"Citizenfour": un documental sobre Edward Snowden

Citizenfour tiene que haber sido un documental exasperante de realizar. Su tema es la penetrante vigilancia global, una envolvente actuación digital que se extiende sin visibilidad, de manera que sus escenas se desarrollan en tribunales, salas de audiencia y hoteles. Sin embargo, el virtuosismo de Laura Poitras, su directora y arquitecta, hace que sus 114 minutos restallen con la nerviosa energía de una revelación.
Poitras, la primera periodista con la que entró en contacto Edward Snowden, el divulgador de secretos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), es reflejo de su tema. Raramente aparece en programas de noticias o de entrevistas. Es un personaje misterioso en su propia película, y se la oye más de lo que se la ve.
Pero subrepticiamente, Poitras ha sido transmisora a lo largo de 16 meses de una oleada de revelaciones que han obligado a la NSA a entrar en una época nueva e infame. Citizenfour le muestra al público el arrojo de aquellos que han trabajado con ella en las historia de la NSA con las que se topa. Su película, culminación de una trilogía posterior al 11 de septiembre que cubre el obscuro horizonte que va de Irak a Guantánamo, es una victoria periodística y una victoria para el periodismo.
En su centro, Citizenfour es la historia de cómo se desplegaron las revelaciones de Snowden a través de los ojos de Poitras, desde las primeras comunicaciones que Snowden le envía a Poitras, atisbando lo que está por llegar, hasta que Snowden se ve vindicado gracias a la emulación (el título de la película proviene de un pseudónimo que Snowden utilizaba con Poitras). El periodo anterior a que Poitras se encuentre con Snowden se ve simbolizado por un coche que viaja a través de un túnel negro como el carbón, apenas iluminado por las brillantes luces rojas del techo, hasta que estalla la luz del sol cuando ella y sus colegas Glenn Greenwald y Ewen MacAskill, del Guardian, llegan a Hong Kong para su transcendental encuentro.
Los resúmenes de esa historia son ya familiares. Snowden, trabajador independiente de la NSA, suministra a los periodistas voluminosas evidencias de la vigilancia a escala industrial que cubre buena parte de las comunicaciones del planeta y se ve desahuciado de una vida normal en ese proceso. Poitras adiestra a su cámara para contextualizar ambos aspectos de la decisión de Snowden.
Explicar de modo accesible cómo funciona la vigilancia y por qué tiene su importancia, se vuelve algo cada vez más exigente cuanto más se profundiza en el hallazgo del tesoro de la NSA. En el Guardian, eso consumió meses agotadores de cobertura de fondo, de verificación e infinitas revisiones.
Poitras, a través de Snowden, emplea lo mínimo de jerga acerca de los “selectores” (cuentas de correo electrónico, direcciones de IP, números de teléfono, etc). Una manera hábil en la que demuestra ella la amplitud del alcance de la NSA consiste en filmar a Jacob Applebaum, investigador de seguridad y periodista, instruyendo a una multitud de Occupy Wall Street acerca de los patrones vitales que quedan a la vista en sus tarjetas de crédito, bonos de transporte y registros telefónicos, el entramado de metadatos que muestra nuestras asociaciones y elecciones, las cuales, fuera de contexto, pueden hacernos parecer sospechosos. Cualquiera que entre en las comunicaciones modernas ha proporcionado valiosa información a la NSA sin sospecharlo.
Desde junio de 2013, Snowden ha sido como un mensaje cifrado para el mundo, dando lugar a menudo a reacciones paranoides (¡Espía ruso! ¡Incauto chino!) por parte de gente comprensiblemente curiosa acerca de sus motivos. Puede que sea demasiado tarde para cambiar la mente de la gente respecto a Snoweden, o al menos demasiado pronto después de sus filtraciones. Pero el Snowden que muestra Poitras – de pelo alborotado, rebelde a sus intentos de estilizarlo – es decidido, sincero y humano.
Si bien a menudo se le describe como arrogante, sobre todo por parte de burócratas de la vigilancia que actúan en su propio interés, Snowden les cuenta a Poitras, Greenwald y MacAskill que quiere que los periodistas y no él decidan lo que debería hacerse público. Se le ve poseído de una rara tranquilidad cuando está punto de convertirse en blanco para siempre. Pero los ojos de Snowden se enrojecen y su espalda se encorva cuando comprende la carga que pone sobre su familia y su novia –con la que se ha reencontrado ahora en Rusia, un lugar en el que nunca tuvo intención de vivir.
La película deja muchas preguntas sin responder, tales como el papel de Wikileaks en el drama de Snowden – Julian Assange aparece brevemente ante la cámara – y las circunstancias de Snowden en la Rusia que le ha otorgado asilo. Pero Citizenfour muestra a Snowden vindicado cuando la película confirma que Greenwald, Poitras y su socio investigador, Jeremy Scahill, están trabajando con un nuevo revelador de secretos, que se inspiró en Snowden. Si bien con discreción, Snowden parece entusiasmado, hasta conmovido.
Dadas las pasiones que han levantado las revelaciones sobre la NSA, resulta notable la atemperada impresión que causa Citizenfour.
Reflejo de un estilo que Poitras parece compartir con Snowden, se trata de una película tranquila, cuya banda sonora es un siniestro latido digital, atestada de preguntas acerca de cómo podemos vivir libremente en una invisible red de arrastre. Uno de sus momentos sencillamente bulliciosos ocurre cuando Snowden y Greenwald debaten sobre el espíritu que anima tanto la información periodística como la decisión de descubrirse él mismo. Greenwald lo describes como “falta de miedo y vete-a-la-mierda”.
Esa falta de miedo es lo que le atrajo a Poitras de Snowden, y eso es lo que se trasluce en su cámara.
The Guardian. Traducción para sinpermiso.info: Lucas Antón







