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Medio Oriente, EE.UU. :: 04/06/2026

El auge del Sur Global

Chris Hedges
La humillante derrota de Israel y EEUU en su guerra contra Irán, junto con la barbarie del genocidio que se sigue perpetrando en Gaza, están dando paso a un nuevo orden mundial

Se trata de un orden en el que las voces de la razón y la estabilidad no emanan de Occidente --que ha gastado decenas de miles de millones de dólares para sostener el genocidio de Israel--, sino del Sur Global, incluida China. Es un orden en el que las alianzas se están reconfigurando rápidamente para proteger a los países de un EEUU desbocado que arremete como una bestia herida, mientras se hunde en una espiral hacia su declive terminal.

El fin del Imperio estadounidense, liderado por un Trump impulsivo y atolondrado, es irreversible. EEUU ha perdido su sexta guerra en Oriente Medio en 25 años. El poder de Irán se ha visto reforzado no sólo porque, junto con Omán, controla el estrecho de Ormuz --por donde transita aproximadamente el 25% del petróleo y el 20% del gas natural licuado transportado por mar a nivel mundial--, sino porque ha enviado un mensaje contundente, con sus drones y misiles, a los aliados y bases estadounidenses en la región, al tiempo que ha sumido a la economía mundial en una espiral descendente.

Trump y el primer ministro del régimen israelí, Benjamin Netanyahu --quien, según se ha informado, atrajo a Trump a la guerra con visiones al estilo de Alicia en el País de las Maravillas de un fácil cambio de gobierno en Irán tras los ataques de decapitación contra el país el 28 de febrero de 2026, que incluyeron el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y otras figuras políticas y militares, junto con 168 niñas de primaria y sus profesoras -- podrían volver a atacar a Irán. Están desesperados. Pero una nueva campaña de bombardeos contra Irán no dará resultado. La estrategia de defensa «en mosaico» de Irán garantiza que todos los mandos políticos y militares puedan ser sustituidos fácilmente. Y las lluvias de misiles y drones ya vimos lo que son capaces de hacer

Irán puede estrangular la economía mundial cerrando el estrecho de Ormuz. Arabia Saudí, con el estrecho de Bab el-Mandeb abierto, puede eludir el estrecho de Ormuz y exportar cinco millones de barriles al día a través de su oleoducto a los petroleros en el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Pero Irán puede acelerar el daño haciendo que sus aliados yemeníes cierren ese estrecho en el mar Rojo, tal y como hicieron con los barcos con destino a Israel cuando defendían a los palestinos tras el 7 de octubre. Esto podría dar lugar a un bloqueo total.

Si no se alcanza pronto un alto el fuego entre EEUU e Irán, la economía mundial se hundirá, quizá en cuestión de semanas. EEUU y sus aliados, como Japón, han liberado parte de sus extensas reservas estratégicas de petróleo; sin embargo, no podrán amortiguar los mercados indefinidamente. La Reserva Estratégica de Petróleo de EEUU se encuentran cerca de su nivel más bajo en más de 40 años. Una vez que estas reservas se agoten, el precio del combustible se disparará. Si el barril de petróleo se dispara hasta los 200 dólares, el precio en las gasolineras podría subir hasta los 10 dólares por galón. Esto, junto con la escasez de otros productos derivados del petróleo, así como de fertilizantes nitrogenados, aluminio y helio --un elemento indispensable en la producción de máquinas y semiconductores--, ya están paralizando sectores vitales y provocando un aumento de los precios de los productos básicos.

El Banco Mundial prevé un incremento del 31% sólo en el coste de los fertilizantes nitrogenados --que se producen en el golfo Pérsico y transitan por el estrecho de Ormuz-- si la guerra continúa. Esto supondrá una fuerte subida del precio de los alimentos.

Trump es como un perro al que empujan a regañadientes dentro de una jaula. Cuando parece que se está cerca de un acuerdo con Irán, gruñe y ladra, saboteando el acuerdo de alto el fuego propuesto de entre 30 y 60 días. Los ataques de ira de Netanyahu ante cualquier acuerdo que pudiera detener los ataques israelíes contra el Líbano, junto con la posible liberación de parte de los activos congelados de Irán, estimados en 100.000 millones de dólares, espolean el desafío momentáneo de Trump.

