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13/06/2018 :: México

El proceso electoral en México (I)

x Andrés Avila Armella
Dilemas y tareas para la izquierda revolucionaria

Para la izquierda mexicana, la posibilidad cada vez más cercana de que Andrés Manuel López Obrador resulte vencedor en las próximas elecciones presidenciales, despierta un gran debate acerca de cuál debe ser nuestra posición al respecto. Esta situación nos obliga a responder a una serie de inquietudes tanto de trabajadores organizados en nuestro entorno así como de amigos y organizaciones fraternas a nivel internacional quienes han seguido con atención el proceso electoral a través de distintos medios de comunicación. En general las organizaciones de izquierda, tanto políticas (Organizaciones de tipo partidario con orientación marxista) como sociales (sindicatos, organizaciones campesinas y populares con historias enlazadas con las luchas históricas de los trabajadores y los oprimidos), coinciden en el hecho de señalar que en sí, ni Andrés Manuel López Obrador, AMLO, ni su partido el Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, son propiamente de izquierda, y que en todo caso representan en el panorama electoral una suerte de izquierda relativa, es decir, más a la izquierda que el Partido Revolucionario Institucional, PRI, el Partido Acción Nacional, PAN, y el Partido de la Revolución Democrática, PRD.

La diferencia ha radicado principalmente en interpretar con más precisión el tema y responder qué debemos hacer al respecto, promover el voto a favor de MORENA o declarar abiertamente que los consideramos más de lo mismo, un enemigo de clase como cualquier otro partido burgués. A menudo el debate se torna ríspido y gira alrededor de términos absolutos, los cuales en el análisis científico de la política sólo sirven como abstracción analítica pero resultan poco o nada dialécticos a la hora de aterrizarlo en análisis concretos. Quienes están a favor de apoyar "tácticamente" o "coyunturalmente" la elección a favor de MORENA, suelen simplificar la discusión diciendo que es una oportunidad histórica para deshacerse del PRI y del PAN y que sin duda las condiciones serán mejores bajo un gobierno morenista; por el contrario quienes se oponen a brindar cualquier tipo de apoyo a la campaña de AMLO, suelen simplificar diciendo que no cambia "nada".

Por tal motivo hemos considerado necesario hacer un tanto más puntual la caracterización a fin de enriquecer el debate al respecto

De conceptos y teoría política, entre lo que sí y lo que no está en juego De entrada es necesario señalar que a nuestro entender, el tratar de comprender la política partiendo del supuesto de que los partidos contendientes son los principales artífices y protagonistas de los procesos políticos es ya un error que deriva de compartir en esencia la concepción liberal burguesa de la política, quien supone que es la lucha de ideas y no de intereses lo que está de por medio, y por tanto que se puede interpretar a los actores políticos a partir de sus dichos y personajes públicos, está pensando desde la teoría liberal burguesa, por muy crítico que se considere; así pues, derivan el razonamiento de que si los partidos son quienes hablan de política, debe ser porque ellos la conducen, y suponen además que se puede interpretar su papel en la política a partir de lo que dicen.

No ha sido sólo la concepción materialista dialéctica e histórica de la política quien señala que el factor principal en ella es el interés, también algunos clásicos del pensamiento político como Aristóteles y Maquiavelo lo admiten . La teoría marxista ha contribuido en ese pensamiento, entre otras cosas, señalando que en el orden jerárquico de los intereses, los más determinantes son los intereses de clase, y que los que más influyen son los que apuntan a las clases que en un momento histórico son las protagónicas de la vida económica de una sociedad determinada. Claramente se señala que en la sociedad capitalista esos intereses, por excelencia antagónicos, son entre la burguesía y el proletariado, aunque esto de ninguna forma excluye la posibilidad de que intervengan conflictos con otras clases sociales o fracciones de clase.

Así pues, aunque desde la teoría marxista es acertado decir que mientras los intereses del proletariado no se sobrepongan a los de la burguesía no habrá transformación verdadera en términos históricos, es cuando menos una simplada afirmar que el análisis debe concluir ahí. El análisis político marxista como el que hiciera Marx sobre los conflictos en Francia , los que hiciera Lenin a lo largo de toda su trayectoria política, o bien los que hicieran otros revolucionarios comunistas como Mao y Gramsci, por ejemplo, enseñan la necesidad de captar las luchas de clases en una forma más íntima y profunda, por lo que la posibilidad de que no cambien "nada" en términos absolutos resulta simplemente tan imposible como que cambie todo.

