?Dentro de nuestro proyecto político creemos que la Constitución es un paso importante?

Nota de La Haine: Entrevista realizada antes del referéndum.
- ¿Cómo argumentan desde su organización su posición, ese “sí crítico”de la CONAIE, ante el próximo referéndum constitucional a celebrar el 28 de septiembre?
Nosotros no decimos un sí crítico, porque sería no estar tan de acuerdo con la lucha histórica que hemos hecho. Nuestro sí es un sí al Ecuador y al sacrificio del movimiento indígena y social, que ha luchado contra el modelo neoliberal y contra el imperio norteamericano. Nuestro sí es por la soberanía, por la educación, por descolonizar a este país y expulsar a las bases militares extranjeras que están acá. Nuestro sí es para recuperar los recursos naturales que los y las ecuatorianas tanto necesitamos para pagar la deuda social y para que las transnacionales no sigan traficando con ellos.
Es un sí diferenciado del Gobierno, porque no llamamos a la votación por una casa u obras de infraestructura, sino por el proceso de lucha. Nosotros tenemos un proyecto político, y dentro de ese proyecto de país creemos que este paso de la Constitución es un paso importante. Porque esta Constitución no es el fin: es un mecanismo que debe llevar hacia la verdadera democratización y la justicia social.
- ¿Cuáles son los elementos positivos que les llevan a apoyar la Constitución?
Para nosotros es fundamental que la Asamblea Constituyente haya puesto fin a la tercerización indiscriminada en este país. El Mandato Minero, por ejemplo, recupera 13 millones de hectáreas que fueron feriadas por los gobiernos neoliberales, entregando cada una a 1,60 dólares al año a unas empresas que no pagaban ninguna renta minera al Estado ecuatoriano y sin presentar ningún estudio de impacto ambiental. Para nosotros la tierra es la base fundamental y la Asamblea tomó la decisión de revertir esas concesiones. El Mandato Minero es un paso importante para devolver [las tierras] al país y renegociar con las empresas. Pero nuestro objetivo final es la nacionalización de la minería y del petróleo ecuatoriano.
Queremos dejar muy claro esto: no estamos en contra de la inversión ni del desarrollo, tal vez necesitamos inversión. Pero una inversión que respete al país, a los pueblos y a las comunidades para que no se vean afectadas, y sin que halla una relación de patrón-dueño y peón, tal y como ha habido hasta ahora.
Además, en la Constitución se dice que toda forma de privatización del agua está prohibida. Por lo menos en este tema se acabó el neoliberalismo, porque aquí muchas empresas como la Bechtel o la Triple Oro estaban privatizando el servicio de agua de consumo. Y eso no puede ser porque los servicios básicos como el agua, la salud o la educación, son un derecho humano.
- Según una noticia del diario El Comercio, se está preparando una ley compatible con la nueva Constitución para licitar proyectos mineros a empresas extranjeras.
Conocemos el término de la ley. Nuestra pelea no sólo es de oposición a la minería a gran escala. Nosotros cuestionamos el modelo económico con la nueva Constitución. Una cosa es pelear por el agua como líquido vital para el ser humando y otra pelear por el agua como medio de producción y para qué modelo económico. O la minería como base de un modelo económico capitalista o social y de justicia. Nosotros vamos a acogernos al artículo 98, el de resistencia de los pueblos, y al del derecho de la naturaleza, que es fundamental para los pueblos indígenas en esta nueva Constitución.
- Respecto al modelo económico existen críticas desde el movimiento indígena en el sentido de que la Constitución plantea un modelo quizás más social pero igualmente extractivista, lo cual afecta directamente a los territorios indígenas.
Obviamente esa relación no ha cambiado mucho. Que un modelo neoliberal se convierta en un modelo social pero extractivista no va a resolver nada. Tiene que haber un plan nacional para no depender de la extracción. El país puede conseguir alternativas. Ese modelo no va a traer ninguna solución, será “pan para hoy y hambre para mañana”, y los ríos contaminados, los pueblos desplazados... Es lo que ha pasado desde la época de la colonia hasta estos momentos con la presencia de las empresas trasnacionales. Los que hemos sufrido todo esto somos los pueblos más pobres y los indígenas.
