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05/03/2018 :: Mundo, Estado español

El antiorientalismo ambiguo de Juan Goytisolo

x Hisham Aidi
Goytisolo llegó a Tánger al inicio de los “años de plomo”, (1971-1972) cuando Hassan II encarcelaba a los izquierdistas y enterraba a los oponentes

De la miríada de escritores y artistas que se instalaron en Marruecos a lo largo del siglo pasado Juan Goytisolo era claramente al que más apreciaban los marroquíes. Ningún escritor expatriado había intentado con tanta obstinación integrarse en la sociedad marroquí. Sin embargo, desde su muerte en junio de 2017 la prensa marroquí y los medios sociales debaten ásperamente acerca de la relación que mantenía con su patria de adopción.

Durante más de medio siglo el escritor español Juan Goytisolo ha sido una figura imprescindible de los cafés de Tánger, que inspiraron a una parte de sus mejores textos. En efecto, en el café Hafa, sobre los acantilados que dominan el Estrecho de Gilbraltar, es donde en 1965 imaginó una (re)conquista mora de la España franquista, concretizada en su novela Don Julián (1971)*. Es también en el café con grandes ventanales de vidrio de Sido Hosni en plena kasbah donde dibujó a mano sus mapas de la medina y escribió sus observaciones sobre los hippies estadounidenses sentados en esterillas de paja. De manera más general, es también en los cafetines** de la medina donde se impregnaba de la música norteafricana, bebía té a la menta y al hachís desmenuzado, y trataba de “deshacerse de su piel española”. Goytisolo evitaba rigurosamente los cafés que frecuentaban sus compatriotas españoles y afirmaba que era precisamente esta presencia europea lo que finalmente le había llevado a emigrar más al sur, a Marrakech, en 1997. No obstante, seguía pasando todos los veranos en Tánger, como escribió en sus memorias. Esta ciudad costera era el lugar al que acudía a refugiarse cuando se sentía melancólico.

El pasado español de Tánger

A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, cuando yo no era más que un adolescente, Goytisolo intervenía con frecuencia en las librerías locales y en el Instituto Cervantes. Tajante, impasible, pasaba de un tema a otro, de un libro a otro, con voz grave. “Siempre he pensado que el papel del intelectual es la autocrítica y el respeto al otro”, afirmaba, “y es lo contrario del nacionalismo, que consiste en promover el “nosotros” y en rechazar al otro, y si eso se considera una traición, pues bien, ¡que así sea!” (entrevista del 16 de febrero de 2002).

Fue en esas diferentes apariciones públicas donde aprendimos algunas cosas fascinantes sobre el pasado español de Tánger. Para nosotros Ali Bey no era más que un pobre callejón de tierra batida, a menudo enfangada, situado al sur de la ciudad, hasta que Goytisolo nos explica que debía su nombre a Ali Bey (nacido Domingo Badía), el célebre arabista y explorador que había viajado a La Meca, y cuya efigie aparecía en una estatua que hubo en el vecindario hasta la década de 1930, antes de que la quitara el partido Istiqlal cuando descubrió que Badía había trabajado como espía para Francia De “Si Juan” aprendimos también que el arquitecto catalán Antoni Gaudí había ido a Tánger en 1892 y había elaborado unos planos para construir un majestuoso edificio religioso con varias espirales para las Misiones Católicas de África (similar a la basílica e la Sagrada Familia de Barcelona) que nunca se construyó ya que una insurrección en el enclave español de Melilla perturbó las relaciones hispano-marroquíes.

En resumen, Goytisolo era una figura más grande que la naturaleza en el Tánger de las décadas de 1980 y 1990. Muchos escritores expatriados había hecho de Tánger su hogar, pero pocos se sentarían con los “locales” en los cafés. Con frecuencia no comprendíamos de qué hablaba, pero admirábamos su vasta erudición, su humildad y su equilibrio. Era enormemente promusulmán, estaba muy implicado en la herencia de la España mora. Consideraba Al Andalus, particularmente en sus últimos años, una metáfora del ser humano: fluido, frágil, caleidoscópico. Contrariamente a la mayoría de los occidentales que estudiaban árabe, se había tomado el tiempo de aprender nuestra lengua vernácula hispano-árabe-bereber, probablemente el dialecto más depreciado del mundo árabe estudiar.

