Chile: Ejercicio de vuelo con una sola ala

Se puede volar con una sola ala. Muchos otros han olvidado ya el oficio; se despiertan, se afeitan e inician el día así como se va a la oficina, rutinariamente y sin pasión. Yo pensé tocar una caracola marina, a modo de señal. Pero lo encontraron demasiado poético. Al fin y al cabo, había un compañero con voz fuerte, que tanto pertenece a la piedra, al barro, al agua y a la hierba, como al hombre. Una voz popular, en definitiva. Nada mejor para comenzar una ocupación en una cárcel de alta seguridad. Hay muchas en el mundo entero, como sabrán. Imagino que saben, si no, me preocuparía su ignorancia.
Me volví a mi celda, una vez más. Eso de mi celda es solo para referencia vuestra, por si acaso. No creo este de mas la aclaración. Aunque solemos llevar nuestras propias celdas. Cierta vez maté un pájaro siendo niño. Le disparé desde una de mis celdas. Ya estoy de nuevo con las metáforas. No os preocupéis, una cárcel de alta seguridad es una metáfora de la sociedad que la parió. Si no me creen, lean a Michel Foucault. Mejor aún, estúdienlo. El pensamiento y la crítica son armas, avanzan sobre el sendero oscuro. "Vigilar y castigar. Nacimiento de la Prisión", se llama el texto en cuestión. Cuando estos muros y barrotes no existían en el corazón de nadie y menos en la conciencia de muchos, salvó en un puñado de los nuestros, las reflexiones de este libro era como tener una flauta de caña en las manos
Y ahora, música maestro. Un solo de casilleros metálicos llevados en vilo hasta las puertas de la guardia, inicia la canción. Felices estaban los casilleros, se había producido un cambio en sus rutinarias vidas. Alguna carta de despedida, un escondrijo circunstancias, un libro que cuando ronda cierto viento pampino habla de los sueños de otros pueblos, era lo más interesantes que les había ocurrido en el último tiempo. En cambio, en este momento, sujetos por manos de mujeres y de hombres que afirman necesitarnos para sembrar en los ocho rincones del mundo, dos casilleros casi chocan en las escaleras. Ríen al encontrarse.
"De donde vienes", pregunta uno de ellos, abollado y sin tapa, como una ancha hoja de plátano que se arrastra en el solar. "De la celda de Mateluna", contesta el otro. Es un casillero que sabe de excelencia en orfebrería, entonces. Un dolor que durante el día entero había buscado en torno a mi corazón, entró en él, del lado de la sombra; verlos tan famélicos, tan consumidos, sabiendo que detrás de la extrema delgadez unos enormes ojos como ventanas miran pasar la libertad, la de curvados labios. Con mas bronca todavía, el casillero de una humilde celda bodega arrimó el hombre contra la guardia del segundo piso. "Si el hombre de hojalata, el amigo de Dorothy, puede, por que yo no", se decía a sí mismo. "Nos ayudaría un torbellino de Kansas", pensó. El "Rasta", con cara de niño, montado en el galope invisible de la felicidad, pasa una litera de fierro por sobre el casillero con nostalgia de Kansas.
Entre tanto, por el lado del sol, la vida, de un vasto litoral, unos ojos femeninos brillaban como un pez en la bonanza matinal del mar, mientras se apagaban las cámaras, vendadas sus pupilas artificiales.
Pocos minutos antes, en la celda de uno de nosotros, había un gran revuelo, silencioso. Parecíamos una pequeña colmena. Así había imaginado la fraternidad, como el trayecto a la casa de cualquiera, considerándome bienvenido. Había, empero, algo mas que la fraternidad en el centro de aquella animada reunión; estaban también, y sobre todo, la lucha. Hubo una pausa para la distensión. El dibujo operativo fue captado con rapidez. Mas de alguien se removió con inquietud, con impaciencia.
....Nada mas salir de la celda se volvió a alegrar de su decisión de participar, pues ya el simple hecho de apoyar a estos prisioneros políticos le procuró un inmediato bienestar interior... Sabía que los niños estaban con el abuelo. El ayudaba con dicha labor, pues es muy necesario que las madres que participan en una toma en una cárcel de alta seguridad tengan con quien dejar a sus hijos.
