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23/08/2017 :: Venezuela

Culpas Vs incapacidades

x Amigos de Gramsci
La realidad de Venezuela implica un compromiso con el país necesariamente imperfecto porque se da como se da y no como nos gustaría que fuese.

De lo externo a lo interno

La realidad de Venezuela implica un compromiso con el país necesariamente imperfecto porque se da como se da y no como nos gustaría que fuese. Desde 2016, la posibilidad de un “default” es real si no se consiguen nuevos préstamos externos.

De un lado nos encontramos con la inversión extranjera más importante incrustada en PDVSA, la de empresas y fondos de EE.UU. en la forma de CITGO, una de las principales refinadoras y distribuidoras de gasolina después de Exxon. De otro, Venezuela le vende el sesenta por ciento de su producción de petróleo a China y se endeuda fuertemente con Rusia que reclama lo suyo. La conclusión es sencilla, la quiebra de la petrolera y un cese de pagos generarían un problema internacional mayor. Aquí nadie renuncia a su parte del pastel y en esas está el gobierno venezolano, tapando como puede las exigencias de los prestamistas internacionales.

Venezuela como se puede apreciar no es una autarquía. Ha recurrido al mundo exterior y ese mundo tiene sus reglas y sus poderes para hacerlas cumplir. Si hablamos de que la confrontación es inevitable porque los males del país son externos, si la guerra es posible como remarca continuamente el gobierno del presidente Maduro, deberíamos entonces colocar esa perspectiva en los análisis de los movimientos revolucionarios para adecuar la organización y la conciencia ante ese escenario. Pero… ¿Cómo nos estamos preparando para los momentos álgidos previstos?

La tesis del peligro exterior no puede ser una excusa para cerrar en falso los problemas internos venezolanos. Para los desenvolvimientos del gobierno venezolano en general y del Chavismo en particular, la situación económica nacional no puede desarrollarse en función de malabarismos económicos, bromas, mentiras que desestiman las incapacidades propias, las monedas, la inflación entre otros… El defensivismo del gobierno se hace patente al hacer mención de manera continua a que la única causa de desestabilización viene del exterior. Pero esto no puede distraer que en paralelo los cauces para el desarrollo de los elementos de la restauración neoliberal desde el interior de la sociedad venezolana son un hecho también real. Es decir, diferir el problema del capitalismo como una amenaza exclusivamente de origen externo al chavismo y al gobierno, termina de cerrar la posibilidad de detectar las bases socioeconómicas de ese peligro que genera permanentemente la sociedad en su interior. Su consecuencia es devastadora, ya que niega o posterga la existencia de contradicciones antagónicas en la línea interna del desarrollo del proceso bolivariano.

Un pasado muy presente

Venezuela afronta una terrible parálisis industrial, una inflación brutal, un despilfarro de la renta petrolera, una corrupción demencial en todas sus estructuras. Burocracia y burguesía encaramadas al Estado que han saqueado y saquean los fondos públicos mientras la población padece todo tipo de privaciones…En esas condiciones mencionadas se montó la Constituyente. Un triunfo relativo del Gobierno del Presidente Maduro ya que no se ha cerrado la incertidumbre política que domina al País y tampoco se ha conseguido resolver el futuro de la revolución bolivariana, sobre qué camino debe tomar, una vez se ha de-construido uno de los pilares estratégicos que habían sostenido la iniciativa política chavista desde la toma del poder, la Constitución de 1999.

Pero volvamos por un momento la mirada hacia atrás. La Constitución de 1999, que tanto le costó al Comandante sacar adelante, pudo triunfar gracias a los altos precios del petróleo y a sus enormes reservas para reducir la pobreza. Entre 1999 y 2012, el estado obtuvo unos ingresos de, más o menos, 383.000 millones de dólares, debido no sólo al alza de los precios del crudo, sino también al aumento de las regalías pagadas por las transnacionales. Pero las transformaciones económicas y sociales necesarias no tuvieron la solidez requerida para dejar atrás el neoliberalismo. No se alteró la estructura primarizada de la economía y se mantuvieron los privilegios de los grupos dominantes. No puede entenderse la actual crisis económica por la que atraviesa Venezuela sino se entiende la lógica del agotamiento del “capitalismo rentístico”. Crisis que inevitablemente arrastra a la Constitución del 99 y la hace inoperante. Trágicamente, el Presidente Chávez dejó su obra en una configuración inacabada y de incertidumbre, que prefiguraba el colapso actual.

