Ecuador: Correa dice sí a Repsol, sí a Telefínica y que siga la reconquista española

Un parpadeo de cinco siglos eclipsó los ojos de María José, la joven ecuatoriana, tejida a puntapiés el 23 de julio pasado en un parque de Madrid, en el mismo sitio donde miles de niños y adolescentes “sudacas” cuentan horas, mientras sus madres sudan ahorros limpiando el culo a algunos hijuelos de la “madre patria”. Al otro lado del planeta los que nos quedamos, asomamos el ojo tuerto por las rendijas multimedia, para ver cómo la ralea gobernante criolla, se desploma pusilánime ante la rancia corona.
Estas dos realidades, crueles pero distantemente cercanas, graficadas en un primer plano de la mano sosteniendo la mejilla izquierda de la esfera planetaria, nos invita a buscar algunas verdades en el bolsillo de esa memoria aún secuestrada por el miedo. ¿Cómo una sociedad: la española, levantada en gran medida por los músculos y el dolor de los pueblos de América Latina y de los recursos naturales saqueados de sus tierras, no alcanza a reconocer a sus víctimas y prosigue castigando a puntapiés a ese río de trabajadores exiliados, que engordan de plusvalía al reino?; y, ¿cómo a punta de “acuerdos bilaterales” nos siguen sometiendo a quienes nos quedamos a gritar entre dientes la tragedia, desde el desván de la Patria chica?







