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Colombia :: 15/01/2026

EEUU y el riesgo de injerencia en las elecciones colombianas

Pablo Castaño
Entrevista con el candidato de izquierda Iván Cepeda :: Los logros de Gustavo Petro, el ataque de EEUU contra Venezuela y las prioridades de su gobierno para erradicar la pobreza

Iván Cepeda es senador por el Pacto Histórico, la alianza de centroizquierda que respaldó la elección del presidente colombiano Gustavo Petro, y su candidato para sucederlo en la presidencia en las elecciones generales de mayo y junio de 2026. Defensor de DDHH, Cepeda tiene una extensa trayectoria política que lo llevó, en distintos momentos, a militar en el Partido Comunista, la Unión Patriótica, la Alianza Democrática M-19 --el partido surgido tras la desmovilización en 1990 de la guerrilla del M-19, a la que perteneció Petro-- y más tarde en el Polo Democrático, hoy integrado con otras fuerzas en el Pacto Histórico.

Cepeda es conocido por su papel en diversos procesos de paz con la hoy disuelta guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), una gran fuerza guerrillera que sigue activa tras varios intentos fallidos de negociación. Su padre, Manuel Cepeda, congresista por la Unión Patriótica --un partido surgido de un proceso de paz con las FARC-- fue asesinado en 1994 por paramilitares en el marco de una campaña derechista de exterminio de los dirigentes de ese partido. Tras el asesinato de su padre, Cepeda impulsó el Movimiento Nacional de Víctimas, con el objetivo de lograr justicia para las personas asesinadas por agentes estatales y bandas paramilitares.

Cepeda también participó en el proceso judicial que culminó en la condena inicial del expresidente Álvaro Uribe por manipulación de testigos en una causa vinculada a sus presuntos vínculos con bandas paramilitares. Aunque el desenlace del proceso sigue siendo incierto, se convirtió en el juicio más conocido de la historia reciente de Colombia y debilitó a Uribe, que continúa siendo la principal figura de la derecha colombiana.

Apenas pasó una semana desde el ataque de EEUU contra Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro por orden de Trump, quien además amenazó en reiteradas ocasiones al presidente colombiano. A diferencia de Petro, conocido por su estilo hiperbólico y su uso frenético de las redes sociales, Cepeda responde con un tono firme pero mesurado.

¿Cómo evaluaría el ataque de EEUU contra Venezuela y las amenazas de Trump contra Colombia y otros países de la región?

No los veo como hechos aleatorios o aislados. Todos están contenidos en la nueva doctrina de EEUU hacia el hemisferio occidental, que quedó claramente expuesta en la Estrategia de Seguridad Nacional dada a conocer en diciembre. Esa estrategia incluye una sección titulada «El corolario Trump de la Doctrina Monroe», donde se afirma con claridad que EEUU tiene el derecho de ejercer hegemonía sobre todo el hemisferio occidental para sostener sus objetivos y metas estratégicas, y para ejercer control político, económico y militar sobre la región.

Allí se indica con claridad cómo operar: clasificar a los gobiernos como amigos o, si se oponen a sus intereses estratégicos, como enemigos. En consecuencia, se los someterá a chantajes y a presiones si no siguen las directrices de Washington. O directamente serán derrocados, secuestrados o eliminados, como vimos en Venezuela y como empezamos a ver en Colombia. No se trata de acciones aleatorias ni deberían analizarse por separado, sino dentro de esta visión global de la ultraderecha neofascista internacional.

¿Le da credibilidad a las amenazas de Trump contra el presidente Gustavo Petro?

Hay que darles plena credibilidad. No sé si apunta a una intervención directa, pero sí, sin duda, a una actitud de hostilidad de Trump y del gobierno de EEUU hacia nuestro gobierno, y a la intención de impedir que el progresismo continúe avanzando en Colombia. El presidente Petro fue incluido en la «lista Clinton», que reúne a ciudadanos que EEUU considera narcotraficantes o con bienes vinculados al narcotráfico. Es un acto abiertamente hostil, adoptado sin ninguna justificación pública. Es la primera vez que se toma una medida así contra un presidente de Colombia.

