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20/03/2019 :: Mundo

Argelia: una dinámica de crisis prerrevolucionaria

x Adel Abderrazak
El movimiento del 22 de febrero, ampliado por las manifestaciones del 1 y especialmente del 8 de marzo, constituye una ruptura

... con un período de desencanto y pesimismo de los movimientos sociales, del mundo del trabajo, la intelectualidad y las fuerzas vivas de la sociedad argelina, como los jóvenes y las mujeres. Un nuevo abanico de posibilidades se abre y se hace posible la ruptura con un régimen político autoritario, depredador y caciquil.

Una inflexión

Desde octubre de 1988 hemos acumulado derrotas políticas. Derrota ante el islamismo que entre 1988 y 1993 ha sabido rentabilizar la radicalidad social emergente en la sociedad, la de los pobres y los trabajadores, utilizando un populismo religioso acentuado e insolencia contra el poder admirado. El resultado fue un retroceso de las fuerzas democráticas y de izquierda laminadas después por la década negra, en la que los islamistas van a declarar la guerra al gobierno, pero también a la militancia política anti-islamista, especialmente contra los intelectuales, los sindicalistas y las mujeres.

Derrota también frente a un sistema político que ha ganado "credibilidad" un tiempo jugando al perdón y la reconciliación nacional, aprovechando la bonanza de la renta petrólera para construir dos millones de viviendas y el gran proyecto de la autovía este-oeste, además de mega-infraestructuras en el país. Así Buteflika, surgido de las cenizas de una Argelia achicharrada, arruinada, jugará a ser el hombre providencial y engañar a parte de la población. Mientras tanto, su régimen ha incrementado los ataques contra las libertades democráticas, bloquea el campo político y asociativo, ha hecho de la corrupción un elemento sistémico y aplican a voluntad políticas en línea con la globalización neoliberal.

Estas derrotas no han roto las luchas, pero han situado a las fuerzas sociales y al mundo del trabajo a la defensiva. Desde esta perspectiva, el movimiento popular iniciado el 22 de febrero ha sido un punto de inflexión, una ruptura. Cambia el equilibrio de fuerzas y libera las luchas y la acción popular contra el régimen político pro-neoliberal, corrupto y antidemocrático.

Magia popular

Este movimiento comenzó con una acción casi moral, denunciando la inmoralidad del clan presidencial de presentar a un presidente envejecido, enfermo, lisiado y sin palabra desde 2013. Rápidamente, el movimiento tomó una dimensión popular, nacional y una diversidad inimaginable. La manifestación del 8 de marzo fue el pináculo de esta magia popular donde la fraternidad, la presencia masiva de las mujeres, el civismo de los jóvenes y también las consignas políticas llenas de humor han marcados el 8 de marzo. Es especialmente una gran manifestación por el número y su colorido, ¡la mayor desde la independencia!

La característica de este movimiento es la participación de las fuerzas sociales, de las redes de activistas jóvenes, de las mujeres e incluso de las familias, los estudiantes y sus profesores, de los comerciantes, que han respondido bien a la convocatoria de huelga general e incluso de los empresarios que tienen cuentas pendientes con el clan Buteflika y la forma selectiva con la que ha distribuido los ingresos del petróleo durante su reinado de 20 años. La clase obrera, aunque está presente en las protestas, no ha reaccionado más que al principio del movimiento en algunas ciudades y algunas empresas. La UGTA, demasiado pegado a Buteflika a través de su Secretario General Sidi Said, hizo todo lo posible para evitar una participación sindical y de los trabajadores, apoyándose en una burocracia arribista verticalista y corrupta. Los sindicatos independientes, todavía poco presentes en las empresas, no tienen la representatividad que les permitiría cambiar el curso de las cosas.

Dicho esto, tras el 1 de marzo, las empresas comienzan a participar en el movimiento e iniciar huelgas y sentadas, siguiendo el ejemplo de los trabajadores portuarios, de las filiales de Sonelgaz, e incluso algunas administraciones públicas como la CNAS (la seguridad social) o los trabajadores universitarios. Sigue siendo un movimiento fragmentado en la medida que las mayores empresas industriales que concentran la mayor parte de los trabajadores manuales no se han movido, como El Hadjar en Annaba, la zona industrial de Rouiba (Argel) y los trabajadores de Sonatrach en el Sur. Esto representa cientos de miles de trabajadores y sectores estratégicos y determinantes en la configuración de la clase trabajadora de Argelia. La convergencia de los trabajadores con este movimiento de protesta popular, a través de la huelga general en concreto, podría cambiar el equilibrio del poder muy rápidamente y fomentar el final del régimen, la auto-organización y la implementación de una transición bajo control obrero y popular.

Las maniobras maquiavélicas del poder

El anuncio el lunes por la tarde de la retirada de la candidatura de Bouteflika para un quinto mandato y el aplazamiento de las elecciones, acompañado de un cambio de gobierno y una conferencia nacional deben asegurar la transición hacia una "nueva república", ha sido percibido por argelinos como un perjuro, un escenario perverso para dar tiempo a una fórmula que garantice un cambio sin dolor para el clan presidencial y la burguesía oligárquica que la protagonicen.

A pesar de que el retroceso del clan gobernante es real y que el movimiento popular ha tenido su primera victoria simbólica, que refleja que es en las luchas donde se pueden cuestionar las líneas de un régimen opaco, la trampa del régimen, que utiliza todos los trucos para apaciguar la ira popular, ya es percibida así por aquellos que, a través de las redes sociales, juegan el papel de actores y líderes de este movimiento. La clase política y la oposición, cuestionada desde el comienzo por este movimiento, también rechaza este escenario Buteflika.

Desde esta perspectiva, la manifestación del viernes 15 de marzo será clave para que aparezca una mayor determinación o será el comienzo de un reflujo del movimiento popular. Si las maniobras maquiavélicas del poder son reales, la inventiva del movimiento popular y su radicalidad auguran una dinámica de crisis prerrevolucionaria que, sin duda, llevará tiempo, pero que apunta a una nueva Argelia, la que da la espalda a los dictados de los depredadores y oligarcas mafiosos.

* Adel Abderrazak fue portavoz del sindicato de estudiantes universitarios.
npa2009.org. Traducción: G. Busterpara Sinpermiso. Extractado por La Haine.

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