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02/01/2009 :: Europa

Checoslovaquia: Repensar el 68, 40 años después

x Aldo Casas
De la ?primavera de Praga? a la ?revolución de terciopelo?

Si queremos intentar una comprensión efectiva de un determinado proceso o acontecimiento histórico, conviene comenzar por dejar de lado cualquiera de las “filosofías de la historia”, más o menos trascendentes o teleológicas. Tratemos sobre todo de “des-aprender” las burdas presuposiciones del marxismo determinista o mejor dicho “pre-determinista”, que pretendía tranquilizar o fortalecer el ánimo de los militantes con el cuento de que, sin que importaran las idas y vueltas de la vida, “las leyes de la Historia” nos llevarían al Comunismo. Como supo decir con cierta brusquedad Engels, cuando rompía con los jóvenes hegelianos: “la Historia no hace nada”. Son los hombres, sus luchas, la lucha de clases entendida en toda su complejidad, lo único que en realidad cuenta.

Dejemos de lado también el sentido común que evacua cualquier consideración crítica del pasado suponiendo que lo que pasó, puesto que ocurrió, es lo que necesariamente debía ocurrir... Semejante conformismo positivista olvida lo que acabo de recordar: que la historia la hacen los hombres y que en ese hacer histórico hay momentos de inigualable riqueza y creatividad que son las revoluciones, los momentos de lucha revolucionaria, de resultados siempre inciertos y abiertos. El carácter central de la lucha de clases y sus salidas inciertas introduce en la historia, en efecto, una parte de contingencia o azar y un concepto no mecánico de causalidad, una causalidad abierta: las condiciones iniciales determinan un campo de posibles, pero no determinan mecánicamente cuál triunfará.

Así pues, no sólo en cada crisis bulle la posibilidad de salidas distintas, sino que los mismos resultados que parecen definitivos y sancionados (como suele decirse) “por el Tribunal de la Historia” y casi siempre condenando a perpetuidad a los vencidos que tuvieron el atrevimiento de pretender abrir sendas diferentes, pueden y deben ser una y otra vez re-examinados e incluso, en momentos re-fundacionales, invertidos. Los vencidos y olvidados de ayer, pueden con nuestra participación, pasar a ser parte de los triunfadores que en un futuro incierto nos permitan salir de la prehistoria y construir, a conciencia, la verdadera histora de la humanidad emancipada. Mientras tanto, y para ello, debemos aprender a “examinar la historia a contra-pelo”, como quería Benjamin.

Voy ahora al tema que nos convoca, lo ocurrido en Checoeslovaquia, 1968. En esta jornada y en los círculos temáticos realizados se abordaron muchos mas textos y tópicos de los que seria posible o sensato tratar en una exposición. Parto entonces de un recordatorio super-sintético: el contexto general del tan convulsionado y cargado de deseos año 1968, la crísis abierta en el regimen postestalinista encabezado por Novotny y a partir de enero las reformas iniciadas desde arriba por Dubcek y su fracción, la irrupción y pasaje al primer plano de los reclamos y organizaciones de intelectuales, estudiantes y finalmente obreros, construidos más o menos autónomamente y desde abajo, un florecer de demandas y debates y proyectos que fueron el contenido real de esa metafórica “Primavera de Praga”, que lo fue en realidad de toda Chocoeslovaquia. Primavera cortada ya en agosto por los vientos helados que llegaron con los tanques y aviones y centenares de miles de soldados del Pacto de Varsovia. Y con el viejo-nuevo régimen sostenido por el ejército de ocupación para imponer la llamada “normalización”, utilizando para ello a los mismos líderes del pregonado “socialismo con rostro humano”, Dubcek incluído, para luego expulsarlos y condenarlos al ostracismo.

En este breve pero intenso periplo, lo que mas puede interesarnos fue y sigue siendo esa irrupción de los de abajo, la creatividad y las esperanzas (digo esperanzas, que no es exáctamente lo mismo que “ilusiones”) expresadas y sostenidas por millones de obreros, de estudiantes, de hombres y mujeres que quisieron comenzar a tomar su vida en sus propias manos... Para esta jornada ustedes seguramente han leído y conversado mucho sobre esto que es, ni mas ni menos, una expresión de aquello que los marxistas revolucionarios llamaron “la actualidad de la revolución” que se hace de tanto en tanto plenamente visible y siempre bajo formas distintas e inesperadas. Pero debemos tratar de entender también los límites de tan apasionado y generoso intento y, mensurar la magnitud de la derrota y consiguiente frustración...

Porque quiero introducir en nuestra reflexión la historia de lo que ocurrió, no ya en 1968, sino a partir de otro enero, el de 1989... Cuando el régimen post-estalinista encabezado ahora por Husak y el Partido de los “normalizadores”, se reveló incapaz de mantener la represión lanzada contra 100.000 manifestantes que ocuparon las calles en homenaje a Palach, el estudiante que diez años antes se inmolara denunciando la ocupación rusa. Cuando los aparachtikis checoeslovacos, que no podían esperar ayuda alguna del “hermano mayor”, porque con Gorbachov la Nomenklatura rusa transitaba ya su propia deblacle, y lo mismo se repetia con ligeras variantes en todo el mal llamado “campo socialista”, optaron por ceder la escena, el gobierno y el poder a otro “reformismo”, no sin tratar de conservar riqueza e influencias a su sombra.