Tengo la periferia en la piel”

Si hubiera que caracterizar en tres palabras el gran corpus de Goytisolo serían mudejarismo (mestizaje cultural hispano-musulmán) 1, periferia y antiortodoxia. “Tengo la periferia en la piel”, decía para explicar su obsesión por la periferia internacional (el “tercer mundo”), a la que consideraba, con sus sociedades heteróclitas políglotas, un antídoto del Occidente blanco. También estaba fascinado por la “periferia urbana” diversificada y caótica de Europa y América: el gueto, el barrio**, la banlieue. Inventó el verbo “medinear”** para describir su paso a la frontera, sus meandros a través de los guetos y las banlieues de Nueva York, Barcelona y París, las “medinas** del Oeste”, como las llamaba él. Goytisolo fue uno de los primeros en escribir sobre lo que hoy denominamos la “ciudades globales” y el “transnacionalismo” al afirmar que el flujo cultural y humano del tercer mundo y la “babelización” de las ciudades occidentales resultante de ello eran “el signo de una modernidad indudable” 2.

En 1982 publicó Crónicas sarracinas (Chroniques sarrasines, traducido y publicado en francés en 1985), un volumen de ensayos sobre el orientalismo español y latinoamericano concebido como una continuación a Orientalismo (1979) de Edward Said***, que entonces no había abordado el orientalismo hispánico. Goytisolo se había hecho amigo de Said cuando enseñó en la universidad de Nueva York en la década de 1970. El libro resultó ser un tour de force, que exploró el mudejarismo literario en América Latina e investigó la influencia de Miguel de Cervantes tanto en los autores Francisco de Quevedo y Villegas en España como en los escritores mexicano y cubano Carlos Fuentes y José Lezama Lima, lo mismo que en los autores del boom literario latinoamericano de la década de 1960. No obstante, el libro era también un gesto preventivo: el orientalismo se había convertido en una cuestión política en las universidades estadounidenses y españolas, y los investigadores constataban cada vez más las representaciones cuanto menos estereotipadas de Oriente por parte de Goytisolo como un mundo de caos y de sensualidad emancipadora.

En sus Crónicas, Goytisolo respondía a las críticas afirmado que luchaba por la libertad de los árabes “desde hacía años”, desde su estancia en París. Goytisolo explica que mientras que sus críticas literarias y sus ensayos políticos sobre Marruecos se inscriben en una perspectiva claramente “anticolonial, democrática y emancipadora”, sus novelas conservan, por su parte, la antigua binaridad “Europa/islam” y no utilizan a los marroquíes “en carne y hueso” como personajes, sino que recurren más bien a los típicos “sombras” y “energúmenos” surgidos de la “imaginación blanca” 3. El peso del orientalismo nunca desapareció verdaderamente, pero contrariamente a Paul Bowles, esta acusación no le persiguió. En 2006 New York Times Magazine incluso le dedica una tribuna titulada « The Anti-Orientalist ».

El islam es preferible a la cristiandad

La verdad es que esos mismos elementos que se transparentan en las novelas de Goytisolo (imágenes de “Oriente” y más específicamente de Marruecos como tierra de libertad, de éxtasis sexual y de igualitarismo, y de la cultura árabe como antídoto al espíritu provinciano español y europeo) se encuentran también en sus artículos periodísticos y sus relatos de viajes. En sus novelas, ensayos y documentales el islam siempre es preferible a la cristiandad: el mundo del islam es más tolerante con la diversidad étnica y sexual, y más sensual (debido a unas concepciones coránicas del paraíso); las personas son más limpias (a causa de la tradición de los baños públicos). Incluso la creencia musulmana es más ligera, menos fastidiosa que la del cristianismo.

La mayoría de las críticas referentes a cómo describe Goytisolo a los musulmanes y Marruecos procedían de intelectuales de Europa y EEUU. En el mundo árabe, por el contrario, se celebraba a Goytisolo por ser un crítico acerbo del orientalismo español. La razón de ello es que lo que se tradujo al árabe fue esencialmente sus ensayos y crónicas de guerra. Era conocido sobre todo por Crónicas Sarracinas, cuyo título en árabe es “Sobre el orientalismo español” (Fi al-Istishraq al-Isbani). Solo se han traducido dos de sus novelas, La Cuarentena (1991), con el título de Arba’inat (1994), y Paisajes después de la batalla (1982), con el de Mashahid Ma Ba’da al-Ma’raka (2013). Tanto sus novelas más conocidas, Señas de identidad (Pièces d’identité, 1968), Reivindicación del conde don Julián (Don Julian, 1970) y Juan sin Tierra (Juan sans terre, 1975) – la “trilogía de la traición” – como Makbara no se han traducido al árabe. Cuando éramos estudiantes nos interesaban sus ensayos políticos y nos resultaban más bien indiferentes sus representaciones ficticias de los marroquíes, aunque estábamos perplejos ante sus representaciones de Marruecos como país de libertad y España como un lugar irremediablemente sumido en la ignorancia.

