Asoma el Plan C: Bush y Blair intentan salvar a Israel de la ratonera
Habiendo fracasado el Plan A militar, y el Plan B diplomático en la conferencia de Roma, ahora la estrategia judeo-norteamericana-británica apuesta a la imposición de un "tercer plan", esta vez en el Consejo de Seguridad, para conseguir lo que no lograron hasta ahora: la derrota de Hezbollah y el control político y social de Líbano
Con las tropas de Israel empantanadas en la ratonera de Líbano, presionados cada vez más por las críticas internacionales, incapaces de esconder una matanza de civiles que ya contabiliza más de 700 muertos, de los cuales 30 por ciento son niños, con el país libanés invadido por una catástrofe humanitaria y con su economía e infraestructura colapsadas, los principales socios estratégicos de los halcones sionistas de Tel Aviv, la dupla Bush-Blair, invasores de Afganistán, invasores de Irak, guerreros "contraterroristas" de tiempo completo, salieron al unísono a pedir el envío "rápido" de una fuerza multinacional a Líbano para controlar los "enfrentamientos" entre Israel y la guerrilla de Hezbollah. Qué hay detrás de la maniobra.
La actitud del presidente de EEUU y del primer ministro británico ejemplifican, más que ningún otro concepto, la verdadera situación de las tropas israelíes que iniciaron el sábado pasado una invasión terrestre, para -según sus jefes- exterminar los "nidos terroristas" de Al Qaeda en el sur de Líbano.
El Estado mayor israelí anunció el lunes que había tomado la "capital de Hezbollah", pero el infernal circuito (feed back) de la información, que a veces, incluso, supera los intereses de las grandes cadenas, precisó el escenario real: los tanques y blindados judíos se encuentran empantanados en Bint Jebel, sin poder traspasar las barreras y los túneles secretos desde donde la guerrilla libanesa aparece y desaparece asentándole golpes mortales a la infantería judía.
Desde el miércoles pasado, blindados y tropas israelíes, contrariando los informes preliminares del mando israelí que los daban victoriosos, se encontraban empantanados, en los alrededores de Bint Jebel, llamado "la capital de Hezbollah", pueblo de 4.000 habitantes que los blindados y las tropas israelíes no han conseguido tomar hasta el momento.
Ya se habla de una verdadera masacre, donde el mando militar judío esconde sus muertos, pero los reportes no difundidos de las cadenas internacionales y la TV. árabe hablan ya de decenas soldados israelíes muertos y de tanques destruidos en seis jornadas de trampas y emboscadas de las células móviles de la guerrilla libanesa.
Ningún experto se explica como el mando militar israelí decidió dejar la supremacía aérea (donde prácticamente no tiene bajas) para internarse en la ratonera del sur de Líbano a combatir una guerra de guerrillas, casa por casa, calle por calle, con una guerrilla móvil, conocedora del terreno, que cuenta con una intrincada red de túneles, depósitos de armamentos, alimentos y logística que le permiten un desplazamiento relámpago por todo el área.
La "preocupación" enunciada en forma simultánea por Bush y Blair, el carácter de urgente ("rápido") que le otorgan al llamado de una fuerza multinacional para que controle el aérea explica por sí sola la necesidad imperiosa de un repliegue "honroso" de las fuerzas terrestres israelíes metidas en la ratonera de los topos de Hezbollah.
"Acordamos que debe enviarse rápidamente una fuerza multinacional a Líbano", anunció Bush en una rueda de prensa tras reunirse con su par y aliado británico.
Según el mandatario estadounidense, ese contingente "ayudará a acelerar la entrega de ayuda humanitaria, a facilitar el retorno de los desplazados y a respaldar al Gobierno libanés a reafirmar la plena soberanía sobre su territorio y a custodiar sus fronteras.
Se trata del mismo plan B reciclado (despliegue de una fuerza multinacional) que quiso imponer sin éxito la halcona negra de Washington, Condolezza Rice, en la conferencia de Roma, el miércoles, pero esta vez, según parece, sin ninguna alusión al "desarme de Hezbollah", una organización, que gracias a la invasión judía, cobró renovada fuerza política y social en Líbano.
El presidente estadounidense, que reiteró su posición a favor de una paz "duradera" en Oriente Medio, confirmó que la secretaria de Estado Condoleezza Rice viajará de nuevo mañana, sábado, a la región para tratar de convencer a los dirigentes israelíes y libaneses de que deben trabajar por una "paz duradera" y la estabilidad de ambos países.
Blair, por su parte, afirmó que la actual situación en Oriente Medio es "una tragedia. Para Líbano, para Israel y para toda la región en general" y precisó que la solución pasa por tres pasos fundamentales que no detalló.
Hay que acotar que en la "tragedia" enunciada por Blair, Líbano, un país sometido hasta hoy a 16 jornadas de bombardeos ininterrumpidos, vive una tragedia humanitaria de proporciones, con más de 700 muertos, con miles de heridos y desaparecidos, con su economía e infraestructura destruidas, mientras que Israel (el país agresor) ha sufrido la baja de 70 personas, la mayoría soldados muertos a mano de la guerrilla de Hezbollah.
También Blair se refirió a la nueva visita de Rice a la región (una especie de Plan C) con "un paquete de propuestas" para tratar de que israelíes y libaneses lleguen a un acuerdo sobre lo que hay que hacer para frenar la escalada militar agresora a la que llaman "crisis". (Ver: La derrota militar de Israel en Líbano y la guerra entre "halcones" y "moderados" en Tel Aviv).
Blair precisó que la segunda etapa, después del viaje de Rice, es la reunión del próximo lunes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de la que Blair espera que surja el envío de una "fuerza de estabilización internacional" a territorio libanés.
En tercer lugar el primer ministro británico subrayó la necesidad de contar "cuando antes" con una resolución de Naciones Unidas que establezca el marco para el "cese de la violencia", en el cual seguramente la sociedad Washington-Tel Aviv-Gran Bretaña va a tratar de incluir el "desarme de Hezbollah", un de los objetivos centrales de la invasión judía a Líbano.
No obstante, Blair precisó que nada de esto funcionará si no se toman "las medidas necesarias para evitar que (la crisis) ocurra de nuevo", con lo cual obviamente intenta reforzar la idea de que nada funcionará sin la destrucción de la estructura militar de Hezbollah.
Hay que tener en cuenta, según ambos socios del Estado judío, que la violencia actual se enmarca en una situación que afecta a toda la región y en la que también juegan un papel muy importante otros países, como Siria e Irán.
Como se puede apreciar, y habiendo fracasado el Plan A militar, y el Plan B diplomático en la conferencia de Roma, ahora la estrategia judeo-norteamericana-británica apuesta a la imposición de un "tercer plan", esta vez en el Consejo de Seguridad, para conseguir lo que no lograron hasta ahora: la derrota de Hezbollah y el control político y social de Líbano.
Se trata de un naciente Plan B, a desarrollar sobre las ruinas de Líbano y del vergonzoso fracaso militar de los halcones israelíes alimentados por el lobby judío que controla la Casa Blanca.







