Decisión sabia la del presidente Chávez, pero hasta cuándo?

Editorial de ANNCOL
Las relaciones entre Colombia y Venezuela han vivido en los últimos años una serie de tropiezos dignos de dos proyectos de sociedad distintos, la primera con un proyecto de derecha reaccionario con un tufo fascista, y la segunda, con la propuesta de socialismo del siglo XXI que ha iniciado el difícil camino de pagar la deuda social adquirida por más de 40 años de punto fijismo.
En Venezuela es sabido que los ADECOS y los COPEYANOS se repartieron el poder en una alternancia, basada en un pacto institucional conocido como el pacto de punto fijo, este pacto tiene un año de diferencia con el pacto de frente nacional colombiano, firmado por los LIBERALES y los CONSERVADORES, en Benidorm (España) bajo el padrinazgo del dictador Francisco Franco.
PUNTO FIJO y FRENTE NACIONAL son dos niños nacidos bajo el mismo signo zodiacal de la centralización del poder, basado en el nepotismo, la corrupción político administrativa, la centralización de lo político y la política en dos partidos corruptos y en un modelo de régimen excluyente.
El proceso venezolano, iniciado con Chávez ha intentado dar al traste con el punto fijismo, reinvirtiendo la dinámica de adecos y copeyanos, si bien este proceso marcha con menos y más, la idea de hacer efectiva la “SIEMBRA DEL PETROLEO” invirtiendo en los sectores más desfavorecidos del país, es de hecho un acto revolucionario. Esta política, ridiculizada por muchos, minimizada con epítetos como “populista” es atacada constantemente por la derecha neoliberal Latinoamérica, especialmente la colombiana, quien ha perdido a sus aliados tradicionales adecos y copeyanos. Chávez puso el pueblo en la agenda política y al socialismo le dio una naturalidad que se había perdido después del supuesto fin de la historia.
La oligarquía colombiana y su régimen mafioso encontraron, a regañadientes en Chávez a un interlocutor para continuar ganando dinero, con una balanza de negocios que beneficia siempre a Colombia (70 contra 30). Más allá del miedo que le genera a la oligarquía colombiana el proyecto chavista de socialismo del siglo XXI, ésta siempre temerosa al efecto contagio que puede suscitar el proyecto emancipador venezolano, sigue dándose besitos con Chávez con tal de seguir recibiendo los dólares, esos si bienvenidos a suelo colombiano.
Pero como los negocios son separados de todo sentimiento, la oligarquía colombiana sigue detestando a Chávez, tanto como a Correa y sus proyectos emancipadores, y que no decir de Ortega, con el viejo litigio de la soberanía sobre San Andrés. Ese rencor, hace parte de la lucha de clases en América Latina, son como el agua y el aceite.
La decisión de Chávez de congelar las relaciones con Colombia es sabia y responde a la lectura correcta de los hechos actuales de dos proyectos de sociedad que se encuentran en un conflicto de clases. Pero con Chávez nunca se sabe, nadie duda de compromiso con el proyecto emancipador que dirige, pero con el régimen colombiano, Chávez se ha equivocado tanto, y tantas veces que no sabemos cuándo va a aprender que el régimen colombiano es un régimen de mafiosos y paramilitares, sin ninguna lealtad y sin un sentimiento distinto que a consolidar, a todo precio su poder hegemónico.
Entre el narco-paramilitar y Chávez ocurre como en una pelea de parejas, lo mejor es no meterse ni opinar, pues luego se contentan (besito va y viene) y el malo termina siendo el mediador. Todas estas equivocaciones de Chávez en lo diplomático se explican por una falsa premisa; La idea es acercarse a Uribe, intentar ganárselo para no dejarlo en manos del imperio, unirlo a través de compromisos bilaterales, con una perspectiva de alejarlo del imperio. Error, craso error. Chávez no puede sucumbir, siguiendo al modelo de relaciones internacionales cubano, que le ha dado éxito a isla, pero que no corresponde a la realidad venezolana, esto explica los errores de Chávez.
Uribe es un instrumento del imperio estadounidense a nivel internacional y a nivel nacional, un mandadero del sindicando antioqueño y de otros grupos económicos que tienen invertido miles de millones de dólares en Venezuela. Estos no le pasan al teléfono al narco-paramilitar, cuando se producen disgustos con Chávez. Uribe y su régimen mafioso no tienen ninguna dignidad frente a los EEUU, son cipayos de pura cepa.
Como están las cosas, éstas se van decantando, Uribe mostró con creces que es un enemigo del proyecto emancipador venezolano y ecuatoriano y que con las bases militares se entrega de lleno al imperio, convirtiendo a Colombia en un portaaviones del imperio gringo y punta de lanza de la recuperación de la influencia gringa en América latina, iniciada ya en el golpe militar contra Zelaya.
El equipo situacional que acompaña a Chávez, debe tomar nota de los errores de seguir el modelo cubano. Una islita en el Caribe, por más digna que sea, no tiene de vecino a un régimen tan peligroso como el colombiano. Correa la tiene más clara que Chávez por las decisiones tomadas. El peligro de todo eso, guardando las proporciones y el contexto, es que Uribe, comienza a tener el Cristo de espaldas, y como lo hemos establecido en ANNCOL, Uribe podría, a la usanza de la dictadura argentina en su momento, buscarse unas MALVINAS para provocar un elemento desencadenante de la unidad nacional en Colombia, que le permita perpetuarse en el poder y una situación internacional que ponga en peligro los proyectos emancipadores de sus dos molestos vecinos.
Esto no es un escenario catastrófico, es la perspectiva de la lucha de clases en América Latina. Chávez y Correa deben poner sobre la mesa, de nuevo y sin complejos, el reconocimiento del status de beligerancia para las FARC-EP. Recordemos que en su momento, Yasser Arafat, Nelson Mandela, Kadaffi fueron declarados terroristas, y ayer y hoy muchos de los más connotados dirigentes mundiales, estuvieron prestos a tomarse la foto con los otrora terroristas. Las FARC-EP a la luz del Derecho internacional cumplen con todos los requisitos para ser una fuerza beligerante. Chávez y Correa tienen la palabra. Frente al servilismo y al terrorismo del régimen colombiano, la consigna en América Latina es una sola:
Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina.
¡En Bolívar nos encontramos todos!
¡Abajo el régimen narco-paramilitar colombiano, abajo, abajo, abajo!







