Cuba: El difícil rumbo de la historia crítica
Una obra de reciente publicación trae una síntesis histórica del transcurso de la revolución cubana desde 1959 hasta el presente. Tiene elementos contradictorios para el debate
Frank García Hernández
Cuba: una historia crítica (1959-2025). 65 años de revolución y contrarrevolución.
1ª edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Marea, 2025.
336 páginas.
El de García Hernández es un libro de contenido polémico. El autor es cubano y hace poco vive en Argentina. Militó en el Partido Comunista de Cuba durante mucho tiempo. Participó de los movimientos de protesta ocurridos en 2021. Hoy forma parte del colectivo isleño llamado "Comunistas". Asume el desafío de ser crítico del proceso. Desde una perspectiva marxista, antiimperialista y revolucionaria, próxima al trotskismo.
Es imposible tomar en consideración la historia y sobre todo el presente de la isla caribeña sin la asignación de un lugar central al agravamiento del bloqueo imperialista. Hoy rematado, después de la agresión militar a Venezuela y el secuestro del Presidente Maduro, con el boicot total al abastecimiento de petróleo. En abierta búsqueda de un completo colapso de la economía y el conjunto de la vida social.
La situación se agudiza aún más por la apuesta explícita de Trump a un inminente "cambio de régimen". Sea que este se produzca por una implosión interna propiciada por el ahogo económico; por una injerencia externa directa o por combinación de ambas vías.
Trump apostó en público a que el sistema cubano "se caiga solo". Hasta propuso como futuro presidente a su secretario de Estado Marco Rubio, adalid de la derechista comunidad de origen cubano de Florida. Un descaro que no tiene límites. Rubio ni siquiera conoce el país. Al que lo une la nacionalidad de sus padres y el propósito de dar término para siempre a la revolución.
El pronunciamiento antiimperialista y la solidaridad incondicional frente a la asfixia inducida con propósitos contrarrevolucionarios son hoy con más razón que nunca un presupuesto insoslayable de cualquier juicio crítico sobre el curso económico, social, político, ideológico y cultural de la revolución.
El libro que nos ocupa, publicado a mediados de 2025, fue escrito antes de que la ofensiva contra Cuba llegara a su punto más profundo. Es sin embargo inevitable que quede signado por el estado de cosas reinante hoy.
El arduo camino inicial
García Hernández hace un esfuerzo de caracterización desde enero de 1959. Lo hace a partir del peculiar fenómeno que fue el Movimiento 26 de julio. Realza que no era una organización proletaria, ni marxista.
Su signo más característico fue el de llevar a fondo una revolución democrática que no temió tocar los intereses de la burguesía y enfrentarse a ella. No se detuvo en el punto en que lo hicieron, por ejemplo, sus precedentes mexicana y boliviana.
Recibió como respuesta el enfrentamiento armado con respaldo de EEUU. El que tuvo veloz respuesta en la expropiación del capital de procedencia estadounidense en toda la isla. Lo que acentuó en adelante el hostigamiento activo que incluyó desde entonces el permanente recurso a acciones criminales que acompañaron al bloqueo económico. De la dirigencia cubana exalta sobre todo el papel del Che. Él sí con sólida formación marxista previa. Acompañada por una vocación anticapitalista inconmovible. Proyectada en sus críticas a las políticas y al modelo de socialismo soviéticos.
Encontró Guevara un campo privilegiado en los debates económicos. En los que enfrentó a la ortodoxia afín a los "estímulos materiales" y a una organización de las empresas que tomaba "las armas melladas del capitalismo". El autor señala cómo el pensamiento guevariano se proyectó sobre el campo político e intelectual de la isla hasta mucho después de su muerte
A Fidel lo presenta como representativo de una tradición ética y política que mantuvo en alto los principios revolucionarios en momentos críticos. Como cuando la "batalla de ideas" a la que después se hará referencia.
No exime ni siquiera al Che de no haberse planteado a fondo la cuestión de la democracia obrera. Menciona que Guevara le asignaba a la clase proletaria "protagonismo" pero no conducción efectiva. Punto debatible sin duda, en el que para él se asienta una falencia desde el origen. La que repercutió sobre el desarrollo revolucionario posterior y el proceso de burocratización.
La difícil amistad con la URSS
El rumbo de Cuba mantuvo cierta autonomía frente a la Unión Soviética durante un largo lapso. Que se tornó en un lazo ríspido cuando Leonid Brezhnev arribó a la conducción. Luego cayó bajo su influjo, en parte por la crisis derivada del aislamiento y la hostilidad yanqui.
El autor expone como tras el fracaso parcial de una ciclópea cosecha azucarera en 1970, la isla ingresa al CAME (el organismo de intercambio económico del "bloque socialista") y queda condicionado a los dictados soviéticos.
En la economía, por supuesto, con la dedicación casi excluyente a la exportación azucarera como una veta relevante. También en la educación, la cultura, la producción teórica. El proceso transformador cubano siguió un camino de seguidismos y censuras que duró una década.
Un sometimiento que reconoció la paradoja de que fue acompañado por el período de mayor prosperidad de la isla. García Hernández destaca para ese período la existencia de un nivel muy bajo de desigualdad. De amplio acceso a bienes y servicios. Y de logros sobresalientes en las políticas sociales.
La década de 1980 traería el deterioro de ese vínculo. La perestroika fue un sacudón en toda la línea para la relación cubano-soviética. Desde Cuba se decidió no seguir ese camino. Así se retomó una elaboración teórica y una práctica política propias. Bien diferente de las reformas pro mercado y el apaciguamiento del impulso antiimperialista que se irradiaba desde Moscú.
