Atroz manipulación desde Irak: Los mercenarios a sueldo de EEUU son "civiles" y "trabajadores"

La agencia corporativa Reuters informó este mediodía, citando fuentes policiales, que "un hombre armado vestido con ropa tradicional árabe mató hoy en Bagdad a un civil español, acusándole de ser judío, e hirió de gravedad a su traductor iraquí".
Según esta información, el hombre asesinado era un "trabajador sanitario".
Reuters recoge la supuesta declaración de un empleado en el supermercado: "cuando el hombre armado entró, nos dijo: 'Este es un judío, por qué tratas con él y le vendes cosas?'".
Después, "el agresor salió de la tienda e intentó meterse en el todo terreno del español que estaba aparcado en medio de la calle".
No sólo llama la atención que un simple "trabajador sanitario" se pasee por Bagdad con un traductor y un todoterreno. Además, después de difundir esta información citando incluso a testigos, dos horas después la agencia Reuters difunde una segunda noticia relacionada con este caso, titulada: "Civil asesinado en Bagdad era sudafricano, no español"
Esta vez, la agencia cita como fuente al Ministerio de Sanidad iraquí. Pero detrás del inocente titular se esconde algo más de lo que el ministro sanitario Khudier Abbas aseguró. El sudafricano "trabajaba en la CPA (Autoridad Provisional de la Coalición) en la seguridad’.
La nota concluye con una verdad a medias. "Hay muchos sudafricanos trabajando en Irak, la mayoría empleados por compañías de seguridad’.
Manipulación y genocidio
La verdad completa es que Estados Unidos cuenta en Irak con alrededor de 10.000 mercenarios, muchos de ellos vinculados con abusos de Derechos Humanos en Sudáfrica, Chile e Irlanda del Norte, según difundió el diario mexicano 'La Jornada' hace escasos días.
Según informó el diario, la empresa norteamericana de seguridad Blackwater Security Consulting Company no ha logrado contratar a suficientes estadounidenses para todos los puestos que tiene en Irak, y ha empezado a contratar a genocidas. El periódico británico 'The Guardian' informó el pasado mes de febrero de que la empresa había enviado a Irak un primer contingente formado por unos 60 comandos chilenos (provenientes o entrenados durante la dictadura de Pinochet), con salarios que llegaban hasta mil dólares por día.
Asimismo, el diario sudafricano 'The Nation' informó recientemente de la contratación de la empresa sudafricana Erinys para proteger los oleoductos iraquíes. No se sabía mucho de esta compañía hasta el pasado mes de enero, cuando murió un empleado de Erinys y otros resultaron heridos en Irak. Los medios de comunicación sudafricanos descubrieron que Francois Strydom, el soldado privado de Erinys que murió en Irak, fue integrante del conocido grupo contrainsurgente Koevoet, implicado en numerosos asesinatos políticos en Namibia en los años ochenta.
Uno de los sudafricanos heridos en Irak fue Deon Gouws, antiguo miembro de la policía secreta de Sudáfrica en la época del 'apartheid’, quien durante las audiencias de la Comisión de la Verdad en los años 90 confesó que había participado en un atentado contra un opositor político e incendiado los hogares de entre 40 y 60 activistas contra el régimen de segregación racial.
Mientras desde la prensa corporativa se intentan demonizar las acciones del movimiento de resistencia iraquí contra la ocupación imperial, se esconde y manipula la terrorífica actividad de los invasores, que emplean a verdaderos genocidas y torturadores como "frente de choque" en Irak.
Oficialmente, EEUU no reconoce a estos mercenarios como parte del ejército de ocupación, por tanto no entran en las estadísticas de militares muertos por la resistencia iraquí. Así, la prensa corporativa aprovecha para llamar "civiles" y "trabajadores" a estas personas.
El cinismo mediático no puede ser más abominable.
Toda colaboración con esta política sanguinaria debe ser duramente castigada. Los soldados españoles que han participado directa o indirectamente en la masacre al pueblo iraquí, deben ser enjuiciados y encarcelados. Los responsables políticos también.
Y los medios de comunicación que construyen esta fantasía a la medida de EEUU son igual de culpables y deben ser objetivo permanente de las protestas antiguerra.
Basta de genocidio y basta de mentiras.







