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29/03/2017 :: Argentina

Argentina: La calle, no calla

x Guillermo Cieza
Lxs trabajadorxs que asombraron al mundo con su temprana organización sindical y sus luchas memorables han vuelto a hacerse presentes desnudando a la dirigencia

Los fósforos se están haciendo fogatas. Y los cegeturros están tirando agua sobre el incendio. Y la calle no calla, la calle de las venas abiertas. Y en vez de hablar de revolución, hablamos de la vuelta de Obligado. El progresismo parece un Che envejecido, o aquel Perón teñido con la sangre de nuestros compañeros.
Norman Briski. “Mientras tanto”

Bienvenida la lucha de clases

Primero las cifras. Se estima que en la movilización convocada por la CGT el 7 de marzo, que pasará a la historia nacional como la de “poné la fecha…”, concurrieron alrededor de 400.000 personas. Es difícil calcular lo que movilizó el paro de mujeres del 8 de marzo, porque si la concentración no fue tan masiva en Buenos Aires, hubo concentraciones en todas las ciudades del país, y aún en los pueblos pequeños. Arriesgo, no menos de 500.000.

La marcha de estatales, docentes, judiciales y médicos realizada en La Plata el 16 de marzo convocó alrededor de setenta mil personas.

En la marcha Federal del 22 de marzo [de los docentes] la concurrencia se estima en 400.000 personas. En la movilización del 24 de marzo se movilizaron solo en Buenos Aires alrededor de 600.000 personas. Hubo marchas en las distintas capitales del país por lo que no es arriesgado calcular que ese día se movilizaron alrededor de un millón de personas.

Sumando lo más grueso, porque seguro se nos escapan movilizaciones más pequeñas, puede asegurarse que entre el 7 y el 24 de marzo, 17 días, estuvieron movilizados no menos de 2 millones trescientas mil personas.

Es difícil encontrar estas cifras de movilización callejera en la historia argentina, donde nos fuimos acostumbrando que lo” masivo” eran 100.000 personas, o menos. Y podemos recordar que la más masiva movilización convocada por organismos de derechos humanos ocurrió cuando Menem dio los indultos a los genocidas y se concentraron 200.000 personas. Bienvenida la lucha de clases.

Los incómodos

La lucha de clases ha llegado para incomodar al proyecto del PRO [de Macri] que ya demasiados problemas tenía con las torpezas del presidente y su equipo de niños bien sin experiencia política, la vocación saqueadora de las empresas que pusieron los ministros, las dificultades del ciclo económico internacional y las decisiones del ogro Trump de reducir los tratados de colaboración con los gobiernos amigos de EEUU.

Pero a decir verdad, Macri no ha sido el único incomodado.

Hubo un importante sector de la dirigencia política y social que apostó a que pasaba el ajuste sin resistencia y que solo quedaba negociar, manteniendo espacios en el Estado, manteniéndose al margen de las luchas políticas, o acumulando recursos, esperando tiempos mas favorables.

Empezando por las claudicaciones más severas, hubo numerosos funcionarios peronistas y kirchneristas que continuaron en el gobierno. Los casos más representativos fueron Lino Barañao y Telerman, pero hay muchos otros, menos conocidos, que se quedaron atornillados a los sillones para “defender los espacios conquistados”.

Los dirigentes de la CGT, convencidos también de que el ajuste pasaba sin grandes novedades, quedaron expuestos en la concentración del 7 de marzo al malhumor de las bases sometidas a tarifazos, suspensiones y despidos.

Lo ocurrido con la fuga masiva del Frente para la Victoria es también representativo de esta voluntad “de desensillar hasta que aclare”. No se trató solamente de despegar de la ex presidenta Cristina Fernández, sometida al fuego graneado del gobierno y el aparato mediático, sino de reducir el enfrentamiento con el gobierno a límites exiguos, coincidiendo con la convocatoria de Sergio Massa de no apostar al fracaso de la gestión Macri. No confrontar sino más bien proponer medidas correctivas para que “al país le vaya bien”

Para dar cuenta de esa claudicación no hay más que llevar el registro de lo que se votó en el último año en las Cámaras Legislativas Nacionales y Provinciales. Hay que repasar, por ejemplo, qué voto el legislador del Movimiento Evita, Juan Manuel Abad Medina, en la Cámara de Senadores.