Nunca se ha negado que el Chavismo puso sobre la mesa la cuestión social, mejoró durante algún tiempo la situación de amplios sectores de las masas trabajadoras y populares, en especial los más postergados y hundidos pero eso no equivale a construcción alguna del socialismo, ni, y esto es lo más importante, dio poder a la clase trabajadora. Jodidos los ingresos petroleros la realidad social se quiebra desde abajo. Se quiebra porque no tiene basamento y día a día, con mayor evidencia, al Gobierno actual no le queda más que el apoyo militar y policial como sostén, en última instancia, de su posición dominante, mientras la oposición reaccionaria, extrema formas de violencia donde va dejando colar los agentes típicos de toda guerra de cuarta generación: paramilitarismo, bandas marginales terriblemente agresivas y destructivas, hasta llegar por vía lógica al terrorismo y a la posible “opción Siria”, dada su imposibilidad de liderar un golpe militar o una negociación de última hora que salve la situación coyuntural. Paradojas del destino, la caduca Constitución del 99 ahora es defendida por una oposición derechista que no supo situarse en su momento en los nuevos parámetros en los que Chávez colocó a Venezuela.

Cerrado por tanto el ciclo de la Constitución del 99 con sus altos precios del petróleo, con la Constituyente ha llegado el momento de las nuevas definiciones, la más importante y esperada, la del modelo económico, puesto que no hay sostén del poder político sin una base económica. Planteada entonces la posibilidad real de dar continuidad al proceso bolivariano sobre sus propios medios, surge inevitablemente la pregunta: ¿cómo esos medios se organizan adecuadamente para la defensa ante el intervencionismo imperial, en virtud de un plan que deba partir de la realidad económica concreta heredada, sobre la adecuada configuración política de las fuerzas de clase en liza, con el fin de que la clase trabajadora y los sectores populares mantengan la supuesta “hegemonía política”?

La maldición de la “Venezuela Saudita”

“la Constituyente debe ampliar y perfeccionar el sistema económico venezolano para dejar dibujado e instalado un nuevo sistema económico post petrolero, avanzar hacia una economía productiva, diversificada, mixta, integrada e integradora, de economía potencia”

Nicolás Maduro Moros

La única forma de vencer a la derecha es transformar en hechos el discurso socialista. Pero no parece ser ese el camino elegido. No es la derecha venezolana la que otorga concesiones a multinacionales como Barrick Gold o Chevron en el Arco Minero del Orinoco, que compromete el 12% del territorio nacional venezolano para el usufructo de diamantes, oro, coltán, bauxita y otros minerales, durante 40 años y para el beneficio de unas 150 empresas entre las que destaca la mencionada Barrick Gold. Grandes buitres del sector energético y mega minero (Schlumberger, Halliburton…) ya tienen jugosas concesiones, lo que les dará un protagonismo crucial en la nueva Constituyente y qué mejor que el actual gobierno venezolano para pagar prioritariamente la inmensa deuda externa del país al capital financiero internacional manteniéndose como fiel socio del llamado Consejo Nacional de Economía Productiva, cuya máxima expresión es la íntima relación con el oligopolio mediático Organización Cisneros, garantía de apoyo de la mayoría de los medios de comunicación privados. El gobierno venezolano cada día se viste mejor a la medida de los intereses de Wall Street.

La Constituyente promete ahora que este megaproyecto contribuirá a elevar los ingresos de la nación. Sin embargo, en lo concreto, sucede que para sacar adelante este megaproyecto, las empresas mixtas en las que confluyen capitales públicos, privados y transnacionales, deberán solicitar créditos y endeudarse todavía más.

Por otra parte, la explotación de los territorios del Arco Minero incidirá de manera directa en los territorios indígenas de los pueblos Yekuanas, Piaroas, Pemón, Arawak, Piapoco, entre otros. Muchos de ellos ya se han manifestado en contra del proyecto aprobado vía decreto presidencial, por considerar que estas explotaciones devastarían sus territorios. Si ya la minería artesanal e ilegal trae consecuencias catastróficas para estas comunidades, la amenaza megaminera se impone como una sentencia de muerte.

Parece que otra vez se repite la maldición. Otra vez buscando la salida a la “Venezuela Saudita” de la mano del estractivismo con rostro bolivariano, incapaz de generar medios autónomos de vida y padeciendo una violencia inusitada entre los de abajo.

Por supuesto, quien quiera pasar por alto todo esto, justificarlo como meros “errores”, mirar hacia una oposición reaccionaria dividida e incapaz o utilizar la manida frase “ahora no toca” está en su derecho. Pero también estamos los que pensamos que lo que está sucediendo en Venezuela es la mutación del Socialismo del siglo XXI a un euro-comunismo de corte latino-americano para justificar la aceptación de las reglas de juego impuestas por el sistema y la dinámica de pactos con el capital.

Para otros, nuestro derecho reside en reconstruir el bloque chavista, socialista, dotar al Chavismo de una vanguardia, de devolverle la esperanza. Para ello se debe comenzar desde allí donde se extravió el camino.

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