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04/06/2019 :: Venezuela

Defendiendo el proyecto de Chávez: una conversa con Elías Jaua

x Cira Pascual Marquina
Entrevista con el militante, profesor y sociólogo venezolano, que ha desempeñado varios cargos durante las presidencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro

En tu juventud participaste en el movimiento que en 1997 pasaría a llamarse MVR. Entiendo que en algún momento tuviste el rol de acercar e incorporar a gente al movimiento. Eso te da una perspectiva privilegiada para hablarnos de la génesis histórica del Chavismo en su consolidación como movimiento político en los 90.

Yo me incorporo a trabajar directamente con el Comandante Hugo Chávez en mayo de 1996. Ya para ese momento el Comandante comienza a acariciar la idea de participar en las elecciones, de buscar un rumbo democrático‐electoral al proyecto que venía conformando desde los cuarteles, con militares patrióticos, y luego en la calle confluyó con todas las corrientes populares de izquierda desde el año 94.

Para 1997 se toma la decisión de participar con la candidatura de Chávez a las elecciones de 1998 y se aprueba en el mismo evento de abril de 1997 la creación de un instrumento electoral que pasaría a llamarse MVR (Movimiento V República, donde el proyecto Bolivariano buscaba refundar la República. Los periodos históricos de Venezuela hasta ese momento se dividían en cuatro repúblicas, por eso el nombre de V República.

En aquel momento, el Comandante nos da la tarea de desarrollar lo que ya llamábamos los Círculos Patrióticos, que eran estructuras organizativas de por lo menos cinco personas que, en cada comunidad, en cada barrio, en cada localidad, en cada sector debían constituirse para ir formando toda la estructura electoral que nos permitiera ir a la campaña y a las elecciones del 6 de diciembre de 1998. Comienza entonces un arduo trabajo que acelera lo que ya veníamos haciendo con el Comandante desde 1996, que son las giras por todo el país. Yo pertenecía a grupos que íbamos por delante, organizamos los eventos, los encuentros del Comandante Chávez con el pueblo que eran en plazas públicas pues las instituciones no nos facilitan ninguna instalación para realizar actos políticos del Comandante. En paralelo íbamos con los promotores de esos eventos, que eran personajes que invitaban al Comandante Chávez, creando los Círculos Patrióticos en cada uno de los pueblos y ciudades que visitábamos. Fue toda esa etapa de 1997.

Luego ya en 1998 Chávez nos da la responsabilidad de conformar el equipo regional del Estado Miranda, porque se creó una gran red de Círculos Patrióticos en todo el país, en una cifra cercana a los 25000. En aquel momento no había estructura intermedia y comenzamos a crear los Comandos Tácticos Regionales del MVR y a mí me tocó la tarea con otros compañeros de conformar el movimiento electoral en el Estado Miranda. Pero seguí acompañando al Comandante Chávez en todas las giras de la campaña.

Y en aquel momento, ¿cómo caracterizar la composición y el carácter de clase del Movimiento?

Era policlasista y de una diversidad ideológica que iba desde la izquierda radical hasta sectores de derecha conservadora, sectores de la burguesía nacional que eran antiadecos y anticopeyanos, sectores realmente conservadores, incluso hasta el 1996 habían grupos de ultraderecha que después se retiraron.

¿Cómo se gestionaba esa diversidad?

Yo creo que esa gestión fue parte del éxito del Movimiento. Era un Movimiento pluripolar, pluriclasista, pluriideológico, y Chávez siempre orientó el reconocimiento entre todos nosotros, siempre fue un factor de equilibrio, del reconocimiento de todos en torno al objetivo central que era lograr la victoria. Los debates eran obviamente muy intensos, pero en todo caso había un anhelo de todos los que participábamos, y de la sociedad en general, de cerrar la etapa del modelo puntofijista. Eso nos unificó antes de la victoria del Comandante Chávez en diciembre. Y precisamente por eso, en los primeros años de Revolución, se producen muchas rupturas, porque lo que nos unificaba era derrotar a AD y COPEI. Luego en la medida que Chávez orienta la Revolución hacia su objetivo de carácter democrático y popular, sectores de derecha se fueron desprendiendo.

