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06/10/2019 :: México

Ayotzinapa: sólo pregunto

x Maciek Wisniewski
Cinco años de la masacre en Iguala y el crimen sigue impune y sin esclarecer

Por un lado, lo único que sabemos es que... no se sabe que pasó, hasta ahora la única “verdadera ‘verdad histórica’” en el caso (véase: la Rayuela de La Jornada, 26/09/19). Por otro, sabemos lo suficiente para tener las legítimas dudas y preguntas tanto acerca de lo ocurrido y sus versiones oficiales, como de sus trasfondos, implicaciones e interpretaciones.

¡Y que poderosa herramienta –permítanme decir –bien lo saben hasta los niños...− puede ser la pregunta!

Pedro Miguel en su tiempo en más de una ocasión demolió por ejemplo totalmente la versión oficial de los hechos con el puro peso de los signos interrogatorios (bit.ly/2ow1uYL, bit.ly/2owbaT5).

En otras ocasiones, otros intentaban hacer lo mismo cuestionando por ejemplo los aparentes y repentinos cambios en las estrategias necrofílicas de los cárteles y las (sin)razones de las enormes molestias que supone cremar y desaparecer sin rastro alguno los 43 cuerpos (o 17 según otra versión) (bit.ly/2mhiO3b) –siempre de acuerdo con la versión oficial− o las lógicas sin lógica que acompañaban a este aparente cambio (bit.ly/2LKNGCV).

Comparto y suscribo grosso modo todas aquellas dudas.

Pero también tengo otras. De distinta naturaleza.

Y otras preguntas. Por ejemplo:

¿De veras hay quienes creen que se privilegia el caso Ayotzinapa para no ir pensando en las masacres en México de cada día, en cientos de miles de víctimas de la mencionada guerra al narcotráfico –los 40 mil desaparecidos y los 240 mil muertos− y que se lo usa (o abusa) buscándole a fuerza algo singular y especial con tan sólo de sentirse bien y por encima de los horrores de la cotidianidad?

¿De veras hay quienes piensan que no se puede trazar una línea directa entre Tlatelolco (1968) –la masacre del PRI-nacionalista− e Iguala (2014) –la masacre del PRI-neoliberal−, porque allá, sí fue el Estado (autoritario) y “aquí no (o sólo su ‘porción local’)”, cuando en ambos casos claramente se trataba de proteger la imagen internacional a toda costa (allá frente a los Juegos Olímpicos, aquí frente a la guerra al narcotráfico), un afán materializado en el caso Ayotzinapa en la verdad histórica una “versión inverosímil de los hechos llena de incoherencias a la que –nuevamente−todo el Estado se empeñó en defender” (véase: P. Miguel)?

¿Ha presentado alguien –muy en este sentido− algún mejor verdadero móvil detrás de la masacre más allá de la confusión y la orden del presidente municipal, que la presencia en uno o dos de los autobuses tomados por los estudiantes de un gran cargamento de droga rumbo a EU y la necesidad de deshacerse de los testigos del crimen −o sea: de la colusión entre las autoridades y los criminales−, una explicación sugerida tanto por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) como por autores como Anabel Hernández o John Gibler?

¿De veras –de ser cierta aquella hipótesis − es posible no ver cómo el caso Ayotzinapa sería un desastre tanto para México como para EU y su “ war on drugs”, ya que tendríamos aquí un caso que muestra que cuando un importante cargamento es puesto en peligro, ¿a quién sus cuidadores llaman para rescatarlo? ¡Al Estado!?

¿De veras hay quienes –siguiendo las teorizaciones sobre la desaparición del Estado y las muy en boga nociones del Estado fallido (bit.ly/2n1RKFe)− siguen creyendo que fue la ausencia del Estado (su ineficiencia y/o ineptitud) que propició la masacre, a pesar de las evidencias que apuntan más bien a su sobre-presencia (las múltiples dependencias presentes en el lugar, el monitoreo de estudiantes en tiempo real, etcétera) y su papel cuyo alcance aún queda por determinar?

¿De veras hay quienes siguen creyendo que lo ocurrido en las calles de Iguala fue un choque entre dos extremos: la extrema izquierda de los estudiantes y su activismo y la extrema degeneración de las bandas criminales y las autoridades locales, aparentemente con el buen Estado neoliberal benévolamente ausente y/o tomado por sorpresa por la orgía de sangre y la irracionalidad de narcotraficantes lunáticos y desalmados?

¿De veras hay quienes siguen pensando que –por otro lado y en otro sentido−el activismo político de los estudiantes, su vieja y constante persecución, criminalización y demonización por el Estado (no por narcotraficantes), incluso su señalización como una grave amenaza a la seguridad nacional y gobernabilidad por encima de los propios... cárteles de droga −¡super-sic!− (véase: A. Hernández, A Massacre in Mexico.The true story behind the missing 43 students, Verso, London 2018,p. 109-110) no tenía nada que ver o no ha creado −al menos− condiciones y clima institucional para la masacre?

¿Se llenará algún día la “‘brecha temporal’ dejada al abierto por la dialéctica Iguala/Ayotzinapa” (G. Ciccariello-Maher dixit) donde el primer nombre simboliza el abyecto hecho de la desaparición y el segundo toda la historia de resistencia y esperanza (bit.ly/2oxPshz) que se niega a ser borrada y trata de llenar el vacío?

¿Adónde se los llevaron? ¿Quién fue y qué les hicieron?¿Dónde están?

@MaciekWizz

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