El libro lo remarca. Refiriéndose al premio otorgado a un libro sobre el Che de Fernando Martínez Heredia, puede leerse:
"Era un gesto claro de cuál sería el rumbo ideológico del gobierno cubano ante la radical Perestroika: retomar al anticapitalista Che Guevara con la perspectiva de los heréticos intelectuales que en los años sesenta llevaron a Cuba el marxismo antiestalinista, pero terminaron censurados cuando La Habana se alineó con Brezhnev."
Subraya así como Martínez Heredia y la generación de Pensamiento Crítico retornó a la escena intelectual y política como parte de una rectificación de rumbo que tuvo instancias prometedoras.
Claro que la disolución de la URSS produjo un cambio profundo. Expresado en la fuerte crisis económica del "periodo especial", por supuesto. Sin olvidar el giro ideológico y cultural que tuvo alcance mundial y repercutió en la isla con particular ímpetu.
Escribe el autor: "El shock ideológico que causó en la clase trabajadora cubana el desplome de la Unión Soviética fue tal que a inicios de los años noventa los manuales de marxismo-leninismo terminaban literalmente en la basura."
Supone que el rechazo no fue sólo a la codificación soviética sino al pensamiento de Marx y Lenin en su totalidad. Destaca además que, a su juicio, el Estado cubano tomó parte de ese alejamiento. Da como ejemplo el énfasis creciente en la raigambre "martiana" y su fuente antiimperialista y nacionalista. Para él en detrimento del entronque con la tradición marxista.
El sufrimiento del "camino chino"
García Hernández caracteriza el proceso de la isla, de 1991 en adelante, como una "larga marcha" hacia el modelo chino. Es decir hacia lo que considera la restauración del capitalismo bajo la dirección del partido comunista.
No lo toma como un proceso lineal. Y señala las contradicciones aún en el máximo nivel de conducción. Remarca que la Batalla de Ideas fue una suerte de "revolución cultural" que respondió a que Fidel "no estaba conforme con el tímido avance del sector privado" que se producía por entonces.
Le presta atención a cómo se procuró la recuperación de la mística revolucionaria y la movilización activa con orientación anticapitalista. Apuntada en particular a la juventud que no había vivido los años iniciales de la revolución.
Para el autor, cuando la "batalla de ideas" queda atrás y el gran líder revolucionario ingresa en el ocaso, la perspectiva se ensombrece. Y se enfatiza la orientación a seguir el sendero que marcaría China. Menciona más de una vez la percepción popular al respecto. El descontento teñido de la idea de que "con Fidel esto no pasaría".
Acentúa la mirada crítica hacia la política económica y social. Representada por ejemplo en la opción por el turismo en detrimento de la agricultura y la producción de alimentos. La supresión parcial de subsidios, el deterioro de las prestaciones de salud.
Un agravamiento de condiciones que tiene una causal relevante en el encarnizado bloqueo, por cierto. A su juicio profundizado en sus consecuencias por una política que dejó de tener como un objetivo inconmovible los altos estándares que en su momento alcanzó la isla.
También presta atención a la configuración de una burguesía cubana a partir de las reformas de mercado. Distingue incluso un sector "liberal y otro "reaccionario" de la misma. Que buscan incidir de manera diferente y hasta contrapuesta en la orientación del proceso.
En el plano político evalúa una pérdida de legitimidad de la conducción que se expresa para él sobre todo con el traspaso de poderes a Miguel Díaz-Canel. Efectuado a partir de un proceso de selección "a puertas cerradas", sin protagonismo popular. El descontento, la protesta, el retorno a la censura y la cierta represión se vincularían con el cierre de mecanismos de democracia de base.
Hacia el final de la obra, se dedican algunas páginas a los tímidos movimientos de protesta de 2021 y 2022, en los que convergen distintas vertientes, incluido el anticomunismo y los propósitos proimperialistas.
García Hernández expresa su acuerdo actual con una oposición frontal al gobierno conducido por el partido comunista, desde una supuesta perspectiva socialista y marxista. El mayor interrogante que queda, nos parece, es cuál es el espacio real para una opción de ese tipo en las actuales condiciones.
Con el mayor poder mundial volcado al borramiento de lo fundamental de la experiencia emprendida en 1959. Y al seguimiento de algún sendero reaccionario cuando la correlación de fuerzas y sus conveniencias lo permitan.
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Se puede estar o no de acuerdo con las caracterizaciones desarrolladas en esta obra. En cualquier caso resulta estimulante leer un análisis crítico de 65 años de revolución (y contrarrevolución, se agrega en el subtítulo).
Sobre todo porque no está hecho desde la apología del capitalismo, la democracia liberal y la identificación explícita o vergonzante con los objetivos del imperialismo yanqui.
Claro que la solidaridad con los padecimientos provocados al pueblo cubano desde el imperio, el repudio a los crecientes esfuerzos de la contrarrevolución y la perspectiva de resistencia frente a la agresión imperial, merecen hoy el protagonismo.
Lo que no debería equivaler a dejar de lado el análisis circunstanciado y riguroso del proceso histórico. Y el necesario debate. Con todos quienes compartan las premisas solidarias y antiimperialistas a la hora de pensar y actuar en relación con Cuba y sus perspectivas futuras.
huelladelsur.ar / lahaine.org







