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03/11/2010 :: EE.UU.

EE.UU: La derrota anunciada

x Roberto Montoya
La guerra, gran ausente en las elecciones :: Barack Obama camina desde hace semanas con la cabeza baja camino al cadalso electoral.

A una semana de las elecciones de este próximo martes 2, con una caída del índice de popularidad desde el 70% al 45%, reconoció de antemano su derrota en el programa de TV “Daily Show” del comediante progresista Jon Stewart. “La gente está frustrada”, dijo el presidente. Y como tímida disculpa añadió: “hay cosas que la gente ni sabe que hicimos”. Una disculpa que suena rara viniendo de boca del comunicólogo por excelencia. Para intentar demostrar que no todo está perdido, Obama dijo en esa entrevista: “nunca dijimos que podríamos conseguir todos nuestros objetivos en 18 meses”.

En estas elecciones a mitad de mandato por las que tiene que pasar cada presidente estadounidense, se elige a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a un tercio de los 100 que componen el Senado; a 38 gobernadores, mientras tienen lugar simultáneamente varias elecciones locales y territoriales.

Todas las encuestas auguran que un “tsunami” republicano arrasará en las dos cámaras y en los principales estados en disputa, dejando maniatado a Obama en sus dos últimos años de mandato y abortando (lapsus, los republicanos no abortan) sus posibilidades de ser reelegido en 2012. La causa de esta derrota anunciada, de este desgaste tan acelerado del “milagro” Obama que obnubiló a medio mundo hace sólo un par de años, no puede atribuirse exclusivamente a las ya de por sí demoledoras consecuencias de la crisis capitalista mundial, que tuvo su origen precisamente en Estados Unidos.

Sin ser ningún radical, si uno atiende a los parámetros internacionales, Obama sí lo es para EE UU. Ya fue demasiado que un partido como el Demócrata, conservador, esclavista y antinegro desde que nació en 1824 y por varias décadas, al punto de ser el apoyo fundamental del Ku Klux Klan (el presidente Harry Truman fue miembro reconocido del KKK), evolucionara durante el siglo XX hacia unas posturas progresistas, cambiándose los papeles con el Partido Republicano (ambos nacieron del mismo tronco, el Partido Demócrata-Republicano) y llegara en el siglo XXI a nombrar a un candidato presidencial afroamericano. Demasiado cambio, sí.

Y es que Barack Obama no sólo viene enfrentando desde que inició su mandato el 20 de enero de 2009 el agresivo hostigamiento y boicot del Partido Republicano y de los principales “lobbies”, que cuentan con gran poder de influencia. No, Obama, a pesar de haber sido votado mayoritariamente en la interna de su partido frente a su gran rival, Hillary Clinton, su actual secretaria de Estado, no tiene el apoyo de todos los demócratas ni mucho menos. Esto se vio en el rechazo de miembros de su propio Gabinete a que investigara las graves violaciones de los derechos humanos cometidos por la Administración Bush al amparo de la “guerra contra el terror”, se vio en su frustrante batalla, por cerrar Guantánamo, y se volvió a comprobar en el debate de la reforma sanitaria, que terminó descafeinándose tanto que poco quedó de su idea original.

Son varias las familias políticas que coexisten dentro del Partido Demócrata y Obama juega un papel bonapartista, haciendo equilibrios entre unas y otras. El jueves pasado, en el prestigioso blog “The Caucus” del New York Times, el analista Michael D. Shear, explicaba las presiones que sufría Obama dentro de su propio partido, y el peso que tienen las distintas corrientes. “¿Es Obama demasiado tímido?”, titulaba Shear su nota.

Y explicaba que esa era la crítica que le hacía el sector más “liberal” de los demócratas, que en EE UU es equivalente a “progresista” o “izquierda”. Shear explicaba que el sector más “liberal” o de izquierda del Partido Demócrata, el “Progressive Caucus”, con 78 miembros en la Cámara de Representantes (de un total de 255 representantes demócratas), presionaba al presidente para que fuera más radical en su programa. Este sector le pide que se apoye en ellos, en “un más pequeño y más cohesionado caucus”.

Pero los llamados “Blue Dogs” y los “New Democrats”, la corriente de los “moderados” y de los “centristas”, acumulan 105 escaños en dicha Cámara, son mayoría en el bloque demócrata.

Barack Obama sabe por tanto que aunque su ideario esté más cercano al “Progressive Caucus”, necesita indispensablemente del apoyo de las otras dos corrientes para intentar sacar su programa adelante.

Shear recuerda en su análisis, para más inri, que según una última encuesta de Gallup, el 42% de los estadounidenses dicen ser “conservadores”, el 35% “moderados” y sólo un 20 se reivindica “liberal”.Con esas cifras internas y externas sobre la mesa Obama no tiene demasiado para festejar. En las últimas semanas ha concentrado sus esfuerzos en remodelar su Gabinete en un intento por atacar aquellos problemas más inmediatos que acucian a los ciudadanos.

Esta realidad es bien conocida por el Partido Republicano y de ahí su euforia y radicalización. Actualmente tienen 178 escaños en la Cámara de Representantes y 41 en el Senado, pero están seguros de conseguir la mayoría en las dos cámaras.

