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05/10/2021 :: México, Estado español

El PP, Vox y PAN: revoltura ultraconservadora

x Carlos Fazio
La ofensiva ideológica en clave de la mítica hispanidad, el supremacismo y un anticomunismo trasnochado, busca expandirse en México a través del Partido Acción Nacional

México es hoy campo de batalla ideológica de la ultraderecha española en sus tres variables: la del Partido Popular (PP), la de Vox y la que encarna uno de sus intelectuales orgánicos más taquilleros, Mario Vargas Llosa (el hechicero de la tribu, Atilio Boron dixit).

La ofensiva ideológica en clave de la mítica hispanidad neocolonial, el supremacismo y un anticomunismo trasnochado, busca expandirse en México a través del Partido Acción Nacional y grupúsculos sectarios semiclandestinos infiltrados en su seno, como el Yunque, que coquetean con transformar al partido blanquiazul en una sucursal del radicalismo conservador español.

A ambos lados del Atlántico las ultraderechas de España y México viven una crisis de identidad. En el caso español, la disputa por la narrativa con fines electorales y de poder político y económico se da entre el Partido Popular, de origen neofranquista, y una agrupación que lo rebasó por la derecha, Vox (escindida del PP en 2013 y tercera fuerza política en España a partir de las elecciones de 2019), que ha venido forjando una red internacional de grupos político-fundamentalistas católicos alrededor del orbe.

El 27 de septiembre, en el arranque de la convención nacional del PP −diseñada como trampolín hacia La Moncloa de su actual presidente, Pablo Casado−, el barón gallego Mariano Rajoy (ex presidente del gobierno español entre 2011 y 2018, destituido a raíz del caso Gürtel, la mayor trama de corrupción en la España moderna), en alusión velada a Vox, dirigido por Santiago Abascal, cargó contra los partidos populistas que creen que hay demasiada inmigración y llamó a olvidarse de los eslóganes, el dogmatismo, la demagogia y el sectarismo.

Tres días después, al intervenir en la convención, José María Aznar (ex presidente del gobierno español entre 1996 y 2004), en un esfuerzo sin matices por arrebatarle las banderas clasista, racista, hispanocéntrica, al líder de Vox, Abascal, ironizó sobre el origen de los nombres y apellidos del mandatario de México, Andrés Manuel López Obrador, haciendo una evidente apología de los crímenes de la conquista, la esclavitud y el exterminio durante el colonialismo español, y de su pensamiento supremacista.

En noviembre de 2001, con apoyo de Silvio Berlusconi, ex primer ministro italiano, el protofascista magnate de los medios masivos peninsulares, y bajo la mirada cómplice de su socio y anfitrión, el presidente de México, Vicente Fox, el autoritario Aznar logró alzarse aquí con la presidencia de la Internacional de Partidos Demócrata Cristianos y Populares (IDC), surgida en 1961, que pasó a llamarse Internacional Demócrata de Centro, un nombre fallido, de fachada, que intentaba desmarcarse de su herencia colaboracionista totalitaria.

Surgidos con el franco apoyo del Vaticano, los partidos de la democracia cristiana europea, hijos de la Rerum novarum, abrevaron en los partidos confesionales de los años 20 y 30 del siglo pasado y tomaron de fuente inspiradora la doctrina social de la Iglesia católica; partidos confesionales corporativistas que expresaron apoyo ideológico católico a los movimientos fascistas de la época. Otra fuente directa de inspiración fue el pontificado de Pío XI (1922-39), papa ultraconservador, enemigo acérrimo del liberalismo y el socialismo, que creyó ver en Mussolini y Hitler los arietes que destrozarían a esas tendencias. Con el primero concluyó el Tratado de Letrán y con Hitler firmó un concordato. También apoyó la sublevación del general Francisco Franco contra la República Española.

En México, al influjo de dos encíclicas de Pío XII, la Divini Redemptoris (condenatoria del comunismo, asimilado al ex presidente Lázaro Cárdenas) y la Firmissimam constantiam (destinada a incitar el espíritu de resistencia de los católicos contra las leyes impías de la Constitución de 1917), surgirían la Unión Nacional Sinarquista (1937) y Acción Nacional (1939). Los sinarquistas asumieron un carácter antiliberal, hispanista y contrarrevolucionario, y el estilo nazi en su organización místico-militar. Y según Rafael Barajas ( El Fisgón), el PAN también tuvo una raíz nazi. Tomando como fuente al semanario de opinión La Reacción (?) −una “herramienta del Eje en México (…) que elogiaba el valor y el liderazgo militar del Führer”−, que circuló de 1938 a 1942 dirigido por Aquiles Elorduy (fundador y líder importante de Acción Nacional), Barajas concluye que los sabios humanistas que fundaron el PAN, además de anticomunistas eran simpatizantes del nazi-fascismo.

La sociedad de intereses entre el PAN y el PP, con eje en el conservadurismo de las duplas Fox/Calderón y Aznar/Rajoy, cómplices de la genocida guerra al terrorismo y contra el Eje del Mal de las administraciones Bush Jr., Obama/Biden, Trump (en Afganistán, Irak, Libia, Siria, Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua), ha entrado en la coyuntura en una zona de conflicto, ante la emergencia de Vox y la reciente visita a México de Santiago Abascal.

Vox recupera elementos del relato historiográfico conservador decimonónico que impuso el dictador Franco en España; un mensaje ultranacionalista cercano al fascismo, que busca aniquilar los nacionalismos periféricos de España (catalán y vasco) y cerrar la frontera a la migración indocumentada, que se combina con una narrativa que es copia del populismo de derecha del trumpismo, que alimenta la crispación político-social y enaltece del discurso del odio con propuestas xenófobas e islamófobas, mientras impulsa una batalla cultural para arrasar lo que llaman la ideología de género: el feminismo, el aborto y las legislaciones que protegen la diversidad sexual.

En ese contexto, la multipublicitada firma por 15 senadores panistas de la Carta de Madrid de Vox, en lucha contra el avance del comunismo en la iberosfera (sic), y la presencia del ex presidente de México Felipe Calderón en la convención nacional del Partido Popular, donde acusó a López Obrador de seguir una vil estrategia política para dividir y manipular las emociones de la sociedad mexicana, exhibe la crisis de identidad de Acción Nacional así como el fraccionamiento de la ultraderecha neoliberal en ambos países.

La Jornada

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