También vimos bombardeos en nuestras costas y la descertificación de Colombia como país que combate el narcotráfico, después de haber hecho un esfuerzo inmenso contra ese flagelo. Todo indica que se está trazando un camino no solo para dificultar cada vez más la gobernabilidad de Petro, sino también para frustrar la posibilidad de que yo resulte electo.

¿Habrá una intervención directa de EEUU en las próximas elecciones?

Sí. Cuando una potencia extranjera emite opiniones contra un gobierno durante un período electoral, cuando dice que ese gobierno tiene actitudes favorables hacia organizaciones criminales, que puede tener un efecto perjudicial en la región, eso tiene un propósito. Figuras del entorno de Trump, tanto congresistas como funcionarios de la administración, se expresaron de ese modo.

Más allá de las declaraciones, ¿le parece que podría haber una intervención más directa del gobierno estadounidense durante la campaña y las elecciones presidenciales y legislativas de este año en Colombia?

Veremos. Existe un peligro real. Hay antecedentes.

¿La llamada telefónica que tuvieron Petro y Trump el 8 de enero resuelve la situación o solo implica una pausa?

Es bienvenida si el objetivo es reducir la hostilidad. Pero, sin dudas, la situación no se resuelve simplemente con llamadas. Hay hechos evidentes: hay un portaaviones gigantesco frente a las costas de Colombia, una presencia militar nunca vista en el pasado, y el presidente figura en una lista de narcotraficantes. Las llamadas son bienvenidas, pero esos hechos permanecen.

Durante 2025, Trump llevó adelante actos hostiles contra varios países de América Latina, pero ninguna organización regional --como la CELAC o la Unasur-- logró consensuar una posición común. ¿Tras el ataque contra Venezuela podría alcanzarse una mayor unidad en la región, incluso con gobiernos conservadores?

Más que un hecho puntual, hay que entender el momento político e histórico en el que estamos y la orientación clara que tomó el gobierno de EEUU. Sin una mirada panorámica, se cae en conductas reactivas o adaptativas. Los hechos se suceden y se emiten pronunciamientos caóticos. Cada golpe es más duro que el anterior, pero se reacciona como si todavía fuera posible revertir la tendencia.

Debemos actuar con una visión estratégica, más allá de tal o cual episodio. Hay que establecer una posición estratégica: somos un continente soberano. Somos países independientes. Tenemos procesos de unificación que venimos construyendo desde hace mucho tiempo y que deben fortalecerse. Somos una zona de paz. Y no aceptamos injerencias extranjeras. Así es como deben alinearse los gobiernos y los pueblos.

La izquierda fue derrotada en elecciones recientes en Chile, Honduras, Argentina y Bolivia, en varios casos frente a la ultraderecha. ¿Cómo explica el rápido crecimiento de la extrema derecha en América Latina en los últimos años?

Habría que analizar cada caso. No creo que puedan hacerse afirmaciones generales sin considerar las condiciones específicas. Pero la influencia de Trump es significativa. Miami y Florida se convirtieron en un centro de la política internacional, coordinando los esfuerzos de la ultraderecha hemisférica. Detrás de eso hay poderosos conglomerados económicos, que recurren a todo tipo de métodos. A diferencia de la política que lleva adelante la izquierda, en la derecha y ultraderecha son habituales los métodos sucios de hacer política. Esta ofensiva estratégica en el continente juega un papel clave. También hay un fortalecimiento de la izquierda en ciertos países y movilizaciones sociales en todos ellos.

¿Cómo reaccionó la derecha colombiana ante las amenazas de Trump?