Irán tiene las cartas

Pero el reloj no se detiene. Queda poco tiempo. Y cuanto más espere Trump, peor se pondrá la situación. Ni Trump ni Netanyahu son los dueños de este juego. Irán tiene las mejores cartas.

El sueño de Israel de formalizar su hegemonía sobre Oriente Medio, codificado en los Acuerdos de Abraham durante el primer mandato de Trump --que normalizaban las relaciones entre Israel y las dictaduras de la región-- ha muerto. Esta guerra y el genocidio en Gaza lo han liquidado.

Trump está intentando revivirlos incluyéndolos en un acuerdo para poner fin a la guerra contra Irán. Ha exigido a Estados que antes no participaban en los Acuerdos de Abraham, como Pakistán y, eventualmente, Irán, que se sumen a la normalización de las relaciones con Israel. Pakistán --el único Estado que respondió públicamente-- rechazó la invitación alegando lo que calificó de «contradicción con las ideologías fundamentales» del país. Todos los demás Estados a los que Trump se dirigió reaccionaron con un silencio explícito.

Irán exige el levantamiento de las sanciones y el fin del bloqueo naval --que, según concluyó la Agencia Central de Inteligencia, Irán puede soportar durante meses antes de sufrir graves dificultades económicas-- a cambio de reabrir el estrecho de Ormuz. El acuerdo propuesto no hace mención alguna al arsenal de misiles balísticos de Irán, que, según el New York Times, los responsables militares y de inteligencia estadounidenses creen que se mantiene al menos en un 70% de los niveles previos a la guerra.

Irán, Pakistán, Turquía y Catar --uno de los principales negociadores con HAMAS-- son los nuevos actores clave en la región.

Pakistán no sólo firmó un pacto de defensa mutua con Arabia Saudí en 2025, sino que en abril desplegó tropas, aviones y sistemas de defensa aérea en el Golfo. También ha acogido las conversaciones de alto el fuego entre el dúo de negociadores principales de Trump, «Dumb and Dumber (Dos tontos muy tontos)»--su inepto yerno Jared Kushner y su compañero promotor inmobiliario y compañero de golf, Steve Witkoff--.

La guerra ha reforzado el prestigio y el poder de China, que, en comparación con Washington, es vista a nivel mundial como la encarnación de un liderazgo racional, prudente y estable. Irán, en una muestra del nuevo orden mundial, permite que petroleros chinos y pakistaníes, junto con otros buques no aliados con Israel y EEUU, atraviesen el estrecho.

Israel, incapaz de convencer a EEUU de que haga el trabajo sucio de bombardear Irán hasta convertirlo en un Estado fallido, atacará, según preveo, con renovada furia contra Gaza, tal vez ocupando el 30% restante de lo que queda del territorio sitiado. Continuará con su política, similar a la aplicada en Gaza, de reducir a escombros todas las estructuras al sur del río Litani, en el Líbano, que bombardea a diario a pesar de que Irán haya declarado que los ataques contra el Líbano violan el actual acuerdo de alto el fuego.

La brutalidad y la bravuconería de Trump --amenazó con «volar por los aires» Omán si no «se comportaba» tras los informes de que Omán cobraba peajes junto con Irán a los barcos que atravesaban el estrecho de Ormuz-- no pueden ocultar la impotencia de EEUU. La negativa de los aliados de EEUU a atender el llamamiento de Trump para que le ayuden a reabrir el estrecho, junto con la miseria económica que se ha abatido sobre naciones que luchan por hacer frente a la escasez y al aumento de los costes de la energía y los fertilizantes, son una prueba evidente de la condición de paria de Washington.

Los imperios, cegados por el mito de su propia omnipotencia y superioridad militar, cometen errores garrafales en las etapas finales de los conflictos, sin comprender apenas hacia dónde se dirigen. Se alejan de sus aliados. Van dando tumbos de un fiasco militar a otro, como ha hecho EEUU durante más de dos décadas en Oriente Medio.

El Imperio británico en 1956, ya en precipitado declive, sufrió una humillación cuando conspiró con Francia e Israel para tomar el control del Canal de Suez, que Gamal Abdel Naser había nacionalizado. EEUU obligó a los tres países a detener la invasión. La libra esterlina británica cedió el paso al petrodólar. Esto marcó el último capítulo del Imperio británico.

La guerra contra Irán es la crisis de Suez de Washington.

Puede que esto no sea el fin del Imperio estadounidense, pero sí es el principio del fin.

The Chris Hedges Report

 

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