Asumida de antemano la derrota, hubo otros espacios de refugio. Resistir debajo de la sotana del papa Francisco I fue una opción a la que adhirieron no pocos movimientos políticos y sociales, entrando en contradicción con sus propias compañeras que forman parte del potente movimiento de mujeres argentinas, un espacio en crecimiento permanente, cuyo impacto ya ha superado los límites nacionales, y que mantiene vieja cuentas pendientes con Bergoglio.

Cuando se agrava el deterioro del proyecto del PRO, empieza a presentarse un escenario que alguna vez pronosticamos. No habrá segundo mandato y existe una alta posibilidad de que la sucesión quede en manos del Justicialismo en cualquiera de sus variantes (desde Massa a los K), con el condimento de que la agudización de la lucha de clases mejora las chances de Cristina. No porque la ex presidenta tenga diferencia de proyectos con los que en enero de 2016 decidieron dejar de ser K, sino porque acorralada por las denuncias y los juicios, no tiene otra opción que resistir y oponerse frontalmente al gobierno de Macri.

En ese cambio de escenario no hay demasiadas novedades entre quienes prescinden en sus análisis de la existencia de la lucha de clases. Apenas podemos registrar que para algunos ser funcionario macrista ha empezado a resultar molesto, que los massistas han subido el tono de sus críticas al gobierno y que otros han advertido que estar debajo de las polleras de Cristina ha empezado a ser mas atractivo que estar debajo de las de Bergoglio. Quizás lo mas importante a resaltar es que el gran aparato mediático de la derecha está desplazando sus preocupaciones y parece ahora más atento a blindar la sucesión del PRO (lo que va a venir después), que blindar al propio gobierno. Se están ocupando de promocionar a los futuros gobernantes, dirigentes sindicales y sociales. El incidente ocurrido entre el Presidente y Mirta Legrand es representativo de esos cambios.

Fogatas

La brisa refrescante de la lucha de clases ha animado algunos fueguitos dados por extintos.

Hemos comenzado este artículo con una frase de Norman Briski, representativo de una generación setentista que no compró los relatos del progresismo y se esforzó por conservar la memoria de que los compañeros desaparecidos luchaban por el socialismo. Venidos desde tiempos mas lejanos de la historia, aumenta el número de originarios que se reconocen en su identidad mapuche, guaraní, tobas o calchaquíes, reclaman territorios ancestrales y se oponen al saqueo de los bienes naturales.

Los trabajadores que asombraron al mundo con su temprana organización sindical, y sus luchas memorables, los que hicieron el 17 de octubre de 1945 y fueron el sostén del gigante invertebrado y miope, los que alumbraron los Cordobazos y las interfabriles, los que lucharon contra la dictadura y resistieron las privatizaciones de Menem han vuelto a hacerse presentes defendiendo sus fuentes de trabajo y sus salarios, desnudando a una dirigencia de la CGT que ni siquiera ladra, apenas maúlla. Los movimientos territoriales que protagonizaron las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, y que pudieron transformar en bandera de lucha la masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002, han vuelto a los puentes y las rutas.

¿Será posible que podamos construir un proyecto político que exprese la voluntad inclaudicable de nuestro pueblo de resistir?

¿Serra posible que podamos desmarcarnos definitivamente de los reacomodos y las piruetas de los saltimbanquis que desde hace años nos vienen gobernando o se autotitulan nuestros representantes? ¿Seremos capaces de retomar la sana costumbre de elegir nuestros propios dirigentes, construir nuestros propios programas y agendas de luchas? ¿Seremos capaces de tomar el ejemplo de nuestras compañeras, que decidieron promover un paro nacional sin pedir permiso?

¿Seremos capaces de distinguir que a la necesaria unidad para luchar contra Macri, debe agregarse la imprescindible unidad de los que queremos un proyecto de país con horizonte socialista? ¿Seremos capaces de superar nuestras mezquindades, nuestros pequeños poderes, nuestros personalismos, nuestras lógicas de secta o intereses corporativos, para construir esa unidad imprescindible?

Cuando el viento fresco de la lucha de clases nos golpea la cara, quedamos expuestos a la prueba de verificar si hemos madurado.

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