"Un viento". Fue un "Viento", dijo uno de los presos, cuando la ocupación había finalizado en su fase de bloqueo de todas las posibles entradas del personal carcelario. Con una comunidad, dando cuenta de la operación política, responsablemente, el gendarme fue conminado a retirarse, dejando las llaves. Los cerrojos sirvieron ahora para impedirle el paso a los funcionarios del muro y el barrote: ¡Cierra la muralla!. Un compa del otro módulo y su amor, su musa, su compañera, cruzaron, eligiendo sonrisas y abrazos, dejando al otro lado los rostros enojados, las frases exculpatorias ante el uniforme. Amaranta y Alvaro se llaman, y se besan también con los nombres ¡Abre la Muralla!.
"Que es un "Viento", Preguntó alguien, una visita de activa participación. Un "Viento", recordé, era un asalto a banco. Por lo rápido, entrar y salir. Como una brisa fría que se cuela en la habitación clausurada de la casa patronal. Hubieron algunos "vientos" divertidos, con cómicas confusiones de vehículos; otros fueron muy tristes, con compañeros caídos llevándose todo el aire de la tierra.
" ¡La Cooperativa!", gritó Nacho. Nos acercamos a escuchar. Una pequeña fragua alimentada con el rompimiento cada vez mayor del "cerco informativo", daba calor extra al modulo. La voz del locutor anunciaba a sus oyentes lo ocurrido en la cárcel de alta seguridad. Isabel leyó el comunicado en las afueras, y su clamor de madre fue escuchado por muchas personas que, en ese momento, se encontraban lejos entre sí. Milagros de la tecnología. Repetido mas tarde en un canal de televisión. Hay un detalle que agregar; en la mañana del día siguiente, en el horario en que se levanta la ciudad, los demás canales también informaron. Vimos por la pantalla caras conocidas, muy queridas. "Porteña buena moza, no me hagas sufrir más". Por que se me habrá venido esta canción a la mente. ¡Grande Lucho Barrios!.
Un vehículo de punto fijo, vigilando. Otro por allá. Dentro, una pareja comparte la noche de vigilia y un cigarrillo cuyo humo levantó el telón de un nuevo escenario en Av. Pedro Montt. Lo cierto es que no se escatimaron esfuerzos para brindar apoyo externo. El colectivo de prisioneros luchaba nuevamente contra la prisión y por la libertad, y no era esta la primera batalla ganada o perdida.
El jefe de Unidad llegó pasado el mediodía del Lunes, y, como no se había imaginado, hubo de esperar. Una sonrisa nerviosa del padre Baeza trataba de apurar la llegada de las llaves, en poder de los prisioneros. Se les abrió, al sacerdote y a los oficiales de Gendarmería. Una mano estirada, con gesto autoritario, quedó esperando en vano. Las llaves solo serian devueltas al retirarse los "ocupantes" con el cura. Se desprendía de las facciones del Mayor Silva una postal para el enojo, el animo de revancha, la luma del superior por dejarse sorprender. También estuvo el superior penitenciario esa noche, en oficinas administrativas, tomándose un tequila. Digo tequila por su aspecto de guardia de esos que perseguían al "zorro".
Revisaron las grabaciones del circuito cerrado de televisión. Lo que alcanzó a grabar antes de ser anulado. Si fueran buena onda, se las enviarían a Michael Moore. Pero no creo que hagan eso. En alguna sórdida repartición de la democracia, seguramente, ya hay copia.
Deben saber también de la nueva huelga de Hambre, un esfuerzo enorme, apretujando entre dos comidas, ambas muy separadas. Y habrán escuchado las consignas, y visto los lienzos. En fin, juntos hemos andado, amado, juntos hemos compartido una cena. Nos hemos embarcado, nos hemos partido. Partimos, para volver a la libertad.
Hardy Peña
Preso político
Cárcel de Alta Seguridad.







