lahaine.org
Cuba :: 23/03/2026

Cuba: menos solidaridad, más socialismo

Arantxa Tirado
Cuba no ha llegado a este punto crítico por el "fracaso del socialismo" sino, más bien, porque falta más socialismo en el mundo que arrope a Cuba en su lucha, que es la de todas

El 16 de marzo Trump se refería a Cuba en el Despacho Oval de la Casa Blanca: «Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Eso sería estupendo. Es un gran honor. Puedo liberarla o tomarla, creo que puedo hacer lo que quiera. Son una nación muy debilitada ahora mismo". Estas declaraciones no son sólo palabras al viento, producto de su proverbial verborragia, sino que forman parte de una escalada de amenazas directas que el presidente de EEUU viene lanzando contra el Gobierno socialista de Cuba en los últimos meses.

Y, habida cuenta de cómo el autodenominado presidente de la paz ha iniciado el año, activando al máximo su Departamento de Guerra, con el secuestro del presidente de Venezuela y una guerra abierta contra Irán, no es nada descartable que las amenazas pasen de la retórica a los hechos.

Atacar a Cuba ahora serviría para desviar la atención de la previsible derrota estratégica a la que EEUU e Israel parecen dirigirse en Irán. Poder presentar alguna victoria frente a un país que constituye el principal escollo que ha tenido la política exterior estadounidense para la expansión hemisférica de sus intereses desde tiempos de la Guerra Fría, tendría una gran carga simbólica en términos ideológicos y geoestratégicos.

Acabar con el socialismo en Cuba, sea con un cambio de régimen violento o a través de una negociación que lleve al sometimiento de su dirigencia, como se ha intentado hacer en Venezuela, se podría rentabilizar políticamente ante unas elecciones de medio término que se prevén adversas para los republicanos.

Desde el Gobierno de Cuba son conscientes de que, en el actual escenario geopolítico, con un EEUU que parece dispuesto a tirar por tierra la precaria hegemonía que todavía atesora como superpotencia dominante en el sistema internacional, deben tomarse muy en serio las palabras de Trump. El presidente Miguel Díaz-Canel, quien anunció el pasado 13 de marzo que Cuba había iniciado conversaciones con EEUU dirigidas por él mismo, ha denunciado el aumento de las amenazas estadounidenses y afirmado que "cualquier agresor externo chocará con una resistencia inexpugnable".

La asfixia económica que vive la isla, a la que no ha llegado, en los últimos tres meses, ningún buque petrolero por órdenes de EEUU, ha provocado que los dirigentes cubanos tengan que sentarse a conversar en una situación, interna y externa, muy distinta a la que permitió la normalización de relaciones entre Cuba y EEUU en 2015 con Barack Obama al frente de la Casa Blanca.

A la situación económica, ya de por sí precaria por tener que lidiar todavía con los estragos que dejó el Período Especial; las décadas de bloqueo económico; las acciones de la primera administración Trump revirtiendo el deshielo diplomático con Cuba, activando el título III de la Ley Helms-Burton e impidiendo de nuevo el incipiente turismo estadounidense hacia la isla; o el impacto de la pandemia en ese mismo sector turístico, fuente esencial en los ingresos del país, se suma ahora el quiebre de la relación con Venezuela, uno de sus principales proveedores de energía. Esto, junto a diversos problemas endógenos de gestión y de las características estructurales del modelo económico cubano, ha derivado en apagones constantes que han paralizado, en buena medida, la actividad del país.

La presión de Washington a diversos países afines en la región para que pusieran fin a sus acuerdos de cooperación médica con Cuba ha dado como resultado el fin de las brigadas médicas cubanas en Honduras, Guatemala, Paraguay, San Vicente y Las Granadinas, Bahamas, Antigua y Barbuda, Jamaica o Guyana, cerrando esta vía de entrada de divisas para el Estado cubano.

La activación de una solidaridad internacional insuficiente

Esta nueva fase de agresión a Cuba ha activado, como no podía ser menos, la solidaridad con la isla. Diversas iniciativas se han puesto en marcha desde los colectivos sociales y políticos que llevan décadas apoyando a la Revolución Cubana y denunciando el bloqueo frente a la falta de acción de los Estados, a pesar de su voto favorable en 33 resoluciones de condena a su existencia en la Asamblea General de la ONU.

Algunos activistas ya han llegado a La Habana y el 21 de marzo toda esta solidaridad, ideada inicialmente en forma de Flotilla que rompiera simbólicamente el cerco naval petrolero, confluyó en un gran acto frente a la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. El Nuestra América Convoy a Cuba es una campaña necesaria y meritoria, como todas las que hacen los denodados militantes de la solidaridad con Cuba, conformada en muchos países por cuadros comunistas que cargan en sus espaldas décadas de lucha en todos los frentes.