El tema de cambiar el modelo económico no es suavizar o hacer mejor ingreso para el Estado, sino cómo cambiar el modelo de Estado en su régimen económico. Para nosotros es claro: frente al modelo neoliberal está el modelo del sumak kawsay como alternativa. Un desarrollo en la línea del sumak kawsay. El modelo del sumak kawsay no es sólo para un determinado sector, sino para toda la colectividad ecuatoriana, porque significa vivir bien. Si explotan y destruyen la naturaleza y contaminan el río, eso no es vivir bien. El modelo de sumak kawsay implica vivir mejor, no sólo los seres humanos, sino también los animales, las plantas, los ríos, las montañas. Vivir bien y en armonía con la naturaleza. Y para eso, el ser humano no tiene que vivir en competencia. Es fundamental para nosotros dejar claro esto: el modelo de sumak kawsay es una alternativa al modelo neoliberal.
Obviamente tenemos nuestras observaciones y críticas [a la Constitución], pero eso no nos debe convertir en francotiradores contra este proceso que nosotros mismos hemos construido.
- ¿Cree que el modelo del Sumak Kawsay está realmente plasmado en la Constitución?
El sumak kawsay está plasmado en la Constitución, pero hasta dónde comprendan los actores sociales, económicos y políticos, eso no lo sé. Pero nosotros sabemos qué es eso. Por eso es fundamental que la Constitución no sea un fin, sino una herramienta y un proyecto político. Después del 28 serán las luchas más fuertes.
- Desde sectores de la derecha, se critica que desde una Constitución no se puede representar un modelo de vida para toda la sociedad, sino que eso es elección de cada individuo.
Obviamente la oposición no está disputando el modo de vida o su individualidad, sino cómo mantener sus privilegios. Entonces buscan cualquier cosa: dicen que no al sumak kawsay, dicen que en vez de Dios en la Constitución está la Pachamama, que la administración de justicia [indígena] es violación de los derechos humanos, que hablar kichwa es indigenismo... Lo que existe en el país es una disputa de cómo redistribuir la riqueza nacional. Obviamente, los que han acumulado riqueza irresponsablemente y de manera ilegal en algunos casos deben entender que hay un pueblo que muere de hambre alrededor suyo y tienen que aprender a redistribuir. Cada quién puede elegir su modo de vivir y su fe, nadie le está impidiendo, pero lo cierto es que la construcción de ese modelo económico tiene que, dentro del sumak kawsay, respetar hasta un límite qué cosas son propiedad privada y qué cosas son bienes públicos y comunes para todos.
- Uno de los elementos más importantes de las demandas indígenas era la introducción en la Constitución del consentimiento previo, libre e informado de los pueblos, que finalmente no aparece en el texto.
Lamentablemente no pasó. No pasó por la miopía política y porque quieren seguir corrompiendo al Estado ecuatoriano. En ese espacio donde se deciden las licitaciones petroleras, mineras, hidroeléctricas... está, como dice el pueblo, la mamadera: la fuente de la corrupción. El planteamiento del consentimiento previo es y ha sido para democratizar la decisión. Porque es muy fácil que un ministro se siente en Quito, en un cuarto bien lujoso, con las transnacionales y haga negocio oscuro sin beneficio para el país. No solamente es que se explote o no se explote. La miopía y estrechez mental de la clase política les hace pensar que los indígenas decimos no y entonces nos oponemos a la explotación. No pasó porque dijeron que el movimiento indígena iba a adueñarse del petróleo y el agua, lo cual no es más que una justificación para no incluirlo y viabilizar este modelo extractivista que no solucionará ningún problema nacional ni internacional. Nosotros vamos a seguir luchando por el consentimiento previo. Tenemos el artículo del derecho a la resistencia de los pueblos, que es más fuerte todavía. Nos vamos a acoger a él en muchos casos.
- En caso de que ganara el sí habría elecciones posteriormente. ¿Cómo van a enfrentarse a ese proceso electoral? ¿Piensan establecer algún tipo de diálogo o pacto con Rafael Correa?
