El pináculo de la historia humana: La revolución china, 1949-1976. Parte 1

Estamos celebrando el 50 aniversario de la revolución china. Los trabajadores, campesinos y masas de China detentaron el Poder desde 1949 hasta 1976. Aquí hablaremos de lo que el pueblo hizo con ese Poder, justo después de la toma del Poder, casi de la noche a la mañana; así como lo que hicieron con él en el transcurso de casi 30 años. Estamos celebrando sus logros en la construcción de una sociedad nueva y diferente.
La guerra revolucionaria dirigida por el partido comunista, hizo posible ese cambio. Las salvas de la revolución rusa inspiraron el nacimiento del Partido Comunista de China. Este partido fue algo que en China jamás se había visto antes: un partido político cuya columna vertebral la formaron los "culís" de los muelles, los mineros que habían pasado la vida en las entrañas de la tierra y otros trabajadores, y que atrajo a legiones de campesinos pobres y otros del campo, y que los dirigió durante dos décadas de guerras revolucionarias.
La visión y las metas revolucionarias de este partido tomaron forma muy concreta en el Ejército Rojo que creó. Sus soldados nunca robaron ni una aguja e hilo del pueblo, incluso entregaron todo lo que arrebataron al enemigo. Encarnaron nuevos valores de desinterés, cooperación y servir al pueblo. No sólo combatieron; también organizaron al pueblo y trabajaron en el campo, cuando era posible, a fin de no ser una carga para las masas. Al comienzo, el ejército del partido era una fuerza guerrillera con poco armamento y poca experiencia que soportaba los ataques en las montañas y tenía fuertes bajas. Pero durante la guerra, creció y se transformó.
Con su ingreso al Ejército Rojo, los pobres y otras personas se transformaron. Dejaron de ser pisoteados y de buscar con desesperación una salida de una vida insufrible, y empezaron a comprender que la salida para el país y el mundo dependía de ellos y de sus hermanos y hermanas de clase. Sostuvieron encuentros políticos, en que soldados y oficiales criticaron sin reservas a las ideas retrógradas y hábitos individualistas de cada quien. Estos soldados fueron capaces de un heroísmo que ningún ejército mercenario podría combatir. Dondequiera que ellos estuvieron llamaron a los pobres a levantarse y unírseles.
Con el paso del tiempo, el Ejército Rojo se volvió un torrente furioso que destrozó al ejército reaccionario de Chiang Kai-shek, quien tenía todos los tanques, aviones y soldados que el gobierno yanqui podía suministrar.
El 1º de octubre de 1949 Mao proclamó el establecimiento de la República Popular China. El pueblo chino, dijo, se ha puesto en pie. Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Japón y las demás potencias imperialistas no lo aceptarían. Decían que los comunistas chinos no tendrían éxito. Un vocero del gobierno yanqui escribió un informe diciendo que China simplemente tenía demasiada gente y que ningún gobierno podría jamás alimentarla. Incluso muchos chinos pensaron meiyu banfa ("no hay forma de hacerlo"). Pero Mao y los revolucionarios no estuvieron de acuerdo.
Bueno, las masas ya tenían el poder político en sus manos. Ya no estaban el reaccionario Estado y ejército que habían oprimido al país. Ahora, las masas tenían la libertad de destruir al Estado que tanto odiaban, construir una nueva sociedad y retar las costumbres e ideas conservadoras que también las esclavizaban pero que ya no contaban con el respaldo de asesinos y fusiles.
"En unas pocas décadas, ¿por qué no han de poder 600 millones de "pobres', por su propio esfuerzo, crear un país socialista, rico y fuerte?", preguntó Mao. "La riqueza de la sociedad la crean los trabajadores, los campesinos, los trabajadores intelectuales. Si ellos se toman el destino en manos propias, usan el marxismo-leninismo como guía, y enérgicamente abordan los problemas en lugar de evadirlos, no habrá dificultad en el mundo que no puedan superar".
Y Mao no alardeaba. Esta es una descripción precisa de lo que se propusieron hacer e hicieron.