Precisamente hablando del carácter del Movimiento y del proyecto de Chávez, entiendo que para el Comandante la construcción de la nueva República pasaba por una concepción de la democracia radicalmente diferente. Eso es ya evidente en el Libro Azul, y creo que se podría plantear como hipótesis que en esa concepción rupturista de la democracia se puede ubicar el germen para el socialismo en el proyecto Chavista. Entonces me interesaría que nos hables sobre esta visión inicial de la democracia radical en Chávez, cómo se va desarrollando, cómo se va gestando, y cómo desemboca en la propuesta del socialismo.

Te respondo desde atrás, desde la etapa en la que Chávez quizá resume lo que me estás preguntando. En 2010, 2011, 2012, el Comandante empieza a afirmar en muchos discursos que la democracia es socialismo y que el socialismo es democracia. Afirma también que el capitalismo es antidemocrático por naturaleza, por lo tanto esa dicotomía de opuestos entre democracia y socialismo es falsa. La dicotomía Chávez la rompe con esa frase y luego desarrolla el planteamiento cuando dice que no debemos hablar de socialismo democrático porque es como si estuviéramos explicando lo más evidente, pero sí hay que hablar de la democracia socialista. En esas dos frases, el socialismo democrático y la democracia socialista, el Comandante Chávez resume lo que me preguntas. Sin duda, la cuestión de la democracia es un elemento transversal en su pensamiento, el poder del pueblo.

Chávez era un cultor del poder del pueblo, del derecho del pueblo a participar, a expresarse, a opinar, a demandar. Efectivamente Chávez era un profundo creyente del principio de la soberanía popular y planteaba que lo que el pueblo mandaba era lo que el mandatario estaba obligado a hacer. Por eso lo que muchas veces desde la derecha, incluso desde círculos intelectuales de izquierda de ámbito internacional, se ha querido satanizar que Chávez no llegaba a acuerdos. Chávez no pactaba con otros sectores de la sociedad, con las minorías de la derecha. Para Chávez la democracia era el mandato de la mayoría y el reconocimiento de las minorías, pero no había nada que pactar una vez que las mayorías se expresaban, sobre todo porque Chávez era muy honesto en sus programas electorales y en su oferta electoral. Siempre le decía al pueblo “voten por mi porque vamos para ahí”. Un ejemplo. En el 98, tras la victoria, Chávez dijo “vamos a la Constituyente”. A esas le dijeron que había que llegar a un acuerdo para ir a Constituyente y respondió, “no, yo tengo un mandato para ir a la Constituyente, a mi me eligieron para ir a una Constituyente”. Y así en cada periodo electoral Chávez fue reafirmando su oferta, el pueblo votaba y él lo asumía como un mandato. 2006 es el año cuando plantea ir al socialismo como oferta electoral, como oferta política en unas elecciones. Más adelante el Comandante apeló a su mandato, diciendo, “la gente no votó por mi, no votó por Hugo Chávez, sino para construir un modelo socialista”. Eso desde el punto de vista de la soberanía popular y las elecciones, donde asumió la tarea a partir de la representación del ideal clásico que es el voto y el mandato. Pero también en el ejercicio de la democracia directa, Chávez fue un gran promotor, estimulador y abrió todas las puertas para que el pueblo efectivamente fuera poder, real, concreto en las comunas, en consejos comunales, consejos campesinos, desde los círculos patrióticos, etc.

Ante la crisis política de los años 90, una de las cuestiones que mueve al Movimiento es un reordenamiento ético de la política y de la sociedad en general. Evidentemente hoy estamos ante una crisis en el Proceso Bolivariano por una multiplicidad de factores, tanto internos como externos. Tú has planteado que para destrancar el juego hay que buscar un nuevo desencadenante histórico, o que por lo menos hay que reflexionar sobre esta cuestión del desencadenante histórico. Podrías explicar ese planteamiento y como, sin tener la bola de cristal, entendemos eso hoy día.

