El largo verano chino

El nuevo orden mundial, diseñado por EEUU, nos ha sido presentado como un proyecto unilateralista, homogéneo y casi imperial, con el resto de países asignados a unos papeles secundarios. No obstante, los recientes resultados de la estrategia china pueden ser la primera señal de que el panorama puede estar cambiando, y que el diseño estadounidense puede comenzar a agrietarse en un futuro no muy lejano.
Los pasos del gigante chino han abarcado un importante abanico de campos, y en todos ellos los intereses de Beijing y los de Washington parecen ir en direcciones opuestas, y cuando han concurrido, ello ha respondido más una alianza coyuntural que a un fin en sí mismo.
El despliegue del potencial chino se ha dirigido a campos comerciales, económicos, monetarios, militares y diplomáticos. Así, en el conflicto en torno a Corea del Norte, Beijing ha logrado reinstaurar la mesa de negociaciones, a pesar de que EEUU no ha visto los resultados que esperaba y comienza a desconfiar del creciente papel de China.
Otra preocupación entre los dirigentes de la Casa Blanca es el desarrollo y la capacidad militar que está adquiriendo Beijing. La modernización del ejército chino ya se reflejó en un informe del 19 de julio publicado por el Departamento de estado norteamericano, que situaba al país asiático «en una importante encrucijada estratégica». Otros analistas han apuntado también los avances chinos en la carrera espacial, afirmando irónicamente que «el límite de Beijing mira al cielo».
El auge chino también se ha expresado en otros frentes. Sus ofertas de compra de importantes empresas occidentales, la adquisición de la petrolera de Kazajstán, muestran claramente que el despegue chino busca a su vez un importante soporte en forma de redes industriales que le garanticen el acceso a la tecnología necesaria para sus proyectos. Los movimientos en torno al yuan, a las tarifas textiles y a la adquisición de fuentes de energía son claros ejemplos.
Algunos ejes
China y EEUU se miran con recelo. Beijing desconfía abiertamente del papel norteamericano en torno a Tibet, Taiwán o al interés de Washington por aislar internacionalmente a China. Pero al mismo tiempo, los dirigentes chinos se aprovechan de la llamada «guerra contra el terror» para perseguir a sus disidentes internos. En estos movimientos se percibe con nitidez el deseo chino de contrarrestar la influencia de EEUU en el tablero mundial; para ello no dudará en servirse de algunos ejes y alianzas.
Los movimientos con Rusia obedecen a un interés bilateral. Las recientes maniobras militares, o el fortalecimiento del papel de la Organización para la Cooperación de Shangai (SCO) son un mensaje a Washington sobre sus deseos de desempeñar el papel de nuevos poderes en el nuevo orden internacional. Aprovechándose de las dificultades estadounidenses en Iraq, al tiempo que buscan disminuir su protagonismo en una región (Asia central) clave para ambos estados, Beijing y Moscú buscan acabar con la unipolaridad actual. La descripción de esta nueva relación se puede resumir en «competición y cooperación al mismo tiempo».
Otro eje sitúa a China junto a India. A pesar del acercamiento reciente de EEUU e India, los dirigentes chinos también han movido sus fichas. Factores estratégicos y económicos han posibilitado que China se haya implantado en Asia del Sur. Las inversiones económicas en Bangladesh, Nepal, Pakistán, Sri Lanka... le han abierto la puerta de la región, al tiempo que han desplazado del papel protagonista a India; todo ello se presenta como un importante «triunfo diplomático». Pero paralelamente ha buscado alianzas con Delhi, bien en torno a recursos energéticos (petróleo, proyectos comunes) bien en disputas fronterizas (India ha reconocido a Tibet como parte de China). En esta dirección, uno de los mayores logros chinos en la zona es el reconocimiento del conjunto de la región a la política de «una China».
Otros ejes menores son el formado junto a Moscú y Teherán, que busca aliados para frenar los planes de Washington; y el fortalecimiento de la SCO, que coloca a Asia Central en el centro de un nuevo Gran Juego. Frente a la estrategia norteamericana de lograr acuerdos bilaterales con las repúblicas de la zona, Beijing y Moscú apoyan a los regímenes locales. Estos se aprovechan de la coyuntura jugando a dos bandas, con el único fin de perpetuarse en el poder.
Futuro
De momento, el desarrollo chino se ha extendido por todo el mundo. Con Japón mantiene una competición por el dominio económico y militar en Asia; al mismo tiempo, busca asegurar las vías marítimas en torno al Mar del Sur de la China y en el sudeste asiático, ambas muy importantes para el transporte de los recursos energéticos que necesita. En Asia Central ya hemos visto el auge de su autoridad y presencia a través de la SCO; en Oriente Medio sigue expandiendo su influencia al abrigo de los errores y fracasos de Estados Unidos.
Con Rusia sigue profundizando su alianza estratégica, y en Africa y Sudamérica, hasta ahora bajo la esfera de influencia de Washington, también ha desarrollado su presencia y sus proyectos.
Un reciente informe, «Imaginando el 2050» auguraba que las cinco mayores potencias mundiales serán China, EEUU, India, Japón y Rusia, por ese orden, situando a Brasil en sexto lugar. Si tenemos en cuenta la potencialidad demográfica y geográfica de India, Rusia y China, no extraña la preocupación que se está extendiendo en los círculos neoconservadores de EEUU. Los intereses de esos países pasan por dar un giro radical al actual panorama mundial, apostando claramente todos ellos por un escenario multipolar, donde sea más fácil ejercer sus influencias y su peso. Para ello se hace imprescindible poner fin al dominio hegemónico de Washington, y eso no será del agrado de los ideólogos de la estrategia norteamericana, que a su vez no tardarán en mover fichas para mantener en pie y sin fisuras el edificio imperial que han creado en las ultimas décadas. Un reciente artículo de Henry Kissinger ya anunciaba que la histórica preocupación neoconservadora hacia el gigante chino iba en aumento a raíz de los acontecimientos de este verano.
El presidente chino Hu Jintao será recibido hoy por Bush en Washington. Todo indica que abordarán los temas arriba expuestos, y si no se esperan compromisos de calado que puedan alterar las estrategias centrales de ambos estados, será interesante observar los movimientos que seguirán a la reunión.-
(*) Txente Rekondo: Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN).







