Campaña por compañero represaliado en la cumbre europea BCN/02: Relato de la detención.
A continuación os voy a contar un poco por encima lo que ocurrió tras mi detención en la cumbre de la U.E. en Barcelona. Dejaré de lado los por qués, y es que he pasado ya demasiado tiempo pensando en la razón que llevó a estos perros a pegarme con tanto odio porque por más que intento explicarme lo que les pude tocar los huevos, no acierto a entender que me trataran cómo si lo de las torres gemelas lo hubiera hecho yo solito (por cierto, que ahora es una de las pocas cosas por las que no me acusan).
Quizás os sonará fuerte el relato, o quizás no, porque estos guardianes de la "ley" ya nos tienen demasiado acostumbrados, pero os aseguro que por fuerte que suenen estas líneas no os podéis imaginar lo que por mi mente llegó a pasar, hay momentos en los que te hacen perder hasta la capacidad de raciocinio y si me hubieran dado a elegir hubiera optado por morir allí mismo, pero quedarme en paz de una vez; pensé entonces en aquella manifestante que en Praga voló desde la ventana de un hospital, no sé si la empujaron o fue iniciativa propia, pero si fue por esto segundo la comprendo y es que estando en aquellas seis horas, que más o menos es lo que calculo me estuvieron torturando, cualquier opción parece más adecuada que seguir viendo la felicidad que puede producir a estos cerdos que sufras hasta unos límites insospechados.
Todo empezó en la estatua de Colón, durante una carga policial me despisté y quedé sólo, andé hacía donde parecía que había más gente, pero pronto vería que no era gente normal sino que de repente 4 encapuchados se me tiran encima ( durante un momento llegué a pensar que creían que el secreta era yo) y se sirven de un palo para reducirme, a partir de ahí empezaría mi calvario personal, estos individuos me tiran al suelo, levantan y vuelven a hacerme caer por la velocidad a la que me hacía andar esposado. Entro en la lechera y allí entre lo que calculo serían unos 4 ó 5 policías empiezan a pisarme la cabeza, pillar mi pierna con la puerta corredera de la lechera y por si eso fuera poco rematar la pierna pisando el tobillo una y otra vez. Al cerrarse la puerta es aun peor,: puñetazos, patadas, escupitajos, pellizcos por todo el cuerpo y como no, porrazos con una actitud tan macarra que hasta de un nazi me sorprendería; pero bueno, hasta allí todo me parecía más o menos normal, esta gente necesita desahogar sus frustraciones y yo sabía que podía pasar ,en fin, que hace mucho ya que no me creo lo de la sociedad democrática, tolerante y toda esa mierda, y sé que estos individuos disfrutan con la sangre. Pero aún no había visto nada, a los 5 minutos, más o menos (la noción del tiempo como de casi todo terminé por perderla) entra otro antidisturbio que también participa de la fiesta pisándome repetidas veces; al parar éste, otro trata de doblarme los dedos aunque gracias al sudor logro impedírselo. Tras esto, otro rato más de pisotones, golpes e insultos. A los veinte minutos aproximadamente me pasan a otra furgoneta no sin antes usarme, como si de un ariete se tratara, contra el culo del furgón, esto comienza a dejarme secuelas evidentes y mareos. A partir de aquí empieza a llegar mi desagradable sorpresa: todo esto no había sido ni tan siquiera un aperitivo, me llevaban a comisaría a testificar y, como aún no les bastaba, tenían que torturarme a sus anchas y en su terreno. De este modo, nada más llegar a comisaría, me reciben con un puñetazo en el estómago que me hace perder el aire, me arrodillan, patean con más ganas aún y comienza además la tortura psicológica más intensamente ( ya que las famosas amenazas de que me iban a abrir el culo en la cárcel y demás repertorio, a esas alturas, ya me las sabía de memoria). La persiana del cuarto se cierra y esto parece darles más moral; noto los golpes más intensamente ya sin adivinar de dónde proceden, aunque al menos de dos o tres personas diferentes, de los cuales tan sólo uno llevaba el uniforme