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15/05/2018 :: Venezuela

El partido de la revolución (V)

x Marco Teruggi
El PSUV no es el único partido. Es el de Chávez, la revolución, inmensamente mayoritario, donde está inscrito el chavismo de base, barrial

El partido de Chávez. Eso representa para muchos en el chavismo el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), chavismo en los barrios, zonas rurales, chavismo de los humildes, es decir la mayoría del chavismo. Fue él quien llamó a la conformación de un nuevo partido a finales del 2006, propuso el nombre, encabezó el congreso fundacional a inicios del año 2008. Ese día habló y todavía estaba fresca la derrota de la reforma constitucional que no logró aprobar en las urnas el 2 de diciembre. Había que corregir el trazo, revisar, rectificar, reimpulsar. Eso requería de un nuevo partido.

Los instrumentos políticos del universo chavista habían sido varios hasta ese momento. El Movimiento Bolivariano 200, espacio de la conspiración que desembocó en el intento de desencadenar la insurrección del 4 de febrero de 1992. Le siguió el Movimiento Quinta República, creado en 1997 como plataforma electoral al decidir que la táctica iba a ser a través de los votos, instrumento al cual se unió el Partido Comunista de Venezuela, el Partido Patria para Todos. También se conformó el Polo Patriótico, como plataforma de unidad con diferentes actores para las elecciones de 1998, las primeras que ganó Chávez. El asunto era conformar una herramienta propia a la vez que una alianza nacional, revolucionaria, patriótica -sobre lo cual insistió en la fundación del Psuv.

“La avanzada de nuestras fuerzas está demasiado desordenada, enfrentada entre sí, falta coordinación entre mandos (…) los partidos están fragmentados, limitado a ocupar unos espacios, el partidismo clásico se metió en nosotros (…) por eso la avanzada fragmentada no tiene capacidad para articular el gran movimiento social, popular”, diagnosticó Chávez el día de la fundación del Psuv, el nuevo instrumento político unitario. Con una advertencia: peligraba la continuidad del proceso revolucionario. Se habían perdido dos millones de votos entre su elección presidencial del 2006 y la reforma constitucional del 2007.

En el primer congreso asistieron 1676 delegados, se habían inscrito 5 millones 722 mil aspirantes a militantes, y de ese total Chávez identificaba un millón y medio de cuadros, “primera línea de vanguardia”. Un partido de cuadros y de masas, maquinaria electoral, con la tarea de conducir el proceso hacia el socialismo bolivariano: la revolución debe ganar elecciones a la vez que avanzar en lo estratégico.

Ambos objetivos, uno periódico, el otro permanente, fueron planteados para ir de la mano: la forma de ganar elecciones estaba pensada, en gran parte, a través del mismo desarrollo del proceso de expansión del poder popular, la subjetividad politizada, los derechos construidos. El Psuv debía convertirse en “espacio de poder moral, político, eficacia (…) alejado de la demagogia, populismo, clientelismo clásico de los viejos partidos”, afirmaba su conductor. Si advertía acerca de los peligros es porque estaban dentro de las filas del chavismo, era una tendencia en desarrollo, una raíz sólida de la vieja cultura política. Los cuadros que conformaron el Psuv no cayeron del cielo, algunos provinieron de la politización radical del chavismo, otros de experiencias políticas antiguas, viciadas, arribistas, aquellas contras las cuales se alzó la revolución.

Predominó la lógica maquinaria electoral, lo que trajo impactos negativos en términos estratégicos. “Es necesario ganar elecciones para que la revolución sea posible, no importando si para alcanzar victorias electorales se adoptan tácticas antipopulares y propias de la vieja partidocracia porque el fin justifica los medios”, escribía Reinaldo Iturriza en el 2010 para explicar esas prácticas arraigadas[1]. Traía efectos de desmovilización, despolitización, hastío por la política, la vieja, la no-chavista presente en el chavismo de Chávez. Ese diagnóstico sigue válido ocho años después, con el agravante del cuadro de guerra/crisis que es más que económica.

El partido tiene una complejidad mayor: es a la vez dirección de la revolución, así como gobierno, tanto en cargos electos como nombrados. Casi todos los alcaldes, gobernadores, ministros, son del partido. Las decisiones de tácticas, prioridades, estrategias, que se toman en el Psuv son entonces también, en gran medida, las del gobierno, instituciones, en manos de la dirección. Así como la composición mayoritaria del partido es popular, barrial, campesina, la dirección, expresada por ejemplo en un congreso, como fue el tercero, en julio del 2014, es un espacio donde predominan alcaldes, gobernadores, ministros, cargos de gobierno en diferentes niveles. Las separaciones entre espacios son la excepción: la dirección del partido es a la vez la dirección del gobierno, las instituciones, la revolución. Por ejemplo, un gobernador es a su vez el jefe del partido en su estado.

Las tensiones que de ahí se derivan son varias. El partido fue creado para empujar un objetivo estratégico más allá de sí mismo: el socialismo, a través de la profundización permanente de la organización popular, centralmente en la forma comunal. La dificultad está en que quienes dirigen el partido, y a su vez espacios de poder estatal, suelen defender al Estado existente en detrimento de esa perspectiva estratégica. Las comunas pasan a ser vistas como amenazas por alcaldías, gobernaciones, y desde ese lugar, a la vez que dirección del partido, desconocen su acumulación, apuestan a formas organizativas que pueda controlar de manera directa, a las cuales les puedan decir qué, cómo, cuándo y con quien.

Esto no significa que no exista una militancia del Psuv que busque construir con otras lógicas en los territorios. Este debate tiene además fronteras difusas en las realidades, donde un militante del Psuv -en sus niveles territorial, primero Unidad de Batalla Hugo Chávez, luego Círculo de Lucha Popular- es a su vez quien dinamiza un consejo comunal, una comuna o un Clap. No es aguas abajo donde se crean las tensiones, sino desde las líneas rectoras de las direcciones del Psuv, es decir de la dirección de la revolución.

No es el único partido. Es el de Chávez, la revolución, inmensamente mayoritario, donde está inscrito el chavismo de base, barrial. Tiene esa legitimidad de origen que ningún otro posee, y la capacidad electoral, aún con las tensiones clientelares. Carga por otro lado con los desgastes de ser partido de gobierno, rojo oficial, a la vez que el peso de sus errores, agrandados por esta época de necesidades materiales provocadas por la guerra y las fallas propias. Es expresión de la dificultad del partido en cada proceso revolucionario, de las propias limitaciones de las formas de organización política del chavismo, del mismo chavismo como movimiento histórico. Lo que pase con el partido impacta de lleno en los cotidianos y horizontes.

En el Psuv se condensa un espejo de lo que somos.

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[1] El chavismo salvaje, Reinaldo Iturriza

telesurtv.net

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