Claro que no se trataba ya de aquellos reformistas del 68 que prometian “un socialismo con rostro humano”, sino de los que llegaban pregonando otra “nomalización”. Capitalizando una vasta movilización de repudio a la falta de libertades y a los efectos socio-económicos que acompañaban la descomposición de los Estados burocráticos, con “la revolución de terciopelo” y Vaclav Havel como mascarón de proa, un nuevo bloque social en formación prometia volver a ser un país “normal”, o dicho mas lisa y llánamente, ser un país capitalista, un país más de la Europa capitalista e incluso de la NATO, con vocación ahora de extender su area de influencia por sobre las ruinas de lo que fuera toda “la Europa del Este”. Con lo que llegarían rápidamente otros vientos helados, que no venian ya del este, sino desde los cuatro puntos cardinales, porque la ofensiva neo liberal o neo conservadora de Reagan-Tatcher (binomio al que hoy bien podríamos agregar, aunque entonces no nos dieramos cabalmente cuenta, a Deng Ziao Ping) operaba ya en los términos y dimensiones de la llamada globalización, o mundialización del capital...

Vuelvo ahora hacia atrás, para señalar aunque sea desordenadamente algunas cuestiones que pueden ayudarnos a comprender lo que en este accidentado recorrido se ganó, lo que se perdió y, sobre todo, porqué aquellos “posibles laterales” que seguramente existieron no pudieron desarrollarse y fueron “invisibilizados”.

Checoeslovaquia era la más alta y contradictoria expresión de la dialéctica de victorias que se transforman en derrotas cuando la revolución se frena y se pudre, dialéctica que marcó el período posterior a la derrota del nazismo. En la Europa del Este donde se expropió a los latifundistas, al clero y los grandes capitalistas, hubo desiguales y contradictorios progresos sociales y culturales, pero no hubo ni poder obrero ni genuino impulso hacia una efectiva transformación socialista. Incluso en Checoeslovaquia, que era de lejos el país mas avanzado políticamente, donde partidos socialista y comunista de masas impulsaron un proceso revolucionario que fue de inmediato “expropiado” por los estalinistas locales pero dependientes de Moscú.

No sólo se trata de los rasgos totalitarios, de la falta de libertades, la censura y mediocridad impuesta como cultura oficial. Se trata de que el trabajo siguió siendo explotado y alienado, con el agravante de que esa explotación y alienación se pintaba de rojo y era embellecida y homenajeada llamándola “trabajo socialista”. Todo esto es lo que, con el curso de los años y los acontecimientos, generó una profunda despolitización, desmoralización y aún cinismo en los mismos trabajadores.

La “Primavera” representó una luminosa posibilidad de superar ese estado de cosas. No por el proyecto “reformista” de Dubcek y Ota Sik, apuntado en todo caso hacia un “socialismo de mercado” (que luego se intentaría y fracasaría -como no podia dejar de fracasar- en toda la línea), sino porque por primera vez desde aquel golpe de Praga de 1948 que había impuesto “el rol dirigente” del PCT, hubo un genuino proceso de discusión y experiencias mas o menos desarrolladas de organización y actividad autónomas. Pero la importancia y masividad del proceso hicieron aún más evidentes sus límites o limitaciones.

Limitaciones que venían dadas por el tremendo retraso desde el que se partía, en ese Estado que se pretendía socialista pero consagraba el aplastamiento y atomización de los obreros y su indefensión ante las exigencias de una burocracia, que con su autoridad y control del trabajo muerto (vale decir, las fabricas y tecnologías), se imponía sobre y contra el trabajo vivo, en una imprevista “personificación” del capital estatizado. Limitaciones también derivadas de las tremendas y comprensibles ilusiones en los lideres reformistas que, incluso cuando se los desbordaba y superaba, siguieron siendo el obligado punto de referencia para las masas. Limitaciones, en fin, derivadas de la inexistencia de organizaciones políticas autónomas con capacidad siquiera mínima de ayudar, desde el seno mismo del proceso, a impulsar, sostener y socializar la autoactividad y autoorganización de los trabajadores y jóvenes.