de antidisturbio. En este tiempo no aguanto más, y empiezo a vomitar. Las esposas dejaban la piel de toda la muñeca en carne viva, comienzo a apreciar todo el dolor que me estaban infundiendo, aunque tampoco me dan demasiado tiempo para esto porque cada dos por tres aparecía un nuevo individuo (incitado por uno de los secretas que aseguraba que yo había lesionado a compañeros suyos), que entraba a la sala, me golpeaba y la abandonaba tan normal cómo si del servicio saliera. En una de éstas me hacen caer de la silla en la que estaba y me pisan la cabeza, jurando matarme si les miraba a la cara. Y por fin, llegó un momento de tregua, dos chavales entran esposados y pasan a reconocernos, además me llevan al médico en comisaría. Lo único que hace es darme algo de Betadine en las heridas y un Gelocatil y lo que fue mas importante para mí: agua, aunque, eso sí, supongo que su moral le obligó a reclamar que me llevaran al hospital. Esto no ocurrió, y donde me llevan es de nuevo a la sala anterior, aún faltaba lo mejor, el interrogatorio: para aligerarme la memoria a un policía completamente vestido de negro se le ocurre que hacer que la hoja de un machete acaricie mi pierna es lo mejor, aunque otro considera mejor meterme en una nueva sala, desde donde, encapuchados y aislados de todo despliegan una fusta como con anillos muy impresionante, "como con las que se tortura a los presos de AI-Qeda", según se jacta uno de ellos, y me zumba en las plantas de los pies; o sea, que no miento si os digo que fui torturado desde la planta de los pies hasta el último pelo de mi cabeza. El miedo en mí llega a su punto cumbre, llegué a creerles cuando me decían que me tirarían por la ventana y ellos quedarían inmunes, yo pregunto en mitad del interrogatorio por el abogado: "¿el abogado?... aquí colgado, me dicen mientras ríen y se agarran el miembro y continúan con el bombardeo de preguntas: tatuajes, globalización, amig@s, colectivos, ¿por qué en Barna?, vehículo, color de las botas, nombre, edad, procedencia y un sinfín de preguntas más, acompañadas de sus correspondientes amenazas. En este momento, lo único que pedía era que me mataran de una puta vez o me llevaran a La Modelo, como decían, pero ya no podía más. Y por fin, al acabar el interrogatorio, y tras unas seis horas aproxidamente, de las cuales me dejo mogollón de detalles, me bajan a celdas y reclamo a los policías encargados de bajarme que me lleven al hospital, que así lo ha dicho el médico (temía ante todo por los golpes en la cabeza) , pero esto no se producirá hasta la mañana siguiente, tras una noche junto con otras 17 personas (salud compañeros si leéis esto) en un espacio de 3 X 4 m. aproximadamente, en la cual no pude dormir, pues mi estado me aconsejaba no quedarme quieto más de una hora para intentar evitar quedarme inconsciente y delirar, pues me venían lapsus extraños a la memoria que me hacían sospechar esto. Por la mañana me trasladaron al hospital, donde recibí un trato totalmente vejatorio. A pesar de comprobar mi estado, consideraron que una pastilla era suficiente para curarme.
Al salir del hospital me devuelven a los calabozos y, a media tarde nos trasladan a todos los detenid@s a los Juzgados. Ya en los juzgados comienzan a tomarme declaración y al ver mi estado físico (a pesar de haber pasado casi 24 horas desde que me torturaron), la jueza me remite al forense, el cual realiza el informe oportuno.
Finalmente esa misma noche pude salir bajo fianza de 2000 €, la cual pagaron familiares, colectivos y gente de Barna (a quien les doy las gracias de nuevo).
Además de haber pasado todo aquello, me tocaba enfrentarme a una acusación más que desproporcionada e insostenible, según la cual, la mayoría de los destrozos ocasionados en la mani antiglobalización del sábado 16 de Marzo"02, junto con la agresión a un policía nacional (el cual estuvo 2 días en coma con traumatismo craneal), y muchas cosas más, fueron obra mía.
MAS INFORMACIóN:
http://klinamen.org/contralatorturapolicial