Desde que Obama llegó al poder, el Partido Republicano radicalizó su discurso y engendró el Tea Party, un movimiento con valores cavernícolas, ultraconservador, xenófobo y homófobo, enemigo acérrimo de todo lo que huelga a Estado y defensor a ultranza de las armas, que ha ido creciendo como la espuma en todo el país.

Liderado por Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska y ex candidata a vicepresidenta en tandem con John McCain en las elecciones en las que ganó Obama, en poco tiempo se ha convertido en una poderosísima corriente dentro del Partido Republicano. Palin reconoce públicamente que luchará dentro de su partido para ser la candidata republicana a las presidenciales de 2012. Los comicios del martes darán una primera pauta de cuan cerca están los republicanos de volver a la Casa Blanca.

La guerra, gran ausente en las elecciones

Si un turista extranjero totalmente desinformado del papel que ejerce EEUU en el mundo visitara estos días preelectorales ese país, difícilmente se enterara que está involucrado de lleno en las dos guerras más cruentas que sufre el planeta actualmente. Aunque leyera los programas del Partido Demócrata y del Partido Republicano y fuera a numerosos mítines o siguiera los innumerables debates por radio o televisión, no tendría oportunidad de conocer que las dos guerras lideradas por EEUU, la de Afganistán y la de Irak, han devastado esos dos países y han provocado la muerte de cientos de miles de personas, agudizando como nunca antes el enfrentamiento entre Occidente y el mundo árabe y musulmán. Tampoco se enteraría de qué contienen los 90.000 documentos secretos sobre la guerra en Afganistán y los 400.000 sobre la de Irak revelados por Wikileaks.

La impresionante documentación hecha pública por esta organización, accesible en http://wikileaks.org, supone la más documentada reconstrucción de los partes de guerra diarios y acciones militares hecha sobre una guerra en toda la historia moderna. A pesar de que organizaciones poderosas como ACLU habían logrado ya en el pasado a través de los tribunales que se desclasificaran muchos documentos relacionados con Guantánamo o Abu Ghraib, lo revelado por Wikileaks tiene un valor único.

Los documentos internos del Ejército de EEUU permiten reconstruir, con lujo de detalles los innumerables abusos, torturas y ejecuciones extrajudiciales cometidos tanto por las tropas estadounidenses como las del Ejército iraquí, con tolerancia de los mandos norteamericanos. “Secuestro”, “decapitación”, “violación”, son palabras que aparecen constantemente en los partes, mostrando además, en mapas interactivos, dónde se produjo cada muerte. De los documentos se concluye que de las 150.000 personas que murieron violentamente en Irak desde 2003, el 80% eran civiles, una cifra registrada con precisión por EEUU pero nunca reconocida públicamente.

En EEUU han hablado poco los medios de esto, mucho menos que en Europa. Y prácticamente no se habla nada en la campaña electoral. ¿Será que es un tema ajeno a las preocupaciones del ciudadano?

Cuesta creerlo si se tiene en cuenta que en Irak, a pesar de la retirada parcial de tropas, sigue habiendo 50.000 efectivos y que en Afganistán superan los 100.000, a los que hay que sumar los más de 100.000 mercenarios empleados por las compañías privadas contratadas por el Pentágono. Esas 250.000 personas tienen familia, amigos, compañeros. Como tenían familia y amigos los 5.000 soldados que ya murieron en esas dos guerras, o los tienen los 30.000 soldados que resultaron heridos, muchos de los cuales quedaron mutilados.

Y aún a aquellos que no tienen ni han tenido amigos, ni familiares ni compañeros involucrados en esas guerras, tal vez les preocuparía, como contribuyentes, saber que su Gobierno está gastando 12.000 millones de dólares por mes para financiar esas guerras, a razón de 3.500 dólares por ciudadano desde 2001 hasta 2010, según el National Priorities Project de Masachussetts.
Pero ese desinformado turista extranjero no se enteraría nada de eso.

Los dos grandes partidos que se baten a duelo este martes no parecen considerar que haya cosas importantes que discutir sobre el curso de estas guerras. En las 48 páginas del programa del Partido Republicano, titulado “A pledge to America”, hay sólo unos párrafos sobre el tema, en los que se dice: “Haremos todo lo necesario para proteger nuestra patria, para apoyar a nuestras tropas y veteranos que honrosamente nos protegen, y asegurar que nuestro gobierno tenga una estrategia coherente para enfrentar y derrotar la amenaza terrorista”. En otro pasaje se deja claro que “los terroristas extranjeros no tienen los mismos derechos que los ciudadanos extranjeros” y que rechazan que los prisioneros de Guantánamo sean juzgados por tribunales civiles y menos aún que sean trasladados a EEUU.

Para ellos, los “provida”, las cosas están muy claras con respecto a las guerras y los derechos humanos, seguir la senda abierta por Bush. Y los demócratas, que no saben cómo cerrar de una forma beneficiosa económica y estratégicamente para EEUU esas guerras que abrieron los republicanos, tampoco tienen interés de que se hable de ellas.

Viento Sur / Correspondencia de Prensa: germain5@chasque.net

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