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Cuba, EE.UU. :: 03/02/2026

El Imperio tiene urgencia en batir a Cuba

Andrés Piqueras
Su agresión constituye uno de los últimos pasos para intentar "cerrar" el continente americano, apropiarse de él por entero y deshacer de una vez cualquier gobierno o proyecto discrepante

El bloqueo yanqui contra Cuba comenzó en 1961 con John F. Kennedy, que fue seguido por 13 administraciones estadounidenses de demócratas y republicanos por igual, hasta hoy, cuando alcanza su máxima expresión con el ultra Trump.

El daño económico directo producido desde entonces hasta 2025 ha sido de 170.677 millones de dólares, según lo acreditó Cuba en su informe ante la Asamblea General de Naciones Unidas, que el 29 de octubre del año pasado votó una vez más por amplia mayoría contra el bloqueo, excepto los Estados canallas de Argentina, el ente sionista, Hungría, Ucrania, Paraguay y Macedonia. Ese bloqueo es la causa principal de los sufrimientos sin fin que viene padeciendo la población cubana y que probablemente ninguna otra sociedad -sin un proyecto socialista del calibre del cubano- hubiese aguantado.

Trump emitió (sin reírse) el 29 de enero una orden ejecutiva calificando a la isla del mayor riesgo extremo para la seguridad estadounidense. En consecuencia, dictaminó la imposición de aranceles a todos los productos que ingresen a EEUU procedentes de países que comercien petróleo con Cuba.

Esto no es un mero “embargo bilateral” pues castiga a las empresas y los Bancos de terceros países que comercien con La Habana, como viene haciendo desde hace décadas, dado que las “leyes” estadounidenses son de facto de obligado cumplimiento para el resto del mundo. Porque Cuba siempre fue objetivo a batir, la diferencia ahora viene dada por la urgencia.

Su agresión constituye uno de los últimos pasos para intentar “cerrar” el continente americano, apropiarse de él por entero y deshacer de una vez cualquier gobierno o proyecto discrepante con la política imperial estadounidense.

EEUU intenta no permitir gobiernos progresistas con un mínimo de soberanía en el continente (y eso en breve afectará también a Canadá). Tras toda una ristra de golpes de Estado, pucherazos electorales e injerencia directa y explícita en las elecciones (los últimos casos de Argentina, Chile, Perú, Ecuador y Honduras clamarían a la conciencia de cualquier medio de difusión decente, si existiera), la agresión militar y el secuestro del presidente de Venezuela y de la diputada Cilia Flores, ahora le toca el turno a Cuba, la espinita clavada en la garganta del Imperio desde 1959.

Cuba (a pesar de sus padecimientos y errores propiciados por acumulación de castigos y penalidades externas) es la conciencia y la dignidad de la Humanidad, el adalid de su rebeldía y testimonio de lucha revolucionaria.

En Cuba nos jugamos mucho más que un país, pues. Quien no entienda eso difícilmente podrá aportar ninguna semilla de transformación al mundo.

Y esto va también por las potencias emergentes: sin Cuba, eso que llaman “multilateralismo” o “multipolaridad” o como quieran decirle para no hablar de socialismo, sufrirá un retroceso del que le costará mucho recuperarse de manera decente.

Como dijo Galeano:

En un mundo donde el servilismo es alta virtud, resulta raro escuchar la voz de la dignidad que representa Cuba. Esta revolución, castigada, bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos de lo que quería, pero mucho más de lo que podía. Y sigue cometiendo la peligrosa locura de creer que los seres humanos no están condenados a la humillación de los poderosos del mundo” (ello y más en https://redh-cuba.org/2026/01/la-peligrosa-locura-de-ser-humanos-por-sara-rosenberg/).

Por lo que toca a América, quedan todavía tres gobiernos «progresistas» por desbancar, los de México (siempre en la cuerda floja del paramilitarismo interno), Brasil (que ha logrado hasta ahora revertir dos intentos de golpe de Estado -detención de Lula y levantamiento bolsonarista por medio-) y Colombia (en este último caso, la cosa parece más fácil interviniendo en las elecciones de mayo próximo). Además, resta uno con una proyección soberanista de más largo alcance: Nicaragua. Y aún hay que domar del todo a Venezuela, lo cual no está para nada garantizado.

El monstruo imperial golpeará duro este año. Y es el único que tiene capacidad de hacerlo en varios continentes a la vez.

El mundo que viene depende en gran medida de lo que va a pasar este 2026 (con Irán también como elemento nodal). Por supuesto, su importancia vendrá de cómo reaccionen los pueblos, y ojalá que fuera, por el bien de todos, “ex-ante”.

* Profesor senior de la Universidad Jaume I.
www.observatoriocrisis.com

 

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