La derecha está alineada con Trump y con los sectores más reaccionarios de EEUU, empezando por su principal referente, Álvaro Uribe. Todos los días van a los medios a promover la intervención estadounidense en Colombia.

¿Esa posición podría perjudicarlos electoralmente?

Sin duda. Puede haber cierto apoyo en algunos sectores, muy carentes de dignidad, a una propuesta de ese tipo, pero en el país existe un sentimiento de soberanía y de respeto por nuestra nación. Eso, creo, tiene efectos electorales.

La centroizquierda llegó al poder en Colombia por primera vez hace cuatro años con un ambicioso programa de reformas sociales. ¿Cuál es su balance de la presidencia de Gustavo Petro?

Es el primer gobierno que produjo transformaciones sociales, aunque no todas las que se deseaban y no sin errores, vacíos y equivocaciones (por ejemplo, haber tenido que soportar la corrupción, un problema grave que debe erradicarse y frente al cual hay que crear condiciones para que no vuelva a ocurrir en un gobierno de izquierda). Existen logros sociales claros, confirmados por datos estadísticos, por organismos internacionales y por el simple hecho de que se construyó una base social muy amplia de apoyo.

Fue el primer gobierno que llevó adelante una reforma agraria seria, distribuyendo una cantidad de tierras sin precedentes y sin comparación con gobiernos anteriores, y que formalizó títulos de propiedad para comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas. Inició transformaciones territoriales, logró sacar a más de dos millones de personas de la pobreza, incrementó de manera significativa el salario mínimo y concretó reformas laborales y previsionales. Es el primer gobierno que comenzó a impulsar una reforma tributaria basada en el principio de la progresividad: quienes más tienen deben pagar más. Hay una larga lista de conquistas sociales, que se reflejan en el respaldo popular al gobierno y a mi candidatura.

¿Cuáles son las principales tareas pendientes de la centroizquierda colombiana?

Debemos concentrarnos en reformas sociales concretas, profundizarlas para que se vuelvan irreversibles. Para sacar a muchos colombianos de la pobreza, es necesario abordar la desigualdad social con medidas profundas de cambio y de reforma de los programas sociales. A eso voy a dedicarme. La mejor manera de hacerlo es priorizando y fortaleciendo un conjunto relativamente reducido de iniciativas.

Petro se propuso alcanzar la «paz total», pero el conflicto interno sigue activo en Colombia. Si fuera electo presidente, ¿qué haría para pacificar el país?

Debemos abocarnos a resolver el problema en los territorios afectados por el conflicto. Si no hay cambios sociales en esos territorios --básicos, como el acceso al agua, la electricidad y las vías de comunicación--, resulta muy difícil que prospere la economía campesina y agraria.

Sin eso, toda la zona queda abierta al control económico del territorio mediante la explotación de recursos minerales, la minería ilegal de oro y el narcotráfico. En esas condiciones, con economías ligadas a procesos sangrientos de explotación de recursos y de personas, el conflicto encuentra un terreno mucho más favorable para profundizarse.

Gustavo Petro ganó las elecciones en 2022 tras un fuerte movimiento social antineoliberal. ¿Qué papel tuvieron los movimientos sociales en el gobierno de Petro y qué papel tendrán en la campaña de la centroizquierda?

Desde mi punto de vista, un papel central, protagónico e indispensable. No puede haber un nuevo gobierno progresista que no esté íntima y orgánicamente vinculado a los movimientos sociales. Es con ellos con quienes se debe gobernar.

¿Cómo se hace eso en la práctica?

Se hace con cuidado y atención, priorizándolo como una cuestión esencial. Debe haber una presencia permanente y un diálogo constante, una actitud sostenida de escucha y de intercambio. No se trata de un diálogo sin contradicciones o desacuerdos, pero debe llevarse adelante, teniendo en cuenta lo que piensan [quienes integran los movimientos sociales], cómo lucharon, cómo sostuvieron sus programas y sus aspiraciones.

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