Tras la “Primavera”, las consecuencias de la derrota y demoralización fueron agravadas (hasta límites que casi ninguno supo apreciar desde la izquierda occidental) por el rol de colaboracionistas que fueron obligados a desempeñar Dubcek y su fracción. El comunista catalán Sacristán escribió a una revista que le habia realizado una entrevista por esos días estas doloridas líneas: “En fin, la cosa está de todos modos perdida por ahora. Precisamente porque lo está se agravará. Y precisamente por eso le hago un último ruego: que si alguna vez va a publicar la entrevista le feche el 15 de julio de 1989, o 16, o 17, que ya no me acuerdo el día en que se la envié. Pues se puede temer que con el paso del tiempo la situación en Checoeslovaquia sea una tal victoria d la reacción que nuestra entrevista carez ya de sentido si no se da la fecha. Fechada, siempre servirá para recordar porqué mecanismo el neoestalinismo consiguió convertir a una población entera -empezando por el proletariado- que era la única socialista de Centroeuropa en una población reaccionaria”.

En todo caso, lo cierto es que la “normalización” aplastó la resistencia, las discusiones, los posibles balances, el desarrollo mismo de las capacidades críticas. Pero creo que hubo además, al igual que en Francia despues del 68 o de Italia tras el “verano caliente” del 69, y en cierta sintonía con ellos, una contraofensiva capitalista sostenida y perniciosa, en todos los terrenos incluido el ideológico y cultural, a la que fue sensible toda la la intelligentsia del supuesto “campo socialista”, a tal punto que no digamos ya las organizaciones, que no existían prácticamente, sino los individuos y las mas elementales ideas del marxismo fueron marginadas, ridiculizadas, abandonadas.

Tengo ahora la impresión de que se produjo también una transformación social, y que sobre esta se estableció una nueva hegemonía. En efecto, una capa cada vez mayor de los aparatchikis, funcionarios, técnicos y toda una franja de la llamada “moderna clase media”, tránsfugas del régimen en decadencia y “opositores” mezclados, tejiendo lazos con “nuevos ricos” internos y capitales occidentales, fueron conformando un nuevo bloque social oponiendo a la evidente crisis y descomposición del “socialismo real” no ideas mas o menos confusas de una “renovación socialista” y emancipación social, sino la reivindicación pura y dura de “libertad” y “democracia” en términos abiertamente capitalistas y burgueses.

Vaclav Havel fue la expresión mas visible y celebrada de esta transformación. Pero mucho más significativa y trágica es la parábola de Petr Uhl, joven y brillante líder universtiario que se hizo trotskista en el 68, representante del ala izquierda en la resistencia democrática al régimen, animador de Carta 77, uno de los pocos teóricos que intentó comprender la verdadera naturaleza del estado y sociedad en que vivía con artículos y un libro valioso como El socialismo encarcelado, pero confiesa apenas diez años después de la Primavera que se siente como uno de los tres o cuatro maníacos que todavía intentaban analizar la realidad en términos marxistas. En el 89 no encuentra más forma de participación política que ingresar como un funcionario menor en el gobierno de Havel y es hoy un honesto pero moderado y resignado socialdemócrata.

Para colmo, la caída del comunismo tampoco abrió para los trabajadores, como en su momento muchos creímos posible, una genuina renovación de sus organizaciones y concepciones de lucha. Por el contrario, lo que restaba del PC se socialdemocratizó y el mismo aparato sindical convertido en instrumento auxiliar de los ajustes neoliberalesas ni siquiera cumplió con la defensa de los intereses mas elementales de los trabajadores ni siquiera en términos corporativos...

Seguramente, en aquella atormentada sociedad que, tras el fin inglorioso del mal llamado socialismo, incluso se escindió en dos naciones distintas, bullen nuevas contradicciones y “el topo de la revolución”, para utilizar la metáfora de Marx, sigue cavando y preparando su reaparición en el momento menos pensado y bajo la forma mas imprevista. Pero ello no nos exime de revisar, como hemos intendo hacer, “la historia a contrapelo”. ¿De dónde venimos? De una derrota histórica, es necesario admitirlo y tomar conciencia de ello: la que la contra-ofensiva liberal fue tanto causa como consecuencia y coronamiento de tal derrota.

Pero simultáneamente debemos reparar en que el mundo entero, la humanidad, enfrenta una crisis sin precedentes y una reorganización política planetaria se está diseñando... El mercado globalizado y la “guerra infinita” generan nuevas escalas espaciales, modifican la configuración de sitios y conflictos, imponen nuevos ritmos de la acción. Algo se acabó con el cambio de dirección del siglo, entre la “revolución de terciopelo” y la caída del Muro de Berlín y el 11 de septiembre. Algo... ¿Pero que? No lo sabemos con precisión, porque ello supondría una capacidad “adivinatoria” que no tenemos. Creo con Gramsci que la ciencia sólo puede preveer el momento de la lucha, no su resultado, y menos aún resultados definitivos... Termino entonces diciendo que asistimos a un comienzo que apenas percibimos, entre el frágil “ya no más” que podemos oponer al viejo mundo y el “aún no” con que tropieza nuestra utopía o esperanza.

El camino a recorrer puede ser largo, pero el futuro dura mucho tiempo... Aunque debiéramos recordar también que si “Otro mundo es necesario”, es urgente hacerlo posible antes de que el viejo mundo nos destruya y arruine el planeta.

Darío Vive

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