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Mundo, Pensamiento :: 23/02/2026

El ecocidio capitalista

Lundimatin
Entrevista con Alain Bihr sobre su nuevo libro en tres volúmenes, 'L'écocide capitaliste'. "Me vi obligado a rechazar a quienes -y son legión- critican a Marx por no haber abordado estas cuestiones"

Alain Bihr, ha publicado una obra voluminosa en tres volúmenes, con un total de 1250 páginas, titulada L'écocide capitaliste, coeditada por Page 2 (Lausana) y Syllepse (París).

Antes de analizar el contenido de esta obra, ¿podría contarnos un poco sobre las razones personales que lo llevaron a escribirla?

Más o menos como todo el mundo hoy en día, era consciente y me preocupaba la gravedad de los problemas ecológicos a los que nos enfrentamos. Pero el impulso inmediato para este libro fue el shock psicológico producido por la pandemia de Covid-19 . Me pilló en medio del desarrollo de la secuela que estaba escribiendo sobre Premier âge du capitalisme, que debía incluir un capítulo sobre la catástrofe ecológica generada por el devenir mundo del capitalismo. Inmediatamente identifiqué esta pandemia como una nueva zoonosis, cuya proliferación a lo largo de los últimos cuarenta años es parte integral de los problemas ecológicos. Esto es lo que me llevó a centrarme en ellos, dejando todo lo demás de lado. Sin embargo, mi interés por los problemas ecológicos es anterior a esto. Por ejemplo, mi tesis doctoral, escrita en la década de 1980, incluye un capítulo dedicado a analizar cómo la crisis ecológica impacta al movimiento obrero. Y un capítulo de mi primer libro, L'économie fétiche (1979), ya incluye una sección titulada « La reducción-destrucción de la la poiesis natural en y por el devenir-mundo de lo económico ». Pero hasta ahora no había abordado frontalmente la temática y la problemática ecológicas.

¿Cómo hizo para abordarlo frontalmente? ¿De dónde partió y en qué se apoyó?

Dado que estuve inmerso en el marxismo desde muy joven y que su influencia fue permanente, inicialmente recurrí a Marx y a lo que la tradición marxista ofrecía para abordar esta temática y problemática. Sin embargo, pese a encontrar elementos interesantes y valiosos, rápidamente me vi obligado a rechazar a quienes --y son legión-- critican a Marx por no haber abordado estas cuestiones, por no tener mucho interés o valor lo que dijo sobre el tema, o por ser culpable de un prometeísmo industrialista que lo hacía definitivamente inservible y carente de interés. Pero también rechacé a los que, por el contrario, como Paul Burkett y más recientemente, Kohei Saito, creen que todo (o al menos todos los elementos esenciales) para poder abordar directamente la temática y problemática ecológicas ya se encuentra en Marx. En general, me importa poco lo que Marx dijo o dejó de decir, hizo o dejó de hacer. Lo que me importa, por el contrario, es lo que podemos decir y hacer a partir de lo que él dijo e hizo, es decir, de su legado teórico y político, que sin duda debemos inventariar, pero sobre todo debemos hacer fructificar, confrontándolo con nuestros problemas, que ya eran parcialmente -pero sólo parcialmente- los suyos.

Más precisamente, ¿qué encontró en Marx que pueda servir para abordar los problemas ecológicos actuales?

Para comenzar, el concepto de relaciones sociales de producción, que el mismo Marx presenta en el famoso prefacio de la Contribución a la crítica de la economía política como su principal aporte a la comprensión de la estructura y el desarrollo de las sociedades humanas. ¿Qué nos dice este concepto? Que las relaciones sociales, las relaciones entre los seres humanos, están directamente vinculadas a las relaciones que mantienen con la naturaleza en el proceso social del trabajo, y viceversa. Dicho de otra manera, no es posible tratar las unas sin las otras. Esto significa que es imposible comprender los problemas que surgen en nuestras relaciones con la naturaleza si se los aísla de las relaciones sociales que estructuran el proceso social del trabajo hoy en día. Y aquí es donde Marx resulta útil una vez más, pues nos legó un análisis de las relaciones capitalistas de producción de una riqueza que sigue siendo inigualable.

¿Cómo utilizó el análisis marxista de las relaciones de producción capitalistas para analizar los problemas ecológicos contemporáneos?

