fracasarán los programas de combate a las drogas. El gobierno títere respondió convocando una reunión de emergencia de todos los ministros del gabinete y vicepresidentes. Lanzaron un comunicado que dice que el artículo del Washington Post no tiene fundamento ni pruebas y que es irresponsable, y que su gobierno lucha contra el narcotráfico con todos los poderes a su disposición.

Una semana después del comunicado, el Ministerio del Interior lanzó una declaración que apoyaba el artículo, admitió que la campaña de combate a las drogas fracasó porque algunos funcionarios del gobierno tienen lazos con los narcotraficantes, que se utilizan extensamente recursos del gobierno en el cultivo de amapola y que las autoridades trastornan y bloquean las actividades de la policía. No se celebró ninguna reunión del gabinete para refutar al Ministerio del Interior ni se lanzó ninguna contra-declaración. No obstante, Karzai repitió el lema de la "jihad’ contra el narcotráfico.

Para lanzar tal "guerra santa", Karzai creó una nueva cartera del gabinete: el "Ministerio de Combate a las Drogas". Bueno, se supone que tal ministerio aborde el problema de las drogas en el país. ¿Cómo? ¿Combatirá la producción y el tráfico de drogas, o los hará más lucrativos? Analicemos la situación del gobierno y de sus amos, los imperialistas ocupantes.

Las provincias de Helmand, Urozgan, Qanghar y Nangarhar desde hace tiempo han sido las principales zonas de cultivo de amapola. El gobernador de Helmand es miembro de la familia Akhoundzada, señores de la guerra de larga trayectoria que han controlado la provincia desde la guerra contra la invasión soviética y que ahora apoyan a Karzai. El gobernador de Nangarhar es hermano de Haji Ghadir, un vicepresidente bajo Karzai que mordió el polvo hace un par de años. La familia heredó el control de la producción y compraventa de opio en la provincia. En las provincias de Qandhar y Urozgan, el hermano de Karzai es el mayor traficante de opio y heroína y con los ingresos de eso se ha convertido en mayor terrateniente de la región. El gobernador de la provincia de Ghazni tiene relaciones muy estrechas con Karzai y todo mundo lo conoce como "el hombre de Karzai". Controla la principal red de transporte de la compraventa de opio y heroína y la principal carretera entre Kabul y Qandahar, sobre todo la parte que va de la capital a Ghalat, una ciudad de la provincia de Zabul en el sur del país.

El gobernador de Bamian (una provincia de mayoría hazara en el centro del país) es un líder del Partido de Unidad Islámica. Creó una enorme fuerza de tarea que puso a uno de sus familiares a la cabeza de los grupos militares que controlan el camino que vincula Bamian con el norte del país, lo que asegura la protección de los cargamentos de droga por ese camino. Este tipo se ha convertido en uno de los más ricos de la zona de Hezarahat. En Ghataghan y Badakhshan en el norte del país, las pandillas vinculadas con los partidos Jamiat-e-Islami y Shoraye Nezar (ambos integrantes de la Alianza del Norte) controlan la producción y compraventa de drogas. Las pandillas tienen lazos con unos viejos señores de la guerra reciclados como políticos, Marshal Qassim Fahim, Yunes Qanooni y el ministro del Exterior de Karzai, Abdullah Abdullah. Por medio de Ahmad Zia Massoud (el principal vicepresidente de Karzai y hermano del difunto Ahmad Shad Massoud), tienen relaciones con el propio Karzai. El gobernador de Balkh, en el norte del país, un veterano de Jamiat-e-Islami, tiene relaciones similares. Antes participó en la lucha por el control de las drogas con uno de los comandantes nombrados por Karzai, pero por ahora tiene estrechas relaciones con Karzai y trabajó con Ahmad Zia Massoud para asegurar la elección de Karzai a la presidencia.

En una palabra, una cadena de redes de producción y contrabando de alcaloides abarca desde el palacio presidencial hasta los niveles inferiores de las autoridades civiles y militares. Las redes tienen contacto constante con el Hotel Centro Intercontinental en Kabul, un cuartel general de seguridad controlado por generales estadounidenses. Los grupos de seguridad privados de Estados Unidos y Afganistán tienen mucho que ver con el transporte de los estupefacientes. Y la ciudadanía lo sabe, pues esa información circula a diario en la calle.

¿Por qué un gobierno, que es el principal controlador de la producción y compraventa de alcaloides, declara una "guerra santa contra las drogas" y crea un "Ministerio de Combate a las Drogas"? ¿Por qué hacen tanto escándalo las potencias occidentales, sobre todo Estados Unidos, sobre las drogas pero no hacen nada en los hechos? ¿Tienen los actuales cacareos del gobierno sobre las drogas algo de serio o son solamente propaganda?

Hoy día, la producción y compraventa de estupefacientes es uno de los sectores más lucrativos del mercado mundial. El narcotráfico rinde cientos de miles de millones de dólares y ganancias de decenas de miles de millones. Como otros sectores del mercado mundial, lo controla y lo dirige la oligarquía del capital financiero imperialista, es decir, los monopolios. No obstante, el carácter de la producción y compraventa de drogas es muy especial: es "ilegal". De ahí, las enormes ganancias. Si no fuera ilegal, no habría diferencia entre el cultivo de trigo o maíz y vender opio. Por eso, para conservar su gigantesca rentabilidad, es necesario y muy importante que el narcotráfico siga siendo ilegal.

En los últimos tres años, en términos prácticos si no formales se ha despenalizado el cultivo de amapola. La producción de opio aumentó mil toneladas este año. La inundación del mercado ha cambiado fuertemente la relación entre la oferta y la demanda en el mercado mundial. Para contrarrestar la caída del precio del opio, es necesario tomar medidas enérgicas. Por ejemplo, la declaración de una "guerra santa" contra el narcotráfico. Sin esas medidas, el precio seguirá cayendo y causará pérdidas de miles de millones de dólares para el capital imperialista en los próximos años. O sea, la "guerra santa" contra las drogas obedece a los intereses del capital imperialista.

La "guerra santa" de Karzai contra las drogas es similar a la fatwah o decreto religioso que lanzó el líder talibán Mulla Omar que prohibió el cultivo de amapola. En ese entonces, el precio del opio también había caído fuertemente, y miles de toneladas de opio se acumulaban en el campo. Si no se redujera la producción de opio, el futuro cultivo de amapola y el opio ya refinado habrían perdido más "valor", de miles de millones de dólares. La reimposición de la ilegalidad de las drogas limitará el cultivo de amapola y la producción de heroína en Afganistán, y al mismo tiempo afianzará su enorme rentabilidad y concentrará el control aún más en las manos de los ocupantes y del gobierno títere. Un objetivo del plan es cortarle la mano a las fuerzas talibanes y de Al Qaeda que participan en el narcotráfico y asegurar que los funcionarios del gobierno títere lo monopolicen. Aparte de apoyar esta dinámica, los ocupantes, sobre todo los imperialistas estadounidenses, la planearon y sus soldados la imponen.

 

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