Goytisolo llegó a Tánger al inicio de los “años de plomo”, un periodo terrible de intentos de golpe de Estado (1971-1972) y de violencia estatal contra los disidentes, cuando Hassan II encarcelaba a los izquierdistas y enterraba a los oponentes y a sus hijos en la tristemente célebre cárcel subterránea de Tazmamart. No obstante, hasta su muerte el escritor siempre representará Marruecos como un país híbrido, diversificado, sexualmente tolerante, yuxtapuesto a una España parroquial y “atascada” políticamente. Hace décadas Claudia Schaeffer-Rodriguez observó que para los personajes literarios de Goytisolo los árabes nunca perecen habitar una “realidad social” 4. Como su ídolo Cervantes, elogió a Oriente por su diversidad y su lado políglota, imagen invertida del Occidente moderno en el que los Estados nación han extirpado a las minorías de sus medios e impuesto una lengua y una identidad dominantes.

Sin embargo, vivió y viajó en un mundo árabe que era presa de un violento proceso de guerra y formación del Estado, con unos regímenes que castigaban regularmente a las minorías e imponían el árabe a unas poblaciones no arabófonas en nombre del nacionalismo. Mientras que el Estado marroquí mata a los disidentes, oprime a los movimientos amazigs, criminaliza la homosexualidad (la ley antigay se aplicaba generalmente a los marroquíes, raramente a los extranjeros), la brutalidad del Estado solo aparece raramente en sus escritos en los que no cesó de describir de forma idealista Oriente como superior a Occidente.

Silencio sobre la represión de Hassan II

El conflicto del Sáhara occidental se convertirá de algún modo en el talón de Aquiles de Goytisolo y comprometerá su relación con la izquierda marroquí, española y latinoamericana. En mayo del 1978 Goytisolo publicaba una serie de artículos en El País en los que se identificaba claramente con la posición marroquí: criticaba la solidaridad de la izquierda española con la “Argelia progresista” y escribía que la opinión pública española sufría unos prejuicios coloniales antimarroquíes, ponía de relieve los “derechos históricos” de Marruecos y subrayaba la hipocresía de las “maniobras hegemónicas” de Argelia que irónicamente desearía la autodeterminación de los saharauis en el Sáhara occidental, pero no la de la población saharaui en el seno de sus fronteras.

Estos artículos, que fueron reproducidos en el diario marroquí Al-Alam en 1979, convirtieron a Goytisolo en una estrella en los círculos nacionalistas marroquíes. Sin embargo, se ganó las iras de la izquierda española. El socialista Pedro Costa Morata denunció el humanitarismo “selectivo” de Goytisolo así como su silencio sobre la represión ejercida por el rey Hassan II. Señaló la reticencia de Goytisolo a firmar manifiestos de apoyo a los presos políticos marroquíes y declaró que una “posición en contra de la represión podría liquidar la grata experiencia marroquí del escritor”. A principios de la década de 1990 Goytisolo empezará a criticar los regímenes de Iraq, Siria, Arabia Saudí, Túnez y Argelia (y en 2009 rechazará el premio literario Gadafi), pero Marruecos siempre figurará más en su ficción que en sus escritos periodísticos.

El 5 de junio de 2017 Juan Goytisolo fue enterrado en el cementerio español de Larache, al norte de Marruecos, en una tumba que domina el océano Atlántico y está situada junto a la de Jean Genet. Responsables españoles y marroquíes, así como escritores y artistas locales le rindieron homenaje leyendo fragmentos de su obra. Los medios marroquíes celebraron al novelista que había mostrado al mundo que el “espíritu de Al Andalus” estaba bien vivo en Marruecos y que había movilizado a conocidos intelectuales, como Carlos Fuentes, en su campaña (coronada con éxito) para incluir la plaza de Jamaa El-Fna de Marrakech en el patrimonio mundial de la UNESCO.

Sin embargo, ironías del destino, Goytisolo murió durante durante un periodo de manifestaciones en Marruecos que empezó en la región del Rif y se extendió hasta el sur, y en el que se hablaba de “traición de los intelectuales”. Mientras que el régimen hacía estragos al detener en masa a blogueros, artistas y jóvenes militantes, los periodistas se preguntaban cuál de los célebres intelectuales establecidos en Marruecos apoyaría al movimiento Hirak. Había llegado el momento de hacer balance de la carrera de Goytisolo. Sus defensores afirman que aunque no había defendido al grupo marxista-leninista Ila al-Amam y a otros grupos similares aplastados en la década de 1970, con todo había firmado una carta, junto con otros intelectuales españoles, después de la huelga y la represión de 1981 en Casablanca de las que informó El País y que en 2005 también firmó una carta en defensa de Ali Lmrabet, el periodista marroquí exiliado en España.