De hecho, procedí en tres etapas, que se corresponden con los tres volúmenes que componen la obra. En el primer volumen, titulado Una Catástrofe Ecológica Planetaria, no me limito a ofrecer el estado de situación de esta catástrofe examinando sus principales manifestaciones: cambio climático, daño a los ambientes naturales globales (océanos, humedales, bosques), agotamiento de elementos (tierra, agua, aire, fuego), empobrecimiento de la biodiversidad y múltiples amenazas a la salud humana. Analizo también el modo en que "nuestros" órganos de gobierno (dirección de las grandes empresas, jefes de Estado, organizaciones multinacionales como Bancos Centrales, FMI, OMC, ONU, etc.) han reaccionado ante esta catástrofe. Denuncio el impacto limitado y a veces el fracaso total de lo que han emprendido bajo la égida del paradigma del "desarrollo sostenible". Consideremos, por ejemplo, los resultados de la supuesta lucha contra el cambio climático con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en Río de Janeiro en 1992. Y advierto contra los intentos de responder a la catástrofe redoblando la apuesta y afirmando que la solución sería llevar la lógica capitalista hasta el fin desplegando sus recursos económicos, tecnológicos e ideológicos. En otras palabras, se supone que lo que creó el problema, causando la catástrofe ecológica, podría resolverlo y librarnos del desastre.

Por ejemplo, para tratar de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y sobre todo el principal, el dióxido de carbono, se establecieron mercados de derechos de emisión en el marco de la cuota global de emisiones que se prevé disminuir --lo que provoca el aumento del precio de estos derechos-- con el fin de presionar económicamente a que los emisores disminuyan sus emisiones. De igual manera, se han desarrollado mercados de derechos para compensar los daños a los entornos naturales a fin de garantizar que los proyectos de desarrollo industrial o comercial responsables de dichos daños puedan llevarse a cabo sin pérdida neta de biodiversidad. Demuestro que estos mecanismos de mercado no solo son ineficaces, y no alcanzan sus objetivos, sino que los mercados de compensación ecológica carecen por completo de sentido. Lo mismo ocurre con la mayoría de las soluciones tecnológicas a las que se recurre. En el mejor de los casos no están a la altura de los desafíos, como las llamadas energías renovables, o agravan los problemas que pretenden resolver, como la energía nuclear, los biocombustibles y los coches eléctricos. Y llegan a ser completamente delirantes, como es el caso de la geoingeniería.

¿Qué rol atribuye a las relaciones capitalistas de producción en el ecocidio?

Este es el tema del segundo volumen, titulado La naturaleza en las garras del capital. Al examinar una por una las principales características de estas relaciones, busco explicar cómo y por qué solo pueden ser ecocidas, generando los diversos problemas y fenómenos que conforman la actual catástrofe ecológica.

En este sentido, ¿es correcto atacar el productivismo capitalista?

Ciertamente, pero no es la única ni siquiera la principal característica de las relaciones capitalistas de producción en la que me detengo. De hecho, ya ha sido frecuentemente destacada y denunciada por autores marxistas que, sin embargo, cometen el error de limitarse a ella al abordar los problemas ecológicos. Por mi parte quiero simplemente enfatizar que el productivismo es inherente al capital: surge de la necesidad del capital de reproducirse mediante la expansión constante de la escala ecológica y social de su reproducción, así como mediante la aceleración no menos constante de su ritmo. También quiero reiterar que el productivismo se prolonga y se sostiene con un consumismo igualmente desenfrenado, garantizado por la obsolescencia de los productos. Esta obsolescencia es material (a menudo planificada) y, sobre todo, social, impulsada por campañas publicitarias, técnicas de marketing y modas pasajeras, lo que, dicho sea de paso, nos hace a todos, en mayor o menor medida, cómplices del ecocidio capitalista. Finalmente, muestro que esta dinámica infernal no tiene ninguna posibilidad de ser detenida por el desarrollo de la llamada "economía inmaterial" (inmaterial solo de nombre), la llamada economía circular (el reciclaje en particular) y los esfuerzos por aumentar la sobriedad material y la eficiencia energética, sobre todo por los efectos de rebote que provocan.

¿Qué otras características de las relaciones de producción capitalistas tienen efectos ecocidas?

Con demasiada frecuencia se olvida que la base fundamental del capital en tanto relación de producción es, como Marx enfatizó constantemente, la expropiación de los productores: la separación de facto y de iure de todos los medios sociales de producción; la incapacidad de producir sus propios medios de subsistencia; la reducción en consecuencia a la condición de "individuos desnudos" como dijo Marx, cuya única propiedad inmediata es su misma persona y su fuerza o potencia de trabajo; potencia de trabajo que están obligados a vender a quienes la necesiten. Y esta expropiación también tiene alcance ecocida. En efecto, dado que el primer y principal medio de producción son la tierra, el suelo y el subsuelo, esta expropiación instituye una verdadera alienación de la naturaleza: hace que los seres humanos sean ajenos a la naturaleza y la naturaleza ajena a ellos. Esta alienación adopta múltiples formas, todas ecocidas en algún sentido. Por ejemplo, es responsable de la desaparición tendencial de las sociedades campesinas tradicionales, basadas en una agricultura que aliando agricultura mixta, ganadería mixta y artesanía doméstica, vivían en simbiosis con la naturaleza y respetando más o menos con los ecosistemas locales en los que se insertan. Fomento por lo contrario el desarrollo de una agricultura capitalista que implica un monocultivo intensivo, basado en la mecanización y la quimificación del proceso de trabajo agrícola, recurriendo a fertilizantes y pesticidas a gran escala, con el objetivo de aumentar la productividad del trabajo agrícola y el rendimiento de la agricultura, haciendo de la tierra nada más que un factor de producción. Pero también ha estimulado el éxodo rural: el hacinamiento de las poblaciones en aglomeraciones urbanas cada vez más gigantescas, donde ya no tienen contacto directo con la naturaleza viva, ni experimentan la poiésis natural. Finalmente, junto con otros factores, está en la raíz de los cambios en los hábitos alimentarios, con el auge de la comida basura y sus desastrosas consecuencias para la salud: creciente prevalencia del sobrepeso y la obesidad, que conducen a la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Porque el capital no sólo ataca la naturaleza exterior, el universo, la biosfera, sino también la naturaleza interior, nuestros cuerpos, nuestra corporeidad.

¿Hay otras características de las relaciones capitalistas de producción a las que atribuye efectos ecocidas y ha examinado?

Sí, hay al menos otra que debe mencionarse. Es la apropiación capitalista de la naturaleza: las formas y modos con los que el capital se convierte en "amo y poseedor" de la naturaleza, para hablar como Descartes. En todo modo de producción, la apropiación de la naturaleza ocurre en y a través del proceso de trabajo que tiene esa finalidad. En consecuencia, la apropiación capitalista de la naturaleza se produce a través de la apropiación capitalista del proceso de trabajo. Y Marx una vez más nos proporcionó el análisis canónico mostrando que la cuestión es la subordinación del proceso de trabajo al proceso de valorización del capital, por medio de la transformación del trabajo concreto en trabajo abstracto, sustancia del valor. Y distingue dos momentos, dos modalidades y etapas simultáneas en este proceso: un momento de apropiación formal y un momento de apropiación real. He intentado demostrar que se puede extender el análisis marxista de la apropiación del proceso de trabajo a la apropiación de la naturaleza que ocurre en proceso de trabajo.

¿Podría explicarnos este punto con más detalle?

Hablo de la apropiación formal de la naturaleza en tanto que el capital no pueda o no quiera transformar las propiedades naturales, físicas, químicas, biológicas, etc., de los materiales que se apropia. Los toma, en cierto sentido, tal como son producidos por la naturaleza, tal como esta los ofrece. Inversamente, la apropiación de la naturaleza se hace real desde que el capital busca adaptar tan estrechamente como sea posible la materialidad misma de los recursos naturales a las exigencias de su valorización. Busca en síntesis generar una materialidad específicamente capitalista, ya sea actualizando potencialidades de la materia que la naturaleza no realizó o, por el contrario, virtualizando, anulando, potencialidades materiales actualizadas por la naturaleza.

¿Podrías darnos algunos ejemplos?

Destaco al menos tres formas diferentes de apropiación real.

Primera modalidad: forzar a la naturaleza a no producir lo que produce espontáneamente. Por ejemplo, en la agricultura capitalista esto ocurre al separar las especies entre sí --como en los monocultivos-- o al separar las especies de su biotopo, como ocurre, por ejemplo, con la ganadería intensiva, que conduce a las monstruosas explotaciones fuera del suelo.

La segunda modalidad, inversa de la primera, consiste en obligar a la naturaleza a producir lo que no produce espontáneamente. Por ejemplo, materiales artificiales: hormigón, plástico, semiconductores; seres vivos artificiales, los infames OGM; e incluso seres humanos artificiales, humanos tecnológicamente "aumentados": cíborgs.

La última forma de apropiación real es la reproducción artificial de la naturaleza. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en la restauración artificial de entornos naturales degradados o destruidos; o, aún más, en la creación de ecosistemas artificiales, como los monocultivos forestales, que no son bosques, sino plantaciones de árboles.

Pero ¿por qué es de lamentar "forzar la naturaleza"? Con la excepción de los cazadores-recolectores, ¿no fuerza a la naturaleza de una u otra manera cualquier sociedad humana, en la medida que sea productiva? Usted señaló con anterioridad al referirse a la expropiación capitalista de los productores, que "también tiene una dimensión ecocida". Parece por lo tanto que lo esencial, para usted es reparar el vínculo entre las relaciones sociales de producción y la ecología. ¿Diría que solo una sociedad verdaderamente "socialista" sería ecológica, o más bien que solo el capitalismo es ecocida?

Es verdad que el trabajo humano siempre consiste, en cierto sentido, en forzar la naturaleza. Y este forzamiento conlleva necesariamente un riesgo de ecocidio. Testimonio de ello es que grandes civilizaciones precapitalistas (pensemos, por ejemplo, en la antigua Mesopotamia o los mayas) decayeron por no gestionar este riesgo. Pero, en este caso el ecocidio fue regional regional y a escala planetaria tardó un buen milenio en producir sus efectos, sin llegar además a devastar radicalmente ni volver inhabitable su mundo: aún hay gente viviendo en Irak y Yucatán. La radicalidad de la dimensión ecocida del capitalismo, tal como resulta del proceso de reproducción de la relación social de producción que es el capital, se mide por la escala y la velocidad de sus estragos ecocidas: en apenas tres o cuatro siglos, ha logrado perturbar los equilibrios ecológicos planetarios, hasta el punto de amenazar con volver el planeta inhabitable para la humanidad. Por ejemplo, no es seguro que la Tierra pueda adaptarse al escenario de un "planeta invernadero" si la temperatura media global aumenta 5 °C o incluso 6 °C por encima de su media durante el Holoceno, un escenario extremo que no descartan los últimos informes del IPCC. En este sentido, si bien el capital no es ciertamente la única relación de producción que ha sido ecocida, lo ha sido a una escala nunca vista en la historia. En cuanto a si, en qué condiciones y de qué manera, una sociedad socialista es capaz de afrontar el reto de afrontar la actual catástrofe ecológica y establecer un modo de desarrollo humano no ecocida, sigue siendo una cuestión abierta, que no abordo en esa obra.

Menciona un tercer volumen. ¿Qué contiene?

Bajo el título Perspectivas históricas, este volumen reúne una serie de análisis sobre el ecocidio capitalista no incluidos en los dos volúmenes anteriores. En primer lugar, esbozo una historia del ecocidio capitalista para mostrar cómo el proceso ecocida ha crecido de forma constante a lo largo devenir-mundo del capitalismo, tanto expandiendo su alcance social y espacial como intensificando el control del capital sobre la naturaleza, particularmente en forma de una búsqueda constante de poder, tanto en el sentido físico como político del término. También examino el papel de la economía política, la ciencia económica, en el proceso ecocida, demostrando que, en general, ha ignorado o al menos malinterpretado los temas y problemas ecológicos; o, cuando los ha abordado, se ha mostrado incapaz de ofrecer respuestas adecuadas al ecocidio capitalista. Y la misma razón prevalece en cada caso: su falta de comprensión de las relaciones de producción capitalistas. Finalmente, en la última parte del volumen, invierto en cierta medida la perspectiva adoptada anteriormente. Tras demostrar cómo el capital pone en crisis a la naturaleza y genera una catástrofe ecológica, me pregunto si es probable que esta catástrofe, a su vez, ponga en crisis al capital; más precisamente, si es probable que, y en qué medida, agrave la crisis estructural que ha asolado la economía capitalista durante medio siglo. Esto me lleva a considerar la hipótesis de que la catástrofe ecológica podría proporcionar un nuevo trampolín para el capital, una oportunidad para relanzar su dinámica de reproducción expandida, mediante el análisis de diversas propuestas del Green New Deal (en particular, las de Naomi Klein y Jeremy Rifkin). Sin embargo, concluyo en que lo más probable es que la catástrofe ecológica amenaza con agravar aún más, y de hecho ya está agravando, la crisis estructural que enfrenta el capital, al degradar aún más sus condiciones de valorización. En particular, bajo el efecto de una continua tendencia al alza en el precio de las materias primas y la energía, que solo puede intensificarse a medida que estas escasean debido a la continua acumulación capitalista.

Al escucharle, me temo que el lector terminará su obra completamente descorazonado. Sin embargo, ¿ofrece algún atisbo de esperanza en su conclusión?

En realidad, no, o al menos no de inmediato. Mi conclusión es que, abandonado a su suerte, el capitalismo solo puede seguir hundiéndose más en su crisis estructural, ahora agravada por una catástrofe ecológica que ha creado y que está destinada a exacerbar. En el horizonte de este futuro desastroso se encuentra el apocalipsis, cuyos cinco elementos --no cuatro: ¡hasta ahí llegan las Escrituras!-- serán el creciente caos ecológico, el empobrecimiento generalizado, las enfermedades resultantes de los dos factores anteriores, la guerra derivada de las crecientes tensiones por el acceso a los menguantes recursos naturales explotables y, finalmente, la dictadura (ecofascismo) en un intento de mantener una apariencia de orden. En resumen, la muerte en diversas formas. Frente a esto, el partido de la vida solo puede ser, ahora más que nunca, el del socialismo. Pero esta es una forma de socialismo que ahora debe enfrentar la misma catástrofe ecológica, abordar sus desafíos y demandas, y redefinirse en consecuencia. En otras palabras, el ecosocialismo. No extenderé más mi conclusión, porque reservaré su desarrollo para un próximo libro, que ya está en preparación.

¿Podría usted, sin embargo, resumirnos brevemente la razón por la que prefiere la palabra «socialismo» a, por ejemplo, «comunismo»?

Hablo de ecosocialismo porque sostengo que entre el capitalismo y el comunismo se encuentra la fase de transición que es el socialismo. Si bien esta transición ya está en marcha dentro del propio capitalismo en algunos aspectos, el comunismo no se alcanzaría necesariamente inmediatamente después de una revolución política que derrocara la dominación capitalista. Sin embargo, el objetivo sigue siendo el advenir de una sociedad comunista: el propio Marx se refiere a veces al socialismo como "etapa inferior" de la sociedad comunista. Pero hablar de ecosocialismo tiene otra virtud: nos recuerda que, como Henri Lefebvre enfatizó constantemente, existen dos versiones que son simultáneamente dos facetas del comunismo. Una versión ética, que implica la reconciliación de la humanidad consigo misma, el fin de todas las formas de opresión, dominación y explotación de la humanidad por la humanidad, y, por lo tanto, el fin de la división de la sociedad en clases y de la lucha de clases, el fin del Estado, etc. Pero también existe una versión estética --precisamente aquella a la que apunta el prefijo "eco" en ecosocialismo-- que implica la reconciliación de la humanidad con la naturaleza, tanto interna como externa. Así, en mi opinión, podemos entender esas fórmulas un tanto enigmáticas que Marx utilizó en sus manuscritos de París de 1844, afirmando que " el comunismo como naturalismo perfeccionado = humanismo, como humanismo perfeccionado = naturalismo" . Esto parece sugerir que, en este sentido, el comunismo implica tanto la naturalización de la humanidad como la humanización de la naturaleza. Todas estas son fórmulas que pretendo retomar en mi próximo libro.

* Alain Bihr es profesor emérito de Sociología.
lundi.am. Traducción por Aldo Casas para Huella del Sur. Revisada por La Haine.

 

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