Que yo sepa no hay pacto ni diálogo. Hay una independencia y una autonomía del movimiento indígena que vamos a mantener. Una cosa es que a veces nuestras propuestas coincidan con el Gobierno, pero eso no significa pacto ni unidad. Coincidimos en sacar la base de Manta, en no firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC), en que las negociaciones de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) con la Unión Europea no sean en términos de TLC (a pesar de que la UE parece peor que el TLC), en que se tenía que otorgar a la Asamblea Constituyente plenos poderes, en que tenemos que construir una relación de unidad con los pueblos de otros países, en que hay que enfrentar a la derecha y a algunos obispos de la Iglesia Católica... Pero también hay una enorme diferencia de opinión con el presidente Correa respecto a los recursos naturales. Las coincidencias no hacen que estemos dialogando ni pactando, sino que la lucha se complemente en ese camino que está empujando el Ecuador, no sólo el Gobierno. Eso no significa que se transfieran acuerdos electorales o puestos burocráticos. Tenemos la suficiente ética y moral de cuestionar las cosas que están mal del Gobierno, y eso es una contribución, no sólo al Gobierno, sino al país, porque tenemos que mirar qué va a ocurrir después de Correa. Incluso si fuera un Gobierno nacido de la lucha social, el movimiento indígena tendría que mantener su independencia, no estatizarse, porque ya hemos aprendido lecciones.
- Hay nacionalidades de la Amazonía, como los waoranis, que tienen claro que darán un no.
No soy dirigente de la CONAIE. Podría dar mi opinión, pero soy respetuoso con los espacios que tenemos. Yo puedo responder por la Sierra, donde el sí posiblemente llegue al 65%. Obviamente, yo puedo entender que los Waoranis y otras nacionalidades filiales de la CONAIE tengan esa preocupación, que también es nuestra. No tenemos que pensar sólo en nuestros derechos, sino en cómo la Constitución afecta a todo el país. Para nosotros, en la Sierra, que no se privatice el agua, que haya seguridad social, que se acceda la educación hasta nivel superior, que se vaya a enseñar en las aulas escolares uno de los idiomas ancestrales, son temas inmensamente importantes.
Hay problemas muy locales por ejemplo en la parte sur de la amazonía, como el de la minería, que entendemos. Pero si esta Constitución es aprobada, da mayores elementos para defendernos que la del 98, porque ésta no tiene derechos a la naturaleza ni a la resistencia y permite que se saque el petróleo y se entregue a las transnacionales. Es peor. Esa es la reflexión que hemos hecho y por eso hemos tomado la decisión que hemos tomado.
- Hemos oído algunas críticas respecto a que su organización se pronunciara por el sí antes que la CONAIE. ¿No cree que fue una decisión que invitaba a dividir al movimiento indígena y obligaba a la CONAIE a seguir el curso de su organización?
El país conoce nuestra organización. Hasta los enemigos más detractores nos conocen por la actitud política que tenemos. No buscamos cálculos políticos ni acuerdos, actuamos según nuestras convicciones políticas. Nosotros tomamos esa decisión en el momento preciso, en el momento que el país necesitaba. No podemos permitirnos retroceder o dejar abierto a las bases ni tomar una decisión cuando faltan dos semanas. Eso es una irresponsabilidad. Tenemos 8.400 comunidades, una población inmensa. Si no direccionas en el momento preciso, tienes a la oposición, como Lucio Gutiérrez, que se mete en tu territorio.
¿Qué sentido tiene pronunciarse cuando las fuerzas ya están decidiéndose? Entramos en el momento de la decisión política y logramos que la balanza vaya con mucha fuerza hacia el si. Eso ha permitido a muchas fuerzas sociales que dudaban e iban a dar un sí al Gobierno, acogerse a nuestra posición, que es la de un sí diferenciado del Gobierno. Nuestra lealtad es con el pueblo ecuatoriano, no con determinadas personas o grupos. La dirección se tomó el 29 de julio y fue analizada y estudiada. Nuestras bases tenían toda la información. Se organizaron asambleas en las provincias antes del 29 de julio, día en el que asistieron 580 delegados a la Asamblea de la ECUARUNARI en la que se tomó la decisión.
La Haine