China había sido prisionera de terratenientes feudales; de imperialistas extranjeros, quienes gobernaron directamente algunas partes de China como si fuera su propio país; y de un puñado de grandes capitalistas monopolistas, quienes estaban estrechamente asociados con los terratenientes y eran socios menores de los imperialistas. Una vez derrotado el ejército de las antiguas clases dominantes y derrocado su gobierno, fue necesario destruir su poder económico. Su propiedad tenía que ser confiscada inmediatamente si el nuevo gobierno quería satisfacer las necesidades básicas del pueblo. Muchos millones habían combatido por el nuevo gobierno y confiaron en él; muchas personas vacilantes lo apoyarían si les pudiera aliviar sus problemas.
La abrumadora mayoría del pueblo eran campesinos que trabajaban la tierra; no obstante, tenían poca o ninguna tierra propia. Eran como alguien parado en piedras resbaladizas con el agua hasta el cuello: mientras que todo iba bien, podría sobrevivir, pero, con la ola más pequeña, se ahogaría. En años de vacas flacas, comieron hojas y corteza, pidieron comida en los templos y murieron de frío. En algunos años murieron millones.
Aparte de que la mayoría de ellos eran pobres y pasaban hambre, eran propiedad de los terratenientes. Cuando no tenían para pagar el arriendo, el terrateniente mandaba golpearlos o matarlos. Podía llevarse a los hijos del campesino como pago, dejándolos lisiados acarreando agua, trabajando en el campo o preparando comida para el terrateniente mientras pasaban hambre. A veces, los padres tuvieron que vender a sus hijos o el esposo tuvo que vender a su esposa. Los terratenientes podían violar a quien le diera la gana. Tuvieron un poder absoluto y controlaron la vida de los campesinos. Cualquier campesino que osara levantar la mano en contra, moriría dolorosamente.
Después de que el ejército revolucionario derrotó a los ejércitos de Chiang Kai-shek y a las fuerzas terratenientes, rápidamente derrocó al sistema feudal. En realidad, comenzó a derrocarlos en las zonas liberadas antes de la victoria nacional, y después recorrió el país como un río que revienta una presa. Las brigadas de trabajo dirigidas por el partido fueron a las aldeas para organizar largas y profundas discusiones con los campesinos acerca de las condiciones y sus problemas. El partido les dijo a los campesinos que debían de sublevarse, organizarse y tomar la tierra. Los campesinos sostuvieron grandes protestas contra los terratenientes y sus esbirros, y organizaron reuniones de "agravios". Se cancelaron las deudas con terratenientes y usureros. Los terratenientes tenían que regresar lo que habían robado. Aquellos que habían cometido los crímenes más serios contra el pueblo fueron castigados; si no, aquellos a que habían pisoteado no se hubieran atrevido a hablar.
Los campesinos mismos repartieron la tierra, herramientas y animales en reuniones de masas en que todos daban su opinión. Lo que lo hizo más complicado fue el problema de cómo tratar las distintas clases entre los campesinos en tal forma que los campesinos más pobres pudieran obtener lo que necesitaban y aún así, unir a todos los que fuera posible para apoyar el nuevo Poder. Cada persona recibió tierras: hombres, mujeres o niños, no sólo los esposos. Ésta fue una medida muy revolucionaria. Nunca antes las mujeres habían recibido trato de iguales o de propietarias de algo.
Como veremos, la revolución no se podía detener con la política de "la tierra para quien la trabaja". Sin embargo tenía que empezar por allí. Primero que nada, si los campesinos no tomaran la tierra que cultivaban, nunca podrían sentirse libres. Segundo, no había otra forma en que se pudiera dar de comer al pueblo y construir las bases para el desarrollo de la industria y de una economía independiente no controlada por el imperialismo.
A diferencia de las predicciones del gobierno yanqui, en 1952, cuando se había consumado en lo fundamental la reforma agraria, China llegó a ser autosuficiente en arroz. Esto significó que cada persona tenía lo suficiente para comer. También significó que los imperialistas ya no podrían amenazar con hambrear a China.
(La semana entrante: El socialismo transforma a las ciudades de China.)