Así pues, es necesario comprender que hay una contradicción y al mismo tiempo simbiosis entre la burocracia política y la clase en el poder. La burocracia tiene un interés propio y la clase en el poder también, ésta última sabe que necesita a alguien que haga el trabajo burocrático político, y la burocracia con mayor jerarquía comprende que si no se representan intereses reales, será imposible mantenerse en su puesto burocrático. De manera personal, los burócratas ajenos a la pertenencia de la burguesía, es decir aquellos que son burócratas pero no pertenecen a las familias burguesas, pueden llegar a sentir indiferencia y hasta algún recelo hacia la burguesía, pero eso no significa que puedan ignorarla en los hechos, los ven como un vehículo para sostener un estilo de vida parasitario que les permite al final de cuentas mantenerse en la parte privilegiada de la sociedad.

A su vez, la burguesía suele tener bastante indiferencia y hasta desprecio por los burócratas, sabe de su carácter parasitario y no los consideran iguales a ellos, sin embargo comprenden que su labor como administradores directos del Estado es necesaria y por ello los consienten .

Así pues, los partidos políticos, los cuales funcionan simplemente como coaliciones de burócratas que ofertan sus habilidades y servicios a la clase en el poder, tienen una competencia real entre ellos para ser los elegidos por ésta, y ocupar los puestos burocráticos que ofrezcan la mayor ventaja económica garanticen una carrera exitosa dentro de la propia burocracia. Esto sin embargo no es propiamente la lucha por el poder y resulta un grave error de interpretación suponerlo así; el poder está en la clase dominante y para modificar eso en efecto se requiere otro tipo de proceso, esencialmente revolucionario.

Pero la clase dominante no puede gobernar tampoco con burócratas imaginarios caracterizados por su perfección de acuerdo a sus propios intereses, y tiene que elegir a que grupo real de ellos le da, por decirlo así, las llaves de la administración pública. La democracia burguesa, le ha dado a la burguesía la posibilidad de tener tiempos y formas de renovar esa burocracia, reemplazar a los elementos deficientes y mantenerlos claramente subordinados. A este propósito, las continuas elecciones son bastante funcionales.

Es importante mencionar también que la clase dominante no es homogénea y que dadas las características generales de la economía capitalista y de la economía mexicana en particular, la mayor parte del capital está concentrado en un puñado de grupos empresariales que prácticamente subordinan no sólo al resto de la sociedad sino a su propia clase. Este grupo lo hemos dado en llamar el Bloque Hegemónico de la clase dominante, el cual en México está caracterizado principalmente por qué su principal fuente de ganancias está anclada en el sector financiero y el comercio exterior, principalmente con Estados Unidos .

Con niveles muy básicos de organización, ese bloque hegemónico tiene todas las de ganar, pero para comprender su carácter hegemónico así como su capacidad y poder para ejercer un verdadero dominio de Estado, nunca debemos olvidar que la dominación en lo concreto sólo se da en medio de un sinnúmero de contradicciones; el fuerte tiende a dominar, sin embargo hay factores que pueden debilitarlo y a su vez fortalecer a quienes están en posición de débiles y dominados. A su vez, las condiciones de dominación exigen cambios continuos de planteamientos tácticos, rupturas de alianzas sectoriales y su reemplazo con otras tantas, elección de métodos idóneos de dominación, etc.

El bloque hegemónico de la clase dominante necesita liderar a otros sectores de su clase e incluso de la población en general. Necesitan encontrar elementos y sectores que estén dispuestos a apegarse a su estrategia aceptando la parte que les toque . Ese bloque también tiene diferencias entre sí y requiere tomar decisiones concretas para resolver temas tales como, a quien buscará atraer como aliados, o a quién está dispuesto a enfrentar en franca enemistad.

Para ejercer con eficiencia el dominio social y económico, requiere por tanto ofrecer algo a cambio a ciertos sectores subordinados a él, incluso dominados por él; por ejemplo a la burguesía mediana le puede ofrecer una cierta participación como intermediaria en determinadas cadenas productivas y comerciales, a la pequeña burguesía le puede ofrecer seguridad, a los trabajadores trabajo y a los campesinos programas de apoyo económico; a esto se pueden sumar una serie de consignas de moda o que respondan a situaciones emergentes en el plano cultural por ejemplo, y ofrecer también programas públicos que atiendan superficialmente problemas tales como la equidad de género, la atención a cierta enfermedad, o a determinado sector de la población que siendo minoritario o poco representativo de la mayoría, genere simpatías generales, etc . En una sociedad donde ninguna clase o sub-clase esté pensando seriamente en desafiar el poder del bloque hegemónico de la burguesía o d e la burguesía en sí, es decir en una sociedad en donde todos aceptan de facto, en lo general, su posición de clase como algo que no cambiará, las campañas pueden girar tranquilamente alrededor de ese tipo de propuestas.