Los detractores de Goytisolo señalan, por el contrario, que dejando de lado los manifiestos, aunque el novelista había denunciado en una serie de editoriales la “mafia político financiera” que gobernaba Argelia en el momento más duro de la guerra civil de este país y condenado la policía secreta “omnipresente” de Zine El Abidine Ben Ali en Túnez, raramente se arriesgaba a criticar a las autoridades marroquíes. Además, también se consideraron deliberados su silencio en 2011 cuando se produjeron las protestas que sacudieron al reino y el hecho de no haber apoyado aquel año al Movimiento 20 de febrero. Igualmente, en agosto de 2013 los activistas se quedaron estupefactos cuando Goytisolo no expresó su apoyo a un movimiento de protesta contra el indulto concedido el día de la fiesta de la coronación del rey a un conocido pedófilo español que apenas había cumplido dos años de cárcel de los treinta a los que había sido condenado. En los últimos años el turismo sexual y la prostitución infantil se han convertido en problemas políticos enormes en Marruecos y el silencio de Goytisolo al respecto resultaba atronador.

Argelia responsable de los conflictos

Unos meses antes, durante una charla en el festival Gutun Zuria de Bilbao, la mayor feria del libro del País Vasco (una región que muestra una simpatía histórica por el Sáhara occidental y el Rif), un lector preguntó a Goytisolo cómo podía vivir desde hacía tanto tiempo en un país en el que no había libertad. El novelista respondió: “La gente me ha reprochado y preguntado sin cesar cómo puedo vivir en un país sin derechos humanos, a lo que he respondido que los únicos países en los que se respetan plenamente los derechos humanos son Finlandia e Islandia, y no tengo el meno deseo de vivir en esos países”. Cuando se le preguntó sobre el Sáhara occidental, respondió: “Es una situación muy difícil” y echó la culpa al vecino de Marruecos: “Argelia está dirigida por una junta militar que necesita un enemigo estratégico para justificar unos gastos militares enormes. Los argelinos no tienen interés alguno en reducir las tensiones”. Cuando se le volvió a preguntar sobre la falta de libertad en Marruecos, declaró finalmente: “Un escritor elige escribir en un país que ofrece posibilidades creativas”.

Así pues, ¿por qué este enamorado de la libertad no levantó la voz por la libertad de su patria de adopción? Resulta difícil evitar la hipótesis de que a semejanza de otros escritores célebres que declaran su amor por Marruecos y pasan ahí largas temporadas, Goytisolo hizo un trato con el régimen marroquí: mientras calificara al Majzén [élite dirigente del país] de tolerante sería calificado de “moderado”. El régimen marroquí tiene una capacidad sin parangón de cooptar a intelectuales problemáticos por medio de una sabia mezcla de intimidación y trato suntuoso (villas, tajines, chóferes), y de acoger así a escritores admirados en todo el mundo, pero que son discretamente despreciados en el reino. A principios de la década de 1990 Goytisolo formó parte, intencionadamente o no, de una coalición de actores (nacionales e internacionales) que describieron Marruecos como tolerante, orientado al futuro, un modelo de reforma. El escritor que había forjado su reputación atacando el mito de la España fascista estaba suavizando la imagen de otro régimen autoritario. Encontró la libertad en Tánger, pero permaneció en silencio acerca de nuestra falta de libertad para no poner en peligro la suya. Resulta difícil evitar esta impresión de que la libertad y la eminencia de Goytisolo se basaban en nuestra privación de derechos.

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Notas:

* La obra se publicó en castellano en 1970 con el título de Reivindicación del conde Don Julián y fue reeditada en 2014 por Alianza Editorial con el título de Don Julián. 1971 es la fecha de su publicación en francés. (N. de la t.)

** En castellano en el original. (N. de la t.)

1 NDLR. Palabra forjada a partir de mudéjar, que proviene del árabe mudajan, “doméstico”, “domesticado”; es el nombre dado a los musulmanes de España convertidos en sujetos de los reinos cristianos después del siglo XI.

2 Chroniques sarrasines, Fayard, 1985. [La primera edición en castellano de Crónicas sarracinas es de Ruedo Ibérico, París, 1982]

*** Traducción al castellano de María Luisa Luentes, Madrid, Libertarias, 1990. (N. de la t.)

3 Chroniques sarrasines, Ibid.

4 Claudia Schaeffer-Rodriguez, Juan Goytisolo, del “Realismo Critic” a la Utopía, Madrid, Porrua Turanzas, 1984. — p. 58.

Orient XXI. Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos. Extractado por La Haine

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