El Movimiento que Chávez expresa en los años 90, como él mismo lo expresó en varias oportunidades, el anhelo de la sociedad venezolana, de un país independiente frente a lo que era la subasta de sus activos, de subordinación a la geopolítica impuesta por los EEUU, un país con menos desigualdad, con menos pobreza, y un país más honesto. Así resumía él lo que era el anhelo de la sociedad venezolana, que de alguna manera él encarnó. En la sociedad toda había una convicción de que algo debía ocurrir para poder abrir una nueva etapa en Venezuela, como realmente ocurrió. En 1998 se produce una ruptura pacífica, democrática y electoral con el viejo modelo. Fue un cambio de gobierno, la ruptura con un modelo que abrió con altos y bajos, con las resistencias que sectores conservadores impusieron siempre, en 2002, 2004, 2007. Así, se abrió el periodo de mayor independencia que ha tenido Venezuela, de mayor democratización, no solo política sino económica, social, cultural. Efectivamente desde la Presidencia de la República y desde el Gobierno se verificó una conducta ética que Venezuela no había conocido. Lamentablemente eso no logró ser una cultura que permeara toda la estructura del Estado y toda la sociedad, pero por primera vez Venezuela tuvo (o no por primera vez pero de manera excepcional) un Presidente que fue ejemplo de una vida correspondiente con los principios, con los ideales postulados. La ética no sólo estaba referida a lo administrativo sino a la ética política. Hugo Chávez, además de ser un hombre administrativamente honesto, sobre todo fue políticamente honesto. Nunca engañó sobre a dónde iba, en lo que me refería en la pregunta anterior, siempre dijo quien vote por mi está votando por esto.

En este momento todos esos anhelos, todas esas esperanzas que fueron concretadas en los inmensos logros de la Revolución Bolivariana, están en cuestión. La independencia nacional está amenazada como nunca antes por la posibilidad de una agresión militar extranjera. De hecho, al cercenarse nuestra capacidad como Estado para manejar nuestras propias finanzas, al cercenarse la capacidad de representarnos en el exterior, entonces se vulnera la independencia nacional de nuestro país.

Esta confrontación ha vuelto a abrir la brecha de la desigualdad. Ahora tenemos un país donde la pobreza nuevamente pasa a ser un problema, donde el hambre volvió a aparecer, donde las dificultades para acceder a la salud o a la educación son reales. Más allá, cualquiera puede dar explicaciones, pero sin duda alguna la explicación central por la situación actual es una confrontación política y prolongada de casi siete años. Hoy volvemos a tener una sociedad desigual, después de haber logrado revertir el karma de ser el país de mayores ingresos de América Latina y el más desigual en su distribución, después de ser el primer país en una distribución equitativa. Hoy realmente no sé en qué lugar estamos pero simplemente hay que ver la calle para ver que estamos en una sociedad inmensamente desigual.

Además, hay gente que acumula mucha riqueza de una manera delictiva y un pueblo que ve cómo merman los derechos logrados en la primera década de la Revolución. Esto es grave. El descalabro institucional que ha provocado toda esta larga confrontación ha generado que nuevamente el flagelo de la corrupción se expanda como una metástasis por todo el cuerpo social. Estamos ante los mismos dilemas que la sociedad venezolana tuvo en los años 90, con una diferencia: hoy tenemos un proyecto, tenemos la experiencia que demuestra que era posible contener y reducir esos flagelos, y sobre todo tenemos un pueblo organizado y con una gran disposición y una gran conciencia para retomar el camino, y en eso confío plenamente para un proceso de refundación de las bases éticas en lo político, en lo económico y en lo social.

El Movimiento Chavista y popular está firme y unificado frente a la agresión imperialista, sin embargo a lo interno, como en cualquier proceso, hay una multiplicidad de lecturas sobre cómo salir de esta situación. Hay tendencias que plantean que no queda otra si no que privatizar empresas estatales, argumentando que lo público es ineficiente. Hay otras tendencias que plantean que la solución al problema pasa más bien por el pueblo, por la consecución del proyecto comunal, reconociendo precisamente que las experiencias exitosas como Pueblo a Pueblo, o la Comuna El Maizal o la Comuna El Panal han logrado darle respuestas al pueblo. ¿Cómo ubicarnos en todo este debate en tiempos como los que vivimos?

