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12/08/2012 :: Bolivia, Mundo

El imperialismo de Usaid según sus estatutos

x Juan Carlos Zambrana Marchetti
Viabiliza el ingreso de otras agencias con peores reputaciones, como la NED, CIA y NSA, para cooperar con las ONG que les sirven de parapeto y desestabilizar a gobiernos

Para nadie es un secreto que Usaid funciona como uno de los mecanismos contrarrevolucionarios de Estados Unidos. Las pruebas en su contra son abundantes, pero, a pesar de las reiteradas denuncias, no ha sido fácil su expulsión de los países afectados. Daría la impresión de que la agencia funciona como un virus que está ya circulando en la corriente sanguínea de dichos países, por lo cual se dificulta su eliminación.

Se han dado casos como el de Bolivia, cuyo Gobierno ha intentado echarlos pero ha encontrado resistencia de los sectores beneficiados con la ‘ayuda’ de Usaid. ¿Es esto un síntoma de que la mencionada agencia es injustamente acusada de intervencionista, o simplemente de que se ha comprado algunos liderazgos en las áreas sociales en que se ha incrustado?

Para analizar este aspecto habría que empezar por entender que la percepción de la realidad está enormemente influenciada por la prensa comercial, que no escatima esfuerzos por desacreditar la posición defensiva de los Gobiernos que intentan expulsar a Usaid en legítima defensa de la soberanía nacional. Para ello, los defensores del saqueo, se apoyan en la ‘buena’ reputación de la agencia estadounidense como organización humanitaria creada durante el gobierno demócrata del Presidente John F. Kennedy, en cumplimiento de la obligación moral que tiene un país rico para con un mundo de pobres.

¿Quién podría dudar de tanto amor, verdad? Veamos entonces cuáles son oficialmente los objetivos de dicha agencia.

El manual de Usaid, en su capítulo 101.2, referente a sus responsabilidades primarias, dice lo siguiente: “El Administrador (a) formula y ejecuta las políticas de EEUU para el desarrollo exterior y programas de asistencia económica, con sujeción a la política exterior del Presidente, el Secretario de Estado, y el Consejo Nacional de Seguridad. Bajo la autoridad directa y la orientación de la política exterior del Secretario de Estado, el Administrador de Usaid actúa como asesor principal del Presidente y el Secretario de Estado en relación a las cuestiones de desarrollo internacionales. Él o ella administran créditos puestos a disposición en virtud de la Ley de Asistencia Exterior de 1961”.

Por lo tanto, la estricta sujeción de Usaid “a la orientación de política exterior del Presidente de Estados Unidos, su Secretario de Estado, y su Consejo Nacional de Seguridad” no sólo es real sino además obligatoria. Pero aún hay más, porque si los dineros para esos programas son erogados en virtud a la Ley de Asistencia Exterior de 1961, quizá debiéramos analizar los objetivos de dicha ley.

En su presentación oficial se resume lo siguiente: “La Ley de Asistencia Exterior de 1961 sirve como piedra angular de las políticas de Estados Unidos para la ayuda exterior y sus programas. Promulgada en lo que algunos consideran el peor momento de la Guerra Fría, esta ley es vista hoy por algunos como anacrónica. El presidente Kennedy instó al Congreso a promulgar una legislación de ayuda exterior que pudiera ejemplificar y promover los intereses y estrategias nacionales de seguridad de Estados Unidos después de la II Guerra Mundial”.

Queda claro, por lo tanto, que la tan mentada asistencia social fue siempre la excusa para el intervencionismo, cuyo objetivo claro era el control geopolítico del área de influencia de Estados Unidos a partir del período histórico de la Guerra Fría. Ese control se plasmó en Latinoamérica en el derrocamiento de todo gobierno ‘comunista’, a los cuales ahora se les llama populistas” en referencia a los Gobiernos de izquierda que decidieron ser leales a los intereses de sus pueblos en lugar de a los intereses del saqueo.

Otra de las razones por la cual Usaid ha logrado sobrevivir tanto tiempo a pesar de su enorme capacidad destructiva, sólo comparable con la de la CIA, es su política de manipular desde lejos a sus títeres y moverse detrás del telón.

En Cuba, por ejemplo, Usaid no aparecía abiertamente en las actividades del opositor Oswaldo Payá, hasta que la investigación del accidente automovilístico en que murió reveló tanto la participación de Usaid en las actividades desestabilizadoras como su mecanismo operativo. En primer lugar, Ángel Carromero Barrios, conductor del vehículo accidentado, negó las versiones de que un vehículo los impactara por la parte trasera en el momento del accidente, y solicitó a la opinión pública internacional no utilizar el hecho con fines políticos.

Pero resulta revelador conocer además que Carromero, vicesecretario general de Nuevas Generaciones del sector juvenil del Partido Popular de España, es un hombre cercano a José María Aznar, ex primer ministro del gobierno, y a Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, afiliados ambos a las políticas anticubanas. Eso hay que entenderlo en el contexto de que el Partido Popular de España (PPE) es el heredero de la tradición franquista, y que Aznar después de salir de su puesto como primer ministro creó una fundación que, trabajando con el PAN de México y otros partidos derechistas, se dedica a luchar contra los Gobiernos progresistas de Latinoamérica.

También es revelador conocer que todos los implicados perseguían un plan complejo para dañar la reputación del Gobierno cubano y lograr el rechazo internacional. También se supo que los objetivos eran además llevar dinero a los contras, y fundar en Cuba un frente de juventudes, relacionado con el partido político de un segundo pasajero en el mismo automóvil.

Ese otro pasajero era Jens Aron Modig, líder del Partido Demócrata Cristiano Sueco, de una línea política similar a la del ultraconservador Tea Party norteamericano, es presidente de su Liga Juvenil, y antes de llegar a Cuba sostuvo reuniones con el Instituto Republicano Internacional, uno de los grupos que reciben dinero de NED, National Endowment for Democracy, y también de Usaid.

De ese modo, EEUU quedaría invisible en todo esto, porque en la isla todo lo hacen los disidentes como las Damas de Blanco.

Usaid, por lo tanto, parece haber mutado a dos tipos fundamentales de métodos operativos. El primero y más conocido, aplicable en naciones de seguridad todavía permeable como Bolivia o Ecuador, es meterse físicamente en sus territorios, usar su reputación filantrópica de inocente, y crear una relación de dependencia en sectores vulnerables de esos países hasta incrustarse en la corriente sanguínea de la nación. Después, viabilizar el ingreso de las otras agencias con peores reputaciones, como la NED, CIA y NSA para cooperar con las ONG, que les sirven de parapeto, y desestabilizar a los gobiernos que se resisten a las políticas de Washington.

En el segundo método utilizado en países más protegidos, como es el caso de Cuba, Usaid no necesita asentar presencia física en el territorio, porque desde lejos financia la desestabilización mediante otras organizaciones que cooperan con las oposiciones locales.

Por todo lo expuesto, la expulsión de Usaid de Latinoamérica es una necesidad de extrema urgencia, pero para eso los gobiernos que realmente quieran hacerlo debieran remplazar los programas de ‘asistencia’ estadounidense por programas nacionales de desarrollo con dignidad y soberanía. Denunciar el imperialismo oculto de Usaid, legislar su expulsión, hacer cumplir la nueva norma y ayudar a los sectores afectados a recuperar su representatividad de las manos de los liderazgos que hayan sido corrompidos. No es fácil, pero debe hacerse con extrema urgencia.

Periódico "Cambio" (La Paz, 11-08-2012)

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