Crisis prolongada y dilema político burgués en México

La sociedad mexicana atraviesa por un período crítico y eso obliga al bloque hegemónico a entrar en un dilema. Esa crisis consiste en que a pesar de que habría cierta conformidad con estabilizar los intereses básicos de cada clase y subclase, la situación económica no permite asegurarle algo a una parte sin que esto implique la imposibilidad de cumplir las aspiraciones mínimas de otros.

No sólo en México sino a nivel internacional, el bloque hegemónico se ha esforzado en mantener intactas sus aspiraciones y para ello ha sacrificado incluso los intereses mínimos de las clases subordinadas y explotadas. No hay garantía para los trabajadores ni siquiera de tener trabajo, la pequeña burguesía se siente insegura y a menudo pierde su patrimonio ya sea por la imposibilidad de competir en un mercado sumamente voraz, o bien porque es víctima de la delincuencia, e incluso la mediana burguesía empieza a desesperarse puesto que luego de tres décadas de promesas de crecimiento económico de arriba del 7% que había promovido el bloque hegemónico como supuesto resultado de las políticas neoliberales, esas cifras simplemente se ven como imposibles de alcanzar.

Lo que ningún burócrata contendiente en las campañas se atreve a decir es que no es posible hacer ganar a una clase o subclase social, más que restándole a otra. Si es consecuente la promesa de aumentar las ganancias de los empresarios, la perdida recaería en los trabajadores, si ofrece construir megaproyectos los campesinos pierden, si se otorga más dinero al gasto social, algún sector de la burocracia o de la administración tendría que enfrentar un recorte. Es una cuestión de aritmética simple. Los candidatos sin embargo juegan a descubrir el hilo negro haciendo creer que es posible que se gobierne para todos, que todos ganen y ninguno pierda.

Dicha situación es de por sí permanente en cualquier régimen capitalista, pero en México esta contradicción se ha elevado a un nivel crítico porque finalmente el Estado mexicano, con la privatización de Petróleos Mexicanos, PEMEX, se ha quedado sin la posibilidad de maniobrar con el presupuesto público y atender problemas emergentes valiéndose de la relativa solidez del mercado petrolero y la participación de PEMEX en el mismo.

El gobierno de Peña Nieto, comisionado especial del bloque hegemónico para concretar la cuasi liquidación de las fuentes propias de ingreso del Estado mexicano, ofreció la represión como forma de controlar dichas consecuencias. El incremento descomunal de los precios de la gasolina, la reforma educativa, la precarización del trabajo en el sector público y el recorte presupuestal a las Universidades públicas, están relacionadas a ello. El gobierno de Peña Nieto se amarró en su posición y evitó a través de la represión, ceder a las exigencias sociales provenientes de los sectores de la clase trabajadora afectados por dichos recortes.

Esta situación genera en los afectados una molestia que no es sólo moral, pues se refleja en condiciones materiales, esto provoca que personas otrora simpatizantes del PAN o del PRI, simplemente no puedan ignorar que finalmente las reformas neoliberales les han afectado de manera sensible; en esta situación están millones de consumidores de gasolina así como el magisterio y trabajadores de las universidades e instituciones públicas, sólo por citar algunos ejemplos.

Claro está que el Estado mexicano no va a rectificar medidas económicas tan lucrativas sólo porque la gente esté molesta, pero también es cierto que Peña Nieto, aunque en términos generales cumplió con el bloque hegemónico, no lo hizo de forma pulcra pues en algunos momentos la respuesta popular probablemente haya superado sus cálculos, lo cual genera nerviosismo dentro de la burguesía en general. Sobre todo en cuanto al caso Ayotzinapa, la movilización magisterial y el gasolinazo. Arriba podrán decir que nada se salió de control y que eso es más importante, pero algunos admiten que estuvo más cerca que otras veces.

Tanto Meade como Anaya están profundamente ligados a esas decisiones y por tanto a sus consecuencias, y a pesar de que la retórica propia de los tiempos electorales los hace tomar distancia de los gobiernos anteriores, lo cierto es que más allá de reiterar su lealtad hacia ella, no proponen nada que tranquilice a la burguesía en general, no le ofrecen soluciones creíbles, aun así una parte del bloque hegemónico de la clase dominante sigue apostando por ellos, o bien, comienzan a moverse de forma engañosa, apoyando con una mano a Anaya o a Meade, y con la otra trazando vías de interlocución hacia MORENA.

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