Todo esto es expresión de lo que te decía: el Chavismo nace de un Movimiento policlasista que se conformó a partir de distintas corrientes, de distintos orígenes de pensamiento político, ideológico, de prácticas de vida diversas. El Chavismo va a tener siempre esas tensiones. Evidentemente en estos momentos, frente a la dimensión de la crisis que atravesamos, lo lógico es que se presenten las salidas pragmáticas como las necesarias a costa de flexibilizar los principios que han sostenido el modelo. En primer lugar sobre eso lo que hay que decir es que el modelo Bolivariano nunca ha dejado de reconocer la existencia de la propiedad privada o la inversión privada. Desde la Agenda Alternativa Bolivariana hasta el Plan de la Patria de 2012, siempre asumimos la Revolución Bolivariana como un modelo mixto donde el Estado defiende la propiedad pública y ejerce el papel de rector de la economía, y donde hay un sector privado regulado, subordinado a los intereses de la población. Además, tenemos un Estado que debe favorecer la emergencia de un sector de economía social que veíamos al principio, que devendría en economía comunal y popular. Esto es lo primero que hay que aclarar.

Cabe preguntarse cuál es el peso de estos ámbitos de en economía. En este sentido el Comandante Chávez siempre lo dejó claro: el gobierno debe estar con la emergencia de la economía en manos del pueblo, y todo esto entendiendo que no se deben repetir los viejos errores de los socialismos europeos, que se basaron en el estatismo, y por otro lado sin glorificar la hegemonía de la propiedad privada de los grandes propietarios privados. Lamentablemente, como te decía, las circunstancias hacen que hoy las corrientes que siempre se opusieron a esa idea.

Hoy en día aquellas corrientes de larga data que planteaban que el objetivo de la Revolución Bolivariana era desplazar al antiguo régimen (como lo hizo) y garantizar la educación pública y el acceso a la atención médica era, en sí mismo, el objetivo se hacen más visibles. Su discurso gira en torno a la idea del “socialismo en lo social”.

El Comandante siempre combatió la premisa del “socialismo en lo social”. Cuando declaró el carácter socialista de la revolución, lo dejó muy claro: “No estoy hablando del socialismo de Europa occidental; no se trata solo de resolver algunos problemas sociales a través de la participación del Estado”. Es por eso que luchar por una sociedad donde la hegemonía de la economía se encuentra en el sector privado es contrario al espíritu de esta revolución.

Las razones que da la tendencia privatizadora son muy problemáticas. Hablan de la ineficiencia de la propiedad estatal y la propiedad social. Sin embargo, la mayor parte del proceso de nacionalizaciones ocurrió entre los años 2007 y 2008, y esos son los años con el mayor crecimiento del PIB, no solo en el sector petrolero, sino también en los sectores industrial y agrario. Los números de la CEPAL lo demuestran.

Lo interesante es que las empresas estatales duplicaron o incluso triplicaron su producción en esos años. Esto se debe en parte a que el Estado inyectó recursos que el capital privado no estaba dispuesto a hacer. Sin embargo, también se debió a que todo el proceso de nacionalización inspiró un espíritu colectivo de compromiso. Así, la producción de alimentos creció exponencialmente, mientras que la pobreza fue prácticamente eliminada.

Además, sin la nacionalización de las industrias del acero y el cemento, que había estado en manos de las transnacionales, la Gran Misión Vivienda Venezuela no hubiera sido posible. Sin una CANTV nacionalizada, la democratización de las comunicaciones no habría ocurrido porque la gente no habría podido pagar esos servicios. Esto es importante porque no deberíamos ver las cosas exclusivamente desde el punto de vista de la rentabilidad económica. Los resultados sociales del proceso de nacionalización también deben tomarse en cuenta.

La voluntad colectiva del Chavismo, y así he visto en las asambleas y reuniones a las que asisto regularmente, se opone a dejar que el sector privado gobierne la economía. No negamos que pueda participar en la economía, pero no apostamos por lo privado. Quienes defendemos el proyecto revolucionario y seguimos comprometidos con el legado del Comandante nos unimos a la gente. ¿Puede alguien en su sano juicio pensar que el sector privado será capaz salvarnos ahora, el mismo sector que no logró desarrollar nuestra economía durante décadas y décadas?

Entrevista realizada para Venezuelanalysis.com. Esta versión en castellano fue transcrita por la Fundación Pakito Arriaran.

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