Atender la crítica situación económica que padece la población cubana, llevando alimentos, productos higiénicos, medicamentos o cualquier otra ayuda, parece una medida urgente en estos momentos. En estos últimos meses hemos visto, además, acciones del Gobierno de México enviando ayuda humanitaria, ante la prohibición de enviar petróleo por parte de EEUU, a China enviando toneladas de arroz o a un expresidente mexicano como Andrés Manuel López Obrador que ha salido de su retiro para proponer una campaña de acopio de ayuda a Cuba.

Pero no hemos visto a ningún Estado capaz de confrontar las agresiones de EEUU desafiando sus amenazas, que parecen haberse convertido en órdenes mundiales que se acatan sin remedio. La extraterritorialidad con la que la súperpotencia impone desde hace décadas su voluntad al resto del mundo, sea con leyes, chantajes económicos o bombas, es preocupante y ahí deberíamos mirar. Esta geopolítica de la soledad cubana, como la definió Iramis Rosique, debería interpelar al mundo, máxime en esta fase de descomposición acelerada del orden internacional donde se abren posibilidades de construir otro tipo de relaciones entre países, y dentro de los países.

Las denuncias del presidente 'socialista' español Pedro Sánchez sobre la guerra ilegal de EEUU e Israel en Irán, o su defensa enunciativa de Gaza, contrastan con su silencio ensordecedor sobre el recrudecimiento de la ofensiva de EEUU contra Cuba. A pesar de que Cuba fue la última colonia española en América Latina y el Caribe, un país con el que España siempre ha defendido tener estrechos vínculos históricos y culturales que trascendían las diferencias ideológicas, el presidente Sánchez no parece interesado en hablar alto y claro también en este tema.

De hecho, es lamentable que el actual Gobierno de España despache su relación con Cuba, justo en estos momentos, por la vía de la cooperación internacional, recibiendo hace un mes al canciller cubano para justificarlo después con un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores donde se aclaraba que se trataba de una reunión "a petición de éste", se mostraba preocupación por "la situación de las empresas españolas en el país" y ni siquiera se llamaba al bloqueo por su nombre sino que se usaba el término preferido por EEUU: "embargo". Una posición asistencialista, por lo demás teñida de interés empresarial, que empaña el vínculo político.

Trascender la solidaridad y luchar por el socialismo

Sin duda, la solidaridad de los pueblos que suple lo que sus gobiernos no hacen conmueve y es imprescindible como medida de urgencia para Cuba. Pero la clase trabajadora y los pueblos organizados necesitamos otras vías de relación con el pueblo cubano que no pasen por una cooperación asimétrica en la que Cuba recibe un poco por lo mucho que ha aportado, en lo simbólico y en lo tangible, a las luchas de liberación del mundo y a nuestra inspiración revolucionaria.

Por eso, la mejor manera de ayudar a Cuba es haciendo que el socialismo sea el modelo político que guíe también nuestros respectivos territorios. Puede sonar muy utópico o aparecer muy distante en el horizonte de posibilidad, pero es la única manera de no relegar a los cubanos, ni a ningún pueblo que ose desafiar a EEUU, a este aislamiento de facto que facilita el hostigamiento colectivo por haber decidido autodeterminarse fuera de la lógica del capitalismo.

Para ello, quizás podríamos empezar dando pequeños pasos. Por ejemplo, realizando un ejercicio más sencillo que pasa por no negar la legitimidad del sistema político cubano, tildándolo de "régimen" o de "dictadura". Eso nos llevaría a tener perspectiva histórica y entender que el socialismo fue el que permitió que una pequeña nación insular, periférica y dependiente, pudiera desarrollarse económicamente logrando niveles de vida para el conjunto de su población inimaginables para sus vecinos del Caribe.

Una situación que cambió con el fin de la Unión Soviética y el bloque socialista, contrapeso geopolítico que sirvió para equilibrar el poder en el sistema internacional, pero también para abrir espacios a que los pueblos del mundo pudieran luchar con el respaldo de un Estado que -no sin contradicciones o sin ejercer su propia represión- fue un ejemplo de cómo enfrentar al imperialismo estadounidense, el colonialismo y la voracidad capitalista.

En definitiva, nuestra primera tarea es entender que Cuba no ha llegado a este punto crítico por el "fracaso del socialismo" sino, más bien, por todo lo contrario, porque falta más socialismo en el mundo que arrope a Cuba en su lucha, que es la de todas.

lamarea.com

 

Contactar con La Haine

 

Este sitio web utiliza 'cookies'. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas 'cookies' y la aceptación de nuestra política de 'cookies'.
o

La Haine - Proyecto de desobediencia informativa, acción directa y revolución social

::  [ Acerca de La Haine ]    [ Nota legal ]    Creative Commons License ::

Principal