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Medio Oriente, EE.UU. :: 25/06/2026

El estrecho de Ormuz volverá a abrirse. ¿Y ahora qué?

Karthik Sankaran
Para el mercado petrolero lo más importante es que Washington ha dado marcha atrás no sólo en su bloqueo físico de las exportaciones de petróleo iraní, sino también en sus sanciones financieras

En medio de una intensa actividad diplomática durante los últimos días, Irán y EEUU parecen haber alcanzado por fin un acuerdo inicial para poner fin a las hostilidades y reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo.

Está previsto que el acuerdo se firme en una ceremonia oficial el viernes [26 de junio] en Suiza, pero el impacto inmediato del anuncio ya se hace patente en la fuerte caída del precio del contrato de referencia del crudo Brent hasta los 79 dólares por barril en el momento de redactar estas líneas, un nivel que no se veía desde antes de que comenzara la guerra.

Los detalles del memorando de entendimiento (MoU) entre los EEUU e Irán sugieren que se han resuelto, o al menos se han pospuesto, muchas cuestiones polémicas entre ambos países. Para el mercado petrolero la cuestión más importante es que Washington ha dado marcha atrás no sólo en su bloqueo físico de las exportaciones de petróleo iraní, sino también en sus sanciones financieras; esto, a su vez, permite a Irán abandonar temporalmente su estrategia de bloquear la mayoría de las exportaciones no iraníes a través del estrecho.

Según se informa, el MoU también contiene importantes incentivos financieros para Irán, entre ellos la devolución en dos veces de las reservas de divisas iraníes que se habían congelado y un fondo privado que podría generar hasta 300.000 millones de dólarea de inversión para el desarrollo y la reconstrucción del país.

El memorando de entendimiento supone un cambio radical en las relaciones entre los EEUU e Irán y ofrece la perspectiva de una distensión que repara parte del daño que la guerra imperial causó a la economía mundial, siempre y cuando Trump sea capaz de mantener a raya a los posibles saboteadores como Netanyahu. Sin embargo, es importante reconocer que los beneficios de un resultado tan positivo pueden no ser inmediatos, sobre todo en lo que respecta a la disponibilidad real de petróleo crudo y productos derivados.

El primer efecto de la reapertura de Ormuz será permitir la salida de unos 500 buques aproximadamente y de miles de marineros que habían quedado atrapados en el estrecho. El proceso será lento. Habrá que reabastecer a los buques y, posiblemente, repararlos; las largas estancias en aguas marinas cálidas suelen provocar incrustaciones de balanos y otras formas de vida marina, tanto en la superficie como en los sistemas internos, lo que puede comprometer la velocidad, la maniobrabilidad y la seguridad. También habrá que determinar el orden en que estos buques atrapados y sus desventuradas tripulaciones puedan escapar del estrecho, así como las rutas que puedan seguir, dado el peligro que suponen las minas que, según algunas informaciones, no se ha retirado del todo.

El peligro de las minas podría estar presente en la mente de los armadores que se plantean entrar en el Golfo para recoger nuevos cargamentos, y sin duda influirá en las decisiones de subscripción de las aseguradoras. Es posible que las aseguradoras (y las tripulaciones) deseen ver asimismo más indicios de que un alto el fuego estable vaya a ir seguido de un auténtico fin de las hostilidades --vista la poca credibilidad de los acuerdos de Trump--, para evitar que los buques queden atrapados de nuevo en el Golfo. En esa misma línea, los países europeos han señalado en la cumbre del G7 que estarían dispuestos a enviar buques de guerra para proteger el tráfico marítimo «una vez que quedase claro que se mantendría el alto el fuego».

Más allá de sacar el petróleo atrapado en los petroleros del Golfo rebasado Ormuz, también resulta crucial que entren nuevos petroleros en el Golfo para cargar petróleo de las instalaciones de almacenamiento. Esto se debe a que muchas operaciones de perforación cerraron los pozos al agotarse el almacenamiento, y se necesita tiempo para reanudar la producción. Para países como Arabia Saudí, que habían podido exportar algún petróleo de forma más constante a través de oleoductos, restablecer la producción podría llevar sólo unas semanas. Sin embargo, los países que sufrieron fuertes caídas en la producción total al agotar su capacidad de almacenamiento, como Irak, podrían enfrentarse a un periodo de retraso más prolongado, de meses, antes de volver a los niveles de producción anteriores a la guerra.

En este contexto, los principales bancos de inversión han rebajado sus previsiones sobre el precio del petróleo; según se informa, Morgan Stanley y Goldman Sachs prevén un precio de 80 dólares por barril en el cuarto trimestre de 2026, mientras que Citi prevé 70 dólares por barril. Aunque estas previsiones están por debajo de muchas de las proyecciones que, en el punto álgido de la guerra, superaban con creces los 100 dólares por barril, siguen siendo superiores a los 60 dólares por barril registrados en el periodo inmediatamente posterior al secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de EEUU.

Si existe incertidumbre sobre la cantidad de petróleo que se suministrará a los mercados, también la hay sobre la demanda en distintos horizontes temporales. Una de las razones por las que los precios no se dispararon durante la guerra tanto como esperaban muchos observadores fue la reducción de las reservas de seguridad, tanto comerciales como gubernamentales. Es probable que los gobiernos intenten reponer estas reservas agotadas, y algunos países que se vieron en apuros por no disponer de reservas de seguridad suficientes podrían decidir que necesitan ampliarlas más allá de los niveles anteriores a la guerra. Esto contribuiría a mantener unos precios del petróleo relativamente altos, aunque disminuyera la prima de riesgo geopolítico.

Aun así, es probable que la reapertura del estrecho sea una excelente noticia para el Sur Global y, en particular, para el sur de Asia. La India ha sufrido un aumento de sus déficits comerciales y una caída de la rupia hasta mínimos históricos como consecuencia de la crisis. El secretario de Comercio del país, Rajesh Agrawal, acogió con satisfacción la noticia del acuerdo y, según se informa, afirmó: «Desaparecerán muchos de nuestros problemas».

Pakistán, un intermediario diplomático clave entre Irán y EEUU, también afronta presiones presupuestarias y políticas derivadas de la guerra de Irán y probablemente acogerá con agrado la perspectiva conjunta de unos precios más bajos y un mayor prestigio en Washington. Dado que tanto la India como Pakistán se encuentran justo al lado del Golfo, serán los principales importadores más cercanos que se beneficiarán si se reanudan los patrones normales de transporte marítimo.

Mientras tanto, el mercado petrolero chino ha suscitado algunos de los principales interrogantes a lo largo de esta guerra. Los suministros desde el Golfo al mayor importador del mundo se redujeron aproximadamente en un tercio durante la crisis, un cambio que contribuyó a evitar que los precios subieran aún más. Aunque esto se suele atribuir al alcance de la electrificación y al uso de vehículos eléctricos en China, algunos analistas consideran que las ventajas de este país en materia de tecnología verde no pueden explicar la magnitud y la rapidez de la caída de las importaciones. Más bien, es probable que esto refleje la reducción de las inmensas reservas de petróleo del país, que ascendían a unos 1.400 millones de barriles a finales de 2025.

A largo plazo, no parece que la reapertura del estrecho vaya a disuadir a China --que se vio menos afectada que gran parte del resto del mundo por el cierre de Ormuz-- de sus ambiciones a largo plazo en materia de descarbonización. Al fin y al cabo, estas ambiciones surgieron del deseo de escapar de un posible cuello de botella energético en el estrecho de Malaca y, desde entonces, han llevado a China a ocupar una posición inalcanzable de liderazgo mundial en tecnologías de energía alternativa, posición a la que es poco probable que renuncie.

Una cuestión relacionada es cómo la reapertura del estrecho y las repercusiones diplomáticas más amplias de un deshielo en las relaciones entre EEUU e Irán afectarán a las decisiones a largo plazo del resto del mundo en lo que respecta a las geografías energéticas y las tecnologías. Algunos comentarios recientes sugieren que la guerra con Irán «ha alterado de forma permanente la economía mundial», ya que algunos países buscan diversificar sus fuentes de energía alejándose de la región del Golfo Pérsico y, tal vez, de los combustibles fósiles por completo, a favor de las tecnologías de energía renovable y almacenamiento --cada vez más baratas-- en las que China es líder.

Sin embargo, hay otros, entre ellos los EEUU y otros productores de petróleo del hemisferio occidental, como Venezuela, que parecen apostar por un mundo que siga dependiendo de los combustibles fósiles. Por ello, buscan ampliar tanto la producción nacional como el acceso a los mercados internacionales.

Quizá el mayor factor incierto sea si va a perdurar el deshielo en las relaciones entre los EEUU e Irán. Dicho cambio podría aumentar las exportaciones de petróleo desde el Golfo y, tal vez, reducir los brotes intermitentes de una prima de riesgo geopolítico en los mercados mundiales del petróleo, lo cual podría suponer un impacto negativo en la economía de los productores fuera de la región.

Estas incertidumbres podrían persistir durante bastante tiempo, más allá de cualquier apertura del